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Francisco Javier Díaz

Señor Censo, ¿Quién soy yo?

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Marzo de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Esta columna es la más mala que he escrito en meses. Pero a última hora el editor notó que se repetía el tema que yo tenía preparado y, como donde manda editor no manda columnero, tuve que cambiar. “Escribe de cualquier cosa, por último de ti mismo” fue la instrucción. El problema es que ni siquiera de ello estoy seguro. ¿Cómo saber quién soy yo?

Diría que Animal Político es, antes que nada, un claro fruto de su época. Es parte de la poco gloriosa y jamás recordada generación de fines de los ochenta y comienzos de los noventa, la que no alcanzó a estar en las primeras filas de la lucha contra la dictadura. Lo curioso es que nadie nunca habló de esta generación y de repente, así como así, aparece reflejada en el censo nacional.

El censo de 1982 Animal Político lo vivió como niño aun ingenuo. “21 de abril será ese día: El día en que seremos más” cantaba el jingle que inventaron los milicos para esa campaña. Pero en rigor, lo que allí se medía eran las promesas hechas por Pinochet antes del plebiscito de 1980, esa de una citroneta, casa y lavadora por cada cuatro chilenos. El censo no mostró esto, ni tampoco midió el dolor de un país por la muerte, el exilio o la tortura. Al final, nada espectacular, salvo que los índices de escolaridad y salud mantuvieron la curva ascendente que mostraban desde los años cuarenta, cuando se decidió atacar estos problemas en serio y sin estridencias.

Al año siguiente, un comercial del régimen por la tele me asombró. Entrevistaban a un poblador quien contaba acerca de la casa que le había regalado la dictadura. Piso, ventanas, material sólido, “hasta alcantarillado tenemos”, terminaba diciendo el pobre tipo. Nunca había pensado siquiera que eso pudiera ser fuente de orgullo para alguien.

El censo de 1992 vino cuando Animal Político estaba en la universidad de la alegría. Democracia recién instalada, políticos con período de gracia. El censo no alcanzó a recoger en su magnitud el empobrecimiento de la clase media producto de la recesión de mediados de los ochenta, y de hecho, tímidamente, mostró que Chile comenzaba a cambiar.

El del 2002 fue nuestro censo. Por primera vez me entrevistaron como jefe de hogar. Computadores, televisores, internet, e-mail, cable, teléfono celular, CD, DVD, auto, departamento, microondas. Diez a doce años de escolaridad completa. Ya no es un logro ni salir de cuarto medio ni tener alcantarillado. Quien quiera votos, que los busque en otro lado.

Y como todas las cosas en la vida, el censo puede ser interpretado políticamente. Mi impresión es que en esta vuelta el gobierno lleva las de ganar, pero también las de perder.

El gobierno le gana a la derecha, eso es innegable. En esta década se creció más que nunca en la historia del país y la mejoría en todo ámbito es incontestable. A nivel comparado, el caso chileno se estudia como un ejemplo de democracia y éxito económico y social para un país en vías de desarrollo. Los chilenos estamos mucho mejor ahora que antes. Esto es así y punto. Nada importa lo que hayan dicho los voceros que definió la derecha para desvirtuar la comunicación gubernamental, Patricio Melero, de la UDI, y Renato Sepúlveda de Renovación Nacional. Curioso lo de estos nombres, dicho sea de paso, pues denotan la estrategia que siguió a este respecto la oposición. En la UDI, Melero es el eterno “backbencher”, de quien se dice es la única oposición a la mesa de Longueira. Pero en la UDI, cuando hay que hablar en serio, habla Novoa o Chadwick. Si hay que fijar la estrategia, escuchen a Longueira. De leyes, habla Alvarez. De muñequeo, Coloma. Cuando hay que hacerse el lindo, Bombal. Cuando hay que defender a Pinochet, Moreira. La mugre la desparrama Victor Pérez y para estupideces varias, senador Arancibia. En Renovación Nacional si no habla Piñera, no importa. O sea, la derecha hablo porque tenia que hablar.

Pero el gobierno también lleva las de perder y de hecho está perdiendo. No porque la gente no recuerde su obra, mal que mal, para eso están los gobiernos y los chilenos se merecían gobiernos decentes desde hace años. El gobierno y sus partidos están perdiendo porque simplemente no saben entender a quiénes están gobernando. Esta es otra gente. Informada, educada, la mayoría sin necesidades básicas, si no que con exigencias cada vez más complejas. Toda una generación que muy agradecida estará de la Concertación, pero que sabe también que trabajó duro para obtener los bienes que midió el censo.

Una generación de escépticos y exigentes. Que lo que probablemente más le molesta de los casos de corrupción, por ejemplo, es que gente inteligente sea capaz de colocar en puestos de importancia a tanto inepto. Sabe que siempre habrá pilluelos en todos lados y que durante el gobierno de Pinochet se robó muchísimo más y no se pudo investigar.

Una generación de escépticos que le interesa la política, pero que no le gustan que los políticos insulten su inteligencia haciendo tonteras. Iconoclasta, que no cree en ídolos. Que no tiene rollos con la eficiencia, ni con la plata, ni con el ocio. Que no le vienen con leseras, ni discurso fácil, ni sonrisas, ni regalitos. Que se ríe de Lavín jugando paletas en su playa y que respeta, pero no le cree, a la Gladys empapada bajo un guanaco, como siempre. Y que reconoce la inteligencia de Lagos, pero que le dan ganas de remecerlo y decirle que se atreva a gobernar.

Y ojo con todo esto, porque si creen que somos una manga de desadaptados, más abajo viene otra generación mucho peor, la de los “reality show”. Cabros que se emocionan de verdad por los avatares de unos tarados que concursan en estos programas y que en su vida sólo han visto tele a color. A esa generación sí que no entiende nadie, ni Lavín ni la Concertación.

Entonces señor Censo, dígame por favor, ¿quién soy yo?

FJD

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