¿Mano Dura?
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 28 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
Dos recientes episodios (la decisión de enviar tropas a Haití, y la nómina de directores de TVN) han colocado en la discusión pública el tema de la relación del ejecutivo con el parlamento y con los partidos políticos. Han surgido distintas voces indicando que las decisiones adoptadas por La Moneda han sido inconsultas y que denotan un estilo de gobierno autoritario. Pero, ¿es realmente autoritario el estilo de gobernar de Ricardo Lagos? Y si lo fuera, ¿sería culpa del que manda, o culpa del que se deja mandonear?
Hay que hacer una prevención inicial: lo de Haití y lo de TVN son cosas distintas, y el sólo hecho de que sean colocadas en un mismo plano denota un sesgo en el análisis. No es lo mismo tener que decidir en un par de horas acerca de una solicitud urgente de ayuda militar al amparo de las Naciones Unidas, que armar una nómina de miembros para el directorio de una empresa estatal. Si la decisión de enviar tropas era en extremo aberrante, el Senado podría no haberla autorizado y punto. Lo de TVN, en cambio, sirve para ilustrar de mejor manera el punto en cuestión.
Los senadores se atrincheran. El Senado no es un buzón, dicen a coro. Pero olvidan que la representatividad democrática de dicha instancia deja mucho que desear. Diez senadores no han sido elegidos por la ciudadanía, mientras que otros tres (de derecha) fueron designados a dedo por sus partidos, al no llevar competencia al interior de sus listas. O sea, 27% de los miembros del Senado no fue elegido en una elección verdaderamente competitiva e incierta, como deben ser las elecciones en democracia, sea porque fueron designados, sea porque no enfrentaron competencia en su elección.
Todo eso sin siquiera considerar la mala proporción que existe en el Senado, donde una región pequeña elige el mismo número de senadores que otra circunscripción que posee un número de votantes 30 veces mayor. Pero el tema de la representatividad del Senado chileno pareciera ser como el tiempo en invierno: Todos sabemos que es malo, pero nadie cree que se pueda hacer algo por cambiarlo.
Los partidos alegan. No se nos consulta, dicen dolidos. Aquí hay que distinguir entre gobierno y oposición. Los partidos de gobierno reclaman mayor participación en las decisiones del ejecutivo, pero cuando surgen problemas en la negociación municipal lo primero que proponen es que el Presidente dirima la diferencia. Y todos, sin excepción, se cuelgan de la popularidad presidencial al momento de las elecciones. O sea, cuando hay que ganar, Lagos solo; cuando hay que repartir, entre todos veremos.
Siempre he dicho que la gente espera de los partidos de gobierno dos cosas: En público, lealtad absoluta. En privado, entre camaradas, fuerte y despiadada crítica constructiva. Pero no al revés: Obsecuencia privada para ir a pedirle un cargo, y crítica pública para ganar una fácil simpatía.
Los partidos de oposición reclaman que el Presidente al cual atacan todos los días no los considera. Pero lo que quieren, en el fondo, es ejercer su capacidad de veto de manera escondida, en negociaciones secretas con el ejecutivo, en vez de manifestar públicamente sus puntos de vista. En el caso de TVN la situación no puede ser más ridícula: La derecha se opone a la lista de nombres presentada por el ejecutivo alegando que no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad. Lo más trágico es que no hay nadie con quien hablar. ¿Debe negociar el ejecutivo con los jefes de partido a quienes Lavín puede remover en cualquier momento? ¿O con Lavín, que ahora niega ser el jefe político de la oposición?
Entonces, pareciera que Senado y partidos se dejan mandonear. El Senado apenas representa, y los partidos no se hacen respetar. Ninguno aborda sus claras y evidentes falencias. La ciudadanía tiene mala percepción de parlamentarios y partidos, y ellos no hacen nada por mejorar. De allí la incómoda situación en que quedan cada vez que el Presidente apela a la opinión pública antes de consultarles. Porque saben que, en público, no tienen cómo ganar. De puntete no vale diría un niño taimado después de recibir un gol en una pichanga. Pero todos sabemos que esos goles sí valen, y que no hay nada que alegar.
Lo central de todo este asunto es: ¿Cómo puede ser considerado autoritario un gobernante que respeta todos y cada uno de los mecanismos de consulta de sus decisiones que establece la ley, y que los trata de hacer valer sin vetos ni amenazas? Porque, ¿cuándo podría un presidente no ser considerado autoritario? ¿Sólo cuando cede parte de su facultad de propuesta y credibilidad personal?
Autoritario es el círculo de Lavín, que le molesta el presidente de un partido y nada de cuentos, pum, pum, dos balazos en la nuca, y se acabó. No se puede decir que un presidente es autoritario cuando aprovecha su propia popularidad para hacer que el parlamento o los partidos se pronuncien públicamente respecto de las posturas que a él le interesan. Eso es simplemente el juego del poder.
No hay que confundir ejercer el liderazgo con ser autoritario. Lagos será mal genio, pero autoritario no es. Dejemos ese calificativo para el campeón, Augusto Pinochet.
fjd
Diario La Nación, Domingo 28 de Marzo de 2004
Francisco Javier Díaz
Dos recientes episodios (la decisión de enviar tropas a Haití, y la nómina de directores de TVN) han colocado en la discusión pública el tema de la relación del ejecutivo con el parlamento y con los partidos políticos. Han surgido distintas voces indicando que las decisiones adoptadas por La Moneda han sido inconsultas y que denotan un estilo de gobierno autoritario. Pero, ¿es realmente autoritario el estilo de gobernar de Ricardo Lagos? Y si lo fuera, ¿sería culpa del que manda, o culpa del que se deja mandonear?
Hay que hacer una prevención inicial: lo de Haití y lo de TVN son cosas distintas, y el sólo hecho de que sean colocadas en un mismo plano denota un sesgo en el análisis. No es lo mismo tener que decidir en un par de horas acerca de una solicitud urgente de ayuda militar al amparo de las Naciones Unidas, que armar una nómina de miembros para el directorio de una empresa estatal. Si la decisión de enviar tropas era en extremo aberrante, el Senado podría no haberla autorizado y punto. Lo de TVN, en cambio, sirve para ilustrar de mejor manera el punto en cuestión.
Los senadores se atrincheran. El Senado no es un buzón, dicen a coro. Pero olvidan que la representatividad democrática de dicha instancia deja mucho que desear. Diez senadores no han sido elegidos por la ciudadanía, mientras que otros tres (de derecha) fueron designados a dedo por sus partidos, al no llevar competencia al interior de sus listas. O sea, 27% de los miembros del Senado no fue elegido en una elección verdaderamente competitiva e incierta, como deben ser las elecciones en democracia, sea porque fueron designados, sea porque no enfrentaron competencia en su elección.
Todo eso sin siquiera considerar la mala proporción que existe en el Senado, donde una región pequeña elige el mismo número de senadores que otra circunscripción que posee un número de votantes 30 veces mayor. Pero el tema de la representatividad del Senado chileno pareciera ser como el tiempo en invierno: Todos sabemos que es malo, pero nadie cree que se pueda hacer algo por cambiarlo.
Los partidos alegan. No se nos consulta, dicen dolidos. Aquí hay que distinguir entre gobierno y oposición. Los partidos de gobierno reclaman mayor participación en las decisiones del ejecutivo, pero cuando surgen problemas en la negociación municipal lo primero que proponen es que el Presidente dirima la diferencia. Y todos, sin excepción, se cuelgan de la popularidad presidencial al momento de las elecciones. O sea, cuando hay que ganar, Lagos solo; cuando hay que repartir, entre todos veremos.
Siempre he dicho que la gente espera de los partidos de gobierno dos cosas: En público, lealtad absoluta. En privado, entre camaradas, fuerte y despiadada crítica constructiva. Pero no al revés: Obsecuencia privada para ir a pedirle un cargo, y crítica pública para ganar una fácil simpatía.
Los partidos de oposición reclaman que el Presidente al cual atacan todos los días no los considera. Pero lo que quieren, en el fondo, es ejercer su capacidad de veto de manera escondida, en negociaciones secretas con el ejecutivo, en vez de manifestar públicamente sus puntos de vista. En el caso de TVN la situación no puede ser más ridícula: La derecha se opone a la lista de nombres presentada por el ejecutivo alegando que no le dieron la oportunidad de oponerse con anterioridad. Lo más trágico es que no hay nadie con quien hablar. ¿Debe negociar el ejecutivo con los jefes de partido a quienes Lavín puede remover en cualquier momento? ¿O con Lavín, que ahora niega ser el jefe político de la oposición?
Entonces, pareciera que Senado y partidos se dejan mandonear. El Senado apenas representa, y los partidos no se hacen respetar. Ninguno aborda sus claras y evidentes falencias. La ciudadanía tiene mala percepción de parlamentarios y partidos, y ellos no hacen nada por mejorar. De allí la incómoda situación en que quedan cada vez que el Presidente apela a la opinión pública antes de consultarles. Porque saben que, en público, no tienen cómo ganar. De puntete no vale diría un niño taimado después de recibir un gol en una pichanga. Pero todos sabemos que esos goles sí valen, y que no hay nada que alegar.
Lo central de todo este asunto es: ¿Cómo puede ser considerado autoritario un gobernante que respeta todos y cada uno de los mecanismos de consulta de sus decisiones que establece la ley, y que los trata de hacer valer sin vetos ni amenazas? Porque, ¿cuándo podría un presidente no ser considerado autoritario? ¿Sólo cuando cede parte de su facultad de propuesta y credibilidad personal?
Autoritario es el círculo de Lavín, que le molesta el presidente de un partido y nada de cuentos, pum, pum, dos balazos en la nuca, y se acabó. No se puede decir que un presidente es autoritario cuando aprovecha su propia popularidad para hacer que el parlamento o los partidos se pronuncien públicamente respecto de las posturas que a él le interesan. Eso es simplemente el juego del poder.
No hay que confundir ejercer el liderazgo con ser autoritario. Lagos será mal genio, pero autoritario no es. Dejemos ese calificativo para el campeón, Augusto Pinochet.
fjd
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