Líder por un día
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 21 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
En política a veces se ven personas con grandes dotes de estadista que sin embargo no logran ganar elecciones. Y también hay quienes logran ganar elecciones sin tener un ápice de estadista. Líderes que pierden, e ineptos que ganan. Sin embargo, la ineptitud siempre termina por pasar la cuenta. Sea durante la campaña, sea durante el gobierno, la historia está llena de ineptos que terminaron ahogándose en su propio charco de torpezas.
La ineptitud política que ha mostrado Joaquín Lavín podría terminar ocasionando que pase a la historia como uno de los mejores candidatos que nunca llegó a ser Presidente. Porque si Lavín no llega a la presidencia será porque nunca pudo dar el crucial paso de figura de marketing, a estadista de verdad.
Lavín lo hace muy bien como candidato. Simpático, honesto y risueño, sus 3.352.199 votos en la primera vuelta presidencial de 1999 lo transforman en el cuarto personaje más votado en la historia de Chile. En términos electorales, es el derechista más exitoso de todos los tiempos. Su 47,5% en la elección de 1999 lo sitúa dentro de los top ten de los políticos en la historia del país.
Sin embargo, Lavín no proyecta imagen de estadista. Un poco por su debilidad política, un poco por su propia obsesión de publicitar hasta las ridiculeces más grandes que se le ocurren en su gestión alcaldicia, Lavín no inspira respeto. Y eso se nota aún más dentro de la Alianza por Chile. Su gente lo quiere, claro, los puede hacer ganar, pero nadie allí habla del ideario de Lavín ni de su liderazgo indiscutido. Por el contrario, se le cuida como a un niño.
El golpe blanco en la Alianza la semana pasada habría sido considerado una jugada maestra si hubiese sido realizado por algún líder de fuste. Porque la derecha se deshizo de quien lo molestaba (Piñera), y de paso sacó de escena una cara absolutamente desgastada (Longueira). Pero la operación la anunció Lavín, el apolítico. Nadie cree que a él se le haya ocurrido. Por el contrario, públicamente ha quedado pidiendo ropa prestada a un verdadero líder, Allamand, y ha hecho evidente su ineptitud en estas lides.
Lagos e Insulza, viejos zorros y grandes estadistas, han percibido la debilidad patente de Lavín, y han seguido haciéndolo jugar en la cancha que menos le acomoda, la arena política, al juego que menos sabe, el juego del liderazgo. Como en la política también influye mucho la suerte, el gobierno ha tenido con ocasión de la renuncia y renovación del directorio de Televisión Nacional, una inmejorable oportunidad para seguir exigiendo a Lavín que cumpla con el liderazgo prometido.
Por dárselas del líder que no es, Lavín ha quedado con pocas salidas en esta vuelta. Un primer escenario es que se rechace finalmente la propuesta de directorio de TVN. Si los senadores de la Concertación se cuadran con la propuesta, salvo la molestia de buscar seis nuevos nombres, el Gobierno no pierde más nada.
Lavín, en cambio, tendría que decir algo. Podria intentar tres argumentos: Uno, que no se respetó la autonomía del Senado al no consultársele previamente la nómina. Pero este argumento no sólo es poco vendedor, por lo formal, sino que enteramente falaz: Es precisamente ésta la consulta que la ley ordena. No tiene sentido oponerse a algo alegando que a uno no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad.
Dos, Lavín puede hacerse el leso y decir que fue decisión de los partidos. Pero alguien que dice tener el liderazgo para descabezar directivas, con mayor razón debiera poder ordenar a sus parlamentarios. Quien puede lo más puede lo menos.
Tres, Lavín puede argumentar que la propuesta no era de su agrado. Pero ahí tiene explicar el porqué. Y el porqué es sencillamente que hay un caballero que no es tan de derecha como él quisiera. O sea, irse por esta vía deja a Lavín como intolerante y como un político ávido de copar todas las cuotas de poder que estén a su alcance para entregárselas a sus incondicionales. Y de paso, queda como el principal acusado de ser quien politizó el famoso directorio de TVN.
El segundo escenario es que la propuesta se apruebe. Lavín entiende el daño que puede ocasionarle el rechazo, entiende que tiene que salirse del pizarrón político al que lo ha llevado la Moneda, e instruye a sus senadores para que voten a favor de la propuesta. Si así lo hace, de paso da una señal de confianza a lo que queda de la derecha liberal. Pero de rebote agranda a Allamand, cosa que no le gusta a Longueira. Y cambia incondicionales en el directorio, por tres académicos que, por muy de derecha que sean, como Vial, para tonteras no se prestan.
Si Lavín no se hubiera puesto en primera línea, esta jugada de TVN no habría pasado de ser otra pelea más de políticos donde él tomaba palco y no se desgastaba. Pero es precisamente por esa actitud de prescindencia que el lío con Piñera llegó hasta donde llegó, obligándolo a salir al ruedo en las peores condiciones, y exponiéndose como lo está haciendo ahora. Una paradoja: Por no asumir en su momento el liderazgo que le correspondía, ahora se las tiene que dar de líder. Y todos sabemos que como líder no da el ancho, ni siquiera por un día.
FJD
Diario La Nación, Domingo 21 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
En política a veces se ven personas con grandes dotes de estadista que sin embargo no logran ganar elecciones. Y también hay quienes logran ganar elecciones sin tener un ápice de estadista. Líderes que pierden, e ineptos que ganan. Sin embargo, la ineptitud siempre termina por pasar la cuenta. Sea durante la campaña, sea durante el gobierno, la historia está llena de ineptos que terminaron ahogándose en su propio charco de torpezas.
La ineptitud política que ha mostrado Joaquín Lavín podría terminar ocasionando que pase a la historia como uno de los mejores candidatos que nunca llegó a ser Presidente. Porque si Lavín no llega a la presidencia será porque nunca pudo dar el crucial paso de figura de marketing, a estadista de verdad.
Lavín lo hace muy bien como candidato. Simpático, honesto y risueño, sus 3.352.199 votos en la primera vuelta presidencial de 1999 lo transforman en el cuarto personaje más votado en la historia de Chile. En términos electorales, es el derechista más exitoso de todos los tiempos. Su 47,5% en la elección de 1999 lo sitúa dentro de los top ten de los políticos en la historia del país.
Sin embargo, Lavín no proyecta imagen de estadista. Un poco por su debilidad política, un poco por su propia obsesión de publicitar hasta las ridiculeces más grandes que se le ocurren en su gestión alcaldicia, Lavín no inspira respeto. Y eso se nota aún más dentro de la Alianza por Chile. Su gente lo quiere, claro, los puede hacer ganar, pero nadie allí habla del ideario de Lavín ni de su liderazgo indiscutido. Por el contrario, se le cuida como a un niño.
El golpe blanco en la Alianza la semana pasada habría sido considerado una jugada maestra si hubiese sido realizado por algún líder de fuste. Porque la derecha se deshizo de quien lo molestaba (Piñera), y de paso sacó de escena una cara absolutamente desgastada (Longueira). Pero la operación la anunció Lavín, el apolítico. Nadie cree que a él se le haya ocurrido. Por el contrario, públicamente ha quedado pidiendo ropa prestada a un verdadero líder, Allamand, y ha hecho evidente su ineptitud en estas lides.
Lagos e Insulza, viejos zorros y grandes estadistas, han percibido la debilidad patente de Lavín, y han seguido haciéndolo jugar en la cancha que menos le acomoda, la arena política, al juego que menos sabe, el juego del liderazgo. Como en la política también influye mucho la suerte, el gobierno ha tenido con ocasión de la renuncia y renovación del directorio de Televisión Nacional, una inmejorable oportunidad para seguir exigiendo a Lavín que cumpla con el liderazgo prometido.
Por dárselas del líder que no es, Lavín ha quedado con pocas salidas en esta vuelta. Un primer escenario es que se rechace finalmente la propuesta de directorio de TVN. Si los senadores de la Concertación se cuadran con la propuesta, salvo la molestia de buscar seis nuevos nombres, el Gobierno no pierde más nada.
Lavín, en cambio, tendría que decir algo. Podria intentar tres argumentos: Uno, que no se respetó la autonomía del Senado al no consultársele previamente la nómina. Pero este argumento no sólo es poco vendedor, por lo formal, sino que enteramente falaz: Es precisamente ésta la consulta que la ley ordena. No tiene sentido oponerse a algo alegando que a uno no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad.
Dos, Lavín puede hacerse el leso y decir que fue decisión de los partidos. Pero alguien que dice tener el liderazgo para descabezar directivas, con mayor razón debiera poder ordenar a sus parlamentarios. Quien puede lo más puede lo menos.
Tres, Lavín puede argumentar que la propuesta no era de su agrado. Pero ahí tiene explicar el porqué. Y el porqué es sencillamente que hay un caballero que no es tan de derecha como él quisiera. O sea, irse por esta vía deja a Lavín como intolerante y como un político ávido de copar todas las cuotas de poder que estén a su alcance para entregárselas a sus incondicionales. Y de paso, queda como el principal acusado de ser quien politizó el famoso directorio de TVN.
El segundo escenario es que la propuesta se apruebe. Lavín entiende el daño que puede ocasionarle el rechazo, entiende que tiene que salirse del pizarrón político al que lo ha llevado la Moneda, e instruye a sus senadores para que voten a favor de la propuesta. Si así lo hace, de paso da una señal de confianza a lo que queda de la derecha liberal. Pero de rebote agranda a Allamand, cosa que no le gusta a Longueira. Y cambia incondicionales en el directorio, por tres académicos que, por muy de derecha que sean, como Vial, para tonteras no se prestan.
Si Lavín no se hubiera puesto en primera línea, esta jugada de TVN no habría pasado de ser otra pelea más de políticos donde él tomaba palco y no se desgastaba. Pero es precisamente por esa actitud de prescindencia que el lío con Piñera llegó hasta donde llegó, obligándolo a salir al ruedo en las peores condiciones, y exponiéndose como lo está haciendo ahora. Una paradoja: Por no asumir en su momento el liderazgo que le correspondía, ahora se las tiene que dar de líder. Y todos sabemos que como líder no da el ancho, ni siquiera por un día.
FJD
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