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Francisco Javier Díaz

“La Marcha de Joaquín”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 4 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Pablo Longueira ha lanzado recientemente una cruzada política que sólo existe en su imaginación y en la de sus publicistas. Ha hecho un llamado, quien sabe a quién, a emprender la “Marcha de la Patria Justa”, en clara e intencional alusión a la “Marcha de la Patria Joven” de Frei Montalva del año 1964. Adolfo Zaldívar no se demoró en replicar a Longueira y le recordó quién es el dueño de esa marca registrada. Por mientras, los votantes de unos y otros poco entienden y menos recuerdan. Lo que ninguno de estos políticos se da cuenta es que ni la UDI ni la DC, ni ningún otro partido en rigor, está dando en el clavo de la preferencia ciudadana.

En la política actual, lo que importa al vulgo son las personas y las obras que éstas personas realizan (y comunican). Algunos haremos la relación “obras-ideología”, pero somos los menos. En general, en sociedades relativamente modernas, de desarrollo económico medio y democracia razonablemente asentada, los ciudadanos son mucho más sensatos y centristas que lo que muchos líderes políticos piensan. En estas sociedades, la gente se divide básicamente entre quienes creen que el gobierno de turno lo hace decentemente bien y quienes creen que el gobierno lo hace relativamente mal. Los primeros tienden a votar por el candidato de gobierno, mientras que los segundos lo hacen por la oposición, siempre y cuando ésta se ofrezca como una alternativa relativamente ordenada y sensata. Nada ahuyenta más votos que las epopeyas o los saltos al vacío. Si no pregúntenle a Arturo Frei o a Tomás Hirsch. Nada como la certidumbre y la confianza para atraer votantes.

Por eso el éxito de Joaquín Lavín. Porque me van a perdonar, pero un tipo que proviene de una minoría conservadora y pasado dictatorial, y que logra revertir ello a punta de simpatía y credibilidad, es un político exitoso por donde se le mire. Lo mismo con el Gobierno. Porque cualquier comparatista serio debe admitir que este es un buen gobierno, aunque a Longueira o a la izquierda epopéyica le cueste reconocerlo.

De esta manera, sin que medie una hecatombe económica y Chile caiga al remolino latinoamericano, el gobierno puede aspirar seriamente a ganar la elección. Pero si sus índices de confianza bajan, la gente votará por la oposición, siempre y cuando dicha oposición a su vez también genere confianza, cosa que Lavín ha hecho hasta ahora. Si no es así, la gente simplemente se abstendrá y ganará el que menos reticencia genere.

Por eso digo que el Gobierno ganará las elecciones por lo que haga, mientras que Lavín perderá las elecciones por lo que no haga. Y la “Marcha” que pretenda inventar Longueira o que trate de rescatar Zaldívar, poco importará. Joaquín camina sobre la base de su cercanía con el votante medio. A su vez, la Concertación deberá escoger al candidato que haga suyo los logros del gobierno, que esté arriba en las encuestas y que genere confianza para seguir avanzando. Los malabares políticos poco importan.

¿Quién ganará? No se puede decir ahora, pero es claro que el tema central estará en la credibilidad. La Concertación ganará las elecciones si hace lo que prometió y lo comunica creíblemente. Si al final de su gobierno mejora la economía y la gente puede decir “medio ni que chaparrón que pasamos, menos mal que teníamos este presidente”; si al final de su gobierno hay algo que se parezca al AUGE; si la reforma educacional y la reforma judicial se implementan razonablemente en todo Chile; si la delincuencia no se ha disparado; y si se siguen construyendo carreteras, entre otras cosas, la gente buscará a quien con cercanía y confianza transmita eso, y votarán por ella.

Lavín, a la inversa, no perderá por los ataques políticos ni por Chicago ni por su pasado Pinochet. Lavín perderá si su credibilidad es puesta en duda gravemente. Y obras son amores. Lavín no perderá si hace algo decente en Santiago y no puras mugres como ha hecho hasta ahora. Perderá por lo que no haga y su juego de piernas de poco le servirá para escabullir las críticas. Lavín es presa de su propio populismo.

Un poco el símil de Bonvallet. Este tipo crece cuando lo ataca Dragicevic o Milton Millas. Pero dio vergüenza ajena cuando vino la Daniella Campos y le dijo un simple “lo que dice Eduardo no es cierto”. Así es Lavín. El único rayón de pintura que ha tenido en años ha sido el de Martita Larraechea en la sesión del Concejo Municipal por el tema de la venta de los derechos de aguas. “Alcalde, lo que usted dice no fue así”. Ocho palabras para dejar a Lavín como un burro.

FJD, 2002

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