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Francisco Javier Díaz

Nada Personal

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de Junio de 2004

Francisco Javier Díaz

¿En qué estaría pensando Italo Pasalacqua cuando se le ocurrió hacer declaraciones acerca de las relaciones homosexuales de adultos con niños de quince años? ¿En qué estaría pensando Pablo Longueira cuando se le ocurrió montar el trístemente célebre equipo de investigación paralela en el caso Spiniak?

Errores graves, sin duda. Sin ser un experto en psicología o sexualidad infantil, hay que reconocer que el tema del despertar homosexual es tan complejo que no merece ser tratado en el programa de Giancarlo Petaccia, ni menos ante una pregunta respecto dichos de Gonzalo Cáceres.

Sin ser experto tampoco en las andanzas del equipo investigador que montó Pablo Longueira para desenmascarar lo que él creyó era un montaje, hay que reconocer que el ex presidente de la UDI sigue sorprendiéndonos con tanto error y precipitación cometida durante los álgidos meses post Jolo-Gema-Guzmán.

Primero vino la histeria colectiva en la UDI ante una denuncia que no contenía nombres ni militancias específicas; luego la poco creíble teoría de la conspiración de políticos, gobierno, iglesia y la prensa en contra del gremialismo; después vino la famosa revelación de Jaime Guzmán; y entremedio de todo esto, el equipo de investigación paralela.

Pero tampoco hay que exagerar las cosas. Cualquier equipo de defensa jurídica montaría un equipo investigador ante un caso de importancia, y no hay delito ni falta a la ética profesional en ello. El problema es que el equipo de la UDI se dedicó además a mentir, suplantar personas, aparentemente pagaba por la información que recibía y otorgaba incentivos para que determinadas personas declararan en tribunales, como habría ocurrido con el ex novio de Gema Bueno y con la famosa “testigo secreta” que acusaba a Allamand, lo que los coloca, dicho sea de paso, en el límite del perjurio y obstrucción a la justicia.

No contentos con ello, el equipo investigador no halló nada más bonito que utilizar a ex soplones poblacionales heredados de las redes civiles de la dictadura para inventar historias truculentas y desprestigiar así a un sacerdote de parroquia de barrio.

¿Qué puede haber pasado por la cabeza de Longueira en esos momentos para meterse en un lío como éste? Como al parecer su estrategia es decir que no sabia lo que hacían estos tipos, ¿cómo no prever que con gente de esa calaña pasan estas cosas?

Precisamente para minimizar la posibilidad de que ocurran actos irracionales, o para atenuar sus efectos una vez ocurridos, es que se crean las instituciones y se colectivizan las decisiones. En los negocios, por ejemplo, se pasa primero por la junta de accionistas, el directorio, y recién allí el gerente general puede empezar a decidir, siempre bajo los ojos de los auditores. Lo mismo pasa en la política: en los sistemas institucionalizados las decisiones se discuten en el parlamento y en los partidos, y éstos a su vez en comités y directivas, evitándose que el líder de turno adopte decisiones movidas por sus pasiones o rencores personales.

En la farándula, en cambio, las instituciones no existen. Sus figuras alcanzan la fama solas, sin nadie, sin equipos, pero asi también es como caen en desgracia. La adrenalina que genera ver al ambiente de espectáculos como una gran tina de baño con un jabón Le Sancy dentro, y saber que alguna figura caerá cada mes o cada semana, es lo que hace a la farándula atractiva al público. Las figuras, a su vez, con tal de seguir siendo figuras, piensan menos lo que dicen, se dejan llevar por sus pasiones, y arriesgan cada vez más en sus declaraciones, como le pasó esta vez a Pasalacqua.

La personalización de la política plantea similares problemas. Cuando los líderes toman las decisiones por sí y ante sí, se arriesga que sean sus motivaciones personales las que guíen la acción política.

Desde su creación hace 20 años, la UDI montó una estructura de institucionalización personalizada; vale decir, una institución fuerte, jerárquica, pero con una dirección basada en cuatro o cinco personas, sin mecanismos institucionales de renovación o recambio. Si en dicha estructura acertaban o se equivocaban los Longueira, Novoa, los Coloma o los Chadwick, acertaba o se equivocaba el partido entero.

La presidencia de Longueira acentuó aún más este patrón organizacional, concentrando dicho dirigente gran parte de las responsabilidades. Y cuando vino la embestida del caso Spiniak, claro, Longueira salió a defender al partido utilizando su propio estilo. Las investigaciones paralelas y la irritación con la prensa demostró el fondo de la personalidad de Longueira, aquella formada bajo la dictadura, donde no se aceptaban críticas ni cuestionamientos. Su personalidad agresiva y prepotente arrastró al partido a una crisis de credibilidad que bien pudo haberse evitado, la que puso en jaque la candidatura de Lavín, lo que finalmente le costó a Longueira la salida de la presidencia partidaria.

La personalización de la UDI en Longueira le ha jugado una mala pasada. Si las decisiones se hubiesen adoptado de manera colegiada, si las estrategias se hubiesen definido en mesas abiertas, con gente sensata, estoy seguro que alguna voz de prudencia habría precavido a Pablo acerca de lo riesgoso que era el camino que eligió para la defensa de los senadores acusados y del partido.

Moraleja: Que la personalización quede para la farándula. Da lo mismo que los famosos alcancen el estrellato un día y conozcan el infierno el otro. Mal que mal, muchos de ellos tampoco tienen los méritos para tanta fama. Pero en la política no da lo mismo, porque las consecuencias de los errores las terminamos pagando todos. Los partidos importan. La política se hace en equipos, y bajo el alero de las instituciones.

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