¿Error Fatal?
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 2 de Mayo de 2004
Francisco Javier Díaz
Esta semana acabó la negociación de los partidos políticos de la Concertación para las elecciones municipales. El PPD cedió 16 comunas, la DC obtuvo el 47% de los candidatos a concejales, socialistas y demócratacristianos obtuvieron una serie de alcaldías que ni siquiera soñaban, los radicales perdieron algunas que sí soñaban, y Jorge Schaulsohn fue ungido como el candidato de la Concertación en Santiago Centro, en vez de Marcelo Trivelli. ¿Error fatal? Error sí, fatal no.
Fatal no, porque Schaulsohn tiene una alta probabilidad de ganar la alcaldía, y seguramente será un gran alcalde. Error sí, porque digan lo que digan, Marcelo Trivelli era la mejor carta para la batalla de Santiago, por dos razones:
Primero, por su potencial electoral. Trivelli ganaba en todas las encuestas que se conocieron, y algunas que no se conocieron, incluso a Joaquín Lavín. Con el actual Intendente Metropolitano la Concertación sencillamente se habría dado un festín con la derecha. Es plausible pensar que Trivelli habria sacado tal ventaja a Alcaíno en las encuestas previas, que ya por ahí por el mes de septiembre la prensa se habría visto obligada a analizar porqué tan ignominioso revés del candidato apadrinado por el hombre que en 2000 prometió ser alcalde 24 horas.
Segundo, por un tema de imagen. El gran desafío de sea quien sea el candidato presidencial de la Concertación, será mostrar algo de novedad. La Concertación es una alianza que se nota cansada, que hace rotar las mismas caras en distintos puestos, y que como conglomerado ha dejado de seducir a los chilenos. Si la Concertación no desfalleció estos años fue por Lagos, así de simple. Su potente liderazgo ha logrado mantener cierto encanto en los chilenos, felices de tener un buen presidente. Pero nada más. Por tanto, un programa novedoso, junto a caras nuevas y frescas como Trivelli, Bachelet o Alvear, pueden hacer que la Concertación pase de la mera confianza, necesaria pero no suficiente, al re-encantamiento de la ciudadanía. Y si era precisamente Trivelli quien comenzaba esta tarea con un triunfo resonante en Santiago, tanto mejor.
Pero los partidos de la alianza de gobierno optaron por privilegiar otros intereses. Y han estado mal estas semanas. A veces pareciera que cada vez que los partidos de la Concertación tienen algo que hacer o decir, en este caso la negociación municipal, no están a la altura y desaprovechan los malos momentos de la derecha. Por ejemplo, ¿no podían hacer algo tan simple como no negociar por los diarios? Un gran dilema de acción colectiva. ¿Cómo hacer entender a los partidos que el bien de la coalición es mayor que el bien de cada colectividad?
La DC optó por transar. Las interpretaciones son dos: Una, que priorizó la votación de concejales, para lo cual además acaparó un mayor número de candidatos a alcalde, los cuales, presumiblemente, provocarán una mayor votación por los candidatos a concejal en dichas comunas. Dos, se podría pensar que algunos sectores al interior de la DC temieron de la popularidad que podía alcanzar Trivelli.
Como sea, la DC cometió un error. Por un lado, desechó la posibilidad de tener una nueva figura nacional que reemplazara a la vieja guardia, y que le podría haber dado un nuevo impulso al partido. Por otro lado, que la DC suba su votación no depende tanto del número de candidatos a concejales, sino que en hacer una buena campaña. El desastre de la DC en las parlamentarias de 2001, que se mide según la votación para diputados, se debió en gran medida a que llevó una serie de candidatos débiles a la Cámara, mientras que los buenos se perdieron innecesariamente en la carrera por llegar al Senado.
El PPD, por su parte, ha entendido que tiene que darle un cierto sentido a su organización, y que dicho sentido no se obtiene con cargos más, cargos menos. Se obtiene con rostros creibles y un motivo de existencia, cosa que ha perdido. De ahí su obcecación por Santiago y el poder municipal. Porque es cierto: desde hace un par de años que el PPD ha logrado un récord en desaciertos y chambonadas. Si hace un tiempo la gente progresista, joven, sin ataduras ideológicas, se declaraba orgullosa independiente onda PPD, hoy ya no se ve nadie declarándose como tal.
En el PPD se enojan cuando uno escribe estas cosas. Pero no es culpa de uno que ellos hayan sido quienes inauguraron la farandulización de la política, la misma que ahora critica su candidato presidencial, Fernando Flores. No es culpa de uno que ello intentaran obtener dividendo político de la corrupción con el famoso leoncito fiscalizador, para luego caer envueltos en el caso coimas. No es culpa de uno que su principal figura, Guido Girardi, se equivocara en el caso cartas. Tampoco es culpa de uno la estupidez de algunos de sus parlamentarios en todo el lío del menor LZ y el caso Spiniak. La gente percibe eso, y pierde la confianza.
El PS no llevaba muchas velas en este entierro y terminó cediendo por dos razones: Una, porque sus barones apoyaban a Jorge Schaulsohn e hicieron sentir su peso sobre la directiva. Dos, porque ni la DC terminó apoyando a Trivelli, así que tampoco le cabía al PS quemar sus naves. Así las cosas, el PS inteligentemente estiró la cuerda lo más posible para obtener una buena compensación. Pero perdió una buena oportunidad para dejar establecido que las negociaciones no sirven para bajar a los candidatos encumbrados en las encuestas.
Y los radicales ... ayayay, los radicales. Cuando uno espera que se acabe de una vez por todas el espectáculo de los partidos de rifarse las comunas, el PR indignado amenza con sacarse el respirador artificial. Perdieron Traiguén y Los Muermos. Eso sí que es fatal.
Diario La Nación, Domingo 2 de Mayo de 2004
Francisco Javier Díaz
Esta semana acabó la negociación de los partidos políticos de la Concertación para las elecciones municipales. El PPD cedió 16 comunas, la DC obtuvo el 47% de los candidatos a concejales, socialistas y demócratacristianos obtuvieron una serie de alcaldías que ni siquiera soñaban, los radicales perdieron algunas que sí soñaban, y Jorge Schaulsohn fue ungido como el candidato de la Concertación en Santiago Centro, en vez de Marcelo Trivelli. ¿Error fatal? Error sí, fatal no.
Fatal no, porque Schaulsohn tiene una alta probabilidad de ganar la alcaldía, y seguramente será un gran alcalde. Error sí, porque digan lo que digan, Marcelo Trivelli era la mejor carta para la batalla de Santiago, por dos razones:
Primero, por su potencial electoral. Trivelli ganaba en todas las encuestas que se conocieron, y algunas que no se conocieron, incluso a Joaquín Lavín. Con el actual Intendente Metropolitano la Concertación sencillamente se habría dado un festín con la derecha. Es plausible pensar que Trivelli habria sacado tal ventaja a Alcaíno en las encuestas previas, que ya por ahí por el mes de septiembre la prensa se habría visto obligada a analizar porqué tan ignominioso revés del candidato apadrinado por el hombre que en 2000 prometió ser alcalde 24 horas.
Segundo, por un tema de imagen. El gran desafío de sea quien sea el candidato presidencial de la Concertación, será mostrar algo de novedad. La Concertación es una alianza que se nota cansada, que hace rotar las mismas caras en distintos puestos, y que como conglomerado ha dejado de seducir a los chilenos. Si la Concertación no desfalleció estos años fue por Lagos, así de simple. Su potente liderazgo ha logrado mantener cierto encanto en los chilenos, felices de tener un buen presidente. Pero nada más. Por tanto, un programa novedoso, junto a caras nuevas y frescas como Trivelli, Bachelet o Alvear, pueden hacer que la Concertación pase de la mera confianza, necesaria pero no suficiente, al re-encantamiento de la ciudadanía. Y si era precisamente Trivelli quien comenzaba esta tarea con un triunfo resonante en Santiago, tanto mejor.
Pero los partidos de la alianza de gobierno optaron por privilegiar otros intereses. Y han estado mal estas semanas. A veces pareciera que cada vez que los partidos de la Concertación tienen algo que hacer o decir, en este caso la negociación municipal, no están a la altura y desaprovechan los malos momentos de la derecha. Por ejemplo, ¿no podían hacer algo tan simple como no negociar por los diarios? Un gran dilema de acción colectiva. ¿Cómo hacer entender a los partidos que el bien de la coalición es mayor que el bien de cada colectividad?
La DC optó por transar. Las interpretaciones son dos: Una, que priorizó la votación de concejales, para lo cual además acaparó un mayor número de candidatos a alcalde, los cuales, presumiblemente, provocarán una mayor votación por los candidatos a concejal en dichas comunas. Dos, se podría pensar que algunos sectores al interior de la DC temieron de la popularidad que podía alcanzar Trivelli.
Como sea, la DC cometió un error. Por un lado, desechó la posibilidad de tener una nueva figura nacional que reemplazara a la vieja guardia, y que le podría haber dado un nuevo impulso al partido. Por otro lado, que la DC suba su votación no depende tanto del número de candidatos a concejales, sino que en hacer una buena campaña. El desastre de la DC en las parlamentarias de 2001, que se mide según la votación para diputados, se debió en gran medida a que llevó una serie de candidatos débiles a la Cámara, mientras que los buenos se perdieron innecesariamente en la carrera por llegar al Senado.
El PPD, por su parte, ha entendido que tiene que darle un cierto sentido a su organización, y que dicho sentido no se obtiene con cargos más, cargos menos. Se obtiene con rostros creibles y un motivo de existencia, cosa que ha perdido. De ahí su obcecación por Santiago y el poder municipal. Porque es cierto: desde hace un par de años que el PPD ha logrado un récord en desaciertos y chambonadas. Si hace un tiempo la gente progresista, joven, sin ataduras ideológicas, se declaraba orgullosa independiente onda PPD, hoy ya no se ve nadie declarándose como tal.
En el PPD se enojan cuando uno escribe estas cosas. Pero no es culpa de uno que ellos hayan sido quienes inauguraron la farandulización de la política, la misma que ahora critica su candidato presidencial, Fernando Flores. No es culpa de uno que ello intentaran obtener dividendo político de la corrupción con el famoso leoncito fiscalizador, para luego caer envueltos en el caso coimas. No es culpa de uno que su principal figura, Guido Girardi, se equivocara en el caso cartas. Tampoco es culpa de uno la estupidez de algunos de sus parlamentarios en todo el lío del menor LZ y el caso Spiniak. La gente percibe eso, y pierde la confianza.
El PS no llevaba muchas velas en este entierro y terminó cediendo por dos razones: Una, porque sus barones apoyaban a Jorge Schaulsohn e hicieron sentir su peso sobre la directiva. Dos, porque ni la DC terminó apoyando a Trivelli, así que tampoco le cabía al PS quemar sus naves. Así las cosas, el PS inteligentemente estiró la cuerda lo más posible para obtener una buena compensación. Pero perdió una buena oportunidad para dejar establecido que las negociaciones no sirven para bajar a los candidatos encumbrados en las encuestas.
Y los radicales ... ayayay, los radicales. Cuando uno espera que se acabe de una vez por todas el espectáculo de los partidos de rifarse las comunas, el PR indignado amenza con sacarse el respirador artificial. Perdieron Traiguén y Los Muermos. Eso sí que es fatal.
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