Tú, Eduardo
Diario La Nación Domingo
8 de Febrero de 2004
Francisco Javier Díaz
Me cae bien Frei. Transmite ser un tipo honesto, sobrio y de buenas intenciones. Además que fue un buen presidente, mérito que pocos pueden exhibir en nuestro continente plagado de fracasados y corruptos. Y lo más importante, a la gente le cae bien. Se le asocia con una imagen de seriedad y responsabilidad. Si habla de la economía o de la familia, la gente tiende a creerle. Por eso, yo que sus asesores dejaría de preocuparme de las elites que lo quieren ver a él como candidato presidencial en el 2005, y me preocuparía de la gente que podría votar por él. En otras palabras, ante la pregunta: ¿quién le gustaría que fuera el próximo Presidente de la República?, yo asesor de Frei me preocuparía más de los que responden usted pues, don Lalo, que de aquellos que dicen tú, Eduardo.
Animal Político aprendió una gran lección en 1993, cuando asistió a la convención que eligió al candidato presidencial de la Concertación. Días antes los delegados a la convención habían sido escogidos en elecciones primarias. Hubo una elección abierta a la ciudadanía para escoger a parte de los delegados (la otra parte la escogían los partidos políticos), y en dicha elección, Frei se impuso sobre Lagos. Y la verdad es que se veía venir. Frei contaba con un importante respaldo en las encuestas, a la vez que había obtenido una gran votación en las senatoriales de 1989. Con todo, sus asesores prefirieron no arriesgar. No se confiaron exclusivamente en el respaldo popular de Frei en ese momento, sino que también consiguieron el respaldo de las elites.
Tú, Eduardo escuché a un prominente dirigente de izquierda decir en su discurso de esa noche en la convención. Sólo tú, Eduardo, encarnas el espíritu de la Concertación. Los concertacionistas escogemos al mejor de los nuestros. Tú, Eduardo. Que gran lección política para un joven Animal Político en ese entonces: Las elites a veces se venden. Muchos dirigentes de izquierda ya habían comprometido su apoyo a Frei por sobre Lagos, lo que esa noche se hacía patente en discursos como el ya mencionado.
Pero si en 1993 Frei entendió que para ser presidente tenía que amarrar ambos apoyos, elite y masa, ahora sus asesores parecen no entenderlo. Y, equivocadamente, han apostado sólo por el primero, el apoyo de las elites, en desmedro del segundo, el de la ciudadanía. Ello denota no sólo una apuesta arriesgada, pues se abandona todo un flanco, sino que además se ignora todo lo que ha madurado la ciudadanía en este último tiempo. Ya nadie aceptaría la imposición de un nombre cualquiera. Si alguien así lo intenta, tiene asegurada una derrota electoral.
Frei debiera hacer dos cosas. Una, para ponerlo en breve, Frei debiera dejar de ocuparse de la Sofofa y comenzar a preocuparse del Buenos Días a Todos. Y explotar la imagen de confianza que puede generar en el chileno de la calle, sobre todo la duena de casa, que aun recuerda su período como un buen gobierno. Lo segundo, Frei debiera intentar armar un cuento coherente e ingenioso de porqué quiere ser presidente de Chile nuevamente. Porque está claro que contra Lavín no representa el cambio. Hay que trabajar allí. Caras nuevas, buenos equipos, ideas novedosas. Pero ideas dirigidas hacia la clase media y baja, y no sólo el empresariado. La gente le cree y los empresarios confían; que no desaproveche ese capital escaso.
Pero Frei parece haber optado por el camino pavimentado de arriba y no el pedregoso camino de los de abajo. Si no cambia de estrategia, al final para lo único que servirá su amago de candidatura será para legitimar la de Soledad Alvear. Porque claro, a ella le quedará en bandeja el rol de la candidata de la clase media, de las mujeres, de los pobres. Del Chile mesocrático que se opondrá finalmente al Chile conservador. ¿Soledad representa eso?, se preguntará algún votante de izquierda de la Concertación. Pues claro, ¿no ve que ella ganó la nominación de la DC a Eduardo Frei?, será la respuesta. Algo similar ocurriría con la Bachelet, pero incluso a mayor escala.
Difícil tarea la de Frei, pero creo que ha tomado el camino equivocado. Lo central es que, por ahora, Frei debe ganar votantes, y no seguir sumando apoyos de elites. Olvidarse además de los infaltables oportunistas del PS, radicales o del PPD que ya andan adulándolo y diciéndole tú, Eduardo, y trabajar por ganarse el apoyo de la gente común y corriente.
Nada mejor para ganar una elección que el recuerdo de un buen gobierno y la promesa creíble de uno mejor. Frei no necesita ser el candidato de los empresarios. Que ése sea Lavín y no tú, Eduardo.
8 de Febrero de 2004
Francisco Javier Díaz
Me cae bien Frei. Transmite ser un tipo honesto, sobrio y de buenas intenciones. Además que fue un buen presidente, mérito que pocos pueden exhibir en nuestro continente plagado de fracasados y corruptos. Y lo más importante, a la gente le cae bien. Se le asocia con una imagen de seriedad y responsabilidad. Si habla de la economía o de la familia, la gente tiende a creerle. Por eso, yo que sus asesores dejaría de preocuparme de las elites que lo quieren ver a él como candidato presidencial en el 2005, y me preocuparía de la gente que podría votar por él. En otras palabras, ante la pregunta: ¿quién le gustaría que fuera el próximo Presidente de la República?, yo asesor de Frei me preocuparía más de los que responden usted pues, don Lalo, que de aquellos que dicen tú, Eduardo.
Animal Político aprendió una gran lección en 1993, cuando asistió a la convención que eligió al candidato presidencial de la Concertación. Días antes los delegados a la convención habían sido escogidos en elecciones primarias. Hubo una elección abierta a la ciudadanía para escoger a parte de los delegados (la otra parte la escogían los partidos políticos), y en dicha elección, Frei se impuso sobre Lagos. Y la verdad es que se veía venir. Frei contaba con un importante respaldo en las encuestas, a la vez que había obtenido una gran votación en las senatoriales de 1989. Con todo, sus asesores prefirieron no arriesgar. No se confiaron exclusivamente en el respaldo popular de Frei en ese momento, sino que también consiguieron el respaldo de las elites.
Tú, Eduardo escuché a un prominente dirigente de izquierda decir en su discurso de esa noche en la convención. Sólo tú, Eduardo, encarnas el espíritu de la Concertación. Los concertacionistas escogemos al mejor de los nuestros. Tú, Eduardo. Que gran lección política para un joven Animal Político en ese entonces: Las elites a veces se venden. Muchos dirigentes de izquierda ya habían comprometido su apoyo a Frei por sobre Lagos, lo que esa noche se hacía patente en discursos como el ya mencionado.
Pero si en 1993 Frei entendió que para ser presidente tenía que amarrar ambos apoyos, elite y masa, ahora sus asesores parecen no entenderlo. Y, equivocadamente, han apostado sólo por el primero, el apoyo de las elites, en desmedro del segundo, el de la ciudadanía. Ello denota no sólo una apuesta arriesgada, pues se abandona todo un flanco, sino que además se ignora todo lo que ha madurado la ciudadanía en este último tiempo. Ya nadie aceptaría la imposición de un nombre cualquiera. Si alguien así lo intenta, tiene asegurada una derrota electoral.
Frei debiera hacer dos cosas. Una, para ponerlo en breve, Frei debiera dejar de ocuparse de la Sofofa y comenzar a preocuparse del Buenos Días a Todos. Y explotar la imagen de confianza que puede generar en el chileno de la calle, sobre todo la duena de casa, que aun recuerda su período como un buen gobierno. Lo segundo, Frei debiera intentar armar un cuento coherente e ingenioso de porqué quiere ser presidente de Chile nuevamente. Porque está claro que contra Lavín no representa el cambio. Hay que trabajar allí. Caras nuevas, buenos equipos, ideas novedosas. Pero ideas dirigidas hacia la clase media y baja, y no sólo el empresariado. La gente le cree y los empresarios confían; que no desaproveche ese capital escaso.
Pero Frei parece haber optado por el camino pavimentado de arriba y no el pedregoso camino de los de abajo. Si no cambia de estrategia, al final para lo único que servirá su amago de candidatura será para legitimar la de Soledad Alvear. Porque claro, a ella le quedará en bandeja el rol de la candidata de la clase media, de las mujeres, de los pobres. Del Chile mesocrático que se opondrá finalmente al Chile conservador. ¿Soledad representa eso?, se preguntará algún votante de izquierda de la Concertación. Pues claro, ¿no ve que ella ganó la nominación de la DC a Eduardo Frei?, será la respuesta. Algo similar ocurriría con la Bachelet, pero incluso a mayor escala.
Difícil tarea la de Frei, pero creo que ha tomado el camino equivocado. Lo central es que, por ahora, Frei debe ganar votantes, y no seguir sumando apoyos de elites. Olvidarse además de los infaltables oportunistas del PS, radicales o del PPD que ya andan adulándolo y diciéndole tú, Eduardo, y trabajar por ganarse el apoyo de la gente común y corriente.
Nada mejor para ganar una elección que el recuerdo de un buen gobierno y la promesa creíble de uno mejor. Frei no necesita ser el candidato de los empresarios. Que ése sea Lavín y no tú, Eduardo.
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