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Francisco Javier Díaz

Joaquín, Amigo

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 22 de Febrero de 2004

Francisco Javier Díaz

A mediados de 1999, mientras la Concertación se reponía del esfuerzo de las primarias de mayo de ese ano, y mientras Lagos se dedicaba a recomponer la amistad cívica con una confundida Democracia Cristiana tras la derrota, Joaquín Lavín recorría Chile y se aduenaba de la idea del “cambio”. A comienzos de 2004, mientras la Concertación discute si el slogan de un afiche (el que seguramente muy poca gente verá) debe decir porqué ellas sí, o porqué ellas no, Joaquín Lavín ya tiene equipo de campana, dinero, profesionales, ha ampliado su base política, y lo más importante, ha definido su objetivo: ganar en las clases populares. Qué combinación de paradojas. Conservadores por el cambio, los ricos por los pobres. Joaquín, amigo, el pueblo está contigo.

¿Lo ha hecho bien o lo ha hecho mal Joaquín Lavín en su espera de seis anos para ser candidato nuevamente? Lo primero es analizar con qué capital comienza: El gran capital político de Lavín es que se trata de un tipo simpático, que transmite honestidad y preocupación verdadera por la gente. A uno le podrán reventar las leseras que hace, pero su imagen sigue ahí, intacta. Algunos dirán que ni él ni su partido gozan de credenciales democráticas, pero para el común de la gente Lavín viene participando en cuanta elección hay desde hace quince anos, y simplemente no conciben que él quisiera llegar al poder de otra manera que no fuera la vía de los votos. En resumen, Lavín es un gran candidato.

Lo segundo es analizar el contexto en que le ha tocado moverse estos anos. Porque el contexto de Lavín 2005 es muy distinto al de Lavín 1999. El de aquel entonces era todo promesa; el de ahora ha tenido que demostrar que es el líder de poco menos de la mitad de los chilenos. Y no lo ha hecho. A veces pareciera que Lavín hubiera preferido pararse en una esquina cualquiera y hacer hora para volver a ser candidato a la Presidencia.

Partió bien el ano 2000, ofreciendo colaboración al gobierno, pero sin arruinarle la popularidad de los primeros meses. Gran campana en Santiago (y gran concepto, “Lavín 24 horas”), donde obtuvo un importante 60% y se situó, por un instante, a un nivel levemente inferior al del propio Lagos. Pero ya al poco tiempo, la carencia de estatura política suficiente para ponerse al lado de un estadista como Lagos hizo que Lavín nunca se pudiera consolidar como quien “debió haber sido Presidente”, y tuvo que asumir un rol absolutamente secundario. Nunca fue como Lagos en los noventa, un verdadero referente para sus partidarios. No. Lavín se quedó como el amigo alcalde y candidato profesional, que más encima se tragó el anzuelo más evidente que político alguno se haya tragado en la política chilena: Trivelli le habló en su lenguaje, y Lavín salió a jugar a las paletas. Además, nadie con un mínimo de vergüenza intelectual podría afirmar que su gestión como alcalde ha sido buena. Lavín ahora en marzo va a tener que hacer gala de su mejor sonrisa para explicar porqué no se atrevió a ser candidato por Santiago.

Lo tercero es analizar cómo se encuentra para una nueva campana presidencial. Porque no hay que enganarse en esto: si bien estos anos no han sido del todo buenos para Lavín, su situación dista mucho de ser dramática. Y Lavín tiene mucho avanzado. De partida, tiene un excelente equipo de campana ya montado. Los famosos “samurai” son de lo más talentoso que se ha visto en la política chilena desde el comité creativo de la campana del NO. Se trata de un equipo compacto, cohesionado, y lo más importante, respetado por los partidos. Y además, son tipos que saben donde está la plata. Lo segundo importante es que Lavín terminó por conquistar a la derecha liberal con el ingreso de Allamand a su equipo. Porque es cierto: otro gallo habría cantado en 1999 si Lavín se hubiera atrevido a colocar a Allamand como jefe de campana para la segunda vuelta. Ahora lo tiene ahí, amarrado. Con Pinera defendiendo a Tompkins y a Pía Guzmán, Allamand emerge como el referente de mayor credibilidad entre sus pares de la derecha menos conservadora, y como la mejor puerta hacia el centro político.

Lavín y la UDI han sido maestros en cambiar los roles en la política chilena. Cuesta explicar que el “cambio” lo representan los conservadores. Cuesta explicar que la UDI se haya metido al tema de los detenidos desaparecidos. Cuesta explicar que la primera página del libro de Longueira esté dedicada a “los perseguidos” durante el régimen militar. Y ahora Lavín aspira a ser el verdadero amigo del pueblo. La Concertación tiene que entender que no escoger su candidato ahora no es sinónimo de no trabajar para el 2005. No tienen ni equipos, ni programa, ni siquiera mecanismo para definir el abanderado. De sólo imaginar a la gente gritándolo, me da un pánico que ni les digo: Lavín, amigo, el pueblo está contigo.

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