Chanchulink
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 16 de Marzo de 2003
Por Francisco Javier Díaz
Los chanchullos de Inverlink (en adelante Chanchulink) generaron una dinámica poco auspiciosa para un país cuyo principal activo es, precisamente, la solidez de su sistema financiero y la seriedad de sus instituciones, en una región donde ni lo uno ni lo otro abunda. Esta dinámica fue, a mi juicio, injustificada y exagerada, y estuvo compuesta de tres elementos: nerviosismo en el gobierno, paranoia en los partidos de la Concertación y oportunismo en la oposición.
El resultado más patente de esta dinámica perniciosa es lo que está ocurriendo con el Presidente del Banco Central. Porque la orfandad política que muestra Carlos Massad en estos momentos pone en duda la antes vanagloriada independencia de nuestro instituto emisor. Tanto, que uno llega a dudar si durante todos estos años la entidad fue realmente independiente o no. En otras palabras, ¿el Banco Central funcionaba porque era independiente, o era independiente porque funcionaba?
Pero vamos por parte. El gobierno se puso nervioso. Lagos se pasó del Código de Comercio al Código Civil y la explicación del jarrón no la entendió nadie, o lo que es peor aún, la malentendieron todos. Francisco Vidal brilló por su ausencia en su primera semana como vocero. Las razones del nerviosismo son entendibles: desde hace seis meses que no se habla en Chile de otra cosa que no sea corrupción. Además, es innegable que la relación de parentesco entre el Vicepresidente de CORFO con el Presidente de la República debe haber estado presente en la mente de todos en La Moneda al imaginarse cómo la prensa explotaría el hecho. Por otro lado, uno debe entender también la enorme presión histórica, en este caso a nivel mundial, que debe tener el Presidente en estos momentos a raíz de la guerra con Irak. Ya imagino a Lagos en el salón azul, ofuscado, papeles en el suelo, por un lado analizando las estrategias de Bush, Blair y Hussein, pero al mismo tiempo teniendo que entender las andanzas del tal Moya, Monasterio y Chanchulink.
Pero la gente eligió esta coalición, entre otras cosas, por su demostrada capacidad de gobierno, y a este presidente por su figura de estadista. Uno no espera todo perfecto, pero tampoco espera nerviosismo. Como en el fútbol, ésta era la hora de calmarla, ponerla al suelo, alzar la vista y tratar de salir jugando, como sí lo intento desde un comienzo el Ministro Eyzaguirre.
La paranoia de los partidos de la Concertación revela un cierto estado de ánimo que puede terminar por acabar con la alianza. Todos ven fantasmas en todas partes, todos impacientes, todos se culpan, los partidos cazan a sus propios militantes y lo que es peor, nadie hace nada por arreglar la situación. ¿Alguien puede explicar de qué manera ayuda, por ejemplo, la petición de renuncia al Ministro de Economía que hizo el Partido Socialista? En una crisis de tamaño medio, como ésta, lo sensato es que se sacrifique a la autoridad política más inmediata al hecho, en este caso Gonzalo Rivas, y que los partidos de gobierno lamenten la situación, pero apoyen la medida. Así se da una señal de credibilidad y responsabilidad política, pero a la vez, se corta la cadena de acusaciones antes que escale innecesariamente hacia más arriba.
Ni hablar de la DC. La verdad, ya nada sorprende en la paranoia de algunos por tratar de demostrar que ladrones son todos. Si lo de Pareto y Jiménez rayaba en la estupidez, lo de pedirle a Massad que renuncie raya en la insensatez más absoluta. Por primera vez un partido político ha hecho pública su intención de intervenir, como partido, sobre el Banco Central. Para la DC, según se entiende de sus declaraciones, la autonomía de los consejeros demócratacristianos es un mero tecnicismo: primero la Falange, después la economía. ¿Entenderán el efecto que puede tener esta visión? ¿Sabrán algo del Bundesbank? ¿Del Banco Central Europeo? ¿Pretenderán que quedemos a la deriva como Brasil o Argentina, donde los mercados no se estabilizan hasta que no se conoce el banco central de la administración de turno?
No estoy defendiendo a Massad ni me quiero meter en la vida y obra de la secretaria de Chanchulink. A lo mejor era aconsejable renunciar cuando se inició este episodio. Es efectivamente impresentable que, al igual que en CORFO, toda esta información se pasara de e-mail en e-mail como si fuera cadena de oración, y que la documentación no se guardara en un cajón con llave. En imperdonable que estas entidades no cuenten con códigos y procedimientos de reserva modernos y eficaces, como en cualquier entidad decente del mundo desarrollado. Pero lo que no se puede aceptar es que a raíz de este tipo de episodios un partido intente cobrar cuentas políticas y afecte la solidez de la institucionalidad económica.
El oportunismo de la oposición era de esperar y a la larga, es su negocio. Pero que venga un Senador de la República a pedir la renuncia del Presidente es, lejos, una de las imbecilidades más grandes que se ha escuchado en años y una irresponsabilidad mayúscula. Hay que entender que el actual contexto internacional hace que los países que descuidan su seriedad pueden pasar, en cuestión de días, de la estabilidad al infierno.
La conclusión es que este nuevo golpe al gobierno pudo haberse transformado en un golpe al país. De los golpes al gobierno estamos acostumbrados, la vida política es así. Como decía Maquiavelo, el príncipe debe estar preparado para cuando la gente ya no confíe en él. Pero los gopes al país que al menos sean por algo un poco más decoroso que Chanchulink.
FJD
Diario La Nación, Domingo 16 de Marzo de 2003
Por Francisco Javier Díaz
Los chanchullos de Inverlink (en adelante Chanchulink) generaron una dinámica poco auspiciosa para un país cuyo principal activo es, precisamente, la solidez de su sistema financiero y la seriedad de sus instituciones, en una región donde ni lo uno ni lo otro abunda. Esta dinámica fue, a mi juicio, injustificada y exagerada, y estuvo compuesta de tres elementos: nerviosismo en el gobierno, paranoia en los partidos de la Concertación y oportunismo en la oposición.
El resultado más patente de esta dinámica perniciosa es lo que está ocurriendo con el Presidente del Banco Central. Porque la orfandad política que muestra Carlos Massad en estos momentos pone en duda la antes vanagloriada independencia de nuestro instituto emisor. Tanto, que uno llega a dudar si durante todos estos años la entidad fue realmente independiente o no. En otras palabras, ¿el Banco Central funcionaba porque era independiente, o era independiente porque funcionaba?
Pero vamos por parte. El gobierno se puso nervioso. Lagos se pasó del Código de Comercio al Código Civil y la explicación del jarrón no la entendió nadie, o lo que es peor aún, la malentendieron todos. Francisco Vidal brilló por su ausencia en su primera semana como vocero. Las razones del nerviosismo son entendibles: desde hace seis meses que no se habla en Chile de otra cosa que no sea corrupción. Además, es innegable que la relación de parentesco entre el Vicepresidente de CORFO con el Presidente de la República debe haber estado presente en la mente de todos en La Moneda al imaginarse cómo la prensa explotaría el hecho. Por otro lado, uno debe entender también la enorme presión histórica, en este caso a nivel mundial, que debe tener el Presidente en estos momentos a raíz de la guerra con Irak. Ya imagino a Lagos en el salón azul, ofuscado, papeles en el suelo, por un lado analizando las estrategias de Bush, Blair y Hussein, pero al mismo tiempo teniendo que entender las andanzas del tal Moya, Monasterio y Chanchulink.
Pero la gente eligió esta coalición, entre otras cosas, por su demostrada capacidad de gobierno, y a este presidente por su figura de estadista. Uno no espera todo perfecto, pero tampoco espera nerviosismo. Como en el fútbol, ésta era la hora de calmarla, ponerla al suelo, alzar la vista y tratar de salir jugando, como sí lo intento desde un comienzo el Ministro Eyzaguirre.
La paranoia de los partidos de la Concertación revela un cierto estado de ánimo que puede terminar por acabar con la alianza. Todos ven fantasmas en todas partes, todos impacientes, todos se culpan, los partidos cazan a sus propios militantes y lo que es peor, nadie hace nada por arreglar la situación. ¿Alguien puede explicar de qué manera ayuda, por ejemplo, la petición de renuncia al Ministro de Economía que hizo el Partido Socialista? En una crisis de tamaño medio, como ésta, lo sensato es que se sacrifique a la autoridad política más inmediata al hecho, en este caso Gonzalo Rivas, y que los partidos de gobierno lamenten la situación, pero apoyen la medida. Así se da una señal de credibilidad y responsabilidad política, pero a la vez, se corta la cadena de acusaciones antes que escale innecesariamente hacia más arriba.
Ni hablar de la DC. La verdad, ya nada sorprende en la paranoia de algunos por tratar de demostrar que ladrones son todos. Si lo de Pareto y Jiménez rayaba en la estupidez, lo de pedirle a Massad que renuncie raya en la insensatez más absoluta. Por primera vez un partido político ha hecho pública su intención de intervenir, como partido, sobre el Banco Central. Para la DC, según se entiende de sus declaraciones, la autonomía de los consejeros demócratacristianos es un mero tecnicismo: primero la Falange, después la economía. ¿Entenderán el efecto que puede tener esta visión? ¿Sabrán algo del Bundesbank? ¿Del Banco Central Europeo? ¿Pretenderán que quedemos a la deriva como Brasil o Argentina, donde los mercados no se estabilizan hasta que no se conoce el banco central de la administración de turno?
No estoy defendiendo a Massad ni me quiero meter en la vida y obra de la secretaria de Chanchulink. A lo mejor era aconsejable renunciar cuando se inició este episodio. Es efectivamente impresentable que, al igual que en CORFO, toda esta información se pasara de e-mail en e-mail como si fuera cadena de oración, y que la documentación no se guardara en un cajón con llave. En imperdonable que estas entidades no cuenten con códigos y procedimientos de reserva modernos y eficaces, como en cualquier entidad decente del mundo desarrollado. Pero lo que no se puede aceptar es que a raíz de este tipo de episodios un partido intente cobrar cuentas políticas y afecte la solidez de la institucionalidad económica.
El oportunismo de la oposición era de esperar y a la larga, es su negocio. Pero que venga un Senador de la República a pedir la renuncia del Presidente es, lejos, una de las imbecilidades más grandes que se ha escuchado en años y una irresponsabilidad mayúscula. Hay que entender que el actual contexto internacional hace que los países que descuidan su seriedad pueden pasar, en cuestión de días, de la estabilidad al infierno.
La conclusión es que este nuevo golpe al gobierno pudo haberse transformado en un golpe al país. De los golpes al gobierno estamos acostumbrados, la vida política es así. Como decía Maquiavelo, el príncipe debe estar preparado para cuando la gente ya no confíe en él. Pero los gopes al país que al menos sean por algo un poco más decoroso que Chanchulink.
FJD
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