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Francisco Javier Díaz

Jorge o Marcelo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación Domingo, 7 de Marzo de 2004

Francisco Javier Díaz

El primer voto que emití en mi vida fue para Jorge Schaulsohn. Gran político. Liberal de izquierda, abogado de la Chile, estudios en Estados Unidos. Asertivo, culto e inteligente. Fue uno de esos diputados que se echan de menos hoy en día. Es de los que uno escucha con atención y respeto, porque siempre tiene una idea interesante que expresar. Pero la elección de alcalde de Santiago no se trata de Jorge Schaulsohn. Tampoco se trata del PPD, ni menos se trata de la Bachelet o del polo progresista. Los partidos de la Concertación tienen en que mentalizarse que la elección en Santiago se trata de, primero, ganarle al candidato de Lavín; segundo, ganarle al candidato de Lavín; y tercero, ganarle al candidato de Lavín. Y para eso hay que llevar sencillamente al mejor posicionado.

Los partidos de la Concertación deben subordinar sus intereses en aras del objetivo mayor, que es ganar la alcaldía de Santiago. Todos sabemos que estas elecciones serán la antesala de las presidenciales del 2005, donde el triunfo o la derrota de cada coalición se medirá en función de dos parámetros distintos:

Uno, a través del porcentaje de votos a nivel nacional, para lo cual se utilizará las cifras de la elección de concejales, donde todos los partidos llevan candidatos en todas las comunas de Chile. Dos, el triunfo o la derrota se medirá en función de una serie de comunas emblemáticas. Como siempre, la derecha y su prensa afín intentará imponer como emblemáticas aquellas comunas donde tiene posibilidad cierta de ganar.

Este año, sin embargo, la derecha no podrá evitar que la comuna emblemática sea aquella donde más arriesga, Santiago. Dicha elección será un verdadero plebiscito a la gestión de Joaquín Lavín como alcalde. Y para un candidato cuya principal plataforma es la eficiencia en su gestión, una derrota en su propio terreno puede resultar decisiva para sus aspiraciones presidenciales.

Veamos: Hay 146.000 inscritos aproximadamente en la comuna de Santiago, de los cuales se estima que unos 120.000 votarían válidamente en las próximas elecciones. En las municipales de 2000 Lavín obtuvo 73.088 votos (61%).

¿Cómo le ha ido a la Concertación? Sólo en tres ocasiones, y hace ya más de una década, ha sobrepasado los 70 mil votos: En 1989 (77 mil), en 1992 (73 mil), y en 1993 (76 mil). Al interior de la Concertación las cosas han estado relativamente parejas: 3 victorias para cada bloque (en 1989, 1993 y 2001 el PPD; en 1992, 1996 y 1997 la DC), sin contar la elección de 2000 cuando Marta Larraechea corrió como candidata privilegiada. En términos de performances individuales, destacan las votaciones de Ravinet en 1992 (52.830 votos) y en 1996 (55.516 votos), y la del propio Schaulsohn en 1993 (50.386 votos).

Así, se puede afirmar que Santiago no pertenece a ningún partido de la Concertación en particular. No puede hablarse de que exista una máquina de tal o cual partido que asegure la elección de sus militantes. Lo cierto es, primero, que si hay un lugar donde ganan los buenos candidatos, ése es Santiago. Segundo, si hay un lugar donde se puede decir que el comportamiento electoral de la Concertación se ha asemejado al comportamiento de un partido político, ése es también Santiago. Pepedés y demócratacristianos se alternaron las elecciones de los años 90 como si fueran de una sola tienda.

Llegamos así al tema de la definición del candidato. Como decíamos, esta elección no es acerca de Jorge Schaulsohn. Si resulta que las encuestas dicen que él es el mejor candidato, bienvenido sea. Pero si éstas indican que Trivelli lo puede hacer mejor contra Alcaíno, es deber de todo simpatizante o militante de la Concertación llamar la atención a la dirigencia de los partidos para que no caigan en lo que podría ser un error fatal.

La elección de octubre será estrecha, por lo que se debe buscar un mecanismo que logre elegir al mejor candidato para enfrentar a la derecha. Una primaria no es el mecanismo más idóneo, porque ella conlleva necesarimente un sesgo de selección. Sólo los muy interesados votan en una primaria, mientras que a la amplia mayoría de los que votan en la elección real no les interesa mucho la política. Una encuesta seriamente realizada, probabilística en todas sus etapas, con una muestra de apenas 500 personas puede entregar resultados mucho más precisos. Si resulta que ambos candidatos se encuentran a una distancia dentro del margen de error (que para porcentajes entre 40% y 60% sería de +/- 5%), de acuerdo, vayan a negociación, cachipún o primarias. Pero desechar un mecanismo de esta naturaleza no parece sensato cuando de lo que se trata es de ganarle al representante de Lavín y sus 73 mil votos.

Insisto, esta elección es acerca del mejor candidato. Que el PPD deje la polítiquería y deje de amenazar a quienes cuyo único propósito es maximizar la probabilidad de ganar una crucial elección. Jorge o Marcelo. La Concertación está primero.

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