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Francisco Javier Díaz

Alcalde Por Un Día

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 9 de Febrero de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Tengo un profesor que siempre dice: “Se puede decir de una persona que detiene su automóvil a las tres de la mañana en una luz roja, cuando no hay un alma en la calle, que esa persona cree en el rol de las instituciones”. Y tiene toda la razón. Las instituciones importan, y sus reglas pueden ayudar a hacer la política un poco mejor.

Esta semana ha estado de moda el financiamiento de las campañas electorales, lo que en sí, es un tema institucional. Pero como ya está casi todo dicho sobre estos casos, y lo que no lo dirán los jueces, he pensado compartir otra reflexión institucional, que se refiere a las elecciones municipales.

En Chile nunca se ha entendido la relevancia del poder municipal, a mi juicio, debido a un mal diseño institucional. En efecto, el alcalde es quien está más cerca de la ciudadania, casi en contacto diario. El y su personal, o sea, concejales, profesionales, directores de obras, arquitectos, abogados, asistentes sociales, profesores, médicos de consultorios, jueces de policía local, entre muchos otros, son los que implementan en definitiva los programas nacionales. Ellos son la única cara del Estado que ven muchas personas. Así, una mala administración puede generar lo que en teoría política se denomina un "hoyo en la democracia". O sea, poco puede importar las grandes políticas que desee implementar el gobierno central. Si no cuenta con el concurso de los alcaldes y el staff municipal, sus planes pueden fracasar rotundamente y la ciudadanía percibirlos como un engaño más. El mal diseño institucional pasa por una paradoja: Se le ha dado una excesiva importancia partidista a una elección que no es tal, a la vez que se ha subestimado su poder real.

Ya en marzo estaremos hablando de las negociaciones municipales del 2004. Y estoy seguro que confirmaremos una vez más la teoría que indica que en Chile los alcaldes buenos, que los hay, salen de pura chiripa. A casi ningún partido le interesa elegir buenos alcaldes, si no que están más preocupados de las implicancias políticas que puede generar la elección propiamente tal, sea porque se elige a determinada persona clave, sea porque los números agregados soportan alguna aventura partidaria futura a nivel nacional. Pero de gestión municipal propiamente tal, poco o nada. Lo que no estaría tan mal tampoco, no hay que ser inocentón. El problema es que la pequeña ganancia partidista (si es que se puede hablar de ganancia,por ejemplo, el ganar un concejal), se ha transformado en el único leit motiv que orienta dicha elección.

Por eso la necesidad de un buen diseño. Soy partidario de la modesta reforma que consiste en diferir las elecciones municipales en el tiempo. Vale decir, que Arica elija su alcalde y concejo, por ejemplo, en Julio de 2003, mientras que Punta Arenas lo haga en Diciembre de 2004. Así le quitaríamos la exclusiva connotación política nacional que tiene hoy la elección municipal, y se le agregaría el incentivo de hacer una buena gestión, sea por la genuina intención de ayudar a la comunidad (los buenos), sea para seguir escalando posiciones políticas (los menos buenos). Pero lo importante es que el premio pasaría por hacerlo bien y no como hoy, donde lo importante es saber cuántos votos allega el candidato al partido, y el premio se da a nivel nacional y no local.

Ya me imagino la pelería que va a quedar a partir de Marzo. La DC exigirá llevar, al menos, la mitad de los alcaldes del país, y de éstos, algo más de la mitad de los alcaldes con verdaderas posibilidades de ganar; aparte de la mayoría de los alcaldes de las comunas más grandes, y algo más de la mitad de todos los concejales. El PS y el PPD se opondrán, argumentando que no hay razones para abandonar el clásico miti mota, más el cliché que indica que “sólo el que tiene mantiene”, donde, de paso, las comunas grandes quedan libres para disputar. Además, olvidarse de los equipos de trabajo y todo eso. Los concejales se elegirán por cuoteo partidario. Nada de competencia real ni medición a nivel comunal. Ese anacronismo colaboracionista no correrá en tiempos de guerra.

La derecha ni hablar. Muchos de los niñitos que eligieron en las elecciones del 2000 y que no hicieron nada relevante aparte de echar gente y llevar más niñitos a trabajar con ellos, irán a la reelección. Y pese a que las platas no cuadren y las obras no se vean por ninguna parte, Lavín designará, cual mexicano, vía "dedazo", a su sucesor en Santiago. Piñera no sé qué hará, si la UDI no se come con zapatos a RN en esta vuelta será simplemente porque no tiene hambre. Pero RN tiene algunos nombres buenos que postular y así ganar por imagen, más que por números, otro respirador artificial.

Así será la negociación municipal. Por eso creo en un nuevo diseño institucional. Diferir las elecciones le haría bien a los partidos, que tendrían un excelente campo para ensayar, foguear y construir de verdad. De esta manera, la cosa seria tan simple como que cada coalición se pusiera de acuerdo en llevar al mejor candidato a alcalde posible, y que cada partido reclutare buenos concejales, para ganar y para trabajar.

FJD

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