Sebastián se llamaba
ANIMAL POLITICO
La Nación Domingo, 14 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
¿Cuántas vidas tiene Piñera? ¿Cuántas veces lo mataron? ¿Cuántas veces se murió? Y sin embargo sigue allí, en la derecha. ¿Hasta cuándo Sebastián?
¿Alguien recuerda algún otro político tan vilipendiado en su propio sector como Piñera? ¿Algún episodio más truculento que el espionaje telefónico de 1992? ¿Alguna bajada de candidatura más indigna que la del 2001 en el cerro Santa Lucía, a instancias de Longueira, Lavín, y el Almirante Arancibia? ¿Alguien, aparte de los izquierdistas, por quien Hermógenes Pérez de Arce sienta más odio que hacia Piñera?
Es difícil analizar lo que ha pasado estos últimos días, sobre todo porque existe una serie de antecedentes que sólo se irán conociendo con el correr del tiempo. No sabría decir si Allamand efectivamente traicionó a Piñera, o si a éste lo traicionó su propia ambición, al pensar que con la alambicada historia de la testigo falsa podría derribar a Lavín y re-lanzar por enésima vez su candidatura presidencial. Tampoco podría asegurar que esto no es más que una pugna soterrada entre los tres verdaderos líderes de la derecha, Longueira, Piñera y Allamand, por encabezar el sector con miras al 2010. Así es que por ahora mejor analizar a Sebastián.
No soy de los que alaban a Piñera por ser un demócrata dentro de un sector donde éstos no abundan. Mal que mal, él eligió estar de ese lado por su propia conveniencia. En el re-baraje de naipes en 1989, Piñera pudo haber optado por el camino largo y tortuoso de la DC o el PPD, pero prefirió irse a un sector donde podía ser elegido senador sin tener historia ni jinetas. Y en política los atajos se pagan.
El principal culpable en esta nueva caída de Piñera es él mismo. Por muy asqueroso que haya sido el actuar de algunos dirigentes UDI y ex-soplones de la dictadura en todo el caso post-Spiniak, Piñera debió haber entendido que Lavín estaba por sobre esta polémica. Involucrado o no (yo creo que directamente no), al candidato del sector que tiene 45% en las encuestas simplemente no se le toca.
Así, este nuevo capítulo tiene su origen en el empecinamiento del propio Piñera de torcer dos leyes de la política moderna: Primero, la política se hace con buenos equipos. Segundo, no se puede ir por la vida política dejando una estela de enemigos.
Buenos equipos. Desde la época de la patrulla juvenil de RN a comienzos de los noventa que no se ve a Piñera en equipo. Y ojo, que ese famoso grupito no alcanzó a durar un par de años, entre otras cosas, debido a la tozudez de Piñera de imponer su candidatura presidencial en un partido que jamás le perdonaría haber apoyado el NO en 1988. El gran problema de Piñera es que es muy liberal para ser pinochetista, mientras que la base de Renovación Nacional es muy pinochetista para ser liberal.
Un politólogo italiano, Angelo Panebianco, dice que para entender cabalmente los partidos políticos uno debe observar cómo fue el nacimiento de estas organizaciones. La manera como se crean los partidos da forma a lo que él denomina el modelo originario, esto es, una determinada impronta organizativa e ideológica que acompañará al partido por varias generaciones. Pues bien, hay que recordar que cuando Allamand formó RN en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional, junto a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, ex-parlamentarios de derecha, alcaldes designados, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, burócratas y asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, entre otros.
Piñera nunca entendió que en RN jamás sería capaz de formar buenos equipos, y lo que es peor, nunca hizo nada por cambiarlo. Por el contrario, la poca gente que lo apoyaba terminó rindiéndose ante su personalismo extremo y su carencia de votos, y terminó yéndose con Lavín. ¡Ni siquiera fue capaz de mantener a su lado a un tipo sensato como Antonio Horvath!
Lo segundo es que la política se trata de no dejar muchos enemigos en el camino. Pero los enemigos han sido la historia de Piñera todo el último tiempo. Por un lado, es frecuente escuchar a empresarios y abogados quejarse del agresivo estilo de hacer negocios que tiene Sebastián. Ello no tendría nada de malo si es que no se tratara de alguien que mantenía sus negocios y estilo cuando era senador o presidente del partido. Eso simplemente no se hace. Por otro lado, Piñera jamás entendió que militaba en un partido de enemigos, y que su estrategia de imposición más que convecimiento jamás llegaría a buen puerto.
Lástima por un tipo creativo e inteligente; en Chile hace falta gente inteligente. Es la voracidad de la UDI la que se lo come, es cierto, pero también su incapacidad de formar buenos equipos y su asombrosa capacidad para granjearse enemigos. Así no más quedará su historia. Sebastián se llamaba.
Fjd/
La Nación Domingo, 14 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
¿Cuántas vidas tiene Piñera? ¿Cuántas veces lo mataron? ¿Cuántas veces se murió? Y sin embargo sigue allí, en la derecha. ¿Hasta cuándo Sebastián?
¿Alguien recuerda algún otro político tan vilipendiado en su propio sector como Piñera? ¿Algún episodio más truculento que el espionaje telefónico de 1992? ¿Alguna bajada de candidatura más indigna que la del 2001 en el cerro Santa Lucía, a instancias de Longueira, Lavín, y el Almirante Arancibia? ¿Alguien, aparte de los izquierdistas, por quien Hermógenes Pérez de Arce sienta más odio que hacia Piñera?
Es difícil analizar lo que ha pasado estos últimos días, sobre todo porque existe una serie de antecedentes que sólo se irán conociendo con el correr del tiempo. No sabría decir si Allamand efectivamente traicionó a Piñera, o si a éste lo traicionó su propia ambición, al pensar que con la alambicada historia de la testigo falsa podría derribar a Lavín y re-lanzar por enésima vez su candidatura presidencial. Tampoco podría asegurar que esto no es más que una pugna soterrada entre los tres verdaderos líderes de la derecha, Longueira, Piñera y Allamand, por encabezar el sector con miras al 2010. Así es que por ahora mejor analizar a Sebastián.
No soy de los que alaban a Piñera por ser un demócrata dentro de un sector donde éstos no abundan. Mal que mal, él eligió estar de ese lado por su propia conveniencia. En el re-baraje de naipes en 1989, Piñera pudo haber optado por el camino largo y tortuoso de la DC o el PPD, pero prefirió irse a un sector donde podía ser elegido senador sin tener historia ni jinetas. Y en política los atajos se pagan.
El principal culpable en esta nueva caída de Piñera es él mismo. Por muy asqueroso que haya sido el actuar de algunos dirigentes UDI y ex-soplones de la dictadura en todo el caso post-Spiniak, Piñera debió haber entendido que Lavín estaba por sobre esta polémica. Involucrado o no (yo creo que directamente no), al candidato del sector que tiene 45% en las encuestas simplemente no se le toca.
Así, este nuevo capítulo tiene su origen en el empecinamiento del propio Piñera de torcer dos leyes de la política moderna: Primero, la política se hace con buenos equipos. Segundo, no se puede ir por la vida política dejando una estela de enemigos.
Buenos equipos. Desde la época de la patrulla juvenil de RN a comienzos de los noventa que no se ve a Piñera en equipo. Y ojo, que ese famoso grupito no alcanzó a durar un par de años, entre otras cosas, debido a la tozudez de Piñera de imponer su candidatura presidencial en un partido que jamás le perdonaría haber apoyado el NO en 1988. El gran problema de Piñera es que es muy liberal para ser pinochetista, mientras que la base de Renovación Nacional es muy pinochetista para ser liberal.
Un politólogo italiano, Angelo Panebianco, dice que para entender cabalmente los partidos políticos uno debe observar cómo fue el nacimiento de estas organizaciones. La manera como se crean los partidos da forma a lo que él denomina el modelo originario, esto es, una determinada impronta organizativa e ideológica que acompañará al partido por varias generaciones. Pues bien, hay que recordar que cuando Allamand formó RN en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional, junto a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, ex-parlamentarios de derecha, alcaldes designados, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, burócratas y asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, entre otros.
Piñera nunca entendió que en RN jamás sería capaz de formar buenos equipos, y lo que es peor, nunca hizo nada por cambiarlo. Por el contrario, la poca gente que lo apoyaba terminó rindiéndose ante su personalismo extremo y su carencia de votos, y terminó yéndose con Lavín. ¡Ni siquiera fue capaz de mantener a su lado a un tipo sensato como Antonio Horvath!
Lo segundo es que la política se trata de no dejar muchos enemigos en el camino. Pero los enemigos han sido la historia de Piñera todo el último tiempo. Por un lado, es frecuente escuchar a empresarios y abogados quejarse del agresivo estilo de hacer negocios que tiene Sebastián. Ello no tendría nada de malo si es que no se tratara de alguien que mantenía sus negocios y estilo cuando era senador o presidente del partido. Eso simplemente no se hace. Por otro lado, Piñera jamás entendió que militaba en un partido de enemigos, y que su estrategia de imposición más que convecimiento jamás llegaría a buen puerto.
Lástima por un tipo creativo e inteligente; en Chile hace falta gente inteligente. Es la voracidad de la UDI la que se lo come, es cierto, pero también su incapacidad de formar buenos equipos y su asombrosa capacidad para granjearse enemigos. Así no más quedará su historia. Sebastián se llamaba.
Fjd/
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