Blogia
Francisco Javier Díaz

“La Mitocondria de Longueira”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Es curioso lo que pasa en la relación de Longueira con Lavín. Porque sin el tesón, empuje, liderazgo, astucia, vehemencia y convicción de Pablo, Joaquín no pasa de ser un alcalde simpaticón, de regular para malo. Pero por otro lado, sin el pinochetismo, soberbia, agresividad y clasismo de Longueira, Lavín ya estaría fijo para Presidente de Chile. Duro dilema entonces para el alcalde; Lavín debe estar reflexionando qué hacer: “si me lo dejan, me mata; si me lo quitan, me muero”.

Sin Longueira y lo que ésta ha hecho con la UDI, la simpatía de Lavín no alcanzaría para esconder su paupérrima gestión en Santiago ni la regular alcaldía en Las Condes. Es cierto, Lavín y su grupo chico con De la Maza, Délano y Silva son unos genios a la hora de inventar leseras que pegan en la gallada y venden imagen en los medios. Siempre he admirado esa capacidad para sublimar su vergüenza o esconder la risa a la hora de implementar ridiculeces como los botones de pánico, los carritos para transportar gente o los famosos escarabajos. Sin embargo, todo ello no se habría plasmado en un liderazgo político nacional de base sólida y duradera, si no fuera por Longueira y la UDI.

La derecha le debe mucho a Longueira. Por primera vez, un líder derechista ha logrado acabar con la vieja impronta organizacional conservadora de cuadros elitistas, caudillescos y de apellidos vinosos, para, manteniendo esa impronta desde la sombra, formar un partido realmente moderno. Como dice la literatura comparada en estas materias, Longueira ha logrado formar una estructura “electoral profesional”, eficiente, tecnificada, de discurso “catch-all” y base popular. Se deshace de los díscolos, envía al ostracismo a los porfiados, doma a los independientes, da las señales al empresariado. Nadie le desobedece. Y si alguien muestra alguna disidencia, le corta la llave de los recursos, pues es él quien maneja las platas.

Longueira ha logrado algo que ni Alessandri Palma, ni Ibáñez, ni Alessandri Rodríguez, ni Pinochet, ni Jarpa, ni Fra Fra, ni Pedro Ibáñez o Allamand, ni Novoa ni Jaime Guzmán, pudieron lograr: institucionalizar a la derecha. Darle un marco, colocarle una cancha donde jugar. A sangre y fuego, es cierto, pero la derecha existe en la UDI y nadie duda que ésta es, hoy en día, mucho más que un sentimiento, una clase y unos cuantos morlacos.

Pero Longueira es muy pesado. En la mitocondria de sus células se encuentra el gen del conflicto y la odiosidad. Por eso Longueira no fue figura durante la transición: no por falta de edad o ganas, sino que por falta de criterio y habilidad para pensar en el bien del país antes que en el de su partido. Si fuera por él, Pinochet hubiera gobernado hasta 1997... ¡¡¡1997!!! ¿Puede haber aberración política más abyecta que esa? Si fuera por Longueira, la Constitución de 1980 no se habría reformado en 1989. Para él, los detenidos desaparecidos eran un puro invento, los exiliados bien exiliados estaban y el Informe Rettig no sirvió de nada.

Pero lo peor es que él no hace nada por cambiarlo y sigue burlándose de nuestra inteligencia y nuestra memoria. Y la Concertación, especialmente dirigentes partidarios y parlamentarios, caen y caen en su juego. Ahora se les ocurrió montarle una sesión especial en la Cámara para taparle la boca ... ¡¡pero si de eso se trata, que hable y hable y desnude su arrogancia!! Entonces, Longueira acusa censura y persecución. El mismo que, como nos recordó el diputado Saffirio en el hemiciclo esta semana, delataba a sus compañeros de universidad en los años ’80.

Lavín podría ser Presidente de Chile en estos momentos si no fuera por la soberbia de Longueira. Si se hubiesen atrevido a colocar a Andrés Allamand como jefe de campaña para la segunda vuelta presidencial en 1999, probablemente otro gallo habría cantado. Afortunadamente para el país no fue así. Lavín no habría sabido manejar las riendas del país en época de crisis internacional, tal y como se le fue en collera ser alcalde de verdad. No habría habido Unión Europea, seguro de cesantía, ley de evasión, ni estaríamos cerca del TLC. Los ricos serían más ricos, los pobres más pobres, la educación más mala, Longueira más pesado y los sueños de una sociedad más igualitaria estarían más olvidados.

Por eso es que Longueira se equivocó. Sus palabras en Miami dejaron ver al verdadero Longueira, el mismo que se comió a Allamand, a Piñera y que ahora se comerá a Lavín. Las mitocondria de Longueira tiene marcado su derechismo furibundo y eso no cambiará. Él lo sabe, por eso no se atrevió a competirle a Guido Girardi en Cerro Navia y prefirió refugiarse en Conchalí, Renca y Huechuraba. Está escrito en sus células: Longueira no cambiará.

FJD/

0 comentarios