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Francisco Javier Díaz

Columnas 2004

A Mover el Culo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 6 de Junio de 2004

Francisco Javier Díaz

Buena canción. “A mover el culo, a-mover-el-culo, a mover el culo”. Se trata de uno de esos temas, junto a “Bomba, un movimiento sensual, bomba”, o “Juai-em-ci-ei, a guanchunever dancin, juai-em-ci-e-i”, o la reciente “Mayonesa”, que ayudó a terminar con la dictadura de lo antiguo en las fiestas de matrimonio. Nada más gracioso que ver a damas y caballeros tratando de seguir los pasos de esta canción, despeinados, camisa afuera, ombligo al aire. Obligados a bailar lo que la masa impuso, so riesgo de quedar fuera de la pista. Pese a pagar la cena, la música y la champaña, la presión ha hecho que los mayores se vean obligados a mover el culo. Como los políticos con el voto voluntario.

Hasta comienzos de los noventa, los matrimonios eran sinónimo de fiesta a la antigua. La música era comandada por unos DJ’s guatones y bigotudos, quienes a punta de cassette y piscola no se movían de los boleros y las cumbias clásicas grabadas en los sesenta y setenta. Las cumbias eran buenas, claro. “El Galeón Español”, “Un Año Más”, “Tarjetita de Invitación”, y tantas otras, quedarán en nuestro inconsciente por siempre. Pero escucharlas toda la noche se hacía insoportable. Cuando alguien pedía algo más rápido, el DJ ponia unos jingles babosos como “Aire, a-ah, soy como el aire”, o “Vuela que vuela y verás, será porque te amo”. Y cuando algún osado pedía un rock, a lo más le ponían “Baila Popotito”.

Lo cierto es que todo en los matrimonios era obra de viejos. La misa, la palta reina y el lomo con arroz, la decoración, la torta, y por supuesto, la música. Las viejas se vestían como viejas, de terciopelo falso y vuelos tipo velo de viuda; los viejos se vestían de viejos, con terno café de dos botones, chaleco a media barriga, corbata de polyester y pantalón arrugado. Asi, ante tamaña desconexión con los intereses de los jóvenes, recuerdo que cuando uno llegaba a los 15 ó 16 años de edad comenzaba a no asistir a los matrimonios. Afortunadamente, el casorio era voluntario.

Aunque parezca ridículo, esta es mi aporte al debate acerca del voto voluntario. La democracia, que se supone una fiesta del pueblo, a ratos parece uno de esos matrimonios a la antigua. Sea el político chato, anticuado e ineficiente, sea el supuestamente moderno político mediático, lo cierto es que la sonrisa fácil, el discurso vacío y el palmoteo en la espalda han terminado por ahuyentar a los jóvenes de la vida cívica. El voto voluntario revitalizaría nuestra dinámica política. Nadie estaría obligado a votar, por lo que los organizadores se verían obligados a organizar mejores fiestas.

Lo de la inscripción automática no merece análisis: todos sabemos que es absolutamente factible implementar tal sistema de manera confiable y efectiva. Es más, podría incluso ser ésta la oportunidad de terminar con una serie de anacronismos de nuestro sistema de registro electoral.

Lo del voto voluntario, en cambio, es un poco más complejo para algunos, por razones de principios y por razones prácticas. En efecto, hay quienes argumentan que el voto es un deber cívico y que debe mantenerse. Olvidan, sin embargo, que el voto es un derecho y que como tal fue objeto de lucha por parte de las clases medias y trabajadores durante el siglo XIX y comienzos del siglo XX. Intentan asimilar el voto con los impuestos, olvidando que así como el voto no es una carga, los impuestos no son un derecho. Nadie alegaría que le están conculcando el derecho a pagar impuestos.

La confusión entre derechos y cargas proviene del carácter de irrenunciable de ciertos derechos. La ley ha entendido que existen ciertos derechos como la libertad personal o los derechos laborales, que por estar una parte sujeta a una posible coacción de parte de un tercero más poderoso para impedirlo de ejercer tal derecho, deben ser declarados irrenunciables. No hay que olvidar que las normas acerca de sufragio obligatorio, cédula única, voto australiano, o como quiera que se le llame a las leyes que regulan el procedimiento electoral, fueron dictadas en todo el mundo para asegurar que los trabajadores y asalariados pudieran votar libres de toda presión por parte de sus patrones o empleadores. Así como el voto fue una conquista, su protección a través de este tipo de leyes también fue un avance para la democracia.

Pero en una época donde votan grandes masas, y donde la posible coacción se hace cada vez más difícil e ineficaz, la obligatoriedad del voto no se justifica. Basta con hacer las elecciones en día feriado y establecer altas penas para quienes entorpezcan el derecho de sufragio de alguien para acabar con la razón de esta disposición.

Existen también razones prácticas de parte de quienes se oponen a esta medida. Calculadora en mano, pero sin mayores estudios de fondo, algunos temen que el ingreso de una masa de jóvenes de opinión política incierta, sumado al posible aumento en la abstención de parte de quienes ya se encuentran inscritos, pueda afectar su ya asegurada posición electoral dentro del universo actual. La derecha teme que los jóvenes son liberales y no conservadores, algunos en la izquierda temen que los jóvenes privilegian los valores de la libertad y la eficiencia por sobre la igualdad y la solidaridad.

Lo concreto es que nadie sabe a ciencia cierta cómo votarían los jóvenes no inscritos, ni cuál sería el efecto de una mayor abstención de parte de la población inscrita. Pero lo que sí es claro es que los políticos, todos, se verían obligados a elaborar discursos y políticas reales para los jóvenes. O si no, nadie terminará en la fiesta.

Soledad, Té o Café

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Febrero de 2004

Francisco Javier Díaz

Hay personas que no se deciden. O sea, de decidirse, se deciden, pero es tal su indecisión, que uno nunca sabe bien qué deciden. Como dice una buena amiga, personas a las que uno les pregunta “¿té o café?”, y responden “un tecito ... o un cafecito también”. Al final, lo único que logran es que cuando nos vienen a visitar a nuestra casa uno ya ni se fija si tiene té o café en la despensa. Como ellos no se deciden, no generan compromiso en los demás. En materia política, algo así le pasó a Hernán Buchi en 1989. Y asi le puede pasar, me temo, a Soledad Alvear.

Siguiendo con la revisión de candidatos presidenciales que Animal Político ha estado realizando en las últimas semanas, debo confesar que Soledad Alvear emerge casi como una de las mejores, sino la mejor candidata. Inteligente, responsable, sobria, y con un gran arraigo en la gente. Las encuestas vienen diciendo desde hace tiempo que ella es mucho más que la Democracia Cristiana. Llega a la clase media, a las mujeres, a las madres, al centro político y a casi todos los concertacionistas sin mayores problemas. Bien preparada, ha demostrado una incuestionable capacidad de gobierno en su paso por dos difíciles ministerios. Firme cuando era duramente criticada a comienzos de su gestión en Cancillería; cercana y creíble cuando fue justamente alabada. Y sobre todo, sencilla, como debe ser el candidato de la centroizquierda.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Soledad todavía no prende como “la” candidata. Pese a sus méritos, y a haberse mantenido como única esperanza para competir contra Lavín durante un buen tiempo antes de que emergiera Michelle Bachelet o Eduardo Frei, Soledad no ha logrado consolidarse. No ha generado compromiso. Se sabe que es popular, pero no se sabe quién la apoya.

¿Qué detiene a Soledad Alvear? Se han dado tres explicaciones básicas. La primera dice que ella no se animaría a competir con Eduardo Frei en una interna de la DC. Y ella, erradamente, ha dado tal impresión en algunas entrevistas.

La segunda explicación dice relación con su rol en el gobierno. Soledad estaría acatando alguna supuesta instrucción de la Moneda de no iniciar carreras presidenciales dentro del gabinete. Pero la verdad, no veo cómo podría afectarle a ella, o al gobierno, el reconocimiento de sus aspiraciones. Un simple “me la creo, estoy dispuesta, y puedo hacerlo”, sumado a un “por ahora tengo que responder al Presidente Lagos, porque para eso nos eligió la gente”, daría cuerpo y alma a su candidatura, y serviría para allegarle apoyos y compromisos. Porque si dijimos que a Frei le sobra elite y le falta pueblo, Soledad no puede pretender llegar a la Moneda sobre la sola base de las encuestas.

Una tercera explicación es que Soledad simplemente no se ha decidido. Y eso sería lo más grave. Como se ha dicho, ella todavía no logra afianzar compromisos ni lealtades. Ahí un gran problema: mucha gente le ha sido infiel. En la DC, cuando cundía la desesperanza tras las malas conducciones de directivas pasadas, Soledad era la única aclamada. Ahora que las cosas se ven un poco mejor, muchos se van a la primera de cambio con Frei, Ravinet o Zaldívar. Lo mismo pasa en la izquierda: mientras socialistas y pepedés se pronunciaban en privado y hasta en público por ella, Soledad no se daba por aludida. Michelle Bachelet acabó fácilmente con el sueño de una candidatura transversal, pues Soledad nunca dio señal de nada.

A estas alturas Soledad podría decir que si con esta estrategia le ha ido bien, no hay necesidad de cambiar. Tiene algo de razón. La gente muchas veces no percibe adecuadamente la delgada línea que separa convicción y liderazgo con ambición desmedida. Y en esta vuelta los políticos percibidos como ambiciosos no tienen mucha cabida. Con todo, Soledad podría estar mucho mejor, y no allí donde está, en lo alto, pero estancada. De partida, podría tener a parte importante del PDC tras suyo, trabajando, moviéndose, aglutinando camaradas. Pareciera que ella no se ha dado cuenta que para ser candidato a la presidencia se requieren grandes equipos, líderes partidarios y de base, profesionales, intelectuales. Un número importante de gente que se la juegue por uno, y que crea sinceramente que uno no sólo puede ganar la elección, sino que la pelea es de aquellas que merecen ser dada. Nadie se la juega por un ex-ministro, por exitoso que éste haya sido. La gente se la juega por líderes y por discursos que convoquen y valgan la pena.

En resumen, la diplomacia y lo políticamente correcto sirven para no perder votos, pero no para emprender una cruzada. De esto último es de lo que tiene que convencer Soledad. Que tiene la capacidad, los equipos, y sobre todo, que tiene las ganas. Atrévase Soledad. Café negro, cargado, sin azúcar. Al que le gusta lo toma; el que no, se queda sin nada.

Cortés, el MAPU y el MIR

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Junio de 2004

Francisco Javier Díaz

Antonio Cortés Terzi ha señalado que el Partido Socialista es víctima de una asonada modernizadora de parte del Mirismo-mapucismo, la cual pretende apoderarse del partido acabando con su carácter popular y nacional. Los miembros de la actual mesa directiva, Gonzalo Martner, Carlos Ominami y Jaime Gazmuri, han negado tales cargos, cuestionando la rigurosidad del análisis de Cortés y reivindicando la heterogeneidad y el pluralismo que han caracterizado al PS en toda su historia. Cortés ha replicado elegantemente diciéndoles que son unos tontos.

Nadie me invitó a esta discusión, ni tampoco tengo ganas de defender a nadie. Pero que se dé este debate ya avanzada la primera década del nuevo siglo, no deja de sorprender. Porque así como los actuales problemas de la DC no son un problema de chascones y guatones, los actuales problemas del PS no hay que buscarlos en el origen remoto de sus dirigentes. Y menos cuando el PS es una sola gran casa desde hace quince años.

El análisis de Cortés es, al menos, extemporáneo. Si alguien quisiere alegar por la injerencia de militantes de otras tiendas en el PS, debió haberlo hecho, por ejemplo, cuando decenas de ex Mapus coparon los puestos de dirección de la campaña del NO en 1988. Mientras los socialistas históricos se consumían en disputas internas a mediados de los años 80, políticos, economistas y cientistas sociales ligados principalmente al Mapu y a la vertiente renovada del PS, produjeron no sólo una gran campaña política, sino que además sentaron las bases de una alianza con el centro político que haría historia en nuestro país.

Recuperada la democracia, la “legión extranjera” del PS, como solía llamarla Mario Palestro, demostró una gran habilidad política para colocarse en puestos claves en parlamento y ministerios. Más de la mitad de los socialistas que han ocupado dichos cargos no ha provenido del tronco histórico.

A nivel de gabinete, de las 18 designaciones ministeriales que han recaído en militantes socialistas desde 1990, nueve han sido para militantes históricos y nueve para militantes provenientes del Mapu, IC o Mir.

De los siete senadores que ha logrado elegir el PS desde 1989, tres provinieron del tronco histórico, mientras que dos provienen del Mapu, uno de la IC y uno del Mir. Los históricos Vodanovic y Calderón, sin embargo, no lograron la reelección en 1993 y 1997, respectivamente. En la Cámara Baja, el PS ha elegido 22 diputados desde 1989 (15 han sido reelegidos en varias oportunidades), de los cuales sólo 11 pueden ser considerados históricos.

Entonces, se debió haber hablado del asalto mucho antes. Es más, no obstante lo reducida de la muestra, lo que se aprecia en los últimos años es un repunte de los históricos. En la gestión de Lagos aumentan en número y relevancia dentro del gabinete, a la vez que 8 de 11 de los actuales diputados PS pueden ser considerados históricos.

Pero el análisis de Cortés no sólo es extemporáneo, es también impreciso. ¿Existe realmente un clivaje interno dentro del PS entre históricos y extranjeros? ¿En qué se manifestarían dichas tendencias? ¿Está una más a la izquierda que la otra? ¿Qué rol jugaría aquí, por ejemplo, el añoso debate de autoflagelantes y autocomplacientes?

Si hay algo evidente en el debate público del PS hoy en día es que en su interior conviven sectores más cercanos a la izquierda y sectores más cercanos al centro; que hay diferencias en el nivel de apoyo y crítica al gobierno de Lagos; y que si bien todos abogan por un papel preponderante del Estado en la economía, hay diferencias respecto de su rol preciso. Se trata de una serie de diferencias ideológicas y programáticas de las cuales uno esperaría que el analista se hiciera cargo.

Pero Cortés prefiere realizar un análisis centrado en las personas y su militancia de origen. Y en dicho campo nuevamente falla. ¿Qué pasa, por ejemplo, con los ex militantes del PC o la IC? ¿Son también considerados extranjeros? ¿Olvida Cortés que tanto la Nueva Izquierda de Camilo Escalona como la Megatendencia de Ricardo Núñez en los años 90, si bien eran comandadas por socialistas históricos, éstos eran secundados casi exclusivamente por socialistas extranjeros?

Además, Cortés olvida que muchos de los miles de jóvenes que han ingresado al PS desde fines de los años 80, y que hoy cumplen casi 35 años, eran niños para los tiempos de la división de 1979, o adolescentes para cuando comienzan a hacer su ingreso las primeras orgánicas del Mapu en 1985. ¿De qué lado tienen que quedar estos jóvenes? ¿Del lado de los históricos?

Cortés agrega que los jóvenes socialistas de hoy provienen fundamentalmente de lazos familiares y comunitarios ligados al PS histórico. ¿No es acaso un signo de debilidad que el PS no esté convenciendo jóvenes sin este tipo vínculos?

Los errores del PS y de su dirección pasan por otro lado. Pasan por el divorcio que existe entre dirigentes públicos de alta sintonía con la gente común y corriente, como Michelle Bachelet, Montes, Letelier, Navarro, Allende, Espinoza, Carrasco o Carvajal, entre otros, y una orgánica lejana, de discurso inasible y anticuado.

La misión inmediata del PS es mostrarse como un cuerpo orgánico cohesionado, inteligente, capaz de soportar una candidatura presidencial. Pasa por honrar a sus militantes caídos, y mostrar su mejor gente a las elites y al elector. Por enorgullecerse de los militantes han llevado a cabo las más difíciles tareas de Estado en estos años. Y pasa por ofrecer a esta gente, y a sus cuadros más jóvenes, para la construcción de un programa atractivo y novedoso para la ciudadanía.

Ni el Mapu ni el Mir tienen que ver en esto. La misión del PS es construir y ofrecer futuro, y no saldar mezquinas cuentas del pasado.

Sebastián se llamaba

ANIMAL POLITICO
La Nación Domingo, 14 de Marzo de 2004

Francisco Javier Díaz

¿Cuántas vidas tiene Piñera? ¿Cuántas veces lo mataron? ¿Cuántas veces se murió? Y sin embargo sigue allí, en la derecha. ¿Hasta cuándo Sebastián?

¿Alguien recuerda algún otro político tan vilipendiado en su propio sector como Piñera? ¿Algún episodio más truculento que el espionaje telefónico de 1992? ¿Alguna bajada de candidatura más indigna que la del 2001 en el cerro Santa Lucía, a instancias de Longueira, Lavín, y el Almirante Arancibia? ¿Alguien, aparte de los izquierdistas, por quien Hermógenes Pérez de Arce sienta más odio que hacia Piñera?

Es difícil analizar lo que ha pasado estos últimos días, sobre todo porque existe una serie de antecedentes que sólo se irán conociendo con el correr del tiempo. No sabría decir si Allamand efectivamente traicionó a Piñera, o si a éste lo traicionó su propia ambición, al pensar que con la alambicada historia de la testigo falsa podría derribar a Lavín y re-lanzar por enésima vez su candidatura presidencial. Tampoco podría asegurar que esto no es más que una pugna soterrada entre los tres verdaderos líderes de la derecha, Longueira, Piñera y Allamand, por encabezar el sector con miras al 2010. Así es que por ahora mejor analizar a Sebastián.

No soy de los que alaban a Piñera por ser un demócrata dentro de un sector donde éstos no abundan. Mal que mal, él eligió estar de ese lado por su propia conveniencia. En el re-baraje de naipes en 1989, Piñera pudo haber optado por el camino largo y tortuoso de la DC o el PPD, pero prefirió irse a un sector donde podía ser elegido senador sin tener historia ni jinetas. Y en política los atajos se pagan.

El principal culpable en esta nueva caída de Piñera es él mismo. Por muy asqueroso que haya sido el actuar de algunos dirigentes UDI y ex-soplones de la dictadura en todo el caso post-Spiniak, Piñera debió haber entendido que Lavín estaba por sobre esta polémica. Involucrado o no (yo creo que directamente no), al candidato del sector que tiene 45% en las encuestas simplemente no se le toca.

Así, este nuevo capítulo tiene su origen en el empecinamiento del propio Piñera de torcer dos leyes de la política moderna: Primero, la política se hace con buenos equipos. Segundo, no se puede ir por la vida política dejando una estela de enemigos.

Buenos equipos. Desde la época de la “patrulla juvenil” de RN a comienzos de los noventa que no se ve a Piñera en equipo. Y ojo, que ese famoso grupito no alcanzó a durar un par de años, entre otras cosas, debido a la tozudez de Piñera de imponer su candidatura presidencial en un partido que jamás le perdonaría haber apoyado el NO en 1988. El gran problema de Piñera es que es muy liberal para ser pinochetista, mientras que la base de Renovación Nacional es muy pinochetista para ser liberal.

Un politólogo italiano, Angelo Panebianco, dice que para entender cabalmente los partidos políticos uno debe observar cómo fue el nacimiento de estas organizaciones. La manera como se crean los partidos da forma a lo que él denomina el “modelo originario”, esto es, una determinada impronta organizativa e ideológica que acompañará al partido por varias generaciones. Pues bien, hay que recordar que cuando Allamand formó RN en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional, junto a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, ex-parlamentarios de derecha, alcaldes designados, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, burócratas y asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, entre otros.

Piñera nunca entendió que en RN jamás sería capaz de formar buenos equipos, y lo que es peor, nunca hizo nada por cambiarlo. Por el contrario, la poca gente que lo apoyaba terminó rindiéndose ante su personalismo extremo y su carencia de votos, y terminó yéndose con Lavín. ¡Ni siquiera fue capaz de mantener a su lado a un tipo sensato como Antonio Horvath!

Lo segundo es que la política se trata de no dejar muchos enemigos en el camino. Pero los enemigos han sido la historia de Piñera todo el último tiempo. Por un lado, es frecuente escuchar a empresarios y abogados quejarse del agresivo estilo de hacer negocios que tiene Sebastián. Ello no tendría nada de malo si es que no se tratara de alguien que mantenía sus negocios y estilo cuando era senador o presidente del partido. Eso simplemente no se hace. Por otro lado, Piñera jamás entendió que militaba en un partido de enemigos, y que su estrategia de imposición más que convecimiento jamás llegaría a buen puerto.

Lástima por un tipo creativo e inteligente; en Chile hace falta gente inteligente. Es la voracidad de la UDI la que se lo come, es cierto, pero también su incapacidad de formar buenos equipos y su asombrosa capacidad para granjearse enemigos. Así no más quedará su historia. Sebastián se llamaba.

Fjd/

¿Mano Dura?

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 28 de Marzo de 2004

Francisco Javier Díaz

Dos recientes episodios (la decisión de enviar tropas a Haití, y la nómina de directores de TVN) han colocado en la discusión pública el tema de la relación del ejecutivo con el parlamento y con los partidos políticos. Han surgido distintas voces indicando que las decisiones adoptadas por La Moneda han sido inconsultas y que denotan un estilo de gobierno autoritario. Pero, ¿es realmente autoritario el estilo de gobernar de Ricardo Lagos? Y si lo fuera, ¿sería culpa del que manda, o culpa del que se deja mandonear?

Hay que hacer una prevención inicial: lo de Haití y lo de TVN son cosas distintas, y el sólo hecho de que sean colocadas en un mismo plano denota un sesgo en el análisis. No es lo mismo tener que decidir en un par de horas acerca de una solicitud urgente de ayuda militar al amparo de las Naciones Unidas, que armar una nómina de miembros para el directorio de una empresa estatal. Si la decisión de enviar tropas era en extremo aberrante, el Senado podría no haberla autorizado y punto. Lo de TVN, en cambio, sirve para ilustrar de mejor manera el punto en cuestión.

Los senadores se atrincheran. “El Senado no es un buzón”, dicen a coro. Pero olvidan que la representatividad democrática de dicha instancia deja mucho que desear. Diez senadores no han sido elegidos por la ciudadanía, mientras que otros tres (de derecha) fueron designados a dedo por sus partidos, al no llevar competencia al interior de sus listas. O sea, 27% de los miembros del Senado no fue elegido en una elección verdaderamente competitiva e incierta, como deben ser las elecciones en democracia, sea porque fueron designados, sea porque no enfrentaron competencia en su elección.

Todo eso sin siquiera considerar la mala proporción que existe en el Senado, donde una región pequeña elige el mismo número de senadores que otra circunscripción que posee un número de votantes 30 veces mayor. Pero el tema de la representatividad del Senado chileno pareciera ser como el tiempo en invierno: Todos sabemos que es malo, pero nadie cree que se pueda hacer algo por cambiarlo.

Los partidos alegan. “No se nos consulta”, dicen dolidos. Aquí hay que distinguir entre gobierno y oposición. Los partidos de gobierno reclaman mayor participación en las decisiones del ejecutivo, pero cuando surgen problemas en la negociación municipal lo primero que proponen es que el Presidente dirima la diferencia. Y todos, sin excepción, se cuelgan de la popularidad presidencial al momento de las elecciones. O sea, cuando hay que ganar, Lagos solo; cuando hay que repartir, entre todos veremos.

Siempre he dicho que la gente espera de los partidos de gobierno dos cosas: En público, lealtad absoluta. En privado, entre camaradas, fuerte y despiadada crítica constructiva. Pero no al revés: Obsecuencia privada para ir a pedirle un cargo, y crítica pública para ganar una fácil simpatía.

Los partidos de oposición reclaman que el Presidente al cual atacan todos los días no los considera. Pero lo que quieren, en el fondo, es ejercer su capacidad de veto de manera escondida, en negociaciones secretas con el ejecutivo, en vez de manifestar públicamente sus puntos de vista. En el caso de TVN la situación no puede ser más ridícula: La derecha se opone a la lista de nombres presentada por el ejecutivo alegando que no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad. Lo más trágico es que no hay nadie con quien hablar. ¿Debe negociar el ejecutivo con los jefes de partido a quienes Lavín puede remover en cualquier momento? ¿O con Lavín, que ahora niega ser el jefe político de la oposición?

Entonces, pareciera que Senado y partidos se dejan mandonear. El Senado apenas representa, y los partidos no se hacen respetar. Ninguno aborda sus claras y evidentes falencias. La ciudadanía tiene mala percepción de parlamentarios y partidos, y ellos no hacen nada por mejorar. De allí la incómoda situación en que quedan cada vez que el Presidente apela a la opinión pública antes de consultarles. Porque saben que, en público, no tienen cómo ganar. “De puntete no vale” diría un niño taimado después de recibir un gol en una pichanga. Pero todos sabemos que esos goles sí valen, y que no hay nada que alegar.

Lo central de todo este asunto es: ¿Cómo puede ser considerado autoritario un gobernante que respeta todos y cada uno de los mecanismos de consulta de sus decisiones que establece la ley, y que los trata de hacer valer sin vetos ni amenazas? Porque, ¿cuándo podría un presidente no ser considerado autoritario? ¿Sólo cuando cede parte de su facultad de propuesta y credibilidad personal?

Autoritario es el círculo de Lavín, que le molesta el presidente de un partido y nada de cuentos, pum, pum, dos balazos en la nuca, y se acabó. No se puede decir que un presidente es autoritario cuando aprovecha su propia popularidad para hacer que el parlamento o los partidos se pronuncien públicamente respecto de las posturas que a él le interesan. Eso es simplemente el juego del poder.

No hay que confundir ejercer el liderazgo con ser autoritario. Lagos será mal genio, pero autoritario no es. Dejemos ese calificativo para el campeón, Augusto Pinochet.

fjd

El Longueirato

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 16 de Mayo de 2004

Francisco Javier Díaz

Se acaba el Longueirato. Pablo Longueira se despide de la mesa directiva de la UDI después de 20 años de ininterrumpida dirigencia. ¿Se va triunfante o perdedor? Más importante aún: como dijo su Tata, ¿misión cumplida?

Longueira es un gran político. Transformó un partido elitista y minoritario, que se conformaba con atrincherarse en su manejo privilegiado de los enclaves autoritarios de la Constitución y las ventajas que le otorgaba el sistema binominal, en una gran organización política que se atrevió a competir de verdad, y que paulatinamente atrajo mayores mayorías en todo Chile.

La derecha en general le debe mucho a Longueira. Por primera vez, dicho sector logró acabar con la vieja impronta organizacional conservadora, de cuadros aristocráticos, caudillescos y de apellidos vinosos, para, manteniendo esa impronta desde la sombra, formar un partido realmente moderno. Como dice la literatura comparada en estas materias, Longueira logró formar una estructura electoral-profesional, eficiente, tecnificada, de discurso catch-all y base popular.

Sin piedad, Longueira se deshacía de los díscolos, envíaba al ostracismo a los porfiados, domaba a los independientes, y daba las señales pertinentes al empresariado. Ordenaba sus huestes en el parlamento, a la vez que manejaba las platas de sus campañas. Durante el Longueirato, en la UDI no existía disidencia.

Así, gracias a Longueira, la derecha dejó de ser un mero sentimiento de clase y unos cuantos morlacos, para transformarse en un ordenado sector político de clara aspiración de gobierno.

La principal virtud de Longueira fue lograr la combinación mágica que se requiere en la política moderna: Un acertado olfato político, apuntalado por un efectivo uso de las modernas técnicas de manejo organizacional y marketing político. Eso es hoy la UDI, gracias a Longueira. Un partido que ha logrado construir un discurso coherente y consistente, discurso que es factible de ser llevado a edición vulgata y traspasado en breves conceptos a las bases, y que se organiza eficientemente en todo el país. Se equivocan quienes creen que la UDI es pura plata: Detrás del éxito de la UDI hay una hábil labor de reclutamiento de dirigentes intermedios, y un incesante y planificado trabajo de micro-proselitismo, comuna por comuna, barrio por barrio.

¿Triunfante o perdedor? A la luz de cómo salió, Pablo se va perdedor. Porque el golpe blanco de Lavín en marzo, cuando purgó a los presidentes de RN y la UDI, terminó afectando a Longueira. Quiérase o no, Pablo quedará como uno de los dos conflictivos de quien Lavín hubo de deshacerse, en circunstancias que todos sabemos que el único conflictivo en este cuento era Piñera. Porque la UDI será déspota e intransigente, pero no tenía conflicto alguno con Lavín.

Perdedor también se va porque vio magullado uno de los activos más preciados de todo político: el respeto de sus pares. La desafortunada reacción de Longueira ante el caso Spiniak, incluyendo sus rezos a Jaime Guzmán, hizo que la propia gente de derecha perdiera la tradicional fe que ponían en Pablo como el hombre que sabía conducir partidos. Tan poco respeto le quedó, que Lavín, De la Maza y Allamand no dudaron en sacrificarlo a él para operarse de Piñera. A un líder respetado jamás la habrían hecho eso, y Longueira lo sabe.

Así, Longueira demostró ser no sólo una efectiva combinación de intuición política y organización profesionalizada, sino que también dejó en evidencia la peculiar combinación que existe en nuestra derecha: una gran colección de demócratas autoritarios.

La reacción de la UDI ante el caso Spiniak dio muestra de ello: La prepotencia, la presión sobre la prensa, y el uso de matones y soplones. Pero todo ello no es sino reflejo de algo anterior: Longueira y la UDI se formaron políticamente sin respetar los códigos democráticos, vulnerando libertades básicas, y olvidando los derechos de sus adversarios. La derecha en Chile se ha profesionalizado, ha modernizado su actuar político, pero sigue siendo autoritaria, como Longueira. Y eso al final les pasa la cuenta.

¿Misión cumplida? Si se mira en cuanto crecimiento partidario, sin duda, Pablo logró sus objetivos. Le falta, claro, lograr la Presidencia de la República. Para ello se especula que el propio Longueira dejaría el Parlamento para apoyar la campaña presidencial de Lavín y ejercer como ministro en un eventual gobierno de derecha.

Las elecciones municipales, por ejemplo, nos dirán qué tan acertadas fueron las decenas de apuestas de Longueira en todo Chile hace cuatro años. Estos alcaldes, a su vez, servirán de excelente base para las presidenciales del 2005. Todo ello ha sido invento de Longueira.

En resumen, yo que Longueira estaría sentido con la salida, pero conforme con lo realizado. Pesado, arrogante, prepotente y autoritario, pero inteligente y eficaz. Tiene la desfachatez de dedicar su libro a los militantes UDI “perseguidos” durante la dictadura militar, pero con ese mismo libro dota de un carácter mesiánico a su organización y a su propio liderazgo. El Longueirato es una gran contradicción exitosa en política. Los demócratas autoritarios pueden ganar elecciones. Longueira perdedor, misión cumplida.

Er Nico

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 30 de Mayo de 2004

Francisco Javier Díaz

Er Nico mandó a la punta del cerro a los españoles. Antes lo hizo con los políticos atroces, otra vez fue con los empresarios, una de las últimas fue con las mineras, y la mejor de todas fue la de los políticos concertacionistas que se bajan los pantalones. Pero más que comentar acerca de lo apropiado o inapropiado de sus palabras, las preguntas son, primero, ¿porqué er Nico se hace el choro? Y segundo, ¿porqué nunca le pasa nada?

Las respuestas se encuentran en la naturaleza misma del cargo de Eyzaguirre, y dan cuenta de los dos dilemas que enfrenta: Por un lado, Eyzaguirre carga con el dilema de ser un Ministro de Hacienda serio y responsable de un Presidente socialista; por otro lado, Eyzaguirre es un buen ejemplo del tecnopol moderno, aquél que es aislado y protegido por la autoridad política.

El actual Ministro de Hacienda no tiene un pelo de tonto. Incluso sus excesos son deliberados. Sabe que mientras la prensa y los analistas hacen gárgaras con sus agudas palabras, pontificando acerca de cuán apropiadas, aconsejables, o políticamente correctas éstas sean, la galería queda contenta.

Debe ser dificil para un economista de prestigio asumir la conducción económica de un país bajo mandato de un socialista. Todos sabemos que éstos no se han hecho famosos precisamente por su disciplina presupuestaria, menos en Latinoamérica. Y más difícil debe ser para un economista de prestigio mantener contra viento y marea el duro autocompromiso de mantener las cuentas fiscales en orden, a través del llamado superávit estructural.

Si a lo anterior le sumamos una pléyade de parlamentarios oficialistas amigos del gasto público y ambición desmedida, la tarea del Ministro de Hacienda de un Presidente socialista se hace más difícil aún. Por eso Eyzaguirre de vez en cuando acude al Nico. El de los discursos duros, el de las pachotadas a la medida. Bastó en esta oportunidad que apareciera un español desubicado para que er Nico aprovechara de ganar una rápida simpatía. Nada más popular que echar mano al nacionalismo chileno. El tarado de Endesa que dijo que nos estábamos argentinizando no contaba con que no hay nada más aglutinador en la sociedad chilena que el gustito de ser mejores en algo que los trasandinos, y el enojo de que nos comparen.

¿Porqué no le pasa nada? Porque en las sociedades modernas se requieren de tecnopols, como Eyzaguirre y su personaje, er Nico. Tecnócratas que toman decisiones políticas altamente técnicas, o si se quiere, decisiones técnicas altamente politizadas. Si algo hemos aprendido es que los países que insisten en desafiar las leyes de la gravedad les va mal (como por ejemplo, “si emites mucho, inflación”; “si no te creen, no te prestan”, entre otras), por lo que se hace necesario que una serie de decisiones de política económica en particular, y políticas públicas en general, deban ser adoptadas por entes de alta competencia técnica, ojalá lo más aislados posibles de la contingencia política.

Eyzaguirre, como tecnopol, es aislado de la contingencia por la administración, pero a su vez, es protegido por quienes cuentan con la legitimidad de la ciudadanía. De esta manera, se puede dar el lujo de desoír la voz de parlamentarios que cuentan con más votos que los que Eyzaguirre en su vida logrará tener, y hacer prácticamente lo que su razón le indica que es lo correcto.

Lo de esta semana dio muestra de todo lo anterior. Er Nico se ofusca con los españoles, Lagos lo apoya. Coscorroncito por camorrero, pero palmadita en la espalda. Los grandes empresarios españoles respaldan a Lagos, e indirectamente a su Ministro, pues saben que fue la estupidez de uno de los suyos la que brindó la oportunidad para que er Nico toreara.

“Trabaje no más maestro, que yo lo cuido”. Así se resume la aislación y protección al tecnopol moderno. No importa que el gásfiter deje sucio el baño, lo importante es que éste quede funcionando.

Bien por Eyzaguirre, que alguna vez le lleguen a él los aplausos de la galería. Los empresarios, en este caso extranjeros, no pueden pretender que, aparte de llevarse la tajada más grande, estén autorizados además para decir lo que quieran con prepotencia y altanería. Así como es bueno dejar en claro que ser de izquierda ya no es sinónimo de ineptitud e ineficiencia económica, también es bueno poner en su lugar a los empresarios. Y si lo hace el mejor de los tecnopols, dos veces bueno. Olé Nico.

Líder por un día

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 21 de Marzo de 2004

Francisco Javier Díaz

En política a veces se ven personas con grandes dotes de estadista que sin embargo no logran ganar elecciones. Y también hay quienes logran ganar elecciones sin tener un ápice de estadista. Líderes que pierden, e ineptos que ganan. Sin embargo, la ineptitud siempre termina por pasar la cuenta. Sea durante la campaña, sea durante el gobierno, la historia está llena de ineptos que terminaron ahogándose en su propio charco de torpezas.

La ineptitud política que ha mostrado Joaquín Lavín podría terminar ocasionando que pase a la historia como uno de los mejores candidatos que nunca llegó a ser Presidente. Porque si Lavín no llega a la presidencia será porque nunca pudo dar el crucial paso de figura de marketing, a estadista de verdad.

Lavín lo hace muy bien como candidato. Simpático, honesto y risueño, sus 3.352.199 votos en la primera vuelta presidencial de 1999 lo transforman en el cuarto personaje más votado en la historia de Chile. En términos electorales, es el derechista más exitoso de todos los tiempos. Su 47,5% en la elección de 1999 lo sitúa dentro de los top ten de los políticos en la historia del país.

Sin embargo, Lavín no proyecta imagen de estadista. Un poco por su debilidad política, un poco por su propia obsesión de publicitar hasta las ridiculeces más grandes que se le ocurren en su gestión alcaldicia, Lavín no inspira respeto. Y eso se nota aún más dentro de la Alianza por Chile. Su gente lo quiere, claro, los puede hacer ganar, pero nadie allí habla del ideario de Lavín ni de su liderazgo indiscutido. Por el contrario, se le cuida como a un niño.

El golpe blanco en la Alianza la semana pasada habría sido considerado una jugada maestra si hubiese sido realizado por algún líder de fuste. Porque la derecha se deshizo de quien lo molestaba (Piñera), y de paso sacó de escena una cara absolutamente desgastada (Longueira). Pero la operación la anunció Lavín, el apolítico. Nadie cree que a él se le haya ocurrido. Por el contrario, públicamente ha quedado pidiendo ropa prestada a un verdadero líder, Allamand, y ha hecho evidente su ineptitud en estas lides.

Lagos e Insulza, viejos zorros y grandes estadistas, han percibido la debilidad patente de Lavín, y han seguido haciéndolo jugar en la cancha que menos le acomoda, la arena política, al juego que menos sabe, el juego del liderazgo. Como en la política también influye mucho la suerte, el gobierno ha tenido con ocasión de la renuncia y renovación del directorio de Televisión Nacional, una inmejorable oportunidad para seguir exigiendo a Lavín que cumpla con el liderazgo prometido.

Por dárselas del líder que no es, Lavín ha quedado con pocas salidas en esta vuelta. Un primer escenario es que se rechace finalmente la propuesta de directorio de TVN. Si los senadores de la Concertación se cuadran con la propuesta, salvo la molestia de buscar seis nuevos nombres, el Gobierno no pierde más nada.

Lavín, en cambio, tendría que decir algo. Podria intentar tres argumentos: Uno, que no se respetó la autonomía del Senado al no consultársele previamente la nómina. Pero este argumento no sólo es poco vendedor, por lo formal, sino que enteramente falaz: Es precisamente ésta la consulta que la ley ordena. No tiene sentido oponerse a algo alegando que a uno no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad.

Dos, Lavín puede hacerse el leso y decir que fue decisión de los partidos. Pero alguien que dice tener el liderazgo para descabezar directivas, con mayor razón debiera poder ordenar a sus parlamentarios. Quien puede lo más puede lo menos.

Tres, Lavín puede argumentar que la propuesta no era de su agrado. Pero ahí tiene explicar el porqué. Y el porqué es sencillamente que hay un caballero que no es tan de derecha como él quisiera. O sea, irse por esta vía deja a Lavín como intolerante y como un político ávido de copar todas las cuotas de poder que estén a su alcance para entregárselas a sus incondicionales. Y de paso, queda como el principal acusado de ser quien politizó el famoso directorio de TVN.

El segundo escenario es que la propuesta se apruebe. Lavín entiende el daño que puede ocasionarle el rechazo, entiende que tiene que salirse del pizarrón político al que lo ha llevado la Moneda, e instruye a sus senadores para que voten a favor de la propuesta. Si así lo hace, de paso da una señal de confianza a lo que queda de la derecha liberal. Pero de rebote agranda a Allamand, cosa que no le gusta a Longueira. Y cambia incondicionales en el directorio, por tres académicos que, por muy de derecha que sean, como Vial, para tonteras no se prestan.

Si Lavín no se hubiera puesto en primera línea, esta jugada de TVN no habría pasado de ser otra pelea más de políticos donde él tomaba palco y no se desgastaba. Pero es precisamente por esa actitud de prescindencia que el lío con Piñera llegó hasta donde llegó, obligándolo a salir al ruedo en las peores condiciones, y exponiéndose como lo está haciendo ahora. Una paradoja: Por no asumir en su momento el liderazgo que le correspondía, ahora se las tiene que dar de líder. Y todos sabemos que como líder no da el ancho, ni siquiera por un día.

FJD

¿Comienzo del fin? Superlakes

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 23 de Mayo de 2004

Francisco Javier Díaz

Siempre ha encontrado una obviedad aquellos análisis acerca de la pérdida de poder de los gobernantes al acercarse el fin de su mandato. Estos análisis sugieren poco menos que el presidente de turno despierta un día y se da cuenta que le quedan pocos días en La Moneda. De ahí en adelante se produciría un irrefrenable proceso de pérdida de poder e influencia de la administración saliente, lo cual se vería traspasado a la administración (o candidatos) entrante. Y el presidente se vería preso de una profunda depresión. “Ya nadie me hace caso”, diría triste el pobre cristiano.

Pero las cosas en política no son tan mecánicas. Es cierto que en democracia los presidentes ven disminuida su influencia durante los últimos días de su mandato. Es lógico y natural que así sea. Pero lo que varía de una administración a otra es el grado de influencia del presidente saliente ejerce sobre el sistema político, sobre la selección de los candidatos, acerca de los temas y el tono del debate de la campaña presidencial, y cómo maneja el traspaso del mando. Según éstas variables, y no según el calendario, es que uno determina cuándo comienza realmente el fin.

Lo concreto, a mi juicio, es que el poder de Lagos comenzó mucho antes de asumir como presidente, y es probable que se prolongue hasta mucho después. Es cosa de recordar, por ejemplo, su renuencia a firmar el decreto que ordenaba la construcción de la cárcel especial para militares en Punta Peuco, cuando él era todavía Ministro de Obras Públicas, en 1995. Generó todo un alboroto impensable en un régimen presidencial, donde se supone que los ministros son absolutos mandatarios del presidente. Pero Lagos tenía peso propio y generaba alineamientos de poder tras si.

Algo similar, creo, ocurrirá una vez que Lagos deje la presidencia. Su voz seguirá siendo escuchada y respetada, lo que generará a su vez nuevos alineamientos de poder. ¿Porqué se da esta situación en el caso de Lagos, y no, por ejemplo, en el caso de Frei Ruiz-Tagle, quien se sumergió un par de años en el anonimato de la Comisión de Familia del Senado después de su presidencia? Simplemente porque un liderazgo político tan fuerte como el de Lagos, que apela tanto a la racionalidad más pura de las elites, así como al sentimiento de protección y autoridad de la ciudadanía, genera poder e influencia sea cual sea su situación coyuntural. Evidentemente tendrá mayores recursos de poder al comienzo de su mandato, pero su influencia se extenderá mucho más allá.

Alguna prensa y analistas han caído en un simple análisis temporal para anunciar el comienzo del fin. Pero mi impresión es que queda Lagos para rato. Su popularidad se encuentra en constante alza, y es plausible pensar que termine sobre el 60 ó 65%, lo que en un gobierno de seis años, en medio de una crisis económica mundial, es mucho decir. Así Lagos tendrá margen para intentar maniobras políticas hasta el último momento. Por ejemplo, en el discurso del 21 de Mayo se ha dado el lujo de interpelar a la derecha para que apruebe la modificación al sistema binominal, y ésta no ha dado respuesta coherente.

Lavín también se ha dado cuenta de ello. Ya a partir de mediados de 2003, cuando quedó claro que ni las coimas ni los Gates botarían el gobierno, hasta Joaquín hubo de arrimarse al árbol de Lagos. Fiel discípulo del Nuevo Príncipe, Lavín siguió la enseñanza de Dick Morris: “si no puedes con tu adversario político, alábalo”. Lavín sabía que no enfrentaría a Lagos el 2005 y por tanto tenía cero costo asociarse con él.

Pero el temor en la derecha ha comenzado a surgir ahora que ven que la popularidad del gobierno, en un contexto económico favorable y sin un nuevo escándalo de corrupción de proporciones, es factible de ser traspasada a un sucesor. Entonces, Lavín se ve obligado a disentir en algunos puntos, pues la cosa ahora es contra él. Pero no hay mucho de qué disentir, y la derecha termina hablando de la crisis del gas, la píldora del día después, las malas relaciones con Bolivia o los Carabineros a Haití. Ni siquiera en delincuencia la ciudadanía percibe que Lavín podría hacerlo mejor.

Entonces, el desafío de Lagos consiste en, más que acosumbrarse a una tremenda pérdida de poder, saber manejar con sabiduría la posición expectante que tendrá él y su círculo más cercano en el 2005, cuando se estén definiendo los candidatos de la Concertación, así como al momento de la campaña presidencial propiamente tal.

Cometería un error el laguismo radicalizado si comenzaran a sacar cuentas acerca de cuál candidato de la Concertación es mejor para las posibilidades de Lagos en el 2010. Por ejemplo, si creyeran que la candidatura de Michelle Bachelet precluiría sus propias posibilidades presidenciales después, e intentaren alguna maniobra para bajarla. O a la inversa, si trataran de imponer un candidato DC para asegurar la alternancia el 2010.

Pero todo lo anterior es una conjetura, y sería obra de laguistas exaltados, no del Lagos de verdad. Lagos saldrá de La Moneda como el mejor presidente que ha tenido Chile en mucho tiempo, y él, Lavín, el PS, la DC, el segundo piso, el PPD, la prensa, Animal Político (el de verdad), y todos los chilenos, lo saben.

fjd

John Kerry en concierto

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 18 de Abril de 2004

Francisco Javier Díaz

Lo vi. El viernes recién pasado vi al futuro Presidente de los Estados Unidos. John Kerry, en persona, a escasos metros de Animal Político, en un acto de campaña electoral. ¿Qué más vi?

La campaña presidencial para las elecciones de noviembre en Estados Unidos ha comenzado más temprano de lo usual. Se estima que Bush ha gastado más de 50 millones de dólares en los últimos dos meses en avisos de televisión, la mayoría de los cuales están dedicados a desprestigiar a John Kerry.

El cálculo del comando republicano es que si Kerry no se defiende ahora y guarda el dinero para los meses finales, ya será demasiado tarde para que logre revertir la imagen que se le quiere crear: un tipo muy liberal, débil en política de defensa, y partidario de subir impuestos y agrandar el aparato estatal. Por otro lado, si Kerry opta por defenderse ahora de tales avisos, simplemente se le acabará el dinero antes de la embestida final. Para el candidato de los ricos, Bush, el dinero para la campaña no es problema.

En este marco John Kerry ha salido a las calles, colegios, universidades y organizaciones sociales a hacer campaña. El viernes lo vi aquí en la ciudad en que vivo, Pittsburgh. Reunió casi 30 mil personas en las afueras de la universidad, la mayoría de ellos estudiantes. Y trajo un gancho especial: el rockero demócrata Jon Bon Jovi, quien cantó algunas de sus canciones más famosas acompañado de dos guitarras y un violín. Un fantástico mini-concierto unplugged.

Como candidato Kerry está bien. No deslumbra como Clinton, pero al menos no se sale del libreto, lanza una serie de ingeniosos sound-bites, y aprovecha muy bien su calidad de pacifista ex-combatiente de Vietnam. “Que no venga Bush a hacerse el patriota: Yo luché de verdad por esa bandera, y con ella misma cubrí el ataúd de algunos de mis mejores compañeros”, dijo en el momento cúlmine de su discurso.

Quizás si lo mejor de Kerry es que ha entendido que esta elección no es tanto acerca de él, es más acerca de Bush. El lema de los carteles, chapas y adhesivos es claro: “El que sea menos Bush”. Kerry sabe que su rol se limita a dar confianza e infundir respeto.

¿Porqué digo que John Kerry será el próximo Presidente de los Estados Unidos? Porque la gente le perdió el respeto a George W. Bush. Tanta mentira, tanto marketing, tanto discurso vacío, tanta estupidez, terminarán por pasarle la cuenta. Y si no lo hacen, vaya, querrá decir que a la gente no le importa que le mientan, que se traga cualquier acción de marketing, que no distingue un discurso verdadero de uno vacío, y que se está poniendo cada vez más estúpida. Así de crudo. Porque cuesta encontrar un líder más estúpido que George W. Bush, actual Presidente de esta gran nación.

La gente le perdió el respeto a Bush porque éste no se hizo respetar. Y no se hizo respetar porque sus innumerables acciones propagandísticas terminaron traspasando la barrera del sentido común, a la vez que su mala gestión ya se hace difícil de esconder. El marketing sirve una, diez, cien veces, pero no mil. Bush traspasó la fina línea que separa el ingenio de la tontera. Lo simpático de lo absurdo. Lo dijo el viernes en la concentración el legendario jugador de fútbol americano de los Acereros de Pittsburgh, Franco Harris: “Mr. Kerry, me basta con que me digan la verdad”.

Las últimas semanas han sido especialmente desafortunadas para Bush. Ya parece asentada en todo el mundo la idea de que George W. llevó al país a una guerra sobre la base de mentiras para defender intereses económicos y electorales. Y eso es grave. Con la imagen e intereses del Estado no se juega. Hasta hace algunos meses, Bush realizaba espectaculares acciones de marketing, como disfrazarse de aviador y visitar un portaviones, o viajar a Baghdad para cenar el tradicional pavo del día de acción de gracias con los soldados americanos. Ello ante la mirada cómplice de una prensa sumisa, y la potente orquesta de las cadenas de televisión conservadoras, como Fox.

Con todo, Bush sigue allí de Presidente, con una férrea alianza de empresariado, intereses especiales, y televisión conservadora. Y vaya que tienen poder y capacidad de manipular al electorado. Una imagen de televisión repetida en horario prime tiene más fuerza que decenas de discursos de contenido o centenas de políticas verdaderas.

Esto nos recuerda lo peligroso que es que la prensa le haga el juego a la mentira y a la estupidez. El ejemplo de Bush es claro: su irresponsabilidad llevó al mundo a una guerra. En Latinoamérica, la mentira y la estupidez han generado un estela de líderes populistas que han sumido a sus pueblos en la pobreza y el caos institucional.

Con el respeto no se juega. Las payasadas podrán ganar mil votos hoy, dos mil mañana, pero a la larga terminan por corroer la estabilidad del país y su imagen internacional, lo que es muy grave en un mundo donde la confianza y la reputación son los principales activos de un país.

¿Quiere hacer un ejercicio? Cambie el nombre de Bush por el de algún político más cercano, y cambie a Fox por Megavisión. Kerry Presidente, y el payaso perdedor.

Jorge o Marcelo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación Domingo, 7 de Marzo de 2004

Francisco Javier Díaz

El primer voto que emití en mi vida fue para Jorge Schaulsohn. Gran político. Liberal de izquierda, abogado de la Chile, estudios en Estados Unidos. Asertivo, culto e inteligente. Fue uno de esos diputados que se echan de menos hoy en día. Es de los que uno escucha con atención y respeto, porque siempre tiene una idea interesante que expresar. Pero la elección de alcalde de Santiago no se trata de Jorge Schaulsohn. Tampoco se trata del PPD, ni menos se trata de la Bachelet o del polo progresista. Los partidos de la Concertación tienen en que mentalizarse que la elección en Santiago se trata de, primero, ganarle al candidato de Lavín; segundo, ganarle al candidato de Lavín; y tercero, ganarle al candidato de Lavín. Y para eso hay que llevar sencillamente al mejor posicionado.

Los partidos de la Concertación deben subordinar sus intereses en aras del objetivo mayor, que es ganar la alcaldía de Santiago. Todos sabemos que estas elecciones serán la antesala de las presidenciales del 2005, donde el triunfo o la derrota de cada coalición se medirá en función de dos parámetros distintos:

Uno, a través del porcentaje de votos a nivel nacional, para lo cual se utilizará las cifras de la elección de concejales, donde todos los partidos llevan candidatos en todas las comunas de Chile. Dos, el triunfo o la derrota se medirá en función de una serie de comunas emblemáticas. Como siempre, la derecha y su prensa afín intentará imponer como emblemáticas aquellas comunas donde tiene posibilidad cierta de ganar.

Este año, sin embargo, la derecha no podrá evitar que la comuna emblemática sea aquella donde más arriesga, Santiago. Dicha elección será un verdadero plebiscito a la gestión de Joaquín Lavín como alcalde. Y para un candidato cuya principal plataforma es la eficiencia en su gestión, una derrota en su propio terreno puede resultar decisiva para sus aspiraciones presidenciales.

Veamos: Hay 146.000 inscritos aproximadamente en la comuna de Santiago, de los cuales se estima que unos 120.000 votarían válidamente en las próximas elecciones. En las municipales de 2000 Lavín obtuvo 73.088 votos (61%).

¿Cómo le ha ido a la Concertación? Sólo en tres ocasiones, y hace ya más de una década, ha sobrepasado los 70 mil votos: En 1989 (77 mil), en 1992 (73 mil), y en 1993 (76 mil). Al interior de la Concertación las cosas han estado relativamente parejas: 3 victorias para cada bloque (en 1989, 1993 y 2001 el PPD; en 1992, 1996 y 1997 la DC), sin contar la elección de 2000 cuando Marta Larraechea corrió como candidata privilegiada. En términos de performances individuales, destacan las votaciones de Ravinet en 1992 (52.830 votos) y en 1996 (55.516 votos), y la del propio Schaulsohn en 1993 (50.386 votos).

Así, se puede afirmar que Santiago no pertenece a ningún partido de la Concertación en particular. No puede hablarse de que exista una máquina de tal o cual partido que asegure la elección de sus militantes. Lo cierto es, primero, que si hay un lugar donde ganan los buenos candidatos, ése es Santiago. Segundo, si hay un lugar donde se puede decir que el comportamiento electoral de la Concertación se ha asemejado al comportamiento de un partido político, ése es también Santiago. Pepedés y demócratacristianos se alternaron las elecciones de los años 90 como si fueran de una sola tienda.

Llegamos así al tema de la definición del candidato. Como decíamos, esta elección no es acerca de Jorge Schaulsohn. Si resulta que las encuestas dicen que él es el mejor candidato, bienvenido sea. Pero si éstas indican que Trivelli lo puede hacer mejor contra Alcaíno, es deber de todo simpatizante o militante de la Concertación llamar la atención a la dirigencia de los partidos para que no caigan en lo que podría ser un error fatal.

La elección de octubre será estrecha, por lo que se debe buscar un mecanismo que logre elegir al mejor candidato para enfrentar a la derecha. Una primaria no es el mecanismo más idóneo, porque ella conlleva necesarimente un sesgo de selección. Sólo los muy interesados votan en una primaria, mientras que a la amplia mayoría de los que votan en la elección real no les interesa mucho la política. Una encuesta seriamente realizada, probabilística en todas sus etapas, con una muestra de apenas 500 personas puede entregar resultados mucho más precisos. Si resulta que ambos candidatos se encuentran a una distancia dentro del margen de error (que para porcentajes entre 40% y 60% sería de +/- 5%), de acuerdo, vayan a negociación, cachipún o primarias. Pero desechar un mecanismo de esta naturaleza no parece sensato cuando de lo que se trata es de ganarle al representante de Lavín y sus 73 mil votos.

Insisto, esta elección es acerca del mejor candidato. Que el PPD deje la polítiquería y deje de amenazar a quienes cuyo único propósito es maximizar la probabilidad de ganar una crucial elección. Jorge o Marcelo. La Concertación está primero.

Joaquín, Amigo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 22 de Febrero de 2004

Francisco Javier Díaz

A mediados de 1999, mientras la Concertación se reponía del esfuerzo de las primarias de mayo de ese ano, y mientras Lagos se dedicaba a recomponer la amistad cívica con una confundida Democracia Cristiana tras la derrota, Joaquín Lavín recorría Chile y se aduenaba de la idea del “cambio”. A comienzos de 2004, mientras la Concertación discute si el slogan de un afiche (el que seguramente muy poca gente verá) debe decir porqué ellas sí, o porqué ellas no, Joaquín Lavín ya tiene equipo de campana, dinero, profesionales, ha ampliado su base política, y lo más importante, ha definido su objetivo: ganar en las clases populares. Qué combinación de paradojas. Conservadores por el cambio, los ricos por los pobres. Joaquín, amigo, el pueblo está contigo.

¿Lo ha hecho bien o lo ha hecho mal Joaquín Lavín en su espera de seis anos para ser candidato nuevamente? Lo primero es analizar con qué capital comienza: El gran capital político de Lavín es que se trata de un tipo simpático, que transmite honestidad y preocupación verdadera por la gente. A uno le podrán reventar las leseras que hace, pero su imagen sigue ahí, intacta. Algunos dirán que ni él ni su partido gozan de credenciales democráticas, pero para el común de la gente Lavín viene participando en cuanta elección hay desde hace quince anos, y simplemente no conciben que él quisiera llegar al poder de otra manera que no fuera la vía de los votos. En resumen, Lavín es un gran candidato.

Lo segundo es analizar el contexto en que le ha tocado moverse estos anos. Porque el contexto de Lavín 2005 es muy distinto al de Lavín 1999. El de aquel entonces era todo promesa; el de ahora ha tenido que demostrar que es el líder de poco menos de la mitad de los chilenos. Y no lo ha hecho. A veces pareciera que Lavín hubiera preferido pararse en una esquina cualquiera y hacer hora para volver a ser candidato a la Presidencia.

Partió bien el ano 2000, ofreciendo colaboración al gobierno, pero sin arruinarle la popularidad de los primeros meses. Gran campana en Santiago (y gran concepto, “Lavín 24 horas”), donde obtuvo un importante 60% y se situó, por un instante, a un nivel levemente inferior al del propio Lagos. Pero ya al poco tiempo, la carencia de estatura política suficiente para ponerse al lado de un estadista como Lagos hizo que Lavín nunca se pudiera consolidar como quien “debió haber sido Presidente”, y tuvo que asumir un rol absolutamente secundario. Nunca fue como Lagos en los noventa, un verdadero referente para sus partidarios. No. Lavín se quedó como el amigo alcalde y candidato profesional, que más encima se tragó el anzuelo más evidente que político alguno se haya tragado en la política chilena: Trivelli le habló en su lenguaje, y Lavín salió a jugar a las paletas. Además, nadie con un mínimo de vergüenza intelectual podría afirmar que su gestión como alcalde ha sido buena. Lavín ahora en marzo va a tener que hacer gala de su mejor sonrisa para explicar porqué no se atrevió a ser candidato por Santiago.

Lo tercero es analizar cómo se encuentra para una nueva campana presidencial. Porque no hay que enganarse en esto: si bien estos anos no han sido del todo buenos para Lavín, su situación dista mucho de ser dramática. Y Lavín tiene mucho avanzado. De partida, tiene un excelente equipo de campana ya montado. Los famosos “samurai” son de lo más talentoso que se ha visto en la política chilena desde el comité creativo de la campana del NO. Se trata de un equipo compacto, cohesionado, y lo más importante, respetado por los partidos. Y además, son tipos que saben donde está la plata. Lo segundo importante es que Lavín terminó por conquistar a la derecha liberal con el ingreso de Allamand a su equipo. Porque es cierto: otro gallo habría cantado en 1999 si Lavín se hubiera atrevido a colocar a Allamand como jefe de campana para la segunda vuelta. Ahora lo tiene ahí, amarrado. Con Pinera defendiendo a Tompkins y a Pía Guzmán, Allamand emerge como el referente de mayor credibilidad entre sus pares de la derecha menos conservadora, y como la mejor puerta hacia el centro político.

Lavín y la UDI han sido maestros en cambiar los roles en la política chilena. Cuesta explicar que el “cambio” lo representan los conservadores. Cuesta explicar que la UDI se haya metido al tema de los detenidos desaparecidos. Cuesta explicar que la primera página del libro de Longueira esté dedicada a “los perseguidos” durante el régimen militar. Y ahora Lavín aspira a ser el verdadero amigo del pueblo. La Concertación tiene que entender que no escoger su candidato ahora no es sinónimo de no trabajar para el 2005. No tienen ni equipos, ni programa, ni siquiera mecanismo para definir el abanderado. De sólo imaginar a la gente gritándolo, me da un pánico que ni les digo: Lavín, amigo, el pueblo está contigo.

Arranquen, que no pasa nada

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 4 de Abril de 2004

Francisco Javier Díaz

De puro aburridos que estamos en Chile, no dejamos de inventarnos todo tipo de graves emergencias, contundentes derrotas, empates técnicos, crisis de proporciones y escándalos nacionales. En los últimos días: la emergencia en el Liceo 7 de Niñas, la derrota de Lagos en el Senado, el empate entre Lavín y las candidatas de la Concertación, la crisis del gas argentino, y el escándalo de una mujer que acusa al Chino Ríos.

¿Hay alguna emergencia que no sea grave? Lo del Liceo 7 es de película: Una extraña emanación de olores que preocuparía a cualquiera, sobre todo a niñitas de 14 ó 15 años, seguida por una comedia de inspectores, bomberos, y guardias municipales que no saben cómo manejar la situación, desbocándoseles. “Histeria colectiva” acusó el alcalde Labbé, responsable de que en los colegios de su comuna se organice algo tan simple como una operación Deyse. Con la torpeza demostrada por sus huestes, al ex coronel de Ejército los vietnamitas se le habrían entrado hasta por las ventanas.

¿Todas las derrotas son igualmente contundentes? En el caso del directorio de TVN, la historia es breve: La derecha rechaza la propuesta porque veta un nombre (Oscar Godoy). La Concertación pierde la votación (en realidad gana con los votos de los senadores elegidos por el pueblo, pero la derecha se impone con votos truchos). El gobierno se lleva un pequeño dolor de cabeza tratando de armar una nueva lista, es cierto, pero gana un aspecto simbólico trascendental: el “cuoteo” ahora es patrimonio de todos, incluido Joaquín Lavín. De esta forma, poco a poco el gobierno ha logrado armar un discurso que hace que a la derecha se le desplomen tres de sus plataformas centrales:

Uno, Lavín ya no es sinónimo de eficiencia, porque en Santiago lo hizo pésimo y ni siquiera se atrevió a competir. Dos, la UDI ya no es sinónimo de gente joven apolítica, sino que como demostró con su defensa agresiva, corporativa y cuasi matonesca durante el caso Spiniak, la UDI está metida en la clase política hasta el cuello. Tres, Lavín es el amigo del cuoteo y los vetos partidarios.

Así, dice el discurso, los que no cuotean en Chile son Lagos, que por ejemplo no titubeó en nombrar “al mejor” (Vittorio Corbo) cuando hubo de llenar un cupo en el Banco Central; Soledad Alvear, que ha hecho una gestión integradora en Justicia y Cancillería, haciendo participar a todos los sectores en la reforma judicial o en las negociaciones de los históricos tratados comerciales que firmó el país; y Michelle Bachelet, que ha cruzado la difícil frontera del dolor personal y ha superado el resquemor del mundo militar, trabajando codo a codo con ellos por el bien del país y la defensa nacional. El resto de los políticos, incluidos Lavín y la UDI, amigos de la intolerancia y las parcelas de poder.

¿Puede haber empate técnico si no hay encuesta? Respecto de los sondeos de opinión de esa semana, poco nuevo hay que decir. Al margen de las serias dudas que caben acerca de la calidad técnica de dichas encuestas, lo único importante es que el revuelo que causaron éstas en la prensa (la cual parece que de metodología de investigación no entiende nada) hizo que Francisco de la Maza y la gente de la UDI tuvieran que reconocer lo que sospechamos: Lavín estancado y a la baja, Alvear y Bachelet en lenta, pero constante alza. Y lo más importante: es un hecho que la elección del 2005 será muy estrecha.

¿Cuál es la proporción de la crisis? La crisis del gas argentino ha sido utilizada por algunos para lanzar algunas piedras. Improvisación en el gobierno, ausencia de una política energética. Sesión especial en el Congreso (¡qué susto!); los bolivianos se vengan de Chile e impiden que Argentina nos ceda parte de su energía. Y vamos ganando un poco de prensa y cámara. La primera conclusión de los honorables acerca de la crisis del gas argentino es que el gas viene de Argentina. La segunda conclusión es que Chile no produce mucho gas básicamente porque no hay mucho gas en Chile.

Pero todos sabemos que a fin de cuentas nuestro país, al igual que muchos países desarrollados en Europa, debe ir aumentando de manera constante su capacidad de generación de energía propia, claro, pero como la energía motiva el consumo de aun más energía, debe además traer energía de afuera. Que no venga nadie a hacerse el interesante o el nacionalista con un tema tan árido y técnico como éste, ni a aprovechar esta coyuntura especial en Argentina para criticar, por ejemplo, a Lagos, a los pehuenches o a Douglas Tompkins.

Arranquen, que no pasa nada. Lo cierto es que ni hubo emergencia en el Liceo 7, ni Lagos perdió rotundamente en el Senado, ni se sabe si realmente existe un empate técnico entre Lavín y las candidatas, ni la crisis del gas la entienden bien quienes intentan obtener dividendo político de ella. Por último, ¿habrá sido verdad lo del Chino Ríos?

¿Error Fatal?

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 2 de Mayo de 2004

Francisco Javier Díaz

Esta semana acabó la negociación de los partidos políticos de la Concertación para las elecciones municipales. El PPD cedió 16 comunas, la DC obtuvo el 47% de los candidatos a concejales, socialistas y demócratacristianos obtuvieron una serie de alcaldías que ni siquiera soñaban, los radicales perdieron algunas que sí soñaban, y Jorge Schaulsohn fue ungido como el candidato de la Concertación en Santiago Centro, en vez de Marcelo Trivelli. ¿Error fatal? Error sí, fatal no.

Fatal no, porque Schaulsohn tiene una alta probabilidad de ganar la alcaldía, y seguramente será un gran alcalde. Error sí, porque digan lo que digan, Marcelo Trivelli era la mejor carta para la batalla de Santiago, por dos razones:

Primero, por su potencial electoral. Trivelli ganaba en todas las encuestas que se conocieron, y algunas que no se conocieron, incluso a Joaquín Lavín. Con el actual Intendente Metropolitano la Concertación sencillamente se habría dado un festín con la derecha. Es plausible pensar que Trivelli habria sacado tal ventaja a Alcaíno en las encuestas previas, que ya por ahí por el mes de septiembre la prensa se habría visto obligada a analizar porqué tan ignominioso revés del candidato apadrinado por el hombre que en 2000 prometió ser alcalde 24 horas.

Segundo, por un tema de imagen. El gran desafío de sea quien sea el candidato presidencial de la Concertación, será mostrar algo de novedad. La Concertación es una alianza que se nota cansada, que hace rotar las mismas caras en distintos puestos, y que como conglomerado ha dejado de seducir a los chilenos. Si la Concertación no desfalleció estos años fue por Lagos, así de simple. Su potente liderazgo ha logrado mantener cierto encanto en los chilenos, felices de tener un buen presidente. Pero nada más. Por tanto, un programa novedoso, junto a caras nuevas y frescas como Trivelli, Bachelet o Alvear, pueden hacer que la Concertación pase de la mera confianza, necesaria pero no suficiente, al re-encantamiento de la ciudadanía. Y si era precisamente Trivelli quien comenzaba esta tarea con un triunfo resonante en Santiago, tanto mejor.

Pero los partidos de la alianza de gobierno optaron por privilegiar otros intereses. Y han estado mal estas semanas. A veces pareciera que cada vez que los partidos de la Concertación tienen algo que hacer o decir, en este caso la negociación municipal, no están a la altura y desaprovechan los malos momentos de la derecha. Por ejemplo, ¿no podían hacer algo tan simple como no negociar por los diarios? Un gran dilema de acción colectiva. ¿Cómo hacer entender a los partidos que el bien de la coalición es mayor que el bien de cada colectividad?

La DC optó por transar. Las interpretaciones son dos: Una, que priorizó la votación de concejales, para lo cual además acaparó un mayor número de candidatos a alcalde, los cuales, presumiblemente, provocarán una mayor votación por los candidatos a concejal en dichas comunas. Dos, se podría pensar que algunos sectores al interior de la DC temieron de la popularidad que podía alcanzar Trivelli.

Como sea, la DC cometió un error. Por un lado, desechó la posibilidad de tener una nueva figura nacional que reemplazara a la vieja guardia, y que le podría haber dado un nuevo impulso al partido. Por otro lado, que la DC suba su votación no depende tanto del número de candidatos a concejales, sino que en hacer una buena campaña. El desastre de la DC en las parlamentarias de 2001, que se mide según la votación para diputados, se debió en gran medida a que llevó una serie de candidatos débiles a la Cámara, mientras que los buenos se perdieron innecesariamente en la carrera por llegar al Senado.

El PPD, por su parte, ha entendido que tiene que darle un cierto sentido a su organización, y que dicho sentido no se obtiene con cargos más, cargos menos. Se obtiene con rostros creibles y un motivo de existencia, cosa que ha perdido. De ahí su obcecación por Santiago y el poder municipal. Porque es cierto: desde hace un par de años que el PPD ha logrado un récord en desaciertos y chambonadas. Si hace un tiempo la gente progresista, joven, sin ataduras ideológicas, se declaraba orgullosa “independiente onda PPD”, hoy ya no se ve nadie declarándose como tal.

En el PPD se enojan cuando uno escribe estas cosas. Pero no es culpa de uno que ellos hayan sido quienes inauguraron la farandulización de la política, la misma que ahora critica su candidato presidencial, Fernando Flores. No es culpa de uno que ello intentaran obtener dividendo político de la corrupción con el famoso leoncito fiscalizador, para luego caer envueltos en el caso coimas. No es culpa de uno que su principal figura, Guido Girardi, se equivocara en el caso cartas. Tampoco es culpa de uno la estupidez de algunos de sus parlamentarios en todo el lío del menor LZ y el caso Spiniak. La gente percibe eso, y pierde la confianza.

El PS no llevaba muchas velas en este entierro y terminó cediendo por dos razones: Una, porque sus barones apoyaban a Jorge Schaulsohn e hicieron sentir su peso sobre la directiva. Dos, porque ni la DC terminó apoyando a Trivelli, así que tampoco le cabía al PS quemar sus naves. Así las cosas, el PS inteligentemente estiró la cuerda lo más posible para obtener una buena compensación. Pero perdió una buena oportunidad para dejar establecido que las negociaciones no sirven para bajar a los candidatos encumbrados en las encuestas.

Y los radicales ... ayayay, los radicales. Cuando uno espera que se acabe de una vez por todas el espectáculo de los partidos de rifarse las comunas, el PR indignado amenza con sacarse el respirador artificial. Perdieron Traiguén y Los Muermos. Eso sí que es fatal.

Encuesta Arriba, Encuesta Abajo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación Domingo, 25 de Abril de 2004

Francisco Javier Díaz

Cada vez que aparece una encuesta política surgen distintos tipos de argumentos de parte de los aludidos por ella. Los que se han visto favorecidos argumentan que hay que escuchar a la gente. Los desfavorecidos dicen que se trata de una simple foto del momento, que las cosas cambiarán cuando comience a hacer campaña, y por supuesto, el infaltable “yo manejo otras encuestas que me dicen lo contrario”. ¿Qué hacer con la información que entregan las encuestas políticas?

Lo primero es asegurarse que la encuesta esté bien hecha. Si la muestra es regional o nacional. Si es telefónica, averiguar la cobertura telefónica del área. Mirar su ficha técnica. Fijarse en el tamaño de la muestra. Analizar con cuidado la redacción de las preguntas. Y sobre todo, entender que las encuestas no probabilísticas pueden conducir a grandes errores. Si no podemos calcular exactamente la probabilidad de cada entrevistado de haber sido seleccionado como parte de la muestra, la encuesta puede contener un error muestral insalvable.

Hay que tener presente que una encuesta bien hecha entregará información altamente precisa. Si bien existen autores que argumentan que las encuestas jamás serán precisas pues contienen un sesgo inherente al forzar a la gente a responder por temas que a ella no le interesan, lo cierto es que el debate se encuentra superado. Una encuesta seriamente realizada, probabilística en todas sus etapas, con una muestra de apenas 500 personas, puede decirnos, por ejemplo, por quién preferirían votar los santiaguinos, con un margen de error de +/- 5% para porcentajes entre 40% y 60%.

Cosa distinta es qué hacen los partidos y candidatos con la información que entregan las encuestas. Para ordenar el debate, distingamos lo que hacen y lo que debieran hacer los actores en cuesta arriba, de los actores en cuesta abajo.

Cuando yo voy en cuesta arriba, feliz, sé que voy camino a la cima. Pero no todo es así de fácil en la vida. Yo que el Partido Socialista no sacaría cuentas alegres todavía. La cima que veo a la distancia bien puede ser una planicie que me impide ver otra cima mucho mayor tras ella, o puede ser una cima baja, a la cual le sigue un precipicio. Lo bueno de las encuestas de Michelle Bachelet es que está en constante alza desde hace tiempo. Pero si su Partido no la ayuda, la cima puede escapárseles.

En este sentido, el Partido Socialista tiene que entender que a la luz de las encuestas, lo único que podemos afirmar por ahora es que la gente en su disco duro, en la carpeta de “presidentes”, abrió una sub-carpeta que se llama Michelle. Pero que esa sub-carpeta todavía está vacía, y la gente la irá llenando con las imágenes e ideas según se le transmitan. Así, por ejemplo, la imagen de Michelle en el aniversario del PS hace una semana poco ayuda: Michelle en una oscura galería del Estadio Víctor Jara, sentada entre medio de cabezas más altas que ella y que la tapaban, rodeada de caras poco conocidas y poco amistosas, todas vociferantes y puño en alto. ¿Cuesta mucho ponerla en un escenario de fondo rojo y blanco, bien iluminado?

Pero falta mucho todavía y a Michelle le puede ir incluso mejor, cuando después de las municipales comience su pre-campaña, encuesta arriba, meta segunda, acelere, y ella personalmente comunique sus ideas, simpática, firme y cariñosa, delantal blanco y estetoscopio al cuello, acogiendo de manera natural, porque es madre, a un niño entre sus brazos.

Encuesta arriba también va Soledad. Pero al parecer con una táctica distinta. Cauta, serena, a veces sin convencer si quiere realmente ser presidenta, lo que ahuyenta el apoyo de algunas elites, pero a paso seguro. Soledad comenzó a subir la cuesta hace años, y jamás ha retrocedido un paso. Se va pegadita a la berma, no acelera, pero avanza. Ya dejó atrás a Girardi, Ravinet y otros que en su momento parecían sobrepasarla. Y sigue ahí, cuesta arriba, a escasos puntos de Bachelet y Lavín. Tan escasos puntos, que la verdad es que se trata de un empate del que pocos han dado cuenta.

El PPD cuesta abajo. Caída libre. Amenaza al PS con no apoyar a Michelle Bachelet si no lo apoyan en su cruzada por Jorge Schaulsohn, al mismo tiempo que proclaman su propio candidato a la presidencia, Fernando Flores. Si hasta hace algunos años las caras viejas, las peleas y la prepotencia política eran del PS o la DC, hoy la simpatía, la frescura, los equipos nuevos son Trivelli, Alvear y Bachelet. El PPD ha tenido la particular capacidad de transformar un partido de gente “cool” como dicen los gringos, en un partido más del establishment, el que más encima no tiene juventud ni fuerza. Ya no se escucha más a la gente progre decir con orgullo “soy independiente onda PPD”.

En cuesta abajo hay que manejar con cuidado. En vez de acelerar, porque es peligroso, lo mejor es estacionar un momento, girar las ruedas hacia la cuneta, y mirar el mapa para ver cómo dar la vuelta en U, para volver a caminar hacia arriba. Con prepotencia y ceguera el PPD no va a llegar a ningún lado. Hay que escuchar a la gente. Hay que creerle a las encuestas.

Nada Personal

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de Junio de 2004

Francisco Javier Díaz

¿En qué estaría pensando Italo Pasalacqua cuando se le ocurrió hacer declaraciones acerca de las relaciones homosexuales de adultos con niños de quince años? ¿En qué estaría pensando Pablo Longueira cuando se le ocurrió montar el trístemente célebre equipo de investigación paralela en el caso Spiniak?

Errores graves, sin duda. Sin ser un experto en psicología o sexualidad infantil, hay que reconocer que el tema del despertar homosexual es tan complejo que no merece ser tratado en el programa de Giancarlo Petaccia, ni menos ante una pregunta respecto dichos de Gonzalo Cáceres.

Sin ser experto tampoco en las andanzas del equipo investigador que montó Pablo Longueira para desenmascarar lo que él creyó era un montaje, hay que reconocer que el ex presidente de la UDI sigue sorprendiéndonos con tanto error y precipitación cometida durante los álgidos meses post Jolo-Gema-Guzmán.

Primero vino la histeria colectiva en la UDI ante una denuncia que no contenía nombres ni militancias específicas; luego la poco creíble teoría de la conspiración de políticos, gobierno, iglesia y la prensa en contra del gremialismo; después vino la famosa revelación de Jaime Guzmán; y entremedio de todo esto, el equipo de investigación paralela.

Pero tampoco hay que exagerar las cosas. Cualquier equipo de defensa jurídica montaría un equipo investigador ante un caso de importancia, y no hay delito ni falta a la ética profesional en ello. El problema es que el equipo de la UDI se dedicó además a mentir, suplantar personas, aparentemente pagaba por la información que recibía y otorgaba incentivos para que determinadas personas declararan en tribunales, como habría ocurrido con el ex novio de Gema Bueno y con la famosa “testigo secreta” que acusaba a Allamand, lo que los coloca, dicho sea de paso, en el límite del perjurio y obstrucción a la justicia.

No contentos con ello, el equipo investigador no halló nada más bonito que utilizar a ex soplones poblacionales heredados de las redes civiles de la dictadura para inventar historias truculentas y desprestigiar así a un sacerdote de parroquia de barrio.

¿Qué puede haber pasado por la cabeza de Longueira en esos momentos para meterse en un lío como éste? Como al parecer su estrategia es decir que no sabia lo que hacían estos tipos, ¿cómo no prever que con gente de esa calaña pasan estas cosas?

Precisamente para minimizar la posibilidad de que ocurran actos irracionales, o para atenuar sus efectos una vez ocurridos, es que se crean las instituciones y se colectivizan las decisiones. En los negocios, por ejemplo, se pasa primero por la junta de accionistas, el directorio, y recién allí el gerente general puede empezar a decidir, siempre bajo los ojos de los auditores. Lo mismo pasa en la política: en los sistemas institucionalizados las decisiones se discuten en el parlamento y en los partidos, y éstos a su vez en comités y directivas, evitándose que el líder de turno adopte decisiones movidas por sus pasiones o rencores personales.

En la farándula, en cambio, las instituciones no existen. Sus figuras alcanzan la fama solas, sin nadie, sin equipos, pero asi también es como caen en desgracia. La adrenalina que genera ver al ambiente de espectáculos como una gran tina de baño con un jabón Le Sancy dentro, y saber que alguna figura caerá cada mes o cada semana, es lo que hace a la farándula atractiva al público. Las figuras, a su vez, con tal de seguir siendo figuras, piensan menos lo que dicen, se dejan llevar por sus pasiones, y arriesgan cada vez más en sus declaraciones, como le pasó esta vez a Pasalacqua.

La personalización de la política plantea similares problemas. Cuando los líderes toman las decisiones por sí y ante sí, se arriesga que sean sus motivaciones personales las que guíen la acción política.

Desde su creación hace 20 años, la UDI montó una estructura de institucionalización personalizada; vale decir, una institución fuerte, jerárquica, pero con una dirección basada en cuatro o cinco personas, sin mecanismos institucionales de renovación o recambio. Si en dicha estructura acertaban o se equivocaban los Longueira, Novoa, los Coloma o los Chadwick, acertaba o se equivocaba el partido entero.

La presidencia de Longueira acentuó aún más este patrón organizacional, concentrando dicho dirigente gran parte de las responsabilidades. Y cuando vino la embestida del caso Spiniak, claro, Longueira salió a defender al partido utilizando su propio estilo. Las investigaciones paralelas y la irritación con la prensa demostró el fondo de la personalidad de Longueira, aquella formada bajo la dictadura, donde no se aceptaban críticas ni cuestionamientos. Su personalidad agresiva y prepotente arrastró al partido a una crisis de credibilidad que bien pudo haberse evitado, la que puso en jaque la candidatura de Lavín, lo que finalmente le costó a Longueira la salida de la presidencia partidaria.

La personalización de la UDI en Longueira le ha jugado una mala pasada. Si las decisiones se hubiesen adoptado de manera colegiada, si las estrategias se hubiesen definido en mesas abiertas, con gente sensata, estoy seguro que alguna voz de prudencia habría precavido a Pablo acerca de lo riesgoso que era el camino que eligió para la defensa de los senadores acusados y del partido.

Moraleja: Que la personalización quede para la farándula. Da lo mismo que los famosos alcancen el estrellato un día y conozcan el infierno el otro. Mal que mal, muchos de ellos tampoco tienen los méritos para tanta fama. Pero en la política no da lo mismo, porque las consecuencias de los errores las terminamos pagando todos. Los partidos importan. La política se hace en equipos, y bajo el alero de las instituciones.

Tú, Eduardo

Diario La Nación Domingo
8 de Febrero de 2004

Francisco Javier Díaz

Me cae bien Frei. Transmite ser un tipo honesto, sobrio y de buenas intenciones. Además que fue un buen presidente, mérito que pocos pueden exhibir en nuestro continente plagado de fracasados y corruptos. Y lo más importante, a la gente le cae bien. Se le asocia con una imagen de seriedad y responsabilidad. Si habla de la economía o de la familia, la gente tiende a creerle. Por eso, yo que sus asesores dejaría de preocuparme de las elites que lo quieren ver a él como candidato presidencial en el 2005, y me preocuparía de la gente que podría votar por él. En otras palabras, ante la pregunta: ¿quién le gustaría que fuera el próximo Presidente de la República?, yo asesor de Frei me preocuparía más de los que responden “usted pues, don Lalo”, que de aquellos que dicen “tú, Eduardo”.

Animal Político aprendió una gran lección en 1993, cuando asistió a la convención que eligió al candidato presidencial de la Concertación. Días antes los delegados a la convención habían sido escogidos en elecciones primarias. Hubo una elección abierta a la ciudadanía para escoger a parte de los delegados (la otra parte la escogían los partidos políticos), y en dicha elección, Frei se impuso sobre Lagos. Y la verdad es que se veía venir. Frei contaba con un importante respaldo en las encuestas, a la vez que había obtenido una gran votación en las senatoriales de 1989. Con todo, sus asesores prefirieron no arriesgar. No se confiaron exclusivamente en el respaldo popular de Frei en ese momento, sino que también consiguieron el respaldo de las elites.

“Tú, Eduardo” escuché a un prominente dirigente de izquierda decir en su discurso de esa noche en la convención. “Sólo tú, Eduardo, encarnas el espíritu de la Concertación. Los concertacionistas escogemos al mejor de los nuestros. Tú, Eduardo”. Que gran lección política para un joven Animal Político en ese entonces: Las elites a veces se venden. Muchos dirigentes de izquierda ya habían comprometido su apoyo a Frei por sobre Lagos, lo que esa noche se hacía patente en discursos como el ya mencionado.

Pero si en 1993 Frei entendió que para ser presidente tenía que amarrar ambos apoyos, elite y masa, ahora sus asesores parecen no entenderlo. Y, equivocadamente, han apostado sólo por el primero, el apoyo de las elites, en desmedro del segundo, el de la ciudadanía. Ello denota no sólo una apuesta arriesgada, pues se abandona todo un flanco, sino que además se ignora todo lo que ha madurado la ciudadanía en este último tiempo. Ya nadie aceptaría la imposición de un nombre cualquiera. Si alguien así lo intenta, tiene asegurada una derrota electoral.

Frei debiera hacer dos cosas. Una, para ponerlo en breve, Frei debiera dejar de ocuparse de la Sofofa y comenzar a preocuparse del Buenos Días a Todos. Y explotar la imagen de confianza que puede generar en el chileno de la calle, sobre todo la duena de casa, que aun recuerda su período como un buen gobierno. Lo segundo, Frei debiera intentar armar un cuento coherente e ingenioso de porqué quiere ser presidente de Chile nuevamente. Porque está claro que contra Lavín no representa el cambio. Hay que trabajar allí. Caras nuevas, buenos equipos, ideas novedosas. Pero ideas dirigidas hacia la clase media y baja, y no sólo el empresariado. La gente le cree y los empresarios confían; que no desaproveche ese capital escaso.

Pero Frei parece haber optado por el camino pavimentado de arriba y no el pedregoso camino de los de abajo. Si no cambia de estrategia, al final para lo único que servirá su amago de candidatura será para legitimar la de Soledad Alvear. Porque claro, a ella le quedará en bandeja el rol de la candidata de la clase media, de las mujeres, de los pobres. Del Chile mesocrático que se opondrá finalmente al Chile conservador. “¿Soledad representa eso?”, se preguntará algún votante de izquierda de la Concertación. “Pues claro, ¿no ve que ella ganó la nominación de la DC a Eduardo Frei?”, será la respuesta. Algo similar ocurriría con la Bachelet, pero incluso a mayor escala.

Difícil tarea la de Frei, pero creo que ha tomado el camino equivocado. Lo central es que, por ahora, Frei debe ganar votantes, y no seguir sumando apoyos de elites. Olvidarse además de los infaltables oportunistas del PS, radicales o del PPD que ya andan adulándolo y diciéndole “tú, Eduardo”, y trabajar por ganarse el apoyo de la gente común y corriente.

Nada mejor para ganar una elección que el recuerdo de un buen gobierno y la promesa creíble de uno mejor. Frei no necesita ser el candidato de los empresarios. Que ése sea Lavín y no tú, Eduardo.

Adolfo piensa y juega

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 11 de Abril de 2004

Francisco Javier Díaz

¿Qué pensará Adolfo ahora que se aprecia un alza de Michelle Bachelet en las encuestas? ¿Cómo jugará Adolfo dentro de la DC, ahora que los disidentes, encabezados por Gutenberg Martínez, han acabado con su reinado absoluto?

El alza de Michelle Bachelet en las encuestas desafía un saber convencional: Se pensaba, hasta ahora, que sólo un candidato DC podía hacer frente a la derecha, porque sólo un DC podía llegar al votante moderado. La experiencia de la elección de 1999 demostraba que Lagos no pudo captar el voto de centro, el que se fue como torrente hacia Joaquín Lavín hasta que una compresa llamada Soledad Alvear logró detener dicha sangría.

Pero tal lectura asumía que el espacio político corre igual para partidos y votantes. O sea, asumía que existe un continuo izquierda-centroizquierda-centro-centroderecha-derecha, en el cual los votantes se pueden ordenar tal cual como lo hacen partidos y líderes. Todos fuimos testigos, sin embargo, de cómo la preferencia del votante de centro no se pasó a la posición moderada de centroderecha, sino que atravesó todo el espectro hasta el UDI Joaquín Lavín.

“Es que Lavín tenía un carisma personal que lo hizo situarse sobre los partidos” dicen unos. “Es que la situación económica, política y social del Chile de 1999 demandaba un liderazgo transversal como el que ofrecía Lavín” dicen otros. Lo cierto es que ambas explicaciones se podrían aplicar en 2005 con respecto a Michelle Bachelet. En breve, Michelle podría llegar al votante de centro en similares (o mejores) condiciones que cualquier DC, y más encima, con el flanco a su izquierda totalmente controlado.

De esta manera, si la Bachelet se mantuviera arriba en los sondeos (y si ello se viera reflejado en las encuestas metodológicamente bien realizadas), a la DC se le caería el último argumento para exigir un candidato presidencial de sus filas. Hay que recordar que el primer argumento indicaba que el candidato “tenía” que ser DC, como imperativo, fundado en la alternancia en el poder. Bajado dicho argumento, básicamente por impresentable, surge aquel que señala que el candidato “debiera” ser DC, porque es el único que capta los decisivos votos de centro. Pero al parecer la situación ya no sería tal.

Aquí es donde entra el juego de Adolfo y la situación interna del partido. Debo aclarar al lector que de aquí en adelante esta columna es pura especulación.

Lo primero es ver cómo Zaldívar sortea las elecciones municipales. Porque la DC es fraternal, pero implacable: Un mal resultado en una elección, invitan al presidente de turno a las Termas de Jahuel, y suácate, entre camaradas le cortan la cabeza. La apuesta es alta. Ni siquiera una buena negociación de alcaldes salvaría a Adolfo, pues la vara para medir la votación total de los partidos será la elección de concejales, donde todos los partidos llevan candidatos en todas las comunas. Por tanto, Adolfo necesitará la ayuda de triunfos resonantes en algunas alcaldías. De ahí que tenga un incentivo adicional en insistir en Trivelli para Santiago.

Se configuran así tres escenarios posibles para Adolfo respecto de las municipales: Uno, que le vaya mal; dos, que le vaya regular o bien; y tres, que le vaya muy bien. En el primer escenario le cortan la cabeza, el último escenario es muy improbable, así que mejor preocupémonos del segundo. La primera pregunta es: ¿Podrá Adolfo imponerse él mismo como candidato presidencial en un escenario así, sin necesidad de elecciones internas? Al parecer no. Menos ahora que tiene a Soledad Alvear arriba en las encuestas y a los disidentes respirándole en la oreja.

¿Qué hace entonces? ¿Nadie sabe para quien trabaja y le entrega el partido al Gute? Improbable, Adolfo no es así. ¿Cómo responde a la presión interna que exige llevar una candidata, Alvear, que aparentemente no es de su preferencia? Supongamos luego que la DC cede ante las encuestas y nomina a Soledad Alvear como pre-candidata para enfrentar a la Bachelet. ¿Con qué fuerza acometería Zaldívar dicha empresa?

Agreguémosle un pelo más a la sopa: el tira y afloja de las primarias de la Concertación se cruzará con la negociación parlamentaria. Y la elección senatorial es clave para la DC. Diez de sus doce senadores van a reelección en esta vuelta. Y salvo Jorge Pizarro en la Cuarta Región, y tal vez Carmen Frei en la Segunda, todos los demás se encontrarán en serio peligro de extinción. ¿No existirá la presión por negociar y asegurar el cupo de algunos de éstos?

El asunto es que Adolfo piensa y juega. Es un tipo inteligente y disciplinado. Su gestión en la DC comenzó agresiva y perturbadora, pero poco a poco ha entendido que el éxito del gobierno es la mejor plataforma para su partido. La DC ya no es el partido desorientado de hace tres años, el que daba espectáculos tan lamentables como la inscripción errónea de las candidaturas parlamentarias. Zaldívar tiene el mérito de haber enrielado la colectividad. Ahora enfrentará el dilema de levantar un candidato que probablemente no será de su agrado, defenderlo, pero a la vez no descuidar los intereses de sus senadores. Veremos qué piensa.