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Francisco Javier Díaz

“La Marcha de Joaquín”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 4 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Pablo Longueira ha lanzado recientemente una cruzada política que sólo existe en su imaginación y en la de sus publicistas. Ha hecho un llamado, quien sabe a quién, a emprender la “Marcha de la Patria Justa”, en clara e intencional alusión a la “Marcha de la Patria Joven” de Frei Montalva del año 1964. Adolfo Zaldívar no se demoró en replicar a Longueira y le recordó quién es el dueño de esa marca registrada. Por mientras, los votantes de unos y otros poco entienden y menos recuerdan. Lo que ninguno de estos políticos se da cuenta es que ni la UDI ni la DC, ni ningún otro partido en rigor, está dando en el clavo de la preferencia ciudadana.

En la política actual, lo que importa al vulgo son las personas y las obras que éstas personas realizan (y comunican). Algunos haremos la relación “obras-ideología”, pero somos los menos. En general, en sociedades relativamente modernas, de desarrollo económico medio y democracia razonablemente asentada, los ciudadanos son mucho más sensatos y centristas que lo que muchos líderes políticos piensan. En estas sociedades, la gente se divide básicamente entre quienes creen que el gobierno de turno lo hace decentemente bien y quienes creen que el gobierno lo hace relativamente mal. Los primeros tienden a votar por el candidato de gobierno, mientras que los segundos lo hacen por la oposición, siempre y cuando ésta se ofrezca como una alternativa relativamente ordenada y sensata. Nada ahuyenta más votos que las epopeyas o los saltos al vacío. Si no pregúntenle a Arturo Frei o a Tomás Hirsch. Nada como la certidumbre y la confianza para atraer votantes.

Por eso el éxito de Joaquín Lavín. Porque me van a perdonar, pero un tipo que proviene de una minoría conservadora y pasado dictatorial, y que logra revertir ello a punta de simpatía y credibilidad, es un político exitoso por donde se le mire. Lo mismo con el Gobierno. Porque cualquier comparatista serio debe admitir que este es un buen gobierno, aunque a Longueira o a la izquierda epopéyica le cueste reconocerlo.

De esta manera, sin que medie una hecatombe económica y Chile caiga al remolino latinoamericano, el gobierno puede aspirar seriamente a ganar la elección. Pero si sus índices de confianza bajan, la gente votará por la oposición, siempre y cuando dicha oposición a su vez también genere confianza, cosa que Lavín ha hecho hasta ahora. Si no es así, la gente simplemente se abstendrá y ganará el que menos reticencia genere.

Por eso digo que el Gobierno ganará las elecciones por lo que haga, mientras que Lavín perderá las elecciones por lo que no haga. Y la “Marcha” que pretenda inventar Longueira o que trate de rescatar Zaldívar, poco importará. Joaquín camina sobre la base de su cercanía con el votante medio. A su vez, la Concertación deberá escoger al candidato que haga suyo los logros del gobierno, que esté arriba en las encuestas y que genere confianza para seguir avanzando. Los malabares políticos poco importan.

¿Quién ganará? No se puede decir ahora, pero es claro que el tema central estará en la credibilidad. La Concertación ganará las elecciones si hace lo que prometió y lo comunica creíblemente. Si al final de su gobierno mejora la economía y la gente puede decir “medio ni que chaparrón que pasamos, menos mal que teníamos este presidente”; si al final de su gobierno hay algo que se parezca al AUGE; si la reforma educacional y la reforma judicial se implementan razonablemente en todo Chile; si la delincuencia no se ha disparado; y si se siguen construyendo carreteras, entre otras cosas, la gente buscará a quien con cercanía y confianza transmita eso, y votarán por ella.

Lavín, a la inversa, no perderá por los ataques políticos ni por Chicago ni por su pasado Pinochet. Lavín perderá si su credibilidad es puesta en duda gravemente. Y obras son amores. Lavín no perderá si hace algo decente en Santiago y no puras mugres como ha hecho hasta ahora. Perderá por lo que no haga y su juego de piernas de poco le servirá para escabullir las críticas. Lavín es presa de su propio populismo.

Un poco el símil de Bonvallet. Este tipo crece cuando lo ataca Dragicevic o Milton Millas. Pero dio vergüenza ajena cuando vino la Daniella Campos y le dijo un simple “lo que dice Eduardo no es cierto”. Así es Lavín. El único rayón de pintura que ha tenido en años ha sido el de Martita Larraechea en la sesión del Concejo Municipal por el tema de la venta de los derechos de aguas. “Alcalde, lo que usted dice no fue así”. Ocho palabras para dejar a Lavín como un burro.

FJD, 2002

Alcalde Por Un Día

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 9 de Febrero de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Tengo un profesor que siempre dice: “Se puede decir de una persona que detiene su automóvil a las tres de la mañana en una luz roja, cuando no hay un alma en la calle, que esa persona cree en el rol de las instituciones”. Y tiene toda la razón. Las instituciones importan, y sus reglas pueden ayudar a hacer la política un poco mejor.

Esta semana ha estado de moda el financiamiento de las campañas electorales, lo que en sí, es un tema institucional. Pero como ya está casi todo dicho sobre estos casos, y lo que no lo dirán los jueces, he pensado compartir otra reflexión institucional, que se refiere a las elecciones municipales.

En Chile nunca se ha entendido la relevancia del poder municipal, a mi juicio, debido a un mal diseño institucional. En efecto, el alcalde es quien está más cerca de la ciudadania, casi en contacto diario. El y su personal, o sea, concejales, profesionales, directores de obras, arquitectos, abogados, asistentes sociales, profesores, médicos de consultorios, jueces de policía local, entre muchos otros, son los que implementan en definitiva los programas nacionales. Ellos son la única cara del Estado que ven muchas personas. Así, una mala administración puede generar lo que en teoría política se denomina un "hoyo en la democracia". O sea, poco puede importar las grandes políticas que desee implementar el gobierno central. Si no cuenta con el concurso de los alcaldes y el staff municipal, sus planes pueden fracasar rotundamente y la ciudadanía percibirlos como un engaño más. El mal diseño institucional pasa por una paradoja: Se le ha dado una excesiva importancia partidista a una elección que no es tal, a la vez que se ha subestimado su poder real.

Ya en marzo estaremos hablando de las negociaciones municipales del 2004. Y estoy seguro que confirmaremos una vez más la teoría que indica que en Chile los alcaldes buenos, que los hay, salen de pura chiripa. A casi ningún partido le interesa elegir buenos alcaldes, si no que están más preocupados de las implicancias políticas que puede generar la elección propiamente tal, sea porque se elige a determinada persona clave, sea porque los números agregados soportan alguna aventura partidaria futura a nivel nacional. Pero de gestión municipal propiamente tal, poco o nada. Lo que no estaría tan mal tampoco, no hay que ser inocentón. El problema es que la pequeña ganancia partidista (si es que se puede hablar de ganancia,por ejemplo, el ganar un concejal), se ha transformado en el único leit motiv que orienta dicha elección.

Por eso la necesidad de un buen diseño. Soy partidario de la modesta reforma que consiste en diferir las elecciones municipales en el tiempo. Vale decir, que Arica elija su alcalde y concejo, por ejemplo, en Julio de 2003, mientras que Punta Arenas lo haga en Diciembre de 2004. Así le quitaríamos la exclusiva connotación política nacional que tiene hoy la elección municipal, y se le agregaría el incentivo de hacer una buena gestión, sea por la genuina intención de ayudar a la comunidad (los buenos), sea para seguir escalando posiciones políticas (los menos buenos). Pero lo importante es que el premio pasaría por hacerlo bien y no como hoy, donde lo importante es saber cuántos votos allega el candidato al partido, y el premio se da a nivel nacional y no local.

Ya me imagino la pelería que va a quedar a partir de Marzo. La DC exigirá llevar, al menos, la mitad de los alcaldes del país, y de éstos, algo más de la mitad de los alcaldes con verdaderas posibilidades de ganar; aparte de la mayoría de los alcaldes de las comunas más grandes, y algo más de la mitad de todos los concejales. El PS y el PPD se opondrán, argumentando que no hay razones para abandonar el clásico miti mota, más el cliché que indica que “sólo el que tiene mantiene”, donde, de paso, las comunas grandes quedan libres para disputar. Además, olvidarse de los equipos de trabajo y todo eso. Los concejales se elegirán por cuoteo partidario. Nada de competencia real ni medición a nivel comunal. Ese anacronismo colaboracionista no correrá en tiempos de guerra.

La derecha ni hablar. Muchos de los niñitos que eligieron en las elecciones del 2000 y que no hicieron nada relevante aparte de echar gente y llevar más niñitos a trabajar con ellos, irán a la reelección. Y pese a que las platas no cuadren y las obras no se vean por ninguna parte, Lavín designará, cual mexicano, vía "dedazo", a su sucesor en Santiago. Piñera no sé qué hará, si la UDI no se come con zapatos a RN en esta vuelta será simplemente porque no tiene hambre. Pero RN tiene algunos nombres buenos que postular y así ganar por imagen, más que por números, otro respirador artificial.

Así será la negociación municipal. Por eso creo en un nuevo diseño institucional. Diferir las elecciones le haría bien a los partidos, que tendrían un excelente campo para ensayar, foguear y construir de verdad. De esta manera, la cosa seria tan simple como que cada coalición se pusiera de acuerdo en llevar al mejor candidato a alcalde posible, y que cada partido reclutare buenos concejales, para ganar y para trabajar.

FJD

Longueira de Verdad

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 25 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

Qué nos quiere decir Longueira y la UDI con la última propuesta acerca de derechos humanos de ese partido? A la luz de las reacciones, se trató de un error, o de un frío cálculo? Eso es lo bonito de la política. Por más que algunos se esmeren en analizarla bajo prismas supuestamente racionales, y construyen diversos paradigmas y modelos de análisis e interpretación, sea a través de un rebuscado léxico sociológico, sea a través de cándidos modelos matemáticos, lo cierto es que ninguna de estas escuelas logra explicar, ni menos anticipar, los conejos que salen del sombrero. Así, los analistas se limitan a admirar al mago primero, para tratar de entender el truco después.

Se siente, se siente, Longueira presidente? No. Longueira es mucho más inteligente que lo que todos, y sobre todo Sebastián Pinera, creen. Longueira no será candidato presidencial el 2005. Tiene a Lavín encaramado en las encuestas, a boca de canon, dispuesto a hacer lo que él quiera. La única posibilidad que tiene el astuto y enojón Longueira para ser presidente, es que Lavín sea presidente primero. Que un inocuo Lavín rebaraje de tal manera el naipe, que votar por Longueira contra Pinera después se haga lo más natural del mundo. Pero mientras ello no ocurra, Longueira sólo será el astuto ex colaborador de la dictadura, amo y senor de la derecha, que no puede ser presidente de puro enojón que es.

Qué fue lo de la propuesta acerca de detenidos desaparecidos? Algunos piensan que el conejo que Longueira sacó esta vez del sombrero fue un error. Que en medio del ambiente comunicacional y político donde el gobierno está en clara desventaja por las acusaciones de corrupción, Longueira sacó al tapete el único tema donde la Concertación tiene una clara e incuestionable superioridad ética e histórica. Y puso en agenda un tema donde es difícil que la derecha diga algo coherente sin empezar por reconocer que no hizo nada ante los crímenes más horrorosos que un gobierno puede cometer. Que el “cheque por perdón” es una propuesta inaceptable. Como le decía el Quico al Chavo del Ocho: “Chavo, calladito te defiendes mejor”.

Otros piensan que fue un cálculo acertado. Que al margen de cómo termine el asunto, la prensa ya habla del grupo de familiares de las víctimas que está del lado de la UDI. Que ésta podrá, lentamente, comenzar a hablar acerca del “problema que nos aqueja como sociedad”. Que así se olvidan los mecanismos de compensación que la Concertación estableció para las familias de las víctimas, a los cuales en su momento se oponía el propio Longueira. Que se revuelve tanto el ambiente, que no faltará quienes caigan inocentemente en su juego, como Fulvio Rossi, y descalifiquen a las familias de las víctimas, o a las propias víctimas. Como decía el Chapulín Colorado: “No contaban con mi astucia”.

Yo creo que se trató de un error calculado. Longueira es consciente de todo lo aquí dicho, pero sabe que poco a poco debe correr la valla de la moral política. Porque ese es el tema de fondo: la gran cantidad de chilenos que no se convence de la moral política de la derecha, ni siquiera del inofensivo Lavín. El padrón electoral todavía está compuesto por gente que recuerda las barbaridades de la época de Pinochet. Longueira entiende que hay que volver a barajar el naipe. Ese es el cálculo. Pero el error fue el tiempo y la forma. Se equivocó Longueira al lanzar el tema en este tiempo, en medio de la expectativa por el discurso el 21 de Mayo, la anunciada detención de Letelier, y los escándalos de corrupción. En otras palabras, no se baraja el naipe en la mesa de la ruleta, menos cuando ésta está todavía girando. Por otro lado, el error en la forma fue evidente, en todo sentido. No sólo por la indecorosa propuesta de comprar perdón y silencio, también por la desfachatez de querer cambiarse de lado sin siquiera pedir perdón. Es patético ver a Longueira, Orpis o Melero pretendiendo demostrar que los ricos también lloran. “La izquierda utiliza políticamente a los detenidos desaparecidos” dijo Melero. Lo cierto es que el gobierno para el cual él trabajaba y apoyaba fue el primero en utilizar a estas personas, de manera que a través de la tortura, muerte y desaparición de ellas pudiera infundir terror en la población y perpetuar su gobierno. Eso sí que es utilización política.

Pero Longueira es de respetar, porque se atreve a sacar conejos de su sombero. Es un político de tomo y lomo. Si hay algo peor que los políticos que reniegan de la política, son los imbéciles que se lo creen. Longueira entiende que el pollo arvejado se hace con pollo. Astuto, calculador, dialogante y peleador. Estratégico e inteligente. Longueira es un poco como Allamand, menos arriesgado, pero que juega a la política como se debe jugar. A veces se equivoca, a veces nos asombra. Muchas veces desnuda nuestras inconsistencias, algunas veces insulta nuestra inteligencia. Pero es un político de verdad, y eso se agradece.

FJD

Manos Arriba, Manos al Fuego

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 1 de Diciembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“¡Manos Arriba!”, dijo el Juez Aránguiz a la clase política. “Manos al Fuego”, respondieron los socialistas. Y creo que estuvieron bien. No porque esté de moda y sea rentable políticamente acusar a cualquiera, uno va a andar renegando de su propia gente honesta.

Desde el tiempo de los romanos que ha sido una buena táctica acusar de corruptela al enemigo, por dos razones centrales: Una, porque efectivamente siempre ha existido corrupción en diversos niveles y ella genera una repulsa natural en las personas, siempre ansiosas, por tanto, de encontrar un culpable. Y dos, porque en temporada de caza es siempre muy difícil que los acusados demuestren su inocencia.

Así, los distintos partidos o gobiernos acusados de corrupción tienen básicamente dos opciones para enfrentar el tema. La primera opción consiste, en términos generales, en negar y ocultar el hecho hasta que más no se pueda, para luego negar tres veces y antes que cante el gallo, al ex compinche caído en desgracia. Corre aquí la ética del resultado: el corrupto me es útil pues obtengo algún tipo de beneficio de su corrupción. Plata, votos, influencia o lo que sea, pero el tipo es útil. Sin embargo, cuando se traspasa la curva de la utilidad, los rendimientos se hacen marginales y se deben compensar con los costos políticos de la transparencia y la sed del público de encontrar una víctima, entonces lo rentable pasa a ser echar al pobre diablo para afuera. Lógica total, resultado garantizado.

La segunda opción consiste en, primero, hacer un esfuerzo por transparentar los hechos, para luego analizar en profundidad su dimensión ética y la participación real de los involucrados. Si de dicho análisis el partido o gobierno se da cuenta que la acusación es infundada o injusta, la ética de la convicción indica que no se debe abandonar al involucrado. Podrá ser rentable políticamente, podrá caer simpático, podrá ganar unos cuantos votos, pero no es ético desde este punto de vista.

En el caso de Chile en estos últimos meses, lo fácil era crucificar a los diputados acusados. Lo hicieron todos. A la voz de “manos arriba”, la UDI se deshizo del diputado Escobar, la DC de Pareto y Jiménez, los radicales del diputado Lagos, el PPD de Rebolledo. Y ojo, que hasta el propio diputado Aníbal Pérez, cuyo desafuero no fue otorgado por la Corte de Apelaciones, debe haber sentido, antes del fallo de la Corte, cómo sus camaradas se cambiaban de vereda para no saludarlo en la calle.

Pero lo difícil era hacer lo que hizo el PS con Juan Pablo Letelier. Sin rodeos ni ambages: manos al fuego. “Lo conocemos, lo queremos, sabemos que es honesto y por tanto, no lo dejamos caer.”

Creo que el gesto puede ser incomprendido (al igual que esta columna). Algunos dirán que es la misma clase política de siempre que se auto protege. Otros dirán que no hay nada más rentable electoralmente que los partidos que hacen escarnio público de los acusados. Puede ser. Pero a la larga, creo, el hecho de no condenar anticipadamente gente honesta es más importante para un partido. Éstos son comunidades de gente que comparte proyectos colectivos y que no desean, por tanto, jugar a la ruleta rusa entre sus mismos compañeros. Y creo que el supuesto daño en imagen inmediato se puede revertir a punta de confianza y honestidad. Mal que mal, no hay mejor negocio en la política y en la vida que ser honesto; si los pillos supieran qué tan buen negocio resulta ser honesto, se harían honestos de puro pillos que son.

Por tanto, creo que el PS ha estado bien en esta pasada y es de esperar que lo continúe estando. Lo central pasa por una justa proporción de las cosas, por un justo análisis de las situaciones. Y por no dejarse llevar por la alharaca generalizada. Es cierto, los errores del PS pasan por otro lado. Pasan por el lado de la sintonía fina con la ciudadanía. Por el lenguaje y retórica alambicada y anticuada. Por la esquizofrenia de un discurso y simbología de izquierda añeja en boca y cuerpo de tipos sensatos, buenos profesionales y excelentes gobernantes. Por entender que lo que la gente quiere es un PS de izquierda moderna, abierta y tolerante, con una propuesta de futuro, al lado de los trabajadores e impulsando el desarrollo del país.

En épocas de duda hacia todas las instituciones, y donde la clase política asombra cada día con más y más chambonadas, el PS puso una nota de cordura y honestidad. Que sigan así, evaluando las cosas en su justa medida, defendiendo honestos, pero condenando corruptos. A estos últimos sí, y esta vez, caiga quien caiga.

FJD/

“La Mitocondria de Longueira”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Es curioso lo que pasa en la relación de Longueira con Lavín. Porque sin el tesón, empuje, liderazgo, astucia, vehemencia y convicción de Pablo, Joaquín no pasa de ser un alcalde simpaticón, de regular para malo. Pero por otro lado, sin el pinochetismo, soberbia, agresividad y clasismo de Longueira, Lavín ya estaría fijo para Presidente de Chile. Duro dilema entonces para el alcalde; Lavín debe estar reflexionando qué hacer: “si me lo dejan, me mata; si me lo quitan, me muero”.

Sin Longueira y lo que ésta ha hecho con la UDI, la simpatía de Lavín no alcanzaría para esconder su paupérrima gestión en Santiago ni la regular alcaldía en Las Condes. Es cierto, Lavín y su grupo chico con De la Maza, Délano y Silva son unos genios a la hora de inventar leseras que pegan en la gallada y venden imagen en los medios. Siempre he admirado esa capacidad para sublimar su vergüenza o esconder la risa a la hora de implementar ridiculeces como los botones de pánico, los carritos para transportar gente o los famosos escarabajos. Sin embargo, todo ello no se habría plasmado en un liderazgo político nacional de base sólida y duradera, si no fuera por Longueira y la UDI.

La derecha le debe mucho a Longueira. Por primera vez, un líder derechista ha logrado acabar con la vieja impronta organizacional conservadora de cuadros elitistas, caudillescos y de apellidos vinosos, para, manteniendo esa impronta desde la sombra, formar un partido realmente moderno. Como dice la literatura comparada en estas materias, Longueira ha logrado formar una estructura “electoral profesional”, eficiente, tecnificada, de discurso “catch-all” y base popular. Se deshace de los díscolos, envía al ostracismo a los porfiados, doma a los independientes, da las señales al empresariado. Nadie le desobedece. Y si alguien muestra alguna disidencia, le corta la llave de los recursos, pues es él quien maneja las platas.

Longueira ha logrado algo que ni Alessandri Palma, ni Ibáñez, ni Alessandri Rodríguez, ni Pinochet, ni Jarpa, ni Fra Fra, ni Pedro Ibáñez o Allamand, ni Novoa ni Jaime Guzmán, pudieron lograr: institucionalizar a la derecha. Darle un marco, colocarle una cancha donde jugar. A sangre y fuego, es cierto, pero la derecha existe en la UDI y nadie duda que ésta es, hoy en día, mucho más que un sentimiento, una clase y unos cuantos morlacos.

Pero Longueira es muy pesado. En la mitocondria de sus células se encuentra el gen del conflicto y la odiosidad. Por eso Longueira no fue figura durante la transición: no por falta de edad o ganas, sino que por falta de criterio y habilidad para pensar en el bien del país antes que en el de su partido. Si fuera por él, Pinochet hubiera gobernado hasta 1997... ¡¡¡1997!!! ¿Puede haber aberración política más abyecta que esa? Si fuera por Longueira, la Constitución de 1980 no se habría reformado en 1989. Para él, los detenidos desaparecidos eran un puro invento, los exiliados bien exiliados estaban y el Informe Rettig no sirvió de nada.

Pero lo peor es que él no hace nada por cambiarlo y sigue burlándose de nuestra inteligencia y nuestra memoria. Y la Concertación, especialmente dirigentes partidarios y parlamentarios, caen y caen en su juego. Ahora se les ocurrió montarle una sesión especial en la Cámara para taparle la boca ... ¡¡pero si de eso se trata, que hable y hable y desnude su arrogancia!! Entonces, Longueira acusa censura y persecución. El mismo que, como nos recordó el diputado Saffirio en el hemiciclo esta semana, delataba a sus compañeros de universidad en los años ’80.

Lavín podría ser Presidente de Chile en estos momentos si no fuera por la soberbia de Longueira. Si se hubiesen atrevido a colocar a Andrés Allamand como jefe de campaña para la segunda vuelta presidencial en 1999, probablemente otro gallo habría cantado. Afortunadamente para el país no fue así. Lavín no habría sabido manejar las riendas del país en época de crisis internacional, tal y como se le fue en collera ser alcalde de verdad. No habría habido Unión Europea, seguro de cesantía, ley de evasión, ni estaríamos cerca del TLC. Los ricos serían más ricos, los pobres más pobres, la educación más mala, Longueira más pesado y los sueños de una sociedad más igualitaria estarían más olvidados.

Por eso es que Longueira se equivocó. Sus palabras en Miami dejaron ver al verdadero Longueira, el mismo que se comió a Allamand, a Piñera y que ahora se comerá a Lavín. Las mitocondria de Longueira tiene marcado su derechismo furibundo y eso no cambiará. Él lo sabe, por eso no se atrevió a competirle a Guido Girardi en Cerro Navia y prefirió refugiarse en Conchalí, Renca y Huechuraba. Está escrito en sus células: Longueira no cambiará.

FJD/

Compañero Presidente

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 6 de Abril de 2003

Por Francisco Javier Díaz

“Primero se pusieron lesos los PPD, lo que a mi no me importó, porque yo no soy PPD. Después se pusieron lesos los de la DC, lo que tampoco me importó, porque yo no soy DC. Ahora resulta que se ponen lesos los socialistas, y eso sí que es grave, porque yo soy socialista” (Anónimo).

“Leso es el que hace leseras”, decía sabiamente Sally Field como la mamá de Forrest Gump, caracterizado por Tom Hanks. Lo de Juan Enrique Vega fue una lesera y no hay vuelta que darle. Los embajadores no tienen facultad para discernir si una decisión de Estado es correcta o no, o si se ajusta a sus principios y valores personales. Si discrepa, utilizará toda su inteligencia para convencer internamente a las autoridades acerca de su posición. Si no logra persuadirlos, debe acatar. Si no lo quiere hacer, se va. Punto. El embajador es un representante en el sentido más jurídico de su acepción. Nada de representación sociológica del tipo Miss Chile, “el país se siente reflejado en mi, yo soy un espejo de mi país”. El embajador es un mero mandatario, noble mandatario que actúa en nombre de su país, pero mandatario al fin y al cabo, que está para hacer lo que el mandante le dice.

La justificación del PS acerca del episodio no se entendió, creo, básicamente porque partía de un hecho injustificable. Es cierto, el PS tiene toda una trayectoria en materia de derechos humanos, que a estas alturas es uno de los pocos activos que le va quedando y que, si es inteligente y no se autolimita a la situación histórica de la ya lejana dictadura, si no que le da una connotación moderna, le servirá por un buen tiempo para seguir atrayendo jóvenes idealistas a sus filas. Pero no por ello el PS va a confundir las cosas y tratar de justificar leseras.

Es probable que la anormalidad política que vivió el país durante tanto tiempo haya hecho que los roles se confundan. Porque por ejemplo, ¿Andrés Allamand, era de oposición o de gobierno en tiempos de Pinochet? Yo creo que ni él lo tiene claro. Para una mejor comprensión, categoricemos las posibilidades que tienen los partidos en las democracias multipartidistas.

Primero, uno puede ser partido de oposición. Parece fácil, pero tampoco es tanto. Recuérdese los primeros años de la transición, cuando el carácter de la oposición de la UDI, dura en intransigente, chocaba con la “democracia de los acuerdos” de Renovación Nacional. Sea como sea, el cuento final es que la oposición es el grupo que no está en el gobierno y que presenta cada vez que puede sus críticas a la administración de turno y propone su alternativa programática.

Segundo, uno puede ser partido de gobierno. En los sistemas multipartidistas, donde gobiernan coaliciones, existe la posibilidad de que un partido esté en el gobierno, pero que la coalición sea presidida por otro partido, quien asume la primera magistratura. La relación de estos partidos con la administración es compleja. Porque por un lado, es su gobierno, hicieron campaña por él; son sus ministros, es su gente. Pero por otro, tanto críticas como alabanzas se las lleva mayoritariamente el partido del Presidente. Aquí es donde muchos jugaron con fuego durante el gobierno de Frei. Porque si bien uno puede discrepar del gobierno y puede de hecho hacerlo público, la línea que separa ello de una conducta opositora es tenue. Los diputados del polo progresista que ganaron popularidad fácil durante el gobierno de Frei terminaron sentando un mal precedente en términos de apoyo presidencial. Si la DC hoy exige voz en cuello e impunemente lo que se le da la gana al Presidente, desde la presidencia del Banco Central hasta tener más embajadas (de paso me pregunto, ¿para qué diablos quiere más embajadas la DC?), se debe, en parte, a la conducta errática de algunos PPD y PS durante la administración anterior.

Tercero, uno puede ser el partido del Presidente. Y ahí sí que no hay cómo equivocarse. Se está en todas, buenas, regulares y malas. Se asiente, se obedece, se confía en el criterio del mejor de los suyos que ejerce como Presidente. Pero sobre todo, se entiende. Se entiende que el arte de gobernar implica tomar una serie de decisiones dolorosas, impopulares, o que no satisfacen enteramente los principios iniciales. Esto en política es así, el resto es poesía, academia o marihuana, según le plazca al lector. La situación de la guerra en Irak, por ejemplo, mostró a un Lagos que hizo lo que nadie mas habría hecho, que era presentar una alternativa distinta a Estados Unidos en las condiciones en que nos encontramos. Y que yo sepa, los únicos que lo han defendido valientemente ante la gente que lo pifea son Los Prisioneros, no los socialistas.

Pero resulta que con leseras como la del embajador, los socialistas han hecho que ésto se olvide. Y que la prensa conservadora tenga la desfachatez de señalar que se ha vivido un “nuevo traspié” en la diplomacia del gobierno, la cual la historia reconocerá como la más exitosa de todos los tiempos. Y que Piñera aparezca como el salvador de la patria al viajar a Washington a “hacer un intenso lobby por el TLC”. En fin, se ha manchado lo poco bueno de este gobierno.

Uno espera del partido del Presidente dos cosas: En público, lealtad absoluta. En privado, entre camaradas, fuerte y despiadada crítica constructiva. Pero no al revés: Obsecuencia privada para ir a pedirle un cargo, y crítica pública para ganar una fácil simpatía. Hay que recordar que en 1998, cuando Pinochet cayó preso en Londres, entre Estado y partido, los socialistas eligieron el Estado. Y que yo recuerde, ni Juan Enrique ni nadie renunció a nada.

Vienen días durísimos para Lagos, donde algunos cuestionarán hasta su permanencia. Para enfrentarlos necesita de un partido atento, consecuente, que le diga las cosas por su nombre y las trate de arreglar en conjunto; que asuma errores ante la ciudadanía, pero sobre todo, que no sea leso, que juegue de manera inteligente. No es mucho pedir. ¿O no compañero?

FJD

“Internacionalismo Pop”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 25 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Viendo las imágenes de la visita del Presidente de Perú a nuestro país, no puedo dejar de recordar una de las acciones políticas más patéticas que he visto en mi vida: la visita de Joaquín Lavín a Alberto Fujimori en 1999. En medio de la campaña electoral, las encuestas indicaban que Joaquín sufría algún menoscabo en su figura de posible estadista frente a Lagos. Los focus groups mostraban a un Lavín extremadamente simpático, creíble y popular, pero débil en imagen presidencial; la gente simplemente no se imaginaba a Lavín de Presidente. En un arranque sin precedentes, Joaquín decidió visitar al ex Presidente de Perú en medio de la corruptela generalizada del régimen de Vladimiro Montesinos, y señaló a la prensa: “Quiero ser como él”.

¿Qué habría dicho la prensa norteamericana si un candidato hubiese visitado a Somoza meses antes de su caída en 1979? ¿Cómo se regocijaría la prensa europea si un candidato español, francés o alemán hubiese visitado a Ceaucescu en 1989? La verdad es que tamaña idiotez política, deshonrosamente olvidada por la prensa nacional, tiene como única explicación el “Internacionalismo Pop” que existe en la derecha chilena. Una mezcla de vocación aislacionista, discurso populachero y prepotencia patronal.

Tengo que ser honesto y reconocer que el término “Internacionalismo Pop” lo tomé del gran columnista del New York Times, Paul Krugman. En su libro de 1996, este autor critica a quienes han reemplazado la seria discusión teórica sobre el comercio y las relaciones económicas internacionales, por discursos vendedores al público pero de escaso rigor analítico.

Algo así pasa con el tema internacional en la derecha chilena. No el discurso económico, al que se refiere Krugman, si no que el político. No obstante la derecha cuenta con una masa crítica de alto nivel, compuesta básicamente por abogados y economistas de prestigio, con buena educación en el extranjero, a la hora de llevar esa reflexión a la práctica política, cae en el más asombroso rasquerío. ¿Cómo olvidar las escenas de los diputados de la UDI abandonando el Congreso Pleno cuando vino el gran Helmut Kohl a Chile, tapándolo de insultos, garabatos, levantando el dedo del medio y con más de un folklórico “Pato Yáñez” como gesticulación obscena?

Algo de vocación de aislacionismo hay detrás de todo esto. La vieja oligarquía chilena tenía un discurso nacionalista de tercera categoría que tendía a menospreciar la cooperación internacional y abogar por medidas proteccionistas (para proteger sus propias empresas, dicho sea de paso). Ni hablar del aislamiento de la era Pinochet, cuando nos colocaban en la misma fila de Uganda, Sudáfrica o Corea del Norte.

En cambio, es un hecho que la DC y la izquierda han asumido el contexto político internacional con mayor rigurosidad. Las redes de algunos personeros son de consideración y han sido de gran utilidad para el país. Dicen, por ejemplo, que Gabriel Valdés entra saludando al Departamento de Estado y al Vaticano, y que si uno quiere saber de su hijo, basta preguntarle al portero de las Naciones Unidas: “¿habrá llegado Juanga?”. El Gute trata de “camarada” a medio Europa, mientras que Cardoso trata al Ministro Muñoz como “Heraldinho”. El Canciller de México, Jorge Castañeda, habla de su “cuate” Insulza, mientras que Camilo Escalona jugaba al dominó con Gerhard Schroeder en los años ‘70. Mientras que en la derecha, el único que poseía algún contacto internacional era Andrés Allamand, pero su mejor amigo, Andrés Pastrana, terminó pesando menos que él mismo.

También hay un discurso populachero involucrado. Si Ricardo Lagos está hoy pensando en qué mensaje enviar a George Soros, en su calidad de presidente de la “Open Society”, para la conmemoración del aniversario de la muerte de Karl Popper, Joaquín Lavín está más preocupado de asistir a los funerales del “Negro” Said. O sea, la derecha entiende que lo internacional no da mucho rédito electoral, lo que, dicho sea de paso, es muy cierto. Pero extrema las cosas al no darle ninguna importancia al tema y asumirlo con un criterio exclusivamente marketero. Dicho en otras palabras: a Lavín le importa un bledo qué es mejor para Argentina. Simplemente quiere que Menem gane para que la Bolocco sea la Primera Dama y lo ayude en su campaña.

Finalmente, hay algo también de prepotencia patronal. En Chile se está mejor cuando se es rico y poderoso, qué duda cabe. Para qué moverse. Para qué salir. Para qué dejar entrar. En su casa roncan, afuera son uno más.

Sí es importante entender que, en la política moderna, lo internacional no da mucho voto si es que ello no tiene una consecuencia palpable en lo interno. Pero no por eso se tienen que hacer ridiculeces como ha hecho la derecha. A este paso, cuando Lavín le entregue las llaves de la ciudad de Santiago al Presidente Toledo, va a tener que aclararle que cambió la cerradura de las llaves que le entregó a Vladimiro Montesinos.

FJD/

“Instituciones de Palo”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 6 de Octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“Las instituciones funcionan” ha dicho el Presidente Lagos cada vez que puede. En general, mucho se ha discutido y criticado el concepto. Unos dicen que es conformismo; otro dicen que es falso.

Los primeros, generalmente la izquierda, tienen algo de razón: no puede ser presentado como un gran logro que las instituciones funcionen; éstas simplemente tienen que funcionar. Pero lo que ellos olvidan es que estamos en un país donde las instituciones no funcionaron durante 17 años de dictadura e incluso hasta varios años de vuelta la democracia. Entonces, algo de gracia tiene el cuento, pues en el fondo, nos hace volver a ser un país maduro y civilizado.

Los segundos, los que dicen que ello es falso, y que son generalmente la derecha, no tienen mayor argumento salvo obtener un rédito político o electoral. Acusan que las instituciones no funcionan, dejando implícito que el Gobierno las amaña para su lado. “El Gobierno es cara de palo”, dijo la senadora Matthei a raíz de que el Presidente no citó al Consejo de Seguridad Nacional por el caso del General Ríos. “No hay que politizar las Fuerzas Armadas” dijo el senador Arancibia. Con qué cara éstos dicen eso, se pregunta uno.

Lo que estos próceres no dicen es que para ellos las instituciones políticas son los mecanismos que los favorecen, y olvidan que una institución es mucho más. Las instituciones políticas son normas y conductas generalmente aceptadas y legitimadas por los ciudadanos. El resto no lo es; son simplemente instituciones de palo.

Los principales exponentes de la teoría institucional de la Ciencia Política, desde Maurice Hauriou a Samuel Huntington, son claros en señalar que las instituciones políticas no son cualquier cosa. Así como no basta una ley, un edificio y un presupuesto para formar una institución real, pues debe haber una idea de bien común detrás de ella, tampoco basta una regla para formar una institución política. Veamos un ejemplo: la DINA tenía una ley que la regulaba, varios edificios donde funcionaba y un presupuesto que se ejecutaba. Pero a nadie se le ocurriría pensar que la DINA pueda ser catalogada como una institución, pues no sólo le importaba un carajo el bien común, sino que en muchos casos estaba más preocupada de infligir el mal individual.

Lo mismo ocurre con las instituciones políticas. Estas deben obedecer a un sentimiento mínimo de legitimidad general en la ciudadanía. Deben ser respetadas como un espacio de acción colectiva y deben, por tanto, ser sentidas por los ciudadanos como reglas de relativa permanencia. Por ejemplo, las elecciones son una institución. A ninguno de nosotros se nos ocurriría llegar al poder de otra forma que no fuera mediante el voto democrático. Lo sentimos así y pensamos que así será por mucho tiempo. En cambio, no sé si alguien recuerda el mecanismo corporativista semi-fascista que inventaron los diseñadores institucionales del régimen militar para escoger a los alcaldes y consejeros comunales. Era un intrincado e ilegítimo procedimiento que nadie recuerda, precisamente, pues jamás se constituyó en institución.

Entonces, da rabia que venga el senador Arancibia a decir que no se puede otorgar al Presidente la facultad de remover a los Comandantes en Jefe pues ello podría politizar las FFAA, cuando él mismo negociaba su candidatura al Senado representando a un partido político siendo almirante. Esa regla, la inamovilidad, no es una institución.

Lo mismo con Evelyn Matthei. Recordaba del libro de Cristián Bofill acerca del “Piñeragate”, cómo la actual senadora le exigía a Andrés Allamand que hiciera algo para que los tribunales no investigaran el espionaje telefónico a Sebastián Piñera. “¿Cómo a la Cutufa le echaron tierra?”, preguntaba conmovedoramente a sus correligionarios, mientras le mentía descaradamente al país por casi dos meses. La senadora Matthei ahora dice que el COSENA es una institución que puede resolver el entuerto del General Ríos. Las pinzas. El COSENA no es más que un invento del ilegítimo constituyente de 1980 para mantener cierta tutela militar incluso en democracia (afortunadamente cada vez menor).

Para mi, no todo lo que está en la Constitución es una institución. Sólo un rostro de madera defiende las instituciones de palo.

FJD/

Solo en la Gran Ciudad

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Abril de 2003

Francisco Javier Díaz

No conozco chileno de mi edad que no haya jugado alguna vez a “Mi Gran Ciudad”, también conocido como ¨Monopolio”, el clásico juego de tablero donde uno tira los dados y va avanzando por las calles de Santiago comprando propiedades, construyendo edificios y cobrando rentas. La escena clásica: Vacaciones de verano en el litoral central, la casa llena de hermanos, primos y amigos. Después de llegar de la playa y antes de las onces-comida, una partida del juego. Pero tampoco conozco a nadie que no haya tenido un primo o amigo más grande que se aprovechara de la inocencia de los más chicos y siempre dijera antes de empezar: “Yo soy el Banco”. Así, en el litoral central aprendí una de mis primeras lecciones de política y de política monetaria. Siempre desconfiar de los que cortan las huinchas por ser Banco.

Las reacciones a la designación de Vittorio Corbo en el Banco Central dan para hacer una serie de análisis respecto de la política chilena. Pero creo que lo medular de todo es la certidumbre que generó en los mercados y la incertidumbre que generó en la clase política. Porque temo que a estas alturas Lagos tiene un rol absolutamente central y casi exclusivo en la política chilena. Todo se explica por lo que él hace o no hace. No dialoga con nadie, no por sordera, si no que porque no hay nadie con quien dialogar. Poco importan los ministros, menos los candidatos, nada los partidos, el parlamento casi no existe; Lavín no es interlocutor serio, Longueira sólo responde. Allende negociaba con Aylwin, Altamirano con Allende. Aylwin hablaba con Jarpa y Allamand para la reforma tributaria de 1990, mientras Foxley se entendía con Piñera. Frei era flanqueado por Figueroa o Insulza, quienes conversaban fluidamente con Espina o Novoa, mientras el propio Lagos existía como referente alternativo a la presidencia. Ahora no hay nadie. Lagos es la política chilena. Y tristemente para él, es el único a quien se quiere atacar y algunos, hasta derrocar. Lagos ha asumido por sí solo un rol distribucional, que con la designación de Corbo ha rememorado una clásica trilogía de preguntas: la política se trata de responder el dar qué, cuándo y a quién.

La izquierda no ha captado qué significa todo esto. Todavía cree que con la política monetaria se pueden hacer milagros. Desconfío de quienes quieren ser Banco. Discuten acalorados: ¿Lagos ya no es de izquierda porque nombró a Corbo? ¿O nombró a Corbo porque ya no es de izquierda? Como la izquierda populista del PC, Avila o Naranjo no tiene claro el rol del Banco Central, ni menos las ideas del Presidente por el cual votaron, ni mucho menos lo que piensa Corbo, entonces reduce todo a una cuestión de los de allá y los de acá. Pero de la descentralización como instrumento de profundización democrática, derechos humanos en un sentido amplio y moderno, férrea protección de los trabajadores sin afectar los niveles de empleo, de una política efectiva para una familia cambiante, de la modernización del Estado, o de una educación de calidad para la inserción en el mundo globalizado, por ejemplo, poco o nada interesante. Más fácil es seguir viviendo en el mundo de los malos y los buenos. Mientras tanto, Navarro apoya al gobierno cubano que apresa a quienes piensan distinto.

La Democracia Cristiana sigue con su juego de Dr. Jekill y Mr. Hyde. Designan a Corbo, y los Doctores Jekill Foxley y Boeninger lo aprueban en aras del bien del país. Entienden que con la confianza no se juega. Pero de inmediato aparece Mister Hyde. Ahora fue Lorenzini, otras veces ha sido Mora. ¿De qué lado estará Zaldívar? La DC hace apuestas peligrosas, donde no se ve la ganancia. Exige públicamente la Subdere, el Presidente se enoja y no se las da. Exige por los diarios el cupo de consejero del Banco Central, el Presidente se impacienta, y no se los da. Ahora resulta que piden más embajadas, sin captar que ellos mismos han causado que Lagos sea quien define qué, cuándo y a quién. Ante la ciudadanía, dos conclusiones: Una, que la eficacia partidaria deja mucho que desear, pues basta que la DC pida algo para que no se lo den. Dos, y más grave que lo anterior, la ciudadanía tiende a sospechar. La gente, al igual que yo, desconfía de los que quieren ser Banco.

El dilema de Lagos es que no puede ser aplaudido. En esta vuelta, lo aplaudió la derecha y el empresariado, pero igual se lo comieron los medios. Si no nombraba a Corbo, debilidad ante la izquierda. Cuando lo nombró, debilidad ante la derecha. Lagos siempre débil, es el juego de la prensa. Como no pueden tener a un socialista con 50% de aprobación en las encuestas, porque es peligroso para los bolsillos de quienes pagan el avisaje, hay que atacarlo como sea. Pero Lagos sabe que la gente no lee los extensos reportajes de los domingos en los diarios, ni las columnas, si no que escucha la Bío Bío o ve las noticias de las 9, y por tanto se la juega por ese segmento. Ahí se ganan las encuestas. Y salió con una buena frase. “Necesitaba al mejor y puse al mejor”. La gente no cree en la estupidez de la “selección chilena” y la sonrisa de Lavín. Más creíble es un tipo mezcla entre apatronado y seguro de sí mismo, que al igual que un padre de novia de clase media, contrata al mejor banquetero para la fiesta. Sonó al muy chileno “que no se note pobreza”.

La derecha en su juego, sin gran estridencia. Tampoco se pueden alegrar mucho, ellos tienen claro que la gente desconfía de los que quieren ser Banco. Hasta Pinochet cuoteó el Central en su momento y fue criticado por los de su sector que no entendían el juego del instituto emisor. Y ojo, que las payasadas de una gestión populista que tendrá que cumplir con la promesa del cambio no serán financiadas desde el Central. Ni Corbo ni nadie sensato, se prestará para eso.

A la larga, el tema de fondo es la sensatez. En un mundo globalizado, la confianza en que los países cuidarán su moneda y no emitirán más de la cuenta, es clave y a la larga genera más beneficios que amarras. Si la correlación entre elecciones y gasto fiscal existe, y es demostradamente perniciosa, la combinación populismo-emisión sin control es muchísimo peor. Esa es la cuestión de fondo. Un Banco con reglas que requiera de los más capaces. Una clase política valiente, seria y sensata que dialogue y plantee sinceramente sus opciones. Todo un sistema que no permita que el Presidente termine triste, tirando los dados solo.


FJD

Señor Censo, ¿Quién soy yo?

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Marzo de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Esta columna es la más mala que he escrito en meses. Pero a última hora el editor notó que se repetía el tema que yo tenía preparado y, como donde manda editor no manda columnero, tuve que cambiar. “Escribe de cualquier cosa, por último de ti mismo” fue la instrucción. El problema es que ni siquiera de ello estoy seguro. ¿Cómo saber quién soy yo?

Diría que Animal Político es, antes que nada, un claro fruto de su época. Es parte de la poco gloriosa y jamás recordada generación de fines de los ochenta y comienzos de los noventa, la que no alcanzó a estar en las primeras filas de la lucha contra la dictadura. Lo curioso es que nadie nunca habló de esta generación y de repente, así como así, aparece reflejada en el censo nacional.

El censo de 1982 Animal Político lo vivió como niño aun ingenuo. “21 de abril será ese día: El día en que seremos más” cantaba el jingle que inventaron los milicos para esa campaña. Pero en rigor, lo que allí se medía eran las promesas hechas por Pinochet antes del plebiscito de 1980, esa de una citroneta, casa y lavadora por cada cuatro chilenos. El censo no mostró esto, ni tampoco midió el dolor de un país por la muerte, el exilio o la tortura. Al final, nada espectacular, salvo que los índices de escolaridad y salud mantuvieron la curva ascendente que mostraban desde los años cuarenta, cuando se decidió atacar estos problemas en serio y sin estridencias.

Al año siguiente, un comercial del régimen por la tele me asombró. Entrevistaban a un poblador quien contaba acerca de la casa que le había regalado la dictadura. Piso, ventanas, material sólido, “hasta alcantarillado tenemos”, terminaba diciendo el pobre tipo. Nunca había pensado siquiera que eso pudiera ser fuente de orgullo para alguien.

El censo de 1992 vino cuando Animal Político estaba en la universidad de la alegría. Democracia recién instalada, políticos con período de gracia. El censo no alcanzó a recoger en su magnitud el empobrecimiento de la clase media producto de la recesión de mediados de los ochenta, y de hecho, tímidamente, mostró que Chile comenzaba a cambiar.

El del 2002 fue nuestro censo. Por primera vez me entrevistaron como jefe de hogar. Computadores, televisores, internet, e-mail, cable, teléfono celular, CD, DVD, auto, departamento, microondas. Diez a doce años de escolaridad completa. Ya no es un logro ni salir de cuarto medio ni tener alcantarillado. Quien quiera votos, que los busque en otro lado.

Y como todas las cosas en la vida, el censo puede ser interpretado políticamente. Mi impresión es que en esta vuelta el gobierno lleva las de ganar, pero también las de perder.

El gobierno le gana a la derecha, eso es innegable. En esta década se creció más que nunca en la historia del país y la mejoría en todo ámbito es incontestable. A nivel comparado, el caso chileno se estudia como un ejemplo de democracia y éxito económico y social para un país en vías de desarrollo. Los chilenos estamos mucho mejor ahora que antes. Esto es así y punto. Nada importa lo que hayan dicho los voceros que definió la derecha para desvirtuar la comunicación gubernamental, Patricio Melero, de la UDI, y Renato Sepúlveda de Renovación Nacional. Curioso lo de estos nombres, dicho sea de paso, pues denotan la estrategia que siguió a este respecto la oposición. En la UDI, Melero es el eterno “backbencher”, de quien se dice es la única oposición a la mesa de Longueira. Pero en la UDI, cuando hay que hablar en serio, habla Novoa o Chadwick. Si hay que fijar la estrategia, escuchen a Longueira. De leyes, habla Alvarez. De muñequeo, Coloma. Cuando hay que hacerse el lindo, Bombal. Cuando hay que defender a Pinochet, Moreira. La mugre la desparrama Victor Pérez y para estupideces varias, senador Arancibia. En Renovación Nacional si no habla Piñera, no importa. O sea, la derecha hablo porque tenia que hablar.

Pero el gobierno también lleva las de perder y de hecho está perdiendo. No porque la gente no recuerde su obra, mal que mal, para eso están los gobiernos y los chilenos se merecían gobiernos decentes desde hace años. El gobierno y sus partidos están perdiendo porque simplemente no saben entender a quiénes están gobernando. Esta es otra gente. Informada, educada, la mayoría sin necesidades básicas, si no que con exigencias cada vez más complejas. Toda una generación que muy agradecida estará de la Concertación, pero que sabe también que trabajó duro para obtener los bienes que midió el censo.

Una generación de escépticos y exigentes. Que lo que probablemente más le molesta de los casos de corrupción, por ejemplo, es que gente inteligente sea capaz de colocar en puestos de importancia a tanto inepto. Sabe que siempre habrá pilluelos en todos lados y que durante el gobierno de Pinochet se robó muchísimo más y no se pudo investigar.

Una generación de escépticos que le interesa la política, pero que no le gustan que los políticos insulten su inteligencia haciendo tonteras. Iconoclasta, que no cree en ídolos. Que no tiene rollos con la eficiencia, ni con la plata, ni con el ocio. Que no le vienen con leseras, ni discurso fácil, ni sonrisas, ni regalitos. Que se ríe de Lavín jugando paletas en su playa y que respeta, pero no le cree, a la Gladys empapada bajo un guanaco, como siempre. Y que reconoce la inteligencia de Lagos, pero que le dan ganas de remecerlo y decirle que se atreva a gobernar.

Y ojo con todo esto, porque si creen que somos una manga de desadaptados, más abajo viene otra generación mucho peor, la de los “reality show”. Cabros que se emocionan de verdad por los avatares de unos tarados que concursan en estos programas y que en su vida sólo han visto tele a color. A esa generación sí que no entiende nadie, ni Lavín ni la Concertación.

Entonces señor Censo, dígame por favor, ¿quién soy yo?

FJD

New Kids en el Poder

ANIMAL POLITICO
Diario La Nacion, Domingo 2 de Febrero de 2003

Por Francisco Javier Diaz

En octubre de 1987 aprendi una de las mejores lecciones politicas de mi vida. Jugaba Chile contra Yugoslavia en el Estadio Nacional, en el primer partido del Mundial Juvenil de Futbol. En Chile, todos estabamos expectantes de lo que pudiera hacer la estrella del equipo, Lukas Tudor. Mirko Jozic, entrenador de Yugoslavia, le siguio la cuerda a la ingenua prensa chilena y anuncio marcacion personal para Tudor. Pero comenzo el partido y a poco andar todo el estadio se dio cuenta de que Lukas estaba solo, huerfano y desmarcado, arriba, botado, sin recibir pase alguno. Jozic habia establecido una marcacion para el verdadero motor del equipo chileno, el 10, Camilo Pino. “Tate”, le comente a mi hermano chico, “Lukas podra salir en TV Grama o en Martes 13, pero en Camilo Pino es donde esta el poder”.

De eso se trata la politica moderna, de identificar el poder. Donde esta, que forma tiene, quienes lo ejercen. Parece facil, pero no lo es. El poder es difuso, desmembrado y esta en muchas partes a la vez. Desde esta perspectiva, creo que es bueno detenerse a pensar donde estuvo el poder, presente y futuro, la semana pasada.

Comunicar y saber. Ahí estuvo el poder. No estuvo en La Moneda, ni en Suecia, ni en Cauquenes ni en Caleu. En comunicar, ahí estuvo el poder presente. Estuvo en el hospital de la Catolica, cuando los estrategas de Lavin estimaron –inexplicablemente- que publicar que a Joaco lo habian operado del traste podia ser objeto de burla y decidieron ocultar el hecho. Comunicar (o no comunicar) lo que se quiere es poder.

En saber, ahí estuvo el poder futuro. Y estuvo alto, en Valle Nevado, donde se juntaron los new kids de la Corporacion Expansiva y algunos no tan kids del CEP. Es bueno analizar en detalle a Expansiva, porque, me imagino, ellos intentaran en algun momento acumular, ejercer y mantener poder. Pero dicen querer hacerlo desde la vereda del saber.

La verdad sea dicha, no se porque no me invitan a Expansiva. Escribo bonito, no pongo los codos arriba de la mesa, jamas habria cometido la roteria de preguntar como se llega a Valle Nevado, encuentro inteligente y estupenda a la Consuelo Saavedra, soy relativamente liberal y hablo ingles. Que mas se necesita? Por ahí hay una clave: para entrar en un circulo de poder de gestacion no democratica, como es Expansiva, se necesita, obvio, la confianza de los detentores de aquel poder. Y yo no conozco a ningun dirigente de Expansiva ni, lo que es peor, ellos me conocen a mi ni al 98% de los chilenos que no ha estado nunca en Snow Valley.

De cuando en cuando en la politica chilena se generan este tipo de movimientos o agrupaciones de intelectuales que creen salir de la caverna platonica hacia la luz del mundo y vuelven a la realidad a iluminar al resto de los mortales con su saber. Los radicales de antano eran asi. Los masones elegian cuidadosa y arbitrariamente a quienes serian sus reclutas en la batalla contra el poder terrateniente y clerical. La Falange en sus inicios fue similar. Pasaron largos anos como un grupusculo de jovenes universitarios autogenerado y autoconvocado, iluminados por un lider como Frei Montalva, haciendose promesas de gobernar todos juntos treinta anos cuando se tomaran el poder, distante hasta ese entonces. Y cuando llegaron a la cima, toda una oleada de nuevos y jovenes tecnocratas invadio nuestra burocracia.

El MAPU fue lo mismo anterior, pero multiplicado por diez. Jovenes catolicos, pintosos, universitarios; chiquillas de las Ursulinas o las Monjas Francesas, comunidades cristianas. Una vanguardia organizada y tecnificada que conduciria a Chile por la senda del socialismo y que desconfiaba de la capacidad organica y profesional de la izquierda tradicional. Ni hablar del PPD, que es como el corolario politico de dicha avanzada. Cuando llegan los ex MAPU del exilio, doloroso como todo ostracismo, pero con prestigiosos cartones bajo sus brazos y mejores contactos en el exterior, en vez de reforzar la vieja y querida izquierda socialista, deciden no pelear e irse por el camino facil. “Nada de perder el tiempo reformando partidos anticuados, creemos uno nuevo (el PPD). Consigamos votos prestados, tomemonos el Estado y administremos el poder”.

En Expansiva hay saber y hay poder. Lo que dice o hace es o sera importante en Chile. Se le escucha, se le hace caso o se le critica. Pero existe. El problema de Expansiva es, a mi juicio, que no ha sincerado su vocacion. O se dedican a analizar la realidad desde Valle Nevado, Boston u otra burbuja para siempre, o se dedican a transformarla, como decia el viejo Marx. Deben entender que gente con buena formacion y buenas ideas, equipos, mistica y capacidad de hacer cosas interesantes, no sobra en el progresismo chileno. Que no se puede eludir el liderazgo cuando hay gente que espera algo mas de uno. Que la politica no es solo saber, ni comunicar, si no que tambien es hacer y luchar. Y que para la lucha politica, “agon” como decian los griegos, todavia no se inventa nada mejor que un partido politico con historia, votos propios y gente real. Por algo lideres como Felipe Gonzalez, Kohl o Blair apostaron a cambiar la realidad desde espacios de lucha tradicional, pero efectiva, y no solo desde el saber. En politica no sirve de nada decir “yo les dije”; la gracia esta en decir “yo al menos lo intente”.

A lo mejor los new kids de Expansiva ya han pensado esto muchas veces y esta columna no tiene mucho asunto. Mal que mal, no he estado en sus reuniones y probablemente nunca voy a estar. Y tambien hay que reconocer que estan recien empezando con lo suyo y que, por tanto, no hay que apurar al ganado flaco aun. Pero al menos hay que partir por reconocer donde esta el poder, quien lo tiene, si lo quiere o no lo quiere y para que. Si Expansiva nos responde estas preguntas, bien por el progresismo, bien por el saber.

FJD

Despartidizar, Repolitizar

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de Abril de 2003

Francisco Javier Díaz

Tengo un amigo mexicano tan porfiado, que cada vez que llega a un lugar pregunta: ¿De qué se habla, para oponerme? En eso se la han llevado la DC y el PPD. En Diciembre, Zaldívar dijo, en breve, que la Concertación se terminó. En Abril, Girardi dijo, en breve, que la Concertación ya no existe. Comprensión de lectura, Primero Medio: Ambas descripciones se encuentran muy cerca de la noción “caput, ya no más”. Pero resulta que los que antes lo afirmaron ahora critican, y los que ahora lo afirman antes criticaron. No se entiende. Porque uno puede pensar que la Concertación se acabó, o que no se acabó, pero no ambas cosas a la vez. Yo creo, como mi amigo mexicano, que no se trata de lo uno ni lo otro, si no todo lo contrario.

Porque si la Concertación se acabó, ¿de dónde son las decenas de personajes que actúan como ministros o altos funcionarios, la mayor parte del día coordinándose con pares y subalternos de distintos partidos y haciendo que el gobierno, dentro de todo, funcione decentemente? ¿De dónde son los centenares de concejales y alcaldes que prontamente irán a elecciones en lista conjunta, porque el sistema electoral así los obliga y porque a estas alturas no saben ir de otra manera? ¿Los miles de funcionarios públicos? ¿Las decenas de miles de militantes? ¿Los centenares de miles que votaron en las primarias de 1999? ¿Los millones que en las recientes encuestas siguen apoyando a Lagos?

No es por ponerse oficialista, al contrario, la crítica va precisamente en contra de los partidos de la coalición oficial, quienes en aras de sus intereses personales o grupales olvidan la opinión de, si no la mayoría, parte importante del país. Porque dejémonos de cuentos: en los sistemas de partidos del mundo moderno uno o es relativamente conservador o es relativamente progresista. Entonces, que dos partidos vengan a discutir si la coalición de clase media y centroizquierda se acabó o no, y que más encima aboguen por una y otra posición indistintamente, en cuestión de meses, da como para pensar que esta gente no está en las mejores manos.

La diferencia de opiniones pasa por algo que me ha marcado políticamente desde hace años y que a algunos analistas y políticos les cuesta entender: Creo honestamente que en Chile tenemos mucha pelea partidista (mala) y poca discusión política (buena). Lavín, Avila y hasta Lily Pérez se han dado cuenta de esto perfectamente y han jugado sus cartas sobre esa base. Los intereses partidistas generalmente no están en sintonía con los intereses de la gente. Pero, y aquí el gran pero, los intereses políticos sí pueden ser interés de la mayoría. De lo que se trata entonces es de despartidizar la sociedad chilena. Que no todo esté centrado en los intereses, muchas veces oblicuos, de los partidos políticos. Pero luego de ello, se trata de politizar nuevamente la sociedad.

Pero que no se malentienda. Soy un animal político y creo que todo quien dice que la política no sirve de nada o está mintiendo para ganar votos o simplemente no entiende un carajo de la vida. Además, los partidos políticos a su vez son insustituibles en un régimen democrático, e incluso en los otros. Pero que no nos pasen gato por liebre. Una cosa son intereses políticos y otra cosa son los intereses particulares del partido y de los líderes de dicho partido. Lagos está solo, es cierto. Es de los pocos que habla de política.

Despartidizar y repolitizar la sociedad chilena haría que la política fuera más sincera. Todos estaríamos en contra de los políticos corruptos y no sólo Lavín, Avila y Pérez. Pero a la vez, la demagogia tendría menos cabida, pues al politizarse el debate en términos reales, poco margen cabría para la mentira y los voladores de luces. ¿Está usted con la Isapres? Para ese lado. ¿Reforma a la salud? Para este otro. ¿Individuo, sociedad, o viceversa? ¿Ciudadano o consumidor? ¿Contamina paga, o mejor no contamine? O como decía Ominami hace un par de meses, ¿le gustaría un Chile donde las “nanas” son parte del paisaje?

En definitiva, en vez de preguntar si usted el domingo en la mañana va a misa o va al Tavelli, si prefiere al Kike Morandé o a Francisco Reyes, si en verano va a Pucón con la UDI o a Cachagua con la Concertación, si Ballero o Pope, si Dockers o Johnsonn, si la Cato o la Chile, haríamos la pregunta del millón:¿Es usted de Derecha o Izquierda?

FJD

“(Chori) Pan y Circo”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 22 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“Septieeembre, las fieeestas, la chicha y las empanás; dan dolor de cabeza y acidez estomacal”. No conozco a nadie que tenga entre 25 y 40 años que no recuerde esta melodía, que la tocaban en un comercial de Yasta, el antiácido con aspirina, a mediados de los años ’80. Se quedó grabada en la mente de miles y miles de chilenos que no se saben ninguna cueca, pero que gustan de celebrar el Dieciocho. Ahí la genialidad del creador de aquel estribillo, que supo captar cómo se entra en la memoria del chileno dieciochero común y corriente, tan lejano de la canción de protesta como del Club de Huasos Gil Letelier.

A la larga, el chileno recuerda lo simpático, olvida lo ceremonioso y mofa de lo absurdo. Por eso es que el político moderno debe tener sumo cuidado a la hora de celebrar su Dieciocho, pues debe saber combinar alegría con moderación; entusiasmo con autenticidad.

Pan y circo, decían en la antigua Roma. Verdaderamente es una difícil combinación. Estómago y cabeza. Tripa y cerebro. Hambre y risa. Las necesidades físiológicas y las necesidades del alma. Dura tarea para el político moderno saber capear con éxito las ocasiones de pan y circo, sobre todo ahora que con la televisión, cada situación de éstas puede derivar en ganancia o pérdida de votitos decisivos a la hora del veredicto ciudadano.

Bill Clinton es el gran político moderno de la post guerra fría y era realmente un maestro en estas lides. Si hubiese vivido en Chile, seguro que bailaba un pie de cueca bien zapateado en la fonda de la Gran Bertita, en horario “prime” del noticiero, para luego decir una frase tipo “me reencuentro con lo mejor de mi tierra, pero también con las necesidades de mi gente”. Idolo. Carlos Menem, en cambio, era puro circo y nada de pan. Al final, Fernando De la Rúa, quizás si el candidato más aburrido que se haya visto, ganó la elección de 1999 precisamente apelando al sentimiento de hastío de la gente hacia tanto circo insulso y corrupto; hacia los Ferraris, las modelos, las fiestas, los bailes, los trajes, el golf, la Bolocco y el locro.

La autenticidad es clave, pues de ella deriva el principal capital del político moderno: la credibilidad. Nada peor que lo forzado o lo artificial (cuando te pillan, claro está). Por eso imagino cómo se partirán la cabeza los políticos a la hora de programar su celebración de Fiestas Patrias. Porque en rigor, existen dos modelos de celebración, que para efectos de explicar brevemente en esta columna, llamaremos el “modelo Pellegrini” y el “modelo Pititore Cabrera”.

Pellegrini, como sabemos, es parco y serio, pero responsable y trabajador. Y cuando sale campeón, a lo más exclama “hurra, ganamos” y luego a seguir trabajando. Lagos optó por este modelo, pues sabe que cualquier otra alegría falsa le sentaría mal y lo haría verse incómodo. Así, Lagos va a la fonda, mira y aplaude. No baila cueca, porque seguro que es más tieso que un gomero. Pero comparte alegremente, con cara de papá en cumpleaños de cabro chico. Brinda con chicha, come anticuchos, no se le nota que le carga la empanada con tanta cebolla y discretamente se saca el aserrín que se le mete adentro del zapato. Cualquier otra cosa se vería poco auténtico y perdería credibilidad.

Otra variante de este modelo, pero con algunas gotas de picardía, es la Ministra Bachelet. Ella es seria, pero cariñosa. Es sencilla y creíble; demuestra autoridad, pero también bondad. Y se alegra sanamente, como se alegra mi madre para el Dieciocho. Pasa revista a las tropas, se sube arriba de un jeep, toma chicha en cacho. Saluda a los mapuches y se peina la chasquilla. En diez años más, estoy seguro que todos recordaremos la Parada de Michelle.

Pititore Cabrera era un jugador de fútbol de San Luis y Colo Colo, que cada vez que metía un gol se daba dos saltos mortales en el aire. Podía ser un partido de entrenamiento contra Deportes Chincolito Mayo, y Pititore igual volaba por los aires. Su alegría era evidentemente falsa. Lavín optó por este modelo de celebración. No sé bien porqué abandonó el modelo tradicional que había iniciado años atrás en Las Condes, en la patronal “Semana de la Chilenidad”. Este año se las trató de dar de canchero y no le resultó.

La verdad, no entiendo cómo sus asesores de imagen quisieron hacernos creer que con esa pinta de “nerd”, Lavín pudiera ser un trompo para el baile. El tipo no es para eso. Ni siquiera lograba seguir el paso del “Lobo Chilote”. Es evidente que Joaquín no es bueno para la fiesta, de donde, dicho sea de paso, arranca parte de su credibilidad de niño bueno y preocupado.

Giovanni Sartori, el cientista político fiorentino que enseñaba en Estados Unidos, nos decía en 1998 que la política moderna es imagen. Hoy por hoy, estamos en presencia de un “Homo Videns” más que un “Homo Sapiens”. La política moderna es construcción de grandes discursos y de grandes imágenes e identidades, en todo lugar y a toda hora. La idea es lograr que la gente las recuerde y atesore en su memoria, como septiembre, las fiestas, la chicha y las empanás.

FJD/

“Temporada de Conejos”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 3 de Noviembre 2002

Por Francisco Javier Díaz

El Pato Lucas colocaba un cartel que decía “Temporada de Conejos”, y el cazador Elmer apuntaba con su rifle a Bugs Bunny. Él conejo no se quedaba atrás, sacaba un cartel que decía “Temporada de Patos”, y el rifle se dirigía entonces hacia el Pato Lucas. Y así se lo llevaban un buen rato, temporada de conejos, temporada de patos, con el cazador apuntando a lado y lado, hasta que aparecía un cartel que decía “Temporada de Elmer”.

“¿Temporada de Elmer?” se preguntaba el cazador, cuando aparecían decenas de rifles de quién sabe dónde, y disparaban sobre él, dejándolo cubierto de hollín, entero negro y echando humito. Siempre pensé que le pasaba por gil.

Pato Tombolini abrió la temporada de patos. La imagen de Tombolini bronceado, dolido y enojado, en una conferencia de prensa a la antigua, llena de gente, en un salón vetusto en una vetusta sede, es una imagen que no se olvidará fácilmente. Su dedo índice en ristre, acusador, amenazador; sus comentarios, palabras y voluntad de caer con mantel al suelo, denotaba inequívocamente su intención de abrir la temporada. Después de afirmar su inocencia, señaló: “No se olviden que yo sólo era el Subsecretario”. Sólo le faltó un “je, je, je.”. Sí señores: Temporada de patos.

Pero mi impresión es que la temporada de conejos estaba abierta desde hace mucho tiempo ya. Porque desde hace años que la idea es que mientras más caca, más cámara. Al menos esa ha sido la premisa de alguna prensa y algunos parlamentarios. Nada importa la verdad, el rigor, o la justicia. Poco valen los proyectos de ley, el trabajo distrital, los escritos o las ideas. La caca vende, el resto sólo adorna.

El indispensable rol fiscalizador de la prensa y de la Cámara se ha ido desnaturalizando con el tiempo. De parte de la prensa, por desidia de los reporteros, por comodidad de los editores, por intereses y presiones de los directores, por conveniencia política de los dueños. Todos ellos han configurado un cuadro de extrema insensatez y escaso rigor analítico. Salvo honrosas excepciones, la prensa simplemente se banca lo que le den. No chequea ni contrachequea la información, no revisa sus fuentes, no investiga. Se presta dócilmente para vendettas de todo tipo y de paso, le hace el juego a la derecha. Era que no, si sus dueños son de derecha y pueden abusar de ese poder patronal que sólo en Chile existe y que nos agobia y asfixia con basura informativa.

El otro ente fiscalizador, los representantes del pueblo en la Cámara, tampoco ayuda mucho. Schaulsohn comenzó con esto hace años, denunciando la Cutufa y los pinocheques, lo que le dio cámara y figuración. Pero hay que reconocer que lo hacía en un estilo elegante, refinado y siempre acompañado de una idea interesante en alguna columna de opinión por allí. Luego salió Avila, el “Schaulsohn de los pobres” como se le llamó, y el asunto comenzó a degenerar. Ya cuando aparecieron los francotiradores de la oposición, poco bueno se podía esperar. ¿Qué idea de país se puede esperar de Lily Pérez? ¿A qué se dedica Víctor Pérez? ¿Qué mugre fue la que finalmente barrió la famosa escoba de Carlos Bombal, aparte de pegarle un escobazo en la cabeza a Andrés Allamand?

De esta manera, la temporada de conejos se abrió hace mucho en Chile. Prensa y prenseros se han dedicado a buscar conejos a cómo dé lugar. Sólo así se entiende lo de Jiménez y Pareto. La irresponsabilidad e inexactitud de sus denuncias venían desde hace mucho tiempo. Partieron hace muchos años, rifle en ristre, a su temporada de conejos, dispuestos a dispararle a lo que se fuera.

Pero hay que reconocerlo, eso de la fiscalización en terreno de estos diputados rayó en la estupidez. Pocas veces uno ha leído historia menos creíble y más tonta. Mire que ir a fiscalizar al dueño de una planta de revisión técnica escondido, fingiendo, con mentiras, actuando, con el subsecretario presente, para comprobar que el tipo paga coimas … si de lo que se trata es de saber quién recibe las coimas, no quién las paga!!!!

Así, El Mercurio les anunció un día en portada que se abría la temporada de Elmer. “¿Temporada de Elmer?” alcanzaron a preguntarse Jiménez y cía.., cuando les llegó fuego cruzado de todos los partidos, incluyendo el propio.

Una lástima por Lagos, lástima por el gobierno, y lástima por todos nosotros, los contribuyentes. Pero lástima también por algunos de los tipos honestos que han debido salir del gobierno en estos días, sin arte ni parte. Cuando se sale en temporada de patos o conejos, uno puede demostrar que es caballo o gato, pero de nada sirve, salió dentro de la temporada. El juicio de la desinformada opinión pública chilena es sumarísimo, injusto e inapelable.

Las temporadas de caza poco ayudan con la corrupción. Debemos estar todos atentos, en todo momento. Prensa, diputados, empresarios y funcionarios públicos, a detectar a quienes se aprovechan de su situación de poder. Para eso no se necesitan temporadas ni cazadores. Basta con el compromiso ético de la autoridad más la voluntad decidida de los gobernados. La rigurosidad de la prensa más la seriedad de los diputados. Amigos míos, con esto no se juega.

FJD/

Chanchulink

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 16 de Marzo de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Los chanchullos de Inverlink (en adelante “Chanchulink”) generaron una dinámica poco auspiciosa para un país cuyo principal activo es, precisamente, la solidez de su sistema financiero y la seriedad de sus instituciones, en una región donde ni lo uno ni lo otro abunda. Esta dinámica fue, a mi juicio, injustificada y exagerada, y estuvo compuesta de tres elementos: nerviosismo en el gobierno, paranoia en los partidos de la Concertación y oportunismo en la oposición.

El resultado más patente de esta dinámica perniciosa es lo que está ocurriendo con el Presidente del Banco Central. Porque la orfandad política que muestra Carlos Massad en estos momentos pone en duda la antes vanagloriada independencia de nuestro instituto emisor. Tanto, que uno llega a dudar si durante todos estos años la entidad fue realmente independiente o no. En otras palabras, ¿el Banco Central funcionaba porque era independiente, o era independiente porque funcionaba?

Pero vamos por parte. El gobierno se puso nervioso. Lagos se pasó del Código de Comercio al Código Civil y la explicación del jarrón no la entendió nadie, o lo que es peor aún, la malentendieron todos. Francisco Vidal brilló por su ausencia en su primera semana como vocero. Las razones del nerviosismo son entendibles: desde hace seis meses que no se habla en Chile de otra cosa que no sea corrupción. Además, es innegable que la relación de parentesco entre el Vicepresidente de CORFO con el Presidente de la República debe haber estado presente en la mente de todos en La Moneda al imaginarse cómo la prensa explotaría el hecho. Por otro lado, uno debe entender también la enorme presión histórica, en este caso a nivel mundial, que debe tener el Presidente en estos momentos a raíz de la guerra con Irak. Ya imagino a Lagos en el salón azul, ofuscado, papeles en el suelo, por un lado analizando las estrategias de Bush, Blair y Hussein, pero al mismo tiempo teniendo que entender las andanzas del tal Moya, Monasterio y Chanchulink.

Pero la gente eligió esta coalición, entre otras cosas, por su demostrada capacidad de gobierno, y a este presidente por su figura de estadista. Uno no espera todo perfecto, pero tampoco espera nerviosismo. Como en el fútbol, ésta era la hora de calmarla, ponerla al suelo, alzar la vista y tratar de salir jugando, como sí lo intento desde un comienzo el Ministro Eyzaguirre.

La paranoia de los partidos de la Concertación revela un cierto estado de ánimo que puede terminar por acabar con la alianza. Todos ven fantasmas en todas partes, todos impacientes, todos se culpan, los partidos cazan a sus propios militantes y lo que es peor, nadie hace nada por arreglar la situación. ¿Alguien puede explicar de qué manera ayuda, por ejemplo, la petición de renuncia al Ministro de Economía que hizo el Partido Socialista? En una crisis de tamaño medio, como ésta, lo sensato es que se sacrifique a la autoridad política más inmediata al hecho, en este caso Gonzalo Rivas, y que los partidos de gobierno lamenten la situación, pero apoyen la medida. Así se da una señal de credibilidad y responsabilidad política, pero a la vez, se corta la cadena de acusaciones antes que escale innecesariamente hacia más arriba.

Ni hablar de la DC. La verdad, ya nada sorprende en la paranoia de algunos por tratar de demostrar que ladrones son todos. Si lo de Pareto y Jiménez rayaba en la estupidez, lo de pedirle a Massad que renuncie raya en la insensatez más absoluta. Por primera vez un partido político ha hecho pública su intención de intervenir, como partido, sobre el Banco Central. Para la DC, según se entiende de sus declaraciones, la autonomía de los consejeros demócratacristianos es un mero tecnicismo: primero la Falange, después la economía. ¿Entenderán el efecto que puede tener esta visión? ¿Sabrán algo del Bundesbank? ¿Del Banco Central Europeo? ¿Pretenderán que quedemos a la deriva como Brasil o Argentina, donde los mercados no se estabilizan hasta que no se conoce el banco central de la administración de turno?

No estoy defendiendo a Massad ni me quiero meter en la vida y obra de la secretaria de Chanchulink. A lo mejor era aconsejable renunciar cuando se inició este episodio. Es efectivamente impresentable que, al igual que en CORFO, toda esta información se pasara de e-mail en e-mail como si fuera cadena de oración, y que la documentación no se guardara en un cajón con llave. En imperdonable que estas entidades no cuenten con códigos y procedimientos de reserva modernos y eficaces, como en cualquier entidad decente del mundo desarrollado. Pero lo que no se puede aceptar es que a raíz de este tipo de episodios un partido intente cobrar cuentas políticas y afecte la solidez de la institucionalidad económica.

El oportunismo de la oposición era de esperar y a la larga, es su negocio. Pero que venga un Senador de la República a pedir la renuncia del Presidente es, lejos, una de las imbecilidades más grandes que se ha escuchado en años y una irresponsabilidad mayúscula. Hay que entender que el actual contexto internacional hace que los países que descuidan su seriedad pueden pasar, en cuestión de días, de la estabilidad al infierno.

La conclusión es que este nuevo golpe al gobierno pudo haberse transformado en un golpe al país. De los golpes al gobierno estamos acostumbrados, la vida política es así. Como decía Maquiavelo, el príncipe debe estar preparado para cuando la gente ya no confíe en él. Pero los gopes al país que al menos sean por algo un poco más decoroso que Chanchulink.

FJD

“Bikini Político”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 15 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

El discurso político moderno tiene que ser como un bikini: dos piezas lo suficientemente amplias como para cubrir todo lo importante, pero también lo suficientemente reducidas como para que sea atractivo mirarlo.

Así, un buen mensaje debe constar de no más de dos ideas centrales poderosas y creativas. Una de ellas, digamos que la parte de abajo del bikini, debe estar referida al diagnóstico de lo que existe o el estado de la situación coyuntural que convoca el discurso. De esta manera, por muy bonito que sea el bikini, si la modelo equivoca la talla, el bochorno puede llegar a ser mayúsculo, tanto por lo que sobre como por lo que falte.

Entonces, realmente no se entiende que existan partidos que insistan en construir discursos basados en análisis superficiales, poco científicos, o simplemente desenchufados de la realidad. A esos partidos, la celulitis, los rollos y la piel de naranja se les nota apenas comienzan a hablar.

La segunda idea fuerza, digamos que la parte de arriba del traje de baño, debe constar a su vez de dos buenos conceptos, igual que un buen bikini. Éstos deben ser armónicos y redondear la idea central que se plantea instalar. Y la idea central es precisamente una idea de futuro que se plantea a la sociedad. Uno de los conceptos, digamos que el de la izquierda, debe imaginar la utopía, lo imposible, la estrella polar. El otro concepto, el de la derecha, debe aterrizar aquel imaginario en una promesa actual, orientada, por cierto, en el más allá. Pero si ello no es así, el bikini pierde simetría en su parte superior, lo que demás está decirlo, pierde toda estética.

Veamos entonces qué nos traen los modelos políticos para la próxima temporada Primavera Verano.

El PPD se ve venir bien, con un buen modelo, atrevido, moderno, pero donde parece que la percha todavía no acompaña. El PPD logró la única genialidad de la Concertación en las parlamentarias pasadas, con el slogan “Te defiende como león”. En efecto, los datos indican que el votante moderno busca, cada vez más, obtener la mayor utilidad de su voto, sea aquella idealista o material. En otras palabras, le da lata seguir votando por un determinado político sólo por ser de determinado partido; la gente hoy exige algo más. Los más altruistas querrán que el tipo sea bueno para sus ideales, mientras que los más materialistas querrán que el tipo sea útil para sus intereses. Entonces, el PPD tomó esto, hizo un cóctel y prometió defendernos del neoliberalismo, pero también de la cuenta abusiva del agua o de la luz.

El problema del bikini PPD es que lo llevaron a un encuentro partidario a Olmué y trataron de rebajarlo de los costados y achicarle un poco las pechugas, sin que les resultara. O sea, de ser un modelo fino y moderno, casi queda como esos bikinis que se ponen las niñas de los cafés con piernas (según me han contado). Aprobaron ser el progresismo del siglo XXI y XXII, privatizar lo privatizable y romper epistemológicamente con la tradición de izquierda chilena, mientras que la modelo que se pone el bikini viene mucho más atrás todavía, dejándole sin agua la piscina.

El PS, después de su reciente Conferencia de Organización, estrena un modelo búlgaro de 1956. En su resolución final, el PS apoya al pueblo saharahui, Cuba, Hugo Chávez, la tasa Tobin, y la condonación de la deuda externa a los países africanos. Además, asume “como método de interpretación de la realidad el marxismo crítico, enriquecido y rectificado por el avance de la cultura, la ciencia y el devenir social”. Cuando hubo que crear un slogan para las parlamentarias y los estudios serios hablaban de una fuerte tendencia de rechazo hacia lo partidista, el PS vociferó: “Urgente, vota socialista”. Además, ¿cómo puede haber algo urgente cuando el 40% de aquellos en edad de votar no vota?

La DC viene con un modelo de lana, tejido crochet, tono pastel, escote subido y pierna hasta la rodilla. Para la parlamentaria intentaron un discurso catch-all, pero se les pasó la mano. El lema “Juntos por el Trabajo” era casi como decir “Unidos por el Amor a los Niños”. Ahí tomó las riendas Adolfo y ha intentado imprimirle un sello más tradicional al bikini. Pero mi impresión es que, como en el chiste de Don Otto, la DC sigue buscando las llaves del auto debajo del poste donde hay más luz y no realmente donde se le cayeron. Yo que ellos seguiría el ejemplo de la DC en Suiza para las elecciones del 2001: el centro político a nadie le importa, lo que importa es el centro ciudadano. ¿Y quién está ahí? Como decían los suizos: “Al Centro, el ser humano”.

La UDI repite la tanga que estrenó Lavín en la alcaldía de Las Condes y que ocupó para la presidencial de 1999. Pero ojo, no les vaya a pasar como los Axé Bahía, que no cambian de tenida o baile ni para el Dieciocho. El bikini “Viva el Cambio” no es eterno. La modelo ya tiene algo de guata y pone cara de aburrida, mientras que la Concertación tiene dos maniquíes que, si bien no despampanan, tienen mucho encanto. Además que entre tanta promesa incumplida de Lavín como alcalde de Santiago, el modelo pierde credibilidad.

¿Y Renovación Nacional? RN no importa: esta semana ha quedado claro que Piñera se baña pilucho.

FJD/

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“No hay salud”

ANIMAL POLITICO
Domingo 21 de Julio de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Hace quince años se me ocurrió tirarme un piquero en una piscina de un metro diez de profundidad. Mala idea: me incrusté en el suelo y me volé uno de los dientes delanteros. Tuve que volver a mi casa en micro, sin mi paleta, con pinta de pulento y preso de un dolor espantoso. Un tío mío me dijo “no se preocupe sobrino, con plata todo se arregla”. Dicho y hecho. A las dos semanas yo ya lucía un impecable diente postizo que me acompaña hasta estos días. Y todo lo pagó no sé qué clínica gracias a un seguro privado que mis previsores padres habían contratado para los brutos de sus hijos.

Con mi diente aprendí una de las primeras moralejas políticas de mi vida. Con plata todo se arregla, incluso la salud de las personas. Por eso me da urticaria ver cómo desde ambos lados del espectro político y de la sociedad, se torpedea la única medida sensata que he escuchado para implementar un programa de salud decente para todos. Parece que hay algo que ni la izquierda ni la derecha entienden: uno, la salud hay que arreglarla y dos, para eso se necesita plata. No sacamos nada con vociferar la salud como un gran derecho, si no financiamos ese derecho y no lo implementamos eficientemente. Y huelga decir que no sacamos nada con dejar la salud entregada al mercado, porque para éste, la salud de los viejos, mujeres y enfermos, jamás será un negocio.

Yo no entiendo mucho de salud, aparte de la importancia de no estar enfermo. Pero algo sé de política y ello me indica que detrás del asunto AUGE se muestra, en todo su apogeo, a todos los actores de la política moderna: la vieja izquierda retórica, la derecha reduccionista de siempre y el nuevo progresismo pragmático. El drama es que por tontear entre los dos primeros, los contribuyentes de clase media y los más humildes finalmente podrían llegar a quedarse sin la plata para arreglar su salud. En este cuadro, la estrategia del Gobierno puede resultar vital para que se concrete tal iniciativa y no naufrague en las fauces de la demagogia electorera y/o corporativa.

Me gusta el símil que se hace del AUGE con las primeras leyes de educación primaria. A comienzos del siglo XX, los progresistas de aquella sociedad convencieron al resto acerca de la necesidad de financiar cierto nivel mínimo de educación para toda la población. Pero mientras algunos ricos se preguntaron para qué educar peones y rotos, otros pocos discurseros se quejaron de porqué no costear un mayor nivel educativo. Es cierto, partimos con sólo cuatro años de educación primaria obligatoria, a todas luces insuficiente, pero mucho mejor que nada. Con los años se aumentaría a seis, luego a ocho y ahora se propone que llegue a doce. El cuento es que Chile no sólo aprobó tal reforma, sino que más importante aún, la implementó. Esto, que pudiera parecer de perogrullo, no lo es tanto al analizar la historia de las conquistas sociales en Latinoamérica, donde la mayoría de las veces estas “conquistas” simplemente no se implementaron.

Lo del AUGE es similar. Los progresistas de la sociedad intentan convencer al resto acerca de la necesidad de que el Estado garantice a la población una canasta mínima de patologías diversas. Y para ello, requiere de los instrumentos financieros y administrativos que sean necesarios. Tan simple como la instrucción primaria. Algunos ricos alegan como sus pares de comienzos del siglo XX: el Estado no tiene porqué financiar esa canasta, el mercado finalmente terminará por hacerlo. Otros discurseros se quejan de lo exiguo de la garantía y abogan por coberturas mágicas e ilimitadas.

Desde el punto de vista estratégico, nada mejor que hacer evidente lo obvio. La separación de los siameses en 1992 fue la más memorable clase de progresismo que haya visto. A punta de carisma y cercanía, Artaza evidenció al país dos cosas fundamentales: uno, que los hospitales públicos, aquellos donde trabaja tanta gente abnegada y estudiosa, son capaces de realizar intervenciones de altísimo nivel, con eficiencia y profesionalismo. Y dos, que la única salvación de Marcelo Antonio y José Patricio era el Estado. Es más, tiempo después me enteré que Artaza ni siquiera les echó metapío a los siameses, que todo lo hizo un equipo de especialistas y cirujanos. Poco importa. La idea de la política moderna es precisamente esa: grandes proyectos, grandes equipos, y los más carismáticos para comunicarlo.

El financiamiento es otro tema estratégico y ahí no se pueden dar señales equívocas. El Gobierno partió con lo de los subsidios maternales, lo que sin ser mala idea, no se trabajó lo suficientemente bien desde el punto de vista de la opinión pública. Estaba “cantado” que el contra argumento vendría --en algunos casos cínicamente-- por el lado de proteger las madres de Chile, pero no se trabajó ese aspecto mediático. También se ha enredado la discusión por el tema de los impuestos. Y lo que es peor, los políticos de la Concertación no han tenido una postura unívoca, apareciendo voces disonantes ávidas de voto fácil.

El cuento es que no se saca nada con discursear para la galería si al final del día no se sabe cómo financiar lo que se propone. No se saca nada con declarar y declarar derechos y más derechos, si éstos no se pueden implementar eficazmente, o si terminan favoreciendo a pequeñas minorías de intereses corporativos. De lo que se trata es de reducir la evidente desigualdad existente con la mayor eficiencia posible. Y para ello, en salud, el AUGE es lo más sensato que se ha visto hasta ahora.

FJD, Julio 2002

Asesinos y Ladrones

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 27 de Abril de 2003

Francisco Javier Diaz

Que un gobierno acuse a la prensa públicamente y en reiteradas ocasiones de poca rigurosidad y parcialidad, se puede deber a dos razones: Una, que el gobierno se siente acorralado políticamente y no ve otra manera de salir del paso. Dos, que la prensa efectivamente actúe con poca rigurosidad y parcialidad. Creo que ambas situaciones se dan en estos momentos en Chile, pero sobre todo la segunda. Cualquier gobernante, de cualquier parte del mundo, se regocijaría con un nivel de aprobación de 50%. Esto no es ciencia política, es cosa de leer las noticias. Pero en Chile, la prensa dramatiza y titula “Gobierno baja adhesión”, sin mencionar que la baja fue de tres puntos. En fin, pudo haber sido peor. Así parecen ser las reglas del juego en Chile: una prensa ignorante, afortunadamente cada vez más inquisitiva y no vergozosamente obsecuente con la autoridad como antes, pero aún sesgada y parcial. Ahora sólo resta esperar que la aprobación a Lagos baje al 49,9%, para que titulen “la mayoría de Chile rechaza al gobierno”.

¿A qué se debe este arranque de oficialismo? A que sencillamente Animal Político perdió su tradicional compostura analítica esta semana a raíz de las acusaciones en contra de Michelle Bachelet. Lo que han hecho no tiene nombre y recuerda los peores momentos de soplonaje de la dictadura. No sé quién fue, ni menos quién lo planeó. Ni idea tampoco de quién puede estar tan perdido como para encapucharse en el Chile del 2003. Ni Marulanda en Colombia se encapucha. Pero lo que sí es evidente es el provecho político que la derecha puede sacar de esto. ¿Será que acaso, como decía Allende, que la derecha quiere recobrar con mano ajena, esta vez la prensa, sus privilegios y granjerías?

Esta dinámica puede llevar precisamente a que se escriban este tipo de columnas. A que los de un lado griten “¡ladrones, váyanse a Capuchinos!” y los otros se vean obligados a responder “¡asesinos, vayanse a Punta Peuco!”. Y que nos transformemos en un país que no deja de mirar el pasado para sacar votos, pero que no hace nada concreto por saldar sus reales cuentas de verdad y justicia.

Debo confesar que hace un tiempo pensé en escribir una columna diciendo que al margen de que trabajó para la dictadura, Lavín puede ser considerado ahora un demócrata. ¿Porqué? Porque ni él ni su grupo de apoyo más cercano, creo, conciben acceder al poder de otra manera que no sea por la vía de los votos. Como le pasó a la izquierda en España, que se la llevaba pensando que los ex franquistas no eran demócratas, hasta que llegó un joven Aznar y sacó más votos. Pero ahora, al ver a Cardemil o Melero tratando de hundir con malas artes a una de las buenas cartas de la Concertación, me cuestiono nuevamente la vocación democrática de estos sectores. Y lo obligan a uno a recordar, por ejemplo, la cara de Cardemil cuando a las 12 de la noche del día del plebiscito de 1988 escondía los resultados frente a las cámaras. ¿Alguna vez ha explicado qué quería hacer? Me acuerdo también de las famosas camionetas municipales que recorrían las poblaciones a la hora del toque de queda, deteniendo gente y amedrentando a la población. Melero era alcalde de Pudahuel en esa época, designado por Pinochet. ¿Porqué no explica qué se sentirá no haber sido elegido?

Pero ahora tendremos que seguir tragando mugre. Uno a uno, la prensa irá derribando palitroques de la centroizquierda con todo tipo de acusaciones. El gobierno ya no se puede enorgullecer de haber hecho la más grande revolución en la infraestructura del país en toda su historia. Mejor que las autoridades no corten ni una cinta más. “Ladrones” gritarán cada vez que se inaugure algo. “Con qué cara, asesinos” pensarán los otros para su adentros. El palitroque de las relaciones internacionales se ha caído con un breve empujoncito. Nada importará que la red de tratados comerciales, inédita en la historia, nos ayude a salir del subdesarrollo. Las risibles explicaciones de la prensa y la derecha acerca de la postura de Chile en la guerra de Irak, y las tonteras personales de algunos de los propios, han hecho que se manche toda esta obra.

Ahora vienen los palitroques personales. No hay que extranarse, a Pinera ya lo bajaron dos veces a patada en el traste con estas mismas artes. Ya tienen un ministro, subsecretarios, altos funcionarios, ahora pueden ir incluso detrás del Presidente. Pero faltaban los candidatos. Primero Michelle, la presa más fácil. Qué mejor que una operación de inteligencia. ¿Quién vendrá después? Han tratado con Soledad Alvear, que se viste mal, que no sabe, que no habla inglés, en fin, pero no han podido ¿Qué irán a inventar ahora para derribarla? ¿Que malversa fondos para fines personales? ¿Que tiene un GATE en la casa?

Al final, quizás quién va a ser el único palitroque que termine de pie después de este juego. Sea quien sea, no me extrañaría a Lavín 55%, palitroque parado 30% y Avila 15%. Con un país beligerante, discutiendo tonteras, con gente honesta defendiéndose, pillos riendo, asesinos sueltos y ladrones en los directorios de las empresas privatizadas durante la época de Pinochet, o bien en una cárcel con piscina. Asesinos o ladrones, mala discusión.

FJD

La Contienda es Desigual

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 18 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

Lo único que puedo decir acerca del discurso del 21 de mayo es que me parece el peor negocio que puede haber para un Presidente. Tan mal negocio puede ser, que yo no jugaría ese juego. Primero, porque nadie escucha el discurso entero. Segundo, porque los políticos oficialistas están obligados a asentir, mientras que la oposición está obligada a disentir. Tercero, porque si el Presidente habla mucho, se le critica por ser latero; si habla poco, se le critica por esconder los problemas. En resumen, el discurso del 21 de mayo es el típico dilema de la frazada corta: si uno se tapa la cabeza se le destapan los pies.

Pero el discurso existe, y es una verdadera institución dentro de la política chilena, así que hay que jugarlo, o buscar la manera de aparentar jugarlo, sin jugarlo de verdad. Porque seamos sinceros, ningún Presidente en su sano juicio esperaría el 21 de mayo para implementar alguna reforma de urgencia. De hecho, no creo que nadie se ilumine especialmente en mayo. El presupuesto del año ya se encuentra en vigencia, mientras que el del próximo año recién se elabora. La legislatura ordinaria no tiene razón de ser, lo único que hace es extremar nuestro presidencialismo y transformar a legisladores en tipos sin capacidad real de plasmar en leyes las ideas que plantean en campaña. O sea, el discurso es una exposición inútil, pero como decíamos, existe.

Lo primero es escribir un buen discurso. Parece una perogrullada, pero no lo es. La política está llena de discursos malos, largos o ininteligibles. Aparte que hay que saber situarse en el contexto histórico en que se da el discurso. Recuerdo el primer 21 de mayo de Aylwin en 1990, que duró más de tres horas. Ese fue el juego de piernas más extenso del cual yo tenga memoria en Chile. El presupuesto de ese año lo había aprobado Pinochet el año anterior, así que de anuncios concretos, poco o nada. Eduardo Frei y Pablo Halpern, por su parte, entendieron que el trámite del discurso había que despacharlo rapidito, así que privilegiaron discursos breves, ejecutivos, centrados en áreas de trabajo. Adoptaron una estrategia riesgosa, eso sí: esperaron el discurso del primer 21 de mayo, el de 1994, para anunciar el proyecto estrella de su gestión, la reforma educacional. Con eso, ellos mismos se autoimpusieron la valla de tener que sorprender con grandes anuncios en cada 21 de mayo, lo que todos sabemos que es imposible en cualquier país serio.

Escribir un buen discurso pasa por entender el momento que se vive, hablar de los problemas, y lanzar un par de iniciativas concretas para solucionarlos. Si el discurso de este año, por ejemplo, no habla de corrupción, quedará corto. Pero acto seguido tiene que meterse en cómo enfrentarla, en la modernización del Estado, en el financiamiento electoral, y si yo estuviera allí, hablaría incluso de reforma a la Constitución. Es el momento de plantear que las reglas del juego no eran tan perfectas como argumenta la derecha, y que a veces los países tienen oportunidades como ésta para revisarlas y modificarlas.

Segundo, hay que tener claro que nadie escucha el discurso entero, y que por tanto, uno tiene que moldear las frases que quiere que salgan en el noticiario de las 9. No cabe ningún tipo de ingenuidad al respecto. La política y la percepción ciudadana se construyen desde la tele, guste o no guste. Buenas frases, fácilmente recordables, dichas con el énfasis adecuado, hacen más que cualquier prosa. La estética, la gesticulación, los tonos de voz, son importantísimos. El manejo escénico, el control de emociones. Por ejemplo, si uno pidiera a la gente que identifique un momento memorable de los discursos de Frei Ruiz-Tagle, los pocos que recuerdan algo identificarían cuando en 1999 se ofuscó con unas señoras pinochetistas que gritaban desde la galería del Congreso, y pronunció el magistral “pucha la vieja pa’ gritona”, a micrófono abierto.

Por último, hay que tener claro que el discurso siempre será criticado. La prensa comenzará días antes a especular acerca de lo que viene o no viene, o lo que debe venir. Cuando venga o no venga, la prensa especulará por qué vino o no vino, en circunstancias que debía o no debía venir. Se inventarán las historias más cándidas, o las más inverosímiles acerca de supuestas intrigas palaciegas que determinaron el porqué de lo que se dijo o no se dijo. La oposición dirá que no se habló del país real. Si habla de trabajo, dirán que no abarcó el problema de la salud. Si habla de salud, dirán que no abarcó el problema del trabajo. Si habla de ambos, dirán que quien mucho abarca poco aprieta. Y así, como en la frazada corta.

Por eso que si yo estuviera en el segundo, tercer o cuarto piso, siempre recordaría que el 21 de mayo es día feriado, que la gente está en la playa, que la cuota de civismo televisivo de ese día el chileno ya la copó mirando en cama el desfile de las glorias navales. Lo que se espera es un par de anuncios interesantes que ahoguen las críticas que vendrán de todas formas, pero sobre todo, dos cosas: una, que el discurso no se escucha: se mira; dos, que el discurso lo pronuncia un sujeto legitimado y respetado, preocupado por el futuro de la nación. Instalado ese concepto, la contienda está ganada. Al abordaje muchachos.

FJD/