Cortés, el MAPU y el MIR
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Junio de 2004
Francisco Javier Díaz
Antonio Cortés Terzi ha señalado que el Partido Socialista es víctima de una asonada modernizadora de parte del Mirismo-mapucismo, la cual pretende apoderarse del partido acabando con su carácter popular y nacional. Los miembros de la actual mesa directiva, Gonzalo Martner, Carlos Ominami y Jaime Gazmuri, han negado tales cargos, cuestionando la rigurosidad del análisis de Cortés y reivindicando la heterogeneidad y el pluralismo que han caracterizado al PS en toda su historia. Cortés ha replicado elegantemente diciéndoles que son unos tontos.
Nadie me invitó a esta discusión, ni tampoco tengo ganas de defender a nadie. Pero que se dé este debate ya avanzada la primera década del nuevo siglo, no deja de sorprender. Porque así como los actuales problemas de la DC no son un problema de chascones y guatones, los actuales problemas del PS no hay que buscarlos en el origen remoto de sus dirigentes. Y menos cuando el PS es una sola gran casa desde hace quince años.
El análisis de Cortés es, al menos, extemporáneo. Si alguien quisiere alegar por la injerencia de militantes de otras tiendas en el PS, debió haberlo hecho, por ejemplo, cuando decenas de ex Mapus coparon los puestos de dirección de la campaña del NO en 1988. Mientras los socialistas históricos se consumían en disputas internas a mediados de los años 80, políticos, economistas y cientistas sociales ligados principalmente al Mapu y a la vertiente renovada del PS, produjeron no sólo una gran campaña política, sino que además sentaron las bases de una alianza con el centro político que haría historia en nuestro país.
Recuperada la democracia, la legión extranjera del PS, como solía llamarla Mario Palestro, demostró una gran habilidad política para colocarse en puestos claves en parlamento y ministerios. Más de la mitad de los socialistas que han ocupado dichos cargos no ha provenido del tronco histórico.
A nivel de gabinete, de las 18 designaciones ministeriales que han recaído en militantes socialistas desde 1990, nueve han sido para militantes históricos y nueve para militantes provenientes del Mapu, IC o Mir.
De los siete senadores que ha logrado elegir el PS desde 1989, tres provinieron del tronco histórico, mientras que dos provienen del Mapu, uno de la IC y uno del Mir. Los históricos Vodanovic y Calderón, sin embargo, no lograron la reelección en 1993 y 1997, respectivamente. En la Cámara Baja, el PS ha elegido 22 diputados desde 1989 (15 han sido reelegidos en varias oportunidades), de los cuales sólo 11 pueden ser considerados históricos.
Entonces, se debió haber hablado del asalto mucho antes. Es más, no obstante lo reducida de la muestra, lo que se aprecia en los últimos años es un repunte de los históricos. En la gestión de Lagos aumentan en número y relevancia dentro del gabinete, a la vez que 8 de 11 de los actuales diputados PS pueden ser considerados históricos.
Pero el análisis de Cortés no sólo es extemporáneo, es también impreciso. ¿Existe realmente un clivaje interno dentro del PS entre históricos y extranjeros? ¿En qué se manifestarían dichas tendencias? ¿Está una más a la izquierda que la otra? ¿Qué rol jugaría aquí, por ejemplo, el añoso debate de autoflagelantes y autocomplacientes?
Si hay algo evidente en el debate público del PS hoy en día es que en su interior conviven sectores más cercanos a la izquierda y sectores más cercanos al centro; que hay diferencias en el nivel de apoyo y crítica al gobierno de Lagos; y que si bien todos abogan por un papel preponderante del Estado en la economía, hay diferencias respecto de su rol preciso. Se trata de una serie de diferencias ideológicas y programáticas de las cuales uno esperaría que el analista se hiciera cargo.
Pero Cortés prefiere realizar un análisis centrado en las personas y su militancia de origen. Y en dicho campo nuevamente falla. ¿Qué pasa, por ejemplo, con los ex militantes del PC o la IC? ¿Son también considerados extranjeros? ¿Olvida Cortés que tanto la Nueva Izquierda de Camilo Escalona como la Megatendencia de Ricardo Núñez en los años 90, si bien eran comandadas por socialistas históricos, éstos eran secundados casi exclusivamente por socialistas extranjeros?
Además, Cortés olvida que muchos de los miles de jóvenes que han ingresado al PS desde fines de los años 80, y que hoy cumplen casi 35 años, eran niños para los tiempos de la división de 1979, o adolescentes para cuando comienzan a hacer su ingreso las primeras orgánicas del Mapu en 1985. ¿De qué lado tienen que quedar estos jóvenes? ¿Del lado de los históricos?
Cortés agrega que los jóvenes socialistas de hoy provienen fundamentalmente de lazos familiares y comunitarios ligados al PS histórico. ¿No es acaso un signo de debilidad que el PS no esté convenciendo jóvenes sin este tipo vínculos?
Los errores del PS y de su dirección pasan por otro lado. Pasan por el divorcio que existe entre dirigentes públicos de alta sintonía con la gente común y corriente, como Michelle Bachelet, Montes, Letelier, Navarro, Allende, Espinoza, Carrasco o Carvajal, entre otros, y una orgánica lejana, de discurso inasible y anticuado.
La misión inmediata del PS es mostrarse como un cuerpo orgánico cohesionado, inteligente, capaz de soportar una candidatura presidencial. Pasa por honrar a sus militantes caídos, y mostrar su mejor gente a las elites y al elector. Por enorgullecerse de los militantes han llevado a cabo las más difíciles tareas de Estado en estos años. Y pasa por ofrecer a esta gente, y a sus cuadros más jóvenes, para la construcción de un programa atractivo y novedoso para la ciudadanía.
Ni el Mapu ni el Mir tienen que ver en esto. La misión del PS es construir y ofrecer futuro, y no saldar mezquinas cuentas del pasado.
Diario La Nación, Domingo 13 de Junio de 2004
Francisco Javier Díaz
Antonio Cortés Terzi ha señalado que el Partido Socialista es víctima de una asonada modernizadora de parte del Mirismo-mapucismo, la cual pretende apoderarse del partido acabando con su carácter popular y nacional. Los miembros de la actual mesa directiva, Gonzalo Martner, Carlos Ominami y Jaime Gazmuri, han negado tales cargos, cuestionando la rigurosidad del análisis de Cortés y reivindicando la heterogeneidad y el pluralismo que han caracterizado al PS en toda su historia. Cortés ha replicado elegantemente diciéndoles que son unos tontos.
Nadie me invitó a esta discusión, ni tampoco tengo ganas de defender a nadie. Pero que se dé este debate ya avanzada la primera década del nuevo siglo, no deja de sorprender. Porque así como los actuales problemas de la DC no son un problema de chascones y guatones, los actuales problemas del PS no hay que buscarlos en el origen remoto de sus dirigentes. Y menos cuando el PS es una sola gran casa desde hace quince años.
El análisis de Cortés es, al menos, extemporáneo. Si alguien quisiere alegar por la injerencia de militantes de otras tiendas en el PS, debió haberlo hecho, por ejemplo, cuando decenas de ex Mapus coparon los puestos de dirección de la campaña del NO en 1988. Mientras los socialistas históricos se consumían en disputas internas a mediados de los años 80, políticos, economistas y cientistas sociales ligados principalmente al Mapu y a la vertiente renovada del PS, produjeron no sólo una gran campaña política, sino que además sentaron las bases de una alianza con el centro político que haría historia en nuestro país.
Recuperada la democracia, la legión extranjera del PS, como solía llamarla Mario Palestro, demostró una gran habilidad política para colocarse en puestos claves en parlamento y ministerios. Más de la mitad de los socialistas que han ocupado dichos cargos no ha provenido del tronco histórico.
A nivel de gabinete, de las 18 designaciones ministeriales que han recaído en militantes socialistas desde 1990, nueve han sido para militantes históricos y nueve para militantes provenientes del Mapu, IC o Mir.
De los siete senadores que ha logrado elegir el PS desde 1989, tres provinieron del tronco histórico, mientras que dos provienen del Mapu, uno de la IC y uno del Mir. Los históricos Vodanovic y Calderón, sin embargo, no lograron la reelección en 1993 y 1997, respectivamente. En la Cámara Baja, el PS ha elegido 22 diputados desde 1989 (15 han sido reelegidos en varias oportunidades), de los cuales sólo 11 pueden ser considerados históricos.
Entonces, se debió haber hablado del asalto mucho antes. Es más, no obstante lo reducida de la muestra, lo que se aprecia en los últimos años es un repunte de los históricos. En la gestión de Lagos aumentan en número y relevancia dentro del gabinete, a la vez que 8 de 11 de los actuales diputados PS pueden ser considerados históricos.
Pero el análisis de Cortés no sólo es extemporáneo, es también impreciso. ¿Existe realmente un clivaje interno dentro del PS entre históricos y extranjeros? ¿En qué se manifestarían dichas tendencias? ¿Está una más a la izquierda que la otra? ¿Qué rol jugaría aquí, por ejemplo, el añoso debate de autoflagelantes y autocomplacientes?
Si hay algo evidente en el debate público del PS hoy en día es que en su interior conviven sectores más cercanos a la izquierda y sectores más cercanos al centro; que hay diferencias en el nivel de apoyo y crítica al gobierno de Lagos; y que si bien todos abogan por un papel preponderante del Estado en la economía, hay diferencias respecto de su rol preciso. Se trata de una serie de diferencias ideológicas y programáticas de las cuales uno esperaría que el analista se hiciera cargo.
Pero Cortés prefiere realizar un análisis centrado en las personas y su militancia de origen. Y en dicho campo nuevamente falla. ¿Qué pasa, por ejemplo, con los ex militantes del PC o la IC? ¿Son también considerados extranjeros? ¿Olvida Cortés que tanto la Nueva Izquierda de Camilo Escalona como la Megatendencia de Ricardo Núñez en los años 90, si bien eran comandadas por socialistas históricos, éstos eran secundados casi exclusivamente por socialistas extranjeros?
Además, Cortés olvida que muchos de los miles de jóvenes que han ingresado al PS desde fines de los años 80, y que hoy cumplen casi 35 años, eran niños para los tiempos de la división de 1979, o adolescentes para cuando comienzan a hacer su ingreso las primeras orgánicas del Mapu en 1985. ¿De qué lado tienen que quedar estos jóvenes? ¿Del lado de los históricos?
Cortés agrega que los jóvenes socialistas de hoy provienen fundamentalmente de lazos familiares y comunitarios ligados al PS histórico. ¿No es acaso un signo de debilidad que el PS no esté convenciendo jóvenes sin este tipo vínculos?
Los errores del PS y de su dirección pasan por otro lado. Pasan por el divorcio que existe entre dirigentes públicos de alta sintonía con la gente común y corriente, como Michelle Bachelet, Montes, Letelier, Navarro, Allende, Espinoza, Carrasco o Carvajal, entre otros, y una orgánica lejana, de discurso inasible y anticuado.
La misión inmediata del PS es mostrarse como un cuerpo orgánico cohesionado, inteligente, capaz de soportar una candidatura presidencial. Pasa por honrar a sus militantes caídos, y mostrar su mejor gente a las elites y al elector. Por enorgullecerse de los militantes han llevado a cabo las más difíciles tareas de Estado en estos años. Y pasa por ofrecer a esta gente, y a sus cuadros más jóvenes, para la construcción de un programa atractivo y novedoso para la ciudadanía.
Ni el Mapu ni el Mir tienen que ver en esto. La misión del PS es construir y ofrecer futuro, y no saldar mezquinas cuentas del pasado.
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