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Francisco Javier Díaz

Encuesta Arriba, Encuesta Abajo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación Domingo, 25 de Abril de 2004

Francisco Javier Díaz

Cada vez que aparece una encuesta política surgen distintos tipos de argumentos de parte de los aludidos por ella. Los que se han visto favorecidos argumentan que hay que escuchar a la gente. Los desfavorecidos dicen que se trata de una simple foto del momento, que las cosas cambiarán cuando comience a hacer campaña, y por supuesto, el infaltable “yo manejo otras encuestas que me dicen lo contrario”. ¿Qué hacer con la información que entregan las encuestas políticas?

Lo primero es asegurarse que la encuesta esté bien hecha. Si la muestra es regional o nacional. Si es telefónica, averiguar la cobertura telefónica del área. Mirar su ficha técnica. Fijarse en el tamaño de la muestra. Analizar con cuidado la redacción de las preguntas. Y sobre todo, entender que las encuestas no probabilísticas pueden conducir a grandes errores. Si no podemos calcular exactamente la probabilidad de cada entrevistado de haber sido seleccionado como parte de la muestra, la encuesta puede contener un error muestral insalvable.

Hay que tener presente que una encuesta bien hecha entregará información altamente precisa. Si bien existen autores que argumentan que las encuestas jamás serán precisas pues contienen un sesgo inherente al forzar a la gente a responder por temas que a ella no le interesan, lo cierto es que el debate se encuentra superado. Una encuesta seriamente realizada, probabilística en todas sus etapas, con una muestra de apenas 500 personas, puede decirnos, por ejemplo, por quién preferirían votar los santiaguinos, con un margen de error de +/- 5% para porcentajes entre 40% y 60%.

Cosa distinta es qué hacen los partidos y candidatos con la información que entregan las encuestas. Para ordenar el debate, distingamos lo que hacen y lo que debieran hacer los actores en cuesta arriba, de los actores en cuesta abajo.

Cuando yo voy en cuesta arriba, feliz, sé que voy camino a la cima. Pero no todo es así de fácil en la vida. Yo que el Partido Socialista no sacaría cuentas alegres todavía. La cima que veo a la distancia bien puede ser una planicie que me impide ver otra cima mucho mayor tras ella, o puede ser una cima baja, a la cual le sigue un precipicio. Lo bueno de las encuestas de Michelle Bachelet es que está en constante alza desde hace tiempo. Pero si su Partido no la ayuda, la cima puede escapárseles.

En este sentido, el Partido Socialista tiene que entender que a la luz de las encuestas, lo único que podemos afirmar por ahora es que la gente en su disco duro, en la carpeta de “presidentes”, abrió una sub-carpeta que se llama Michelle. Pero que esa sub-carpeta todavía está vacía, y la gente la irá llenando con las imágenes e ideas según se le transmitan. Así, por ejemplo, la imagen de Michelle en el aniversario del PS hace una semana poco ayuda: Michelle en una oscura galería del Estadio Víctor Jara, sentada entre medio de cabezas más altas que ella y que la tapaban, rodeada de caras poco conocidas y poco amistosas, todas vociferantes y puño en alto. ¿Cuesta mucho ponerla en un escenario de fondo rojo y blanco, bien iluminado?

Pero falta mucho todavía y a Michelle le puede ir incluso mejor, cuando después de las municipales comience su pre-campaña, encuesta arriba, meta segunda, acelere, y ella personalmente comunique sus ideas, simpática, firme y cariñosa, delantal blanco y estetoscopio al cuello, acogiendo de manera natural, porque es madre, a un niño entre sus brazos.

Encuesta arriba también va Soledad. Pero al parecer con una táctica distinta. Cauta, serena, a veces sin convencer si quiere realmente ser presidenta, lo que ahuyenta el apoyo de algunas elites, pero a paso seguro. Soledad comenzó a subir la cuesta hace años, y jamás ha retrocedido un paso. Se va pegadita a la berma, no acelera, pero avanza. Ya dejó atrás a Girardi, Ravinet y otros que en su momento parecían sobrepasarla. Y sigue ahí, cuesta arriba, a escasos puntos de Bachelet y Lavín. Tan escasos puntos, que la verdad es que se trata de un empate del que pocos han dado cuenta.

El PPD cuesta abajo. Caída libre. Amenaza al PS con no apoyar a Michelle Bachelet si no lo apoyan en su cruzada por Jorge Schaulsohn, al mismo tiempo que proclaman su propio candidato a la presidencia, Fernando Flores. Si hasta hace algunos años las caras viejas, las peleas y la prepotencia política eran del PS o la DC, hoy la simpatía, la frescura, los equipos nuevos son Trivelli, Alvear y Bachelet. El PPD ha tenido la particular capacidad de transformar un partido de gente “cool” como dicen los gringos, en un partido más del establishment, el que más encima no tiene juventud ni fuerza. Ya no se escucha más a la gente progre decir con orgullo “soy independiente onda PPD”.

En cuesta abajo hay que manejar con cuidado. En vez de acelerar, porque es peligroso, lo mejor es estacionar un momento, girar las ruedas hacia la cuneta, y mirar el mapa para ver cómo dar la vuelta en U, para volver a caminar hacia arriba. Con prepotencia y ceguera el PPD no va a llegar a ningún lado. Hay que escuchar a la gente. Hay que creerle a las encuestas.

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