Soledad, Té o Café
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Febrero de 2004
Francisco Javier Díaz
Hay personas que no se deciden. O sea, de decidirse, se deciden, pero es tal su indecisión, que uno nunca sabe bien qué deciden. Como dice una buena amiga, personas a las que uno les pregunta ¿té o café?, y responden un tecito ... o un cafecito también. Al final, lo único que logran es que cuando nos vienen a visitar a nuestra casa uno ya ni se fija si tiene té o café en la despensa. Como ellos no se deciden, no generan compromiso en los demás. En materia política, algo así le pasó a Hernán Buchi en 1989. Y asi le puede pasar, me temo, a Soledad Alvear.
Siguiendo con la revisión de candidatos presidenciales que Animal Político ha estado realizando en las últimas semanas, debo confesar que Soledad Alvear emerge casi como una de las mejores, sino la mejor candidata. Inteligente, responsable, sobria, y con un gran arraigo en la gente. Las encuestas vienen diciendo desde hace tiempo que ella es mucho más que la Democracia Cristiana. Llega a la clase media, a las mujeres, a las madres, al centro político y a casi todos los concertacionistas sin mayores problemas. Bien preparada, ha demostrado una incuestionable capacidad de gobierno en su paso por dos difíciles ministerios. Firme cuando era duramente criticada a comienzos de su gestión en Cancillería; cercana y creíble cuando fue justamente alabada. Y sobre todo, sencilla, como debe ser el candidato de la centroizquierda.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Soledad todavía no prende como la candidata. Pese a sus méritos, y a haberse mantenido como única esperanza para competir contra Lavín durante un buen tiempo antes de que emergiera Michelle Bachelet o Eduardo Frei, Soledad no ha logrado consolidarse. No ha generado compromiso. Se sabe que es popular, pero no se sabe quién la apoya.
¿Qué detiene a Soledad Alvear? Se han dado tres explicaciones básicas. La primera dice que ella no se animaría a competir con Eduardo Frei en una interna de la DC. Y ella, erradamente, ha dado tal impresión en algunas entrevistas.
La segunda explicación dice relación con su rol en el gobierno. Soledad estaría acatando alguna supuesta instrucción de la Moneda de no iniciar carreras presidenciales dentro del gabinete. Pero la verdad, no veo cómo podría afectarle a ella, o al gobierno, el reconocimiento de sus aspiraciones. Un simple me la creo, estoy dispuesta, y puedo hacerlo, sumado a un por ahora tengo que responder al Presidente Lagos, porque para eso nos eligió la gente, daría cuerpo y alma a su candidatura, y serviría para allegarle apoyos y compromisos. Porque si dijimos que a Frei le sobra elite y le falta pueblo, Soledad no puede pretender llegar a la Moneda sobre la sola base de las encuestas.
Una tercera explicación es que Soledad simplemente no se ha decidido. Y eso sería lo más grave. Como se ha dicho, ella todavía no logra afianzar compromisos ni lealtades. Ahí un gran problema: mucha gente le ha sido infiel. En la DC, cuando cundía la desesperanza tras las malas conducciones de directivas pasadas, Soledad era la única aclamada. Ahora que las cosas se ven un poco mejor, muchos se van a la primera de cambio con Frei, Ravinet o Zaldívar. Lo mismo pasa en la izquierda: mientras socialistas y pepedés se pronunciaban en privado y hasta en público por ella, Soledad no se daba por aludida. Michelle Bachelet acabó fácilmente con el sueño de una candidatura transversal, pues Soledad nunca dio señal de nada.
A estas alturas Soledad podría decir que si con esta estrategia le ha ido bien, no hay necesidad de cambiar. Tiene algo de razón. La gente muchas veces no percibe adecuadamente la delgada línea que separa convicción y liderazgo con ambición desmedida. Y en esta vuelta los políticos percibidos como ambiciosos no tienen mucha cabida. Con todo, Soledad podría estar mucho mejor, y no allí donde está, en lo alto, pero estancada. De partida, podría tener a parte importante del PDC tras suyo, trabajando, moviéndose, aglutinando camaradas. Pareciera que ella no se ha dado cuenta que para ser candidato a la presidencia se requieren grandes equipos, líderes partidarios y de base, profesionales, intelectuales. Un número importante de gente que se la juegue por uno, y que crea sinceramente que uno no sólo puede ganar la elección, sino que la pelea es de aquellas que merecen ser dada. Nadie se la juega por un ex-ministro, por exitoso que éste haya sido. La gente se la juega por líderes y por discursos que convoquen y valgan la pena.
En resumen, la diplomacia y lo políticamente correcto sirven para no perder votos, pero no para emprender una cruzada. De esto último es de lo que tiene que convencer Soledad. Que tiene la capacidad, los equipos, y sobre todo, que tiene las ganas. Atrévase Soledad. Café negro, cargado, sin azúcar. Al que le gusta lo toma; el que no, se queda sin nada.
Diario La Nación, Domingo 29 de Febrero de 2004
Francisco Javier Díaz
Hay personas que no se deciden. O sea, de decidirse, se deciden, pero es tal su indecisión, que uno nunca sabe bien qué deciden. Como dice una buena amiga, personas a las que uno les pregunta ¿té o café?, y responden un tecito ... o un cafecito también. Al final, lo único que logran es que cuando nos vienen a visitar a nuestra casa uno ya ni se fija si tiene té o café en la despensa. Como ellos no se deciden, no generan compromiso en los demás. En materia política, algo así le pasó a Hernán Buchi en 1989. Y asi le puede pasar, me temo, a Soledad Alvear.
Siguiendo con la revisión de candidatos presidenciales que Animal Político ha estado realizando en las últimas semanas, debo confesar que Soledad Alvear emerge casi como una de las mejores, sino la mejor candidata. Inteligente, responsable, sobria, y con un gran arraigo en la gente. Las encuestas vienen diciendo desde hace tiempo que ella es mucho más que la Democracia Cristiana. Llega a la clase media, a las mujeres, a las madres, al centro político y a casi todos los concertacionistas sin mayores problemas. Bien preparada, ha demostrado una incuestionable capacidad de gobierno en su paso por dos difíciles ministerios. Firme cuando era duramente criticada a comienzos de su gestión en Cancillería; cercana y creíble cuando fue justamente alabada. Y sobre todo, sencilla, como debe ser el candidato de la centroizquierda.
Pero no todo es miel sobre hojuelas. Soledad todavía no prende como la candidata. Pese a sus méritos, y a haberse mantenido como única esperanza para competir contra Lavín durante un buen tiempo antes de que emergiera Michelle Bachelet o Eduardo Frei, Soledad no ha logrado consolidarse. No ha generado compromiso. Se sabe que es popular, pero no se sabe quién la apoya.
¿Qué detiene a Soledad Alvear? Se han dado tres explicaciones básicas. La primera dice que ella no se animaría a competir con Eduardo Frei en una interna de la DC. Y ella, erradamente, ha dado tal impresión en algunas entrevistas.
La segunda explicación dice relación con su rol en el gobierno. Soledad estaría acatando alguna supuesta instrucción de la Moneda de no iniciar carreras presidenciales dentro del gabinete. Pero la verdad, no veo cómo podría afectarle a ella, o al gobierno, el reconocimiento de sus aspiraciones. Un simple me la creo, estoy dispuesta, y puedo hacerlo, sumado a un por ahora tengo que responder al Presidente Lagos, porque para eso nos eligió la gente, daría cuerpo y alma a su candidatura, y serviría para allegarle apoyos y compromisos. Porque si dijimos que a Frei le sobra elite y le falta pueblo, Soledad no puede pretender llegar a la Moneda sobre la sola base de las encuestas.
Una tercera explicación es que Soledad simplemente no se ha decidido. Y eso sería lo más grave. Como se ha dicho, ella todavía no logra afianzar compromisos ni lealtades. Ahí un gran problema: mucha gente le ha sido infiel. En la DC, cuando cundía la desesperanza tras las malas conducciones de directivas pasadas, Soledad era la única aclamada. Ahora que las cosas se ven un poco mejor, muchos se van a la primera de cambio con Frei, Ravinet o Zaldívar. Lo mismo pasa en la izquierda: mientras socialistas y pepedés se pronunciaban en privado y hasta en público por ella, Soledad no se daba por aludida. Michelle Bachelet acabó fácilmente con el sueño de una candidatura transversal, pues Soledad nunca dio señal de nada.
A estas alturas Soledad podría decir que si con esta estrategia le ha ido bien, no hay necesidad de cambiar. Tiene algo de razón. La gente muchas veces no percibe adecuadamente la delgada línea que separa convicción y liderazgo con ambición desmedida. Y en esta vuelta los políticos percibidos como ambiciosos no tienen mucha cabida. Con todo, Soledad podría estar mucho mejor, y no allí donde está, en lo alto, pero estancada. De partida, podría tener a parte importante del PDC tras suyo, trabajando, moviéndose, aglutinando camaradas. Pareciera que ella no se ha dado cuenta que para ser candidato a la presidencia se requieren grandes equipos, líderes partidarios y de base, profesionales, intelectuales. Un número importante de gente que se la juegue por uno, y que crea sinceramente que uno no sólo puede ganar la elección, sino que la pelea es de aquellas que merecen ser dada. Nadie se la juega por un ex-ministro, por exitoso que éste haya sido. La gente se la juega por líderes y por discursos que convoquen y valgan la pena.
En resumen, la diplomacia y lo políticamente correcto sirven para no perder votos, pero no para emprender una cruzada. De esto último es de lo que tiene que convencer Soledad. Que tiene la capacidad, los equipos, y sobre todo, que tiene las ganas. Atrévase Soledad. Café negro, cargado, sin azúcar. Al que le gusta lo toma; el que no, se queda sin nada.
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