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Francisco Javier Díaz

El Longueirato

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 16 de Mayo de 2004

Francisco Javier Díaz

Se acaba el Longueirato. Pablo Longueira se despide de la mesa directiva de la UDI después de 20 años de ininterrumpida dirigencia. ¿Se va triunfante o perdedor? Más importante aún: como dijo su Tata, ¿misión cumplida?

Longueira es un gran político. Transformó un partido elitista y minoritario, que se conformaba con atrincherarse en su manejo privilegiado de los enclaves autoritarios de la Constitución y las ventajas que le otorgaba el sistema binominal, en una gran organización política que se atrevió a competir de verdad, y que paulatinamente atrajo mayores mayorías en todo Chile.

La derecha en general le debe mucho a Longueira. Por primera vez, dicho sector logró acabar con la vieja impronta organizacional conservadora, de cuadros aristocráticos, caudillescos y de apellidos vinosos, para, manteniendo esa impronta desde la sombra, formar un partido realmente moderno. Como dice la literatura comparada en estas materias, Longueira logró formar una estructura electoral-profesional, eficiente, tecnificada, de discurso catch-all y base popular.

Sin piedad, Longueira se deshacía de los díscolos, envíaba al ostracismo a los porfiados, domaba a los independientes, y daba las señales pertinentes al empresariado. Ordenaba sus huestes en el parlamento, a la vez que manejaba las platas de sus campañas. Durante el Longueirato, en la UDI no existía disidencia.

Así, gracias a Longueira, la derecha dejó de ser un mero sentimiento de clase y unos cuantos morlacos, para transformarse en un ordenado sector político de clara aspiración de gobierno.

La principal virtud de Longueira fue lograr la combinación mágica que se requiere en la política moderna: Un acertado olfato político, apuntalado por un efectivo uso de las modernas técnicas de manejo organizacional y marketing político. Eso es hoy la UDI, gracias a Longueira. Un partido que ha logrado construir un discurso coherente y consistente, discurso que es factible de ser llevado a edición vulgata y traspasado en breves conceptos a las bases, y que se organiza eficientemente en todo el país. Se equivocan quienes creen que la UDI es pura plata: Detrás del éxito de la UDI hay una hábil labor de reclutamiento de dirigentes intermedios, y un incesante y planificado trabajo de micro-proselitismo, comuna por comuna, barrio por barrio.

¿Triunfante o perdedor? A la luz de cómo salió, Pablo se va perdedor. Porque el golpe blanco de Lavín en marzo, cuando purgó a los presidentes de RN y la UDI, terminó afectando a Longueira. Quiérase o no, Pablo quedará como uno de los dos conflictivos de quien Lavín hubo de deshacerse, en circunstancias que todos sabemos que el único conflictivo en este cuento era Piñera. Porque la UDI será déspota e intransigente, pero no tenía conflicto alguno con Lavín.

Perdedor también se va porque vio magullado uno de los activos más preciados de todo político: el respeto de sus pares. La desafortunada reacción de Longueira ante el caso Spiniak, incluyendo sus rezos a Jaime Guzmán, hizo que la propia gente de derecha perdiera la tradicional fe que ponían en Pablo como el hombre que sabía conducir partidos. Tan poco respeto le quedó, que Lavín, De la Maza y Allamand no dudaron en sacrificarlo a él para operarse de Piñera. A un líder respetado jamás la habrían hecho eso, y Longueira lo sabe.

Así, Longueira demostró ser no sólo una efectiva combinación de intuición política y organización profesionalizada, sino que también dejó en evidencia la peculiar combinación que existe en nuestra derecha: una gran colección de demócratas autoritarios.

La reacción de la UDI ante el caso Spiniak dio muestra de ello: La prepotencia, la presión sobre la prensa, y el uso de matones y soplones. Pero todo ello no es sino reflejo de algo anterior: Longueira y la UDI se formaron políticamente sin respetar los códigos democráticos, vulnerando libertades básicas, y olvidando los derechos de sus adversarios. La derecha en Chile se ha profesionalizado, ha modernizado su actuar político, pero sigue siendo autoritaria, como Longueira. Y eso al final les pasa la cuenta.

¿Misión cumplida? Si se mira en cuanto crecimiento partidario, sin duda, Pablo logró sus objetivos. Le falta, claro, lograr la Presidencia de la República. Para ello se especula que el propio Longueira dejaría el Parlamento para apoyar la campaña presidencial de Lavín y ejercer como ministro en un eventual gobierno de derecha.

Las elecciones municipales, por ejemplo, nos dirán qué tan acertadas fueron las decenas de apuestas de Longueira en todo Chile hace cuatro años. Estos alcaldes, a su vez, servirán de excelente base para las presidenciales del 2005. Todo ello ha sido invento de Longueira.

En resumen, yo que Longueira estaría sentido con la salida, pero conforme con lo realizado. Pesado, arrogante, prepotente y autoritario, pero inteligente y eficaz. Tiene la desfachatez de dedicar su libro a los militantes UDI “perseguidos” durante la dictadura militar, pero con ese mismo libro dota de un carácter mesiánico a su organización y a su propio liderazgo. El Longueirato es una gran contradicción exitosa en política. Los demócratas autoritarios pueden ganar elecciones. Longueira perdedor, misión cumplida.

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