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15/08/2004

Caiga ... quien ... ¿Caiga?

ANIMAL POLITICO
Revista Plan B, 24 de Agosto de 2003

Francisco Javier Diaz

No puede ser. Resulta que ahora los unicos responsables de la dictadura militar que goberno durante 16 anos y medio en Chile son Carlos Altamirano, por un lado, y un grupo de oficiales de ejercito de menor rango que son defendidos por Hermogenes Perez de Arce. El resto, blancas palomas presas de sus circunstancias, que ahora en actos de contriccion extrema dicen hacer suyo el dolor de los que sufrieron, alegan ignorancia, y prometen nunca mas. Y que se juzgue a los que haya que juzgar, menos a Pinochet. Curioso caiga quien caiga. Que sean pocos y ojala rascas, pero que caigan.

Nos ha tomado 30 anos para ponernos a hablar del golpe militar. Es mas, a importantes sectores de derecha de este pais les ha costado 30 anos llamar golpe al golpe. Eso es una pequena muestra no solo de lo eufemisticos que hemos sido como sociedad, si no que de ese persistente animo de acallar las cosas, de minimizar nuestras faltas, de hacernos los tontos, y de esconder nuestra vergüenza. Porque es cierto: da mucha vergüenza admitir que cientos de oficiales y sub oficiales de nuestras fuerzas armadas, asi como cientos de funcionarios de nuestro aparato publico, a cuenta del erario de todos los chilenos, se prestaron para montar una industria de tortura y muerte. Asi de claro: una industria de terror. Movilizaban recursos, ordenaban personal, manejaban flujos de caja, administraban bienes y recintos del Estado. Pagaban cuentas de luz, agua, echaban bencina, rendian cuenta, enviaban sus oficios a Contraloria. Nuestro Estado mataba y torturaba.

Y aquí estamos. Estamos a treinta anos del golpe y todavia hay gente en la Democracia Cristiana que se complica y saca cuentas menores con su rol en este proceso historico. En breve: la mayoria de la DC apoyo (no alento, ni instigo, ni trabajo para, simplemente apoyo) el golpe militar, y de hecho, penso que los militares les entregarian el poder prontamente. A muy poco andar rectificaron su apreciacion y se transformaron en decidida oposicion, incluso a riesgo de sus propias vidas. Es acaso tan terrible la historia como para que se sigan complicando tanto? Ojala todos fueran tan magistralmente dignos como Patricio Aylwin, principal orador en el funeral de Allende en 1990. “Me opuse tenazmente a la UP, pero, uno, Allende era un democrata, y dos, nada justifica los horrores del gobierno militar”. Es muy dificil reconocer eso, sobre todo si desde hace 13 anos que se gobierna precisamente con los sobrevivientes de la matanza? Parece que hay gente en la DC que todavia desea su propio caiga quien caiga: la izquierda por revolucionaria y la derecha por golpista. Pero ellos no. Incluso despues de tres decadas, no.

Estamos a treinta anos del golpe y la izquierda aun no lo puede dejar atrás. Treinta anos, ¡es muchisimo tiempo! Yo ya estoy viejo y ni siquiera habia nacido cuando Allende ya era presidente de Chile, ¿se supone que me tengo que preocupar toda mi vida politica de eso? Es cierto: la memoria hay que cuidarla. Creo en los partidos politicos y creo que la memoria en estos es imprescindible para generar espacios de comunidad e identidad. Y siento un profundo respeto por los caidos. Pero no solo no hay manana sin ayer, tampoco hay manana con puro ayer. Y ese ayer no era tan glorioso como muchas veces lo pinta la izquierda. Al menos parte importante de ella ha reconocido sus culpas.

Estamos a treinta anos del golpe y la derecha deja caer a cualquiera que no importe mucho. La UDI juega a los adolescentes, RN no existe. Mientras que por debajo, intensas negociaciones para que caigan los mas feos, los mas malos y los mas rascas. Cheyre y Longueira, paso al lado. Caen solo los que se engolosinaron demas y que tenian ambiciones politicas. Pero los que planearon, los que ocultaron, los que protegieron, los que sabian, muchos de ellos hoy en la UDI como blancas palomas, nada. Ellos no caen. Hasta Pinochet se hace el loco para no caer. Nuevamente don Patricio Aylwin nos interpreta: “No puedo concebir que Pinochet no supiera”.

A la larga, este sera un juicio historico, muy cercano al hombre de la calle, que simplemente sabe, porque lo vio, que la derecha militar y politica fue la responsable de la industria de tortura y muerte de la dictadura. Me quedo con lo que piensa el chileno medio, como seneramente lo dijo Ivan Zamorano, en una entrevista cuando jugaba en el Sevilla de Espana, a comienzos de los noventa: “¿Ivan, qué es para usted Allende? Democracia. ¿Y Pinochet? No democracia.” Asi de simple. Caiga quien caiga.

FJD
15/08/2004 20:44 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

La Concertación es Tuya

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 17 de Noviembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

El gran Vladimir Illich Ulianov, Lenin, se preguntaba en 1902: ¿Qué hacer? Creo que esa es la misma pregunta que debe estar rondando en La Moneda y en los partidos de la Concertación estos días. Para ayudarlos un poco en su tarea, intentaré dar algunas luces al respecto, partiendo de una premisa arriesgada para un analista: la Concertación puede ganar en el 2005. Lean estos cinco puntos y háganme caso.

Primero, hay que tener en consideración algo fundamental: el “caso coimas” no se ha dado en un conjunto vacío. Se da un contexto de extrema fragilidad de instituciones que parecían incólumes y robustas, por sobre el bien y el mal. Se da cuando se sorprende a dos sacerdotes en conductas pedofílicas y homosexuales. Cuando hay militares que venden armas a narcotraficantes. Cuando en Aysén un grupo de bandoleros mata a una decena de cabros, mientras se realizan fuertes acusaciones de complicidades entre diversas autoridades y donde todos recordamos la extraña foto de un juez pilucho, drogado, acostado en una cama con sábanas de seda, acompañado de sospechosas damiselas. O sea, todo digno de la más sórdida trama gansteril.

Todo lo anterior en un contexto de prensa libre, aguda y sarcástica, como nunca antes se había visto. Interesada y parcial muchas veces, pero al menos abierta e irreverente con la autoridad --no así con algunos grupos económicos, pero en fin. Y con ciudadanos cada vez más exigentes y ávidos de información.

Parafraseando a Anthony Giddens, el gran sociólogo de la globalización y director de London School of Economics, es difícil pensar que hoy en día se den más prácticas corruptas que antes. Lo que pasa es que hoy en día éstas se conocen y valoran negativamente. Y no es un mero tema de que, por ejemplo, en dictadura no se supieran estas cosas, si no que también hay un fenómeno de ciudadanía menos dócil, más inquieta y más exigente con sus autoridades y sus impuestos. O parafraseando a ese otro gran filósofo, Yerko Puchento: ¿alguien cree que el padre Tato es el primer cura frescolín? Claro que no. Por tanto, yo enfatizaría la confianza en la gente honesta que compone las instituciones.

Segundo, el mundo ha cambiado. Durante los últimos trece años hemos vivido en una “pax romana” inusual, sin guerra fría, ni potencias, ni problemas. Un solo campeón que manda y que nos daba seguridad. En cosa de meses se derrumbó este castillo de naipes y los chilenos fueron testigos de los episodios más traumáticos que presenciarán en sus vidas. Cayeron las torres, se desplomó Argentina, bombardeos, saqueos, robos. Ayer o anteayer, ver a niñitos transandinos morir de hambre en Tucumán causa impacto en todo Chile. Bush irá a la guerra, su gente lo aplaude. En Latinoamérica, nadie respeta a sus gobernantes, salvo Lula o Lagos. Por tanto, yo enfatizaría la protección y la seguridad.

Tercero, está demostrado que los escándalos éticos no afectan a los honestos. La gente le cree a Lagos, sabe que es honesto y que está decidido a combatir la corrupción. La gente le creerá cuando él designe a su sucesor, también honesto. Los escándalos afectan más bien a esa clase política chata, sin ideas, hipócrita, que promete y que no cumple, de risa cínica y mucha palmadita en la espalda y beso en la mejilla, y que por lo general son hombres, de gobierno y de oposición. Por tanto, yo enfatizaría a alguien que simbolice un cambio real en la clase política.

Cuarto, si lo que está en cuestión son los políticos tradicionales, hombres y corruptos, la Concertación debiera apostar por un político no tradicional, mujer y honesta. Así de simple. Sólo una mujer se puede plantear como alternativa real al cambio falso que propone la UDI. Lavín frente a una mujer es un político más, chato, cínico, de sonrisa constante y palabra precisa, que promete y no cumple. Las mugres que ha hecho en el centro de Santiago hablarán mal de él a la hora de enfrentarse a una mujer responsable, seria, querida por la gente. Una madre que da protección cuando nadie más, ni los curas ni los milicos ni los políticos, dan protección. Que entiende a sus hijos, a sus maridos y a sus colegas de género.

Quinto, yo que Camilo, Guido y Adolfo, sin contar a Patricio que está tras las rejas, diría como la Teletón: “Ricardo, la Concertación es tuya”. Todo su apoyo para terminar un buen gobierno, que la gente valora por su decisión para enfrentar momentos difíciles. Quien se quiera desmarcar le irá mal.

Porque a la larga, la Concertación no es tanto más que un grupo de personas organizadas, sin mayor superioridad moral a estas alturas, pero con mucha mayor sensibilidad social real, que intenta implementar políticas públicas que acentúan el bien colectivo por sobre el ideologismo individual. Si a eso le ponen nombre de mujer, apuesto que ganan.

FJD/
15/08/2004 20:42 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Tragedia Griega

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 11 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

Alguien decía que el golpe de Estado y el quiebre de la democracia en Chile fue como una tragedia griega: Todos sabían el final, nadie quería ese final, pero todos los actores hacían lo necesario para que llegara precisamente ese final, en vez de hacer algo por evitarlo. Espero que no pase algo similar ahora en Chile respecto de la función pública: todos saben que un funcionario de nivel medio, que recibe un complemento de su sueldo a través de un convenio de honorarios, que evidentemente no lo hace millonario, y que obedecía a una práctica que se encontraba establecida en el país con mucha anterioridad, no debiera ser acusado de corrupción. Podrá existir alguna irregularidad administrativa, sí, pero intención positiva de defraudar al Fisco para un enriquecimiento personal, lo dudo. Esa es la tragedia griega que vivimos ahora: todos saben que con el prestigio de la función pública no se juega, pero nadie parece querer dejar de jugar con ella.

Durante la semana vimos un ejemplo paradigmático a raíz de la propuesta de Ominami de darle una solución política al tema de las investigaciones judiciales por los casos de sobresueldos. Al margen de que la propuesta fuera acertada o no, la intención de Ominami era clara y honesta: el problema se está escapando de control y puede terminar por generar una clima altamente pernicioso dentro del aparato estatal, si es que éste no está ocurriendo ya, donde los funcionarios honestos se inhiban de realizar cualquier tipo de gestión o contrato que pudiera llegar a ser malinterpretado, investigado, y llevado a la justicia del crimen. Porque hay que reconocer que hay que tener coraje hoy en día para plantear una salida política a un tema donde la prensa se deleita haciendo acusaciones varias, y donde por culpa de algunos corruptos que efectivamente mucho han robado, se ha generalizado a toda la administración pública como ladrona y coimera.

Así como esta vez fue Ominami, ayer fue Claudio Orrego, o incluso el propio Frei Ruiz-Tagle, o desde hace años han sido decenas de políticos o académicos, son muchos los que se han dado cuenta y han alertado que con la gestión y modernización del Estado no se juega, y que la función pública hay que cuidarla y dignificarla. Pero como buena tragedia griega, han primado los actores que no hacen nada por evitar el final trágico. De lo que se trata es de crear las condiciones institucionales y políticas que logren hacer con la administración pública algo tan simple como lo que los médicos han hecho con la medicina: dotarla de capacidad técnica y aislarla de la contingencia. ¿Porqué? Porque en ambientes desinstitucionalizados la tentación es grande. Así de simple.

La tentación de allegar incondicionales al aparato estatal, y remunerar partidarios y activistas con cargos y prebendas, ha existido siempre. La vieja burocracia conservadora obedecía a una reclutamiento elitista y poco meritocrático. Desde el Poder Judicial hasta la Cancillería, las castas y redes de influencia conservadora y familiar mantenían las instituciones. Este círculo logró superarse, en parte, gracias al surgimiento de una burocracia mesocrática, ilustrada en la educación pública. A mediados de siglo, la clase media y los gobiernos radicales cambiaron la fisonomía del Estado. Pero la tentación era muy grande. Corría una suerte de carrera paralela, basada en el mérito partidario y no técnico. El Estado benefactor y productor, grande y generoso, daba como para retribuir cualquier favor de campana.

Los militares también se tentaron. Llenaron de su gente las oficinas públicas, y más encima, los atornillaron legalmente para siempre. Llegada la Concertación, hubo que reconstituir un servicio público menoscabado en su dignidad. Pero, como en la tragedia, también hubo irregularidades y mediocridad. Reformar realmente el Estado significa menor control para los partidos, y por tanto, menos incentivos con qué remunerar.

Por otro lado, la tentación de ganar voto fácil a costa de la función pública es también poderosa. Si esta semana fueron Piñera y Zaldívar quienes vieron la oportunidad de sacar una buena frase para la galería, hay que reconocer que la UDI y el propio PPD han sido especialistas en dicha tarea. Claro, nada vende más que una acertada acusación de corrupción, aunque sea falsa. Nada mejor que hacerse el simpático o el implacable ante la opinión pública, escondiendo o ignorando los reales problemas que aquejan a la administración pública. Yo mismo, como columnista, podría sacar una sonrisa fácil de parte de quienes quisieran ver funcionarios en ridículo y cabezas rodando, hacerme el duro y exigir, no sé a quién, pero exigir no más, la renuncia de medio mundo.

Lo concreto es que hay gente honesta que ha sido detenida injustamente, junto a gente pilla que sí se lo merece, sin que seamos capaces de distinguir a los unos de los otros. Partidos que no tienen el coraje de enfrentar el gran dilema colectivo de reducir la bolsa de incentivos para que todos estemos mejor, y abordar la necesaria reforma del Estado. Políticos que no logran sacudirse de la paranoia de la indiferencia televisiva, y que para eso inventan frases y hacen comentarios que en nada ayudan a realizar una evaluación seria y ponderada de la situación que se vive. Periodistas que sólo ven mugre en unos lados, y en unos tiempos, callando otros lugares y otras épocas. Privados que incurren muchas veces en las mismas conductas que tanto reprochan. Un país lleno de fariseos que rasgan vestiduras impunemente. La tragedia de un país serio que dejó de serlo, cada vez más cerca.
FJD/
15/08/2004 20:42 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“¿Cómo tanta tontera?”

ANIMAL POLITICO
Domingo 28 de Julio de 2002

Por Francisco Javier Díaz

No voy a analizar el rechazo de la Ley de la Cultura en la Cámara de Diputados por dos razones: una, porque ya es noticia pasada; y dos, porque no resiste mayor análisis. Fue simplemente una tontera mayúscula de parte de algunos diputados oficialistas. Lo que importa es saber si ello tendrá alguna consecuencia política, al margen del obvio retraso de la ley.

Es bueno detenerse a analizar lo que nos indican las encuestas de esta semana: La gente apoya mayoritariamente al gobierno, pero crece el porcentaje que no está conforme con la Concertación. ¿Qué pasa allí? ¿Porqué la sensación de que la Concertación no sintoniza con la gente? ¿Porqué si lo que la gente quiere es más protección social, mejor salud, mejor educación pública, más seguridad pero con policías que respeten los derechos de sus hijos, quiere que no abusen con ella en sus trabajos, que no le esquilmen las Isapres, que no le cobren intereses usureros las grandes tiendas, que la protejan en sus contratos, que no se segreguen las ciudades, que no se discrimine, que se proteja a la mujer, que se reconozcan las minorías, que haya ley de divorcio, y la Concertación le ofrece precisamente eso, o al menos, la oportunidad de acceder razonablemente pronto a eso? Pero la gente no le cree y no entiende que basta leer los escritos de la UDI o Libertad y Desarrollo para darse cuenta que la Derecha no hará nada que perjudique los intereses de la minoría conservadora que es la más pudiente.

Hay evidentemente una falencia comunicativa de parte de la Concertación, la cual explico básicamente por dos factores: primero, porque los partidos y los líderes de la Concertación no han hecho todo lo posible para resituarse en su rol como agentes de cambio y pusilánimemente se han dejado colocar en el peor de los bandos imaginables: el bando de los “políticos”. Y segundo, porque se han hecho muchas tonteras.

En Chile siempre ha existido desconfianza hacia los políticos. Quienes se vanaglorian del avanzado y maduro sistema de partidos que existe en Chile, olvidan que la gente siempre ha tenido una actitud de recelo y desdén hacia los políticos. Incluso los políticos no confían en los políticos. Es sabido que Frei Ruiz-Tagle no confiaba a ciegas en sus partidos. Pinochet derechamente no creía en los políticos. Allende recelaba de su propio Partido Socialista, mientras que Alessandri es el principal causante de la debacle de la Derecha en los sesenta. Ni hablar de Ibáñez del Campo, quien ganó precisamente prometiendo “barrer” a los políticos.

En este contexto, los concertacionistas han tenido la poco brillante idea de tolerar que sean identificados exclusivamente con el “club de los políticos”. De promover la participación y la democracia en los ochenta, han pasado a promover las prácticas políticas más aburridas y rechazadas por la población. Sus discursos son vacíos, largos e ininteligibles. Los líderes de los partidos son vistos como sujetos anticuados y faltos de carisma.

Pero además se han hecho muchas tonteras. Por alguna razón extraña, el espíritu de tres chiflados ha aflorado en promedio una vez cada mes y medio, justamente el tiempo que necesita una persona normal para olvidar un episodio político de menor a mediana relevancia política. O sea, los políticos que tienden a pensar “no hay que preocuparse, la gente no recordará esta chambonada en unas cuantas semanas”, tienden a olvidar que la repetición constante y uniforme de una práctica, por minoritaria que ésta sea, acarrea precisamente el efecto contrario: la generalización y construcción de ésta en sentido común.

Destacan, entre otros, las indemnizaciones, las explicaciones sobre las indemnizaciones, la negociación parlamentaria, la mala inscripción de los candidatos DC, la ley que salvó a los candidatos DC, los errores de Conadi, las pifias en Indap, los bonos en Correos de Chile, las cartas de Girardi, los autogoles de Avila, y la tontera de los que no fueron a votar la Ley de la Cultura. En fin, todos hechos no muy relevantes como para que la gente los recuerde uno a uno, pero muchos como para que la gente los olvide en su conjunto.

Lo dijo el cientista político norteamericano Mark Klugmann, ex asesor de José Piñera, en 1993: “La única fuerza capaz de derrotar a la Concertación es el creciente resentimiento en contra de la clase política . . . el club de los políticos tiene que ser re-definido como el club de la Concertación”.

Ahí el problema de los partidos y políticos de la Concertación. La verdadera “tercera fuerza electoral” que existe en Chile, que es el grupo de gente que recela de los políticos, crece y crece con cada uno de estos errores. Y si ahora uno le suma parte importante del mundo del arte y la cultura, peor todavía, la Concertación termina fortaleciendo a su propio enemigo. ¿Cómo tanta tontera?

FJD, Julio 2002
15/08/2004 20:40 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

¿Todo mal?

Diario La Nacion, Domingo 12 de Enero de 2003

Francisco Javier Diaz

Soy optimista. En terminos generales, siempre trato de ver el
lado bueno de las cosas o la manera sensata de mejorarlas.
Tambien soy realista. Trato de ver y apreciar la realidad tal cual
es. Creo que esta existe y por tanto puedo, y debo, conocerla.
Pero no soy ni tonto ni inocente. Soy mas bien un tipo
razonablemente optimista, o sea, de un optimismo fundado en la
razon, anclado en la realidad.

El analisis serio y riguroso de los hechos, mas una correcta
ponderacion de los mismos, son las principales herramientas del
analista optimista. Saber con quienes se cuenta y con que no
se cuenta. Entender que la vida politica es mucho menos ideal
de lo que uno quisiera. Que los equipos no los arma uno, que
vienen armados de antes o son impuestos. Que en politica
muchas veces hay que tragar sapos y culebras, y que existen
practicas de poder oscuras y deleznables.

Asi es la politica, y me atreveria a decir que asi es tambien la
vida. Una trama de noblezas y pasiones, verdades y mentiras,
ideales y enganos, equipos y camarillas, lealtades y mafias. No
nos hagamos los santurrones.

Sin embargo, hasta el mas optimista de los analistas, o sea yo,
en semanas como esta se quiebra y encuentra todo mal, nada
bueno. Ni posibilidad de salida. Entonces, solo cabe volver al
comienzo, reordenar los hechos, separar la paja del trigo y ver
que pasa efectivamente. Y lo que pasa en Chile son dos cosas
muy sencillas: Una, el fin de la Concertacion ganadora y el inicio
de la centroizquierda competidora. Dos, aunque parezca chiste,
destaco el hecho de que las instituciones funcionan.

En el Chile post Aranguiz, se acabo el triunfo de la Concertacion
porque si. A estas alturas, pocos quieren votar por la
Concertacion solo porque recupero la democracia o por su
compromiso con los derechos humanos. Todo cierto, todo
innegable, todo merecedor de que a mucha gente, digamos que
mas de un 40%, se le revuelva el estomago antes de votar por
la derecha. No quiero analizar los episodios de los ultimos meses
ni mucho menos la detencion del ex ministro Cruz. Pero es un
hecho que todo ello pone fin a la era de la Concertacion
ganadora por presencia y abre paso a una etapa de duro
trabajo de competencia para conseguir la victoria de la
centroizquierda. La Concertacion no es mas que la coalicion de
centroizquierda en Chile, que le habla al pais desde distintos
partidos e historias y le propone un determinado conjunto de
valores compartidos y politicas publicas. Nada mas. Si quiere
ganar, debera desarrollar un trabajo de pastoreo y proselitismo
a gran escala, en aras de convencer al populum de que entre
que gobiernen los ricos o el resto del mundo, es mejor que
gobierne el resto del mundo.

Lo segundo que pasa en Chile es que las instituciones
efectivamente funcionan y eso a la larga es bueno. Pero no me
refiero a un funcionamiento formal, onda Cortes de Apelaciones
en tiempos de dictadura, cuando formalmente rechazaban
recursos de amparo. Me refiero a funcionamiento real, a un
funcionamiento institucional. La frasecita esa de que "el poder
corrompe" tiene mucho de verdad. Es parte de la naturaleza
humana. Hay lugares donde los sistemas de control ya no
funcionan, si es que alguna vez funcionaron, mientras que en
otros lugares los sistemas de control y el sistema etico de la
sociedad, como Chile, todavia premian la honestidad. En general
y en comparacion, somos un pais honesto.

Sin embargo, y debido a que hemos vivido en una
excepcionalidad politica durante practicamente 30 anos, las
instituciones no han funcionado apropiadamente. Que funcionen
significa que hagan lo que estan llamadas a hacer, sin
interferencias sociales ni politicas. No nos ceguemos tampoco:
el andamiaje institucional chileno del siglo XX no era perfecto,
pues mas bien representaba y protegia a poderosos y
conservadores. Solo la gran arremetida mesocratica de
mediados de siglo cambio este esquema. Pero en fin. El cuento
es que como el poder corrompe, hay que separarlo y distribuirlo
en diversos instrumentos y preocuparse de que estos funcionen.
Que las ramas de la defensa defiendan, que la Contraloria
controle, que Investigaciones investigue, que el Registro Civil
registre, que la carrera funcionaria corra, etc. Y ello que parece
tan simple, no pasaba en Chile.

En el Chile post Aranguiz, una institucion fundamental, como es
el Poder Judicial, se ha institucionalizado. Despues de anos de
sometimiento al poder politico, sea por la fuerza, temor o
conveniencia, ahora por fin parece tener discernimiento propio.
Y eso esta bien. Al margen de lo equivocado o parafernalico que
pueda ser el juez, lo importante es que la Corte Suprema, al
deliberar acerca de sus actos, tiene en consideracion el
funcionamiento del Poder Judicial como institucion, al margen del
poder de turno. Un poco como lo han tratado de hacer Cheyre o
Izurieta en el Ejercito o como ya lo ha hecho la propia
Concertacion en numerosos servicios publicos.

Esto hara que las elecciones sean cada vez menos dramaticas
pero mas reales. No nos jugaremos por quien hace funcionar el
pais; para eso estaran las instituciones. La disputa estara en
que mejores ideas y que valores mas compartidos se presentan
al populum para mejorar su vida. Simple y directo. Ya nadie es
mejor que nadie. Somos todos mas o menos malos.

FJD/
15/08/2004 20:40 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

El Tío más Tío

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 15 de Diciembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Había un programa de televisión que veía cuando era chico que hoy en día asombraría por su candidez al lado del Refugio Mekano u otros de esa calaña. Se llamaba “El Show del Tío Alejandro” y creo que me marcó principalmente por su canción llena de metáforas y coros pegajosos. En una parte la canción decía una frase que me quedó grabada para siempre: “Llegó el tío más tío de todos los tíos, el Tío Alejandroooo ....”. Cada vez que quiero significar que alguien es más papista que el Papa o más fanático que el Krammer, recurro a la frase “el tío más tío de todos los tíos”. En política pasa lo mismo.

Cuando los partidos políticos entran en crisis, generalmente renuevan su liderazgo, porque por algo están en crisis. Para ello tienen básicamente dos opciones: Una consiste en acudir a una cara nueva, refrescante, que venga de la periferia del partido y que represente una nueva generación, con nuevas ideas y nuevos estilos. Es una buena opción, pero arriesgada e incierta. El nuevo liderazgo pueda fracasar y dejar al partido peor que antes, con similar pérdida de votos y con menor cohesión interna.

La segunda opción consiste en atrincherarse en los líderes de dentro, aquellos que refuerzan la moral interna. Pueden ser viejos próceres, reservas morales o gallos de pelea. Pero lo central es que el partido se renueva sin renovarse, o sea, se renueva reafirmado su identidad en crisis. Suena paradójico, pero a veces es efectivo. Se impone el orden, se disciplina, se consolidan eventuales nuevos pero inmaduros líderes, mientras el liderazgo interno soporta el chaparrón.

Ejemplos hay muchos. El PSOE en España después de la derrota de Felipe en 1996 intentó de todo, hasta que llegó al liderazgo de un hombre de aparato, Joaquín Almunia. Era el PSOE más PSOE de todos los PSOEs, el mismo PSOE que no se veía cómo le quitaría el aventón económico y cultural al Partido Popular. Perdió por paliza las elecciones de 2000. Luego, los socialistas apostaron por un liderazgo distinto, renovador, moderno, como Rodríguez Zapatero. Y ahí están, con opción de ganar. Lo mismo con los laboristas ingleses, que insistían con el viejo sindicalismo y perdían y perdían, hasta la generación de Blair, Straw, Cook y Mandelsohn. O los socialdemócratas alemanes, que primero intentaron ganarle a Kohl con el PSD más PSD que encontraron, Oskar Lafontaine, para luego acudir a Gerhard Schröeder y su izquierda del centro.

La DC chilena también ha vivido este proceso. Cuántas veces no se ha renovado y vuelto a ser fuerza clave en la política chilena. Uno puede encontrar al menos una decena de libros que anuncian el “auge y caída de la DC”, a partir de 1967 más o menos. Desde entonces han tenido dos presidentes más y siguen teniendo la mejor opción para el 2005. ¿Cómo se ha renovado la DC? De todas formas. Se cimentó con un liderazgo nuevo, como Frei padre. Durante la dictadura recurrió a viejos próceres, como Aylwin. El 92 renovaron el partido con Frei hijo. Cada vez que les quedaba alguna crema interna, llamaban a los baluartes morales, como el camarada Bernardo.

El 2002, en su peor crisis, la DC apostó por el DC más DC de todos los DC, Adolfo Zaldívar. Lejos, el tío más tío. Casi como cuando Canal 13 llamó a Javier Miranda para salvar la crisis del canal. Y en eso hemos estado. Con un partido gobernado desde el riñón y que, por tanto, le cuesta ver y sentir el resto del cuerpo.

La verdad, creo que Zaldívar ha hecho su pega y no tiene culpa de nada. Su norte es la DC y nada más que la DC. Y vino a asumir cuando una ineptitud inverosímil se apoderaba del partido. Él es la opción de sus militantes.

Creo que más errados están quienes no previeron ello. La entrada de Zaldívar a la presidencia de la DC fue casi como una crónica a una pelea anunciada con el PPD. Como el vaquero del Oeste que entra a un Saloon, mira a todos lados, el pianista sigue tocando, el barman sigue atendiendo, mientras que Guido y Nelson siguen jugando al póker mirándolo de reojo. Era previsible que dijera en algún momento “lo siento Johnny, en este pueblo hay espacio sólo para uno de nosotros”.

El problema de Adolfo no es él, son los partidos. Todos colaboraron para llegar a este estadio de cuestionamiento a la coalición. Sus ineptitudes, su desdén por la formación de nuevos cuadros, sus prácticas clientelares, el afán de protagonismo personal antes que colectivo, en fin, todo colaboró para que uno de los partidos tuviera que recurrir al cowboy más cowboy como tabla de salvación.

El tema de la Concertación es que sus partidos viven de un pasado glorioso, pero con prácticas de un presente ineficiente. Así no se hace política. Así no hay coalición.

PhD Fulbright Fellow
University of Pittsburgh

FJD
15/08/2004 20:37 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Tiempos políticos

ANIMAL POLITICO

Por Francisco Javier Díaz

Se supone que como todo columnista que se precie de tal, la semana pasada debiera haber escrito un gran artículo que resumiera el año político 2002 e intentara visualizar los grandes acontecimientos del 2003. Sin embargo, no pude hacerlo, por dos razones: Una, porque me encontraba de viaje precisamente en esos días y el artículo finalmente no alcanzó a llegar al editor. Dos, porque la verdad es que me daba un poco de lata caer en tan típico ejercicio. Los análisis del año en política me parecen sencillamente irreales y forzados. Me recuerdan el típico programa de recuento anual de noche de verano de la TV chilena, con Javier Miranda o Guayo Riveros conduciendo desde la piscina del Hotel Sheraton, presentando un insulso resumen de un insulso año junto a insulsos invitados. Hablemos de política mejor.
 
La política y el poder tienen sus propios tiempos. Así, por ejemplo, se dice que el siglo XIX no comenzó realmente en el año 1800; comenzó antes con la Declaración de Independencia de los Estados Unidos en 1776 o con la Revolución Francesa en 1789. A su vez, este tampoco terminó en 1899; terminó con el fin de la Primera Guerra Mundial o con la Revolución Rusa, en 1917. Que decir del siglo XX, el “siglo corto”, como lo llama Eric Hosbawn. Comienza en 1917 después de los bolcheviques y Versalles, y termina en 1989, con la caída del Muro de Berlín. Ni siquiera el siglo XXI comienza allí. Tampoco en el año 2000. Comienza recién el 11 de septiembre de 2001 con el ataque a las Torres Gemelas y una nueva ola de inseguridades y derrumbe de certezas.
 
La micropolítica chilena es igual, también tiene sus propios tiempos y sus propios hitos. Así por ejemplo, las elecciones municipales del 2000 y las parlamentarias de 2001 no fueron las elecciones que midieran el gobierno de Lagos ni muestras de un nuevo eje progresismo versus conservadurismo. Fueron más bien la revancha y contrarevancha de la contienda Lagos-Lavín de 1999. Hubo algunos que han profetizado acerca de lo simbólico que resultó que la segunda vuelta presidencial se realizara en el año 2000. Las pinzas. Todas las elecciones, hasta ahora, se han desarrollado bajo el clivaje Sí-No, Pinochet- Concertación, Dictadura-Democracia. Lo único que hizo Lavín fue, sabiamente, alterar mínimamente este neo-orden político post tres-tercios y atraer a una pequeña porción de votantes del No. Y para ello recurrió a una vieja estrategia siempre eficaz en la política chilena: el descrédito a los “señores políticos”. O en otras palabras, el cambio por el cambio.
 
El año 2002 fue un año corto. Comenzó recién en marzo, cuando Pablo Longueira tuvo la poca cachativa de decir “este año no pasará nada”. Claro, a la UDI le convenía el statu quo de un gobierno que soporta el zafarrancho económico de la región, consolida nuevos mercados y le entrega un país en bandeja el 2006. Lavín simplemente tenía que “hacer hora” para ser Presidente de Chile. La frase de Longueira denota que la UDI se equivocó y no entendió que Chile va más rápido de lo que ellos piensan. Las mugres que ha hecho Lavín en su gestión como alcalde de Santiago comenzaron a pesar y las “Chicas Superpoderosas” de la Concertación, la Alvear y la Bachelet, comenzaron a preocupar. El cambio de verdad, una ciudadanía reflexiva, critica, escéptica y falta de cariño, se comenzó a avizorar.
 
El año político se acabó en octubre, con el “caso coimas”; de ahí en adelante, nada más que decir. La Concertación y especialmente el PPD, pierden su virginidad. Virginidad forzada en todo caso, pues todos sabemos que en política no existen las blancas palomas, sólo los incentivos y leyes adecuadas. Y se acabó el año. Ni siquiera Zaldívar con sus declaraciones o Ávila con sus berrinches, o viceversa. Tampoco se crea que el cambio de gabinete será la panacea. El poder va para otro lado.
 
Sólo dos cosas más rescatables para el 2002. Una, los acuerdos comerciales. Grande Lagos y su equipo, ahí no hay vuelta que darle. Pero será la historia la que se encargue de resaltar este inmenso salto, mientras nosotros discutimos acerca de la playa de Lavín en el Mapocho. La política y el poder, ojo, no son sólo grandes logros. Dos, el hecho de que la prensa en general se haya puesto los pantalones con los políticos, los curas y los militares. Good. Pero además, y no porque yo escriba en estas páginas, La Nación Domingo se puso también los pantalones con algunos temidos empresarios. Dos veces good.
 
Y aquí estamos, empezando un año 2003 distinto, que insisto, comenzó en octubre después de las coimas, donde ser autoridad no es fácil y donde el poder y las elecciones, por tanto, deben pelearse día a día, imagen a imagen, logro a logro. Chile ya no es el mismo y la política tampoco. Lo que viene ahora es una lucha diaria entre dos visiones de sociedad, ambas legítimas, ambas sensatas. Nadie tiene carreras ganadas, nadie está todavía perdido. Feliz Año Nuevo. Esto se pone bueno
15/08/2004 20:36 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“¿Ridículo o Ridículos?”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Todo el episodio del General Ríos ha suscitado una serie de análisis políticos, jurídicos y judiciales acerca de la Constitución, de las Fuerzas Armadas, de la transición, de la Mesa de Diálogo, de la obstrucción a la justicia, entre otros. Pero hay un análisis que falta: ¿Quién es el real responsable de todo? ¿El caballo o el empedrado? ¿Ríos o la Fach? ¿La persona o la institución? ¿Ridículo o ridículos?

El análisis no es menor; la derecha es tremendamente hábil en confundir a la opinión pública en este sentido. Cada vez que surge alguna grave acusación en contra de algún integrante de las FFAA, la derecha se atrinchera en la defensa de “las instituciones armadas”. E inicialmente asimila la acusación contra el uniformado de turno, como un ataque a la rama entera. “No hay que atacar a las fuerzas armadas, ellas son de todos los chilenos”, señalan los derechistas más conciliadores. “La Concertación juega peligrosamente con la paciencia de las ramas de la defensa”, señalan, en tono amenazador, los más nostálgicos de la época militar.

Pero la estrategia de la derecha no se agota allí, porque tampoco se puede tapar el sol con la mano. Estiran la confusión “persona – institución” sólo hasta cierto punto, y entonces allí dejan caer al involucrado. En otras palabras: comienzan defendiendo a la persona haciéndola un solo cuerpo con su institución. Así, cualquier ataque al acusado es un ataque a la respectiva rama, y por tanto, poco menos que un atentado en contra de las buenas relaciones cívico-militares. Sin embargo, cuando la evidencia se hace abrumadora, la derecha mutis por el foro, mira al techo, silba un rato, habla de los problemas concretos de la gente, y le endosa el cachito a las Fuerzas Armadas. Y son éstas las que tienen que colocar cara de circunstancia y explicar las andanzas de sus ex agentes.

Así lo ha hecho la derecha cada vez que descubren a algunos de sus ex amigos. Así se liberó de Corbalán, así se hizo el cucho con Manuel Contreras, así le pegó la desconocida a Espinoza, así Lavín se hacía el leso cuando Pinochet estaba en Londres, así lo hacen ahora con Campos o Ríos. Ya no son las instituciones, son las personas.

Que no se mal entienda: no tengo ningún propósito de defender en lo más mínimo a personas que han provocaron tanto daño a miles de chilenos y que merecen nuestro más absoluto desprecio político y moral. Pero que el desprecio que sentimos hacia la gente de la DINA o la CNI no nos haga olvidar que habían otros que sabían o debían saber lo que ocurría, que los amparaban institucionalmente, y que ahora tratan de aparecer como blancas palomas inocentes por la vida.

Soy de los que creen que el tema de las violaciones a los derechos humanos debe ser superado y que debemos mirar al futuro. Pero no a cualquier precio. Está bien, la paz social exige generosidad. Está bien, la construcción de un país más justo y equitativo exige concentrarnos en el futuro. Pero que no pretenda la derecha hacer olvidar la historia y más encima, hasta sacar rédito electoral de ella.

En Chile hubo una política sistemática de exterminio que contó con el patrocinio de muchas instituciones. Quien lo niegue, simplemente que trate de explicar de dónde salía la bencina de los helicópteros que lanzaban cuerpos al mar, de dónde salía la plata para comprar o pagar arriendos de sedes de tortura, o que explique porqué muchos de los acusados eran funcionarios públicos con todas las de la ley.

Pero las instituciones son más que eso. Las instituciones quedan para siempre y es nuestro deber cuidarlas y enmendarlas cuando se apartan de su cauce de bien común. El problema de la Fuerza Aérea se origina en determinadas personas, no en sí misma. La Fuerza Aérea es de todos. Yo la financio en parte con mis impuestos y no dejo de recordar que tiene sus raíces en la institución de Marmaduque. No conozco mocoso alguno que alguna vez en su vida no haya querido ser aviador, ni joven que no haya soñado con una chaqueta de cuero con chiporro al cuello, onda Top Gun.

Entonces, que no venga la derecha a intentar hacernos sentir culpables por atacar a una institución llena de gente honesta y buena, cuando fueron civiles y militares de derecha los que colaboraron a carcomer la moralidad de algunos seres despreciables de dicha institución. Y que no venga la derecha a mirar al techo cuando deja caer a los que ayer aplaudió. Ridículos son todos, el que hizo, el que supo y el que calló.

FJD
15/08/2004 20:35 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Socialistas

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 18 de Agosto de 2002

Francisco Javier Díaz

El Partido Socialista de Chile culmina hoy domingo su Conferencia Nacional de Organización, a la cual asisten más de mil delegados que han discutido, durante tres días, el futuro del partido. Al margen de las resoluciones que emanen de la Conferencia, lo importante será lo que haga el Partido de ahora en adelante, para hacerse cargo de la extraña sensación de estancamiento y esperanza que recorre a mucha gente de izquierda en estos tiempos.

Es un hecho que el PS se ha estancado. Desde hace tiempo que su porcentaje electoral se mantiene plano como el horizonte, pegado en el 10%. Su liderazgo no se ha renovado y su militancia envejece año a año. En la Conferencia de este fin de semana se apreciaba un buen número de próceres de la época del FRAP, mucho ex rebelde de los ’60 que ahora rondan los sesenta, muchos más luchadores por la democracia de los ’80, y alguno que otro joven, generalmente hijo de algún prócer, de los ’90. Son tantos los recuerdos que porta cada militante, que cada vez que llegaba uno al edificio Diego Portales, el resto se alegraba de verlo y exclamaban, casi como en el comercial: “¡¡¡El Zanahooria !!!”

Pero que no se me mal entienda: mucha de esta gente es gente buena, sacrificada, valerosa e idealista. Gente que ha arriesgado su pellejo en muchas ocasiones de la historia de Chile. Y que, indefectiblemente, ha estado siempre del lado de los más débiles. Esa es la gran fortaleza del PS y que pocos otros partidos pueden demostrar.

Pero esta gente espera que, tal como a ellos en su momento los encantó algún líder o programa serio y sincero, el Partido encante nuevamente al pueblo, que espera con ansias ver una fuerza de izquierda política responsable y moderna. Esos son los conceptos, a mi juicio, que pueden servir para el relanzamiento del PS: seriedad y responsabilidad; sinceridad y modernidad.

El PS ha demostrado en los gobiernos de la Concertación ser un partido serio y responsable. De hecho, ha colocado a algunos de sus cuadros más notables a cargo de las más complejas tareas de la transición y de la construcción de un gobierno progresista. En el parlamento, en los ministerios, en la economía, en los municipios, y ahora en la Moneda, el PS ha dado evidencia de que se la puede. El PS puede demostrar, con sus obras, que está capacitado para el más serio y responsable de los gobiernos.

Pero al PS le falta sinceridad. No porque mienta, si no que porque le falta asumirse en lo que es su actuar y dejar atrás una vieja retórica del siglo pasado, que poco lo ayuda para despegar. El PS necesita dotarse de un discurso moderno, que exprese precisamente lo que es y que cumpla con dos requisitos centrales: uno, que pueda ser entendido perfectamente por el votante, y dos, que no pueda ser tergiversado por sus adversarios.

El PS debe asumir la modernidad y sincerar su discurso en torno a ella. Los partidos que no cambian cuando el mundo cambia, dejan de ser útiles al mundo que pretenden cambiar. Si el PS no asume este desafío, arriesga permanecer como monumento más que como movimiento.

En el fondo, el PS debe concluir su proceso de renovación. Lo comenzó en los ’80, cuando comenzó a revalorar la democracia en toda su magnitud. Lo continuó en los ’90, cuando entendió que si no se gobierna responsablemente y con seriedad, nada de lo que se haga sirve. Ahora debe cerrar el círculo y declararse tal cual es; debe sincerarse ante el pueblo. Ello implica abandonar todo atisbo de discurso totalizador y omnicomprensivo, aún presente en su declaración de principios, así como dejar atrás cualquier atadura con clase o ideología determinada. Aunque duela a los nostálgicos.

Muchos otros partidos socialistas exitosos del mundo han vivido similar proceso. Lo vivió el PSD alemán en 1959, a través del famoso programa de Bad Godesberg. Los españoles del PSOE lo hicieron a finales de la dictadura de Franco, en 1975, liderados por Felipe González. Los laboristas tardaron hasta 1995, cuando Tony Blair remeció las viejas estructuras del socialismo británico.

La idea es entender que las metas finales o utopías globales ya no están en su horizonte inmediato. La política moderna es la contingencia y la lucha que se da en ella por lograr mayores espacios de libertad para todos y por reducir la evidente desigualdad existente con medidas concretas y duraderas. El desafío del PS es fijar su gramática ética y valórica para enfrentar la contingencia moderna. Tiene la gente, tiene el nombre, tiene la historia. Es de esperar que los nuevos líderes sepan enfrentar este desafío.

FJD/
15/08/2004 20:34 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

13/08/2004

Peinando la Muñeca

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 24 de Noviembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Hay distintas expresiones que se utilizan para graficar la locura. Yo siempre digo “chalado”, por ejemplo, y no tengo ni la más remota idea de lo que significa. Los más viejos dicen que alguien está “más loco que una cabra”, pues, según ellos, las cabras del monte son muy locas. “Se te apagó la tele”, “te subiste arriba de la pelota”, se decía hasta hace poco cuando alguien quedaba loquito después de un par de tragos o algún tipo de alucinógenos. También se decía en su momento estar “rallando la papa”, vaya a saber uno porqué. Pero la última que escuché me encantó por lo gráfica y por lo pop: “Loco, estai peinando la muñeca”. Díganme si no es genial. Evoca de inmediato las películas donde algún personaje importante enloquece y termina el filme con una escena donde el loco habla solo, metido con ropa dentro de una piscina, peinando lentamente una muñeca de juguete.

Bill Clinton hacía cosas así con el léxico. Como sabía de su popularidad entre los jóvenes profesionales urbanos de Estados Unidos, que probablemente no le daban muchos votos pero sí puntos en las encuestas, trataba de hablarles en su lenguaje. Para ello, sus estrategas teledirigían los focus groups hacia esos estratos e intentaban identificar las palabras o expresiones típicas que fueran surgiendo. Así, en cosa de semanas, Clinton aparecía diciendo algo propio del sentido común de estos grupos, logrando una gran sintonía, o al menos, un cierto grado de simpatía con ellos.

En Chile hemos estado peinando la muñeca las últimas semanas. Alguna locura colectiva parece que nos agarró con viento de cola, haciendo que la discusión política se centre en lo banal, en el escándalo, en lo poco importante o en lo derechamente tonto. Y salvo voces minoritarias, hasta ahora nadie habla de lo relevante y de lo trascendente. Todo es ahora. Como salgo del paso. Como me jodo al otro. Como saco una tajadita de todo esto.

El Gobierno ha ido de sorpresa tras sorpresa. Estuvo bien en un primer momento en esperar ver cómo decantaba el asunto, bajo el alero de la inmejorable, pero real, excusa de que funcionen las instituciones. Pero algunos han girado más de la cuenta. La verdad sea dicha, se ha notado mucho interés en lo comunicacional, onda Clinton, más que en tomar medidas de fondo. Lo importante acá es la administración pública, la reforma del Estado. Los más capaces en los servicios públicos, las remuneraciones transparentes. Las estructuras modernas, ágiles, y los funcionarios innovadores, correctos y bien pagados. Los gerentes públicos, los concursos, el mérito. Un financiamiento de la política serio y sincero. Poco de eso ha estado en el discurso. Es cierto, estos temas poco interesan al vulgo, pero no nos engañemos, pues es allí donde están los problemas.

El Parlamento ha dado pena. ¿En qué momento dejamos de elegir políticos inteligentes? Salvo un par de excepciones, ¿a qué diputado uno iría a escuchar a alguna conferencia? ¿A quién le compraría un libro? ¿A cuál se le podría atribuir la calidad de experto en algún tema de relevancia? Por otro lado, casi todos han participado del “far west” institucional en términos de funcionamiento de la política. Todos han recibido millonario financiamiento de empresas y empresarios, pero pocos hacen un esfuerzo por reglar y transparentarlo. Y cuando algo pasa, a lo más dicen: “¡¡Pareto y Jiménez: al rincón!!”

La Concertación también peina la muñeca. Ahora resulta que no se juntan, no se hablan y más encima, se tratan de echar al agua. ¿Cómo no darse cuenta que la supervivencia de la coalición es la única posibilidad de que no gobierne la derecha? Hemos dicho en otras ocasiones: la Concertación no es si no una comunidad de políticos que desean implementar un determinado programa de políticas públicas, las que comparten una cierta visión colectiva de la sociedad por sobre el ideologismo individual del neoliberalismo. Tampoco da para mucho más. Por tanto, ¿hay alguien que prefiera que gobierne la derecha antes que esta comunidad?

Dado que no es así, pues entonces que los partidos pongan algo de cada parte para superar esta crisis que amenaza con marchitar a, por lo menos, un par de generaciones de policymakers. Y creo que lo central pasa por devolverle la confianza al gobierno. Porque por ejemplo, sólo con actos de confianza de esta naturaleza el Presidente no tendrá que nombrar ineptos en algún cargo público sólo por satisfacer a determinado partido.

Por el bien del gobierno, ojalá pase luego el chaparrón y prime la cordura. Que las portadas de los diarios las ocupe la Teletón, la “U” campeón, la Pascua, Año Nuevo, festival de Viña, vacaciones, y que en marzo se comience una nueva etapa. Una meritocracia popular, democrática, moderna, ágil, carismática y abierta. Que prime la sensatez y dejen de lado las muñecas.

FJD/
13/08/2004 00:51 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Nos dijeron cuando chicos

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 4 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

¿Cuántos chilenos de los años ´80 no se dieron cuenta que compartían los valores de la izquierda o centroizquierda si no hasta que escucharon las canciones de Los Prisioneros? Es cierto, no fue ni Silvio, ni los Quila, ni Schwencke y Nilo. Ahora Los Prisioneros sacarán un nuevo disco, “Ultraderecha”, donde, por lo que se ha informado, volverían nuevamente a hacer evidente lo obvio y recordar que todavía queda mucha injusticia en Chile. Ese es el problema del progresismo en Chile: tiene que venir alguien de afuera, como Los Prisioneros, a recordarle a su gente que la política no es sólo poder burocrático, también es realidad. La izquierda se pone tan latera, que a veces hay que remecerla con pegajosas canciones que recuerden al elector que la justicia social aun no es tan verdad.

Nunca he entendido ese divorcio entre la izquierda y la gente que vota por ella. Algo pasa que una vez ingresado al partido, el militante de izquierda, por joven que sea, pierde cable a tierra con la realidad más cotidiana, se pone serio, grave, y se aleja del votante. Como que hubiera que tratar mal a elector y televidente, hacerlo sentir culpable de las mil miserias de este mundo, no dejarlo reír o cantar lo que canta toda la gente, ni pensar, con optimismo, que las cosas pueden estar algo mejor.

Durante los años sesenta, la izquierda tradicional del PS y el PC era acusada de añeja y anquilosada en las más viejas prácticas de la politiquería. El MIR, el MAPU, la JS, o la mismísima JJCC estaban conscientes de ello, y pedían prestada legitimidad y un poco de onda a artistas e intelectuales. Los jóvenes votaban comunista no sólo por Luis Corvalan, si no que también gracias a Víctor Jara. Se hacían miristas no sólo por la aguda contradicción histórico-dialéctica de la época, si no que también por la estudiada foto en blanco y negro, abrigo oscuro de cuello subido y mirada a lontananza de Miguel Enríquez, como decía Jorge Castañeda, el más sexy de los revolucionarios.

Lo mismo ocurrió en los años ochenta. Mientras los jóvenes en las fiestas escuchaban The Police o Charly García, la izquierda seguía ensimismada en Pablo Milanés o Inti Illimani. Ahora, ello era entendible: con una CNI persiguiendo y matando a su gente, pocas ganas quedaban, me imagino, como para escuchar los Cuarenta Principales. Pero si bien ello explica el divorcio, lo cierto es que éste aún existía. Y por cierto, nada justifica que el progresismo se haya puesto tan enfermantemente aburrido, sin mística, con tan poco contacto con la gente y tan ignorante de lo que pasa en los gustos de los jóvenes, como se puso en los años noventa.


Seamos sinceros: a Pinochet se le ganó el plebiscito cantando “La Alegría Ya Viene” y no la “Cantata Santa María”. Se le ganó con un arcoiris y un lápiz, y sin ni un pinche fusil. Los ochenta eran los tiempos de las protestas masivas de jóvenes que creían que podía haber algo un poco más decentito que un gorila gobernando, pero que de materialismo histórico poco y nada sabían. A la izquierda le encanta pensar que es precisamente lo contrario, pero en fin. Uno podía tirar un par de peñascazos por la mañana en el liceo o la universidad, incluso se podía ir detenido, pero la mayoria llegaba a la tarde a la casa a ver “Los Títeres”, “Marta a las 8”, o “Mi Nombre es Lara”. Jamás vi a nadie bailando en una fiesta a Illapu, pero sí a Soda, Valija Diplomática o GIT. Recuerdo una de las últimas concentraciones del No, en el Parque La Bandera, donde todos deliraron con Los Prisioneros. En el público se veía mucho artesa, sí, pero muchos más jóvenes con pantalones de colores y tela amasada, mucho zapato Pluma, mucha niña de blue jeans con unas manchas de cloro blancas, como si estuvieran nevados, mucha chasquilla parada y mucho cinturón de cuero blanco y hebilla ancha por encima de la blusa. Esa era la moda que la izquierda no conocía.

Nadie le habla a la generación que no recuerda bien la escasez de la recesión del ´82. Que ha vivido toda su vida con un televisor frente a la mesa de la cocina. Aquella que le carga la ineptitud y la ineficiencia, y que siente un malestar profundo por la desigualdad. ¿Qué quiere este votante hoy en Chile (cuando vota)? Quiere políticos honestos y sobre todo, capaces. Que nadie se gane la plata sólo por pertenecer a determinado partido. Quiere una economía estable, quiere trabajar, y que haya seguridad en las calles, salud decente y educación para todos. Quiere dignidad y respeto, sobre todo si es pobre. Y presiente, porque nadie se lo ha confimado claramente, que la derecha no va acorde con sus valores. Intuye, porque nadie se lo dijo cuando chico, que la igualdad simplemente no es tema para Lavín, Piñera o Longueira.

Entonces, tiene que venir gente de afuera a remecer estas consciencias. Hasta ahora, sólo Morandé, Viñuela y Araneda han dicho que los hombres son hermanos y juntos deben trabajar. Alguien tiene que decir que eso no es tan verdad. Porque en Chile aún hay espacio para una izquierda de mayorías, aunque ella no lo quiera, no sepa cómo, o ni siquiera se dé cuenta.

FJD
13/08/2004 00:51 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Pe, Pe ... Dé”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 25 de Octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Un amigo guachaca me decía hace un tiempo: “sabe compadrito, el PS es como una casa de remolienda de esas antiguas, con cabrona, ponche, brasero y llena de putas viejas. En cambio, el PPD es como uno de esos prostíbulos modernos, alfombrados, climatizados, con jacuzzi ... y lleno de putas viejas”. Si bien la metáfora no es de lo más elegante y puede sonar incluso ofensiva a los de epidermis fina, lo cierto es que parte de los avatares del PPD se pueden explicar por la mala idea de sus dirigentes de olvidar que la política no se hace en el vacío. Se hace con slogans, sí, pero también con gente y con historia.

Soy fanático de Dick Morris, ex asesor y estratega de Bill Clinton. Hace algunos meses lanzó su último libro, “Power Plays”, donde a través de la descripción de una serie de casos históricos, intenta ilustrar sus teorías acerca del éxito o fracaso de un liderazgo político. Una de estas teorías dice relación con el partido del líder. Morris señala, en breve, que cuando el partido se pone díscolo o entorpece su propio crecimiento, la indicación es clara: señor líder, reforme su partido.

De ahí el ejemplo de Tony Blair, que transformó el viejo laborismo inglés en una fuerza nueva y potente, para lo cual hubo de remecer las antiguas estructuras del partido que lo ataban al voto y las mayorías internas de los sindicatos y confederaciones. O el caso de Koizumi, el Primer Ministro japonés, que luego de los escándalos de corrupción y merma electoral que sufre el Partido Liberal Demócrata a partir de 1993, logra remecer la estructura de viejos caudillos, empresarios y grupos de interés que dominaba el partido y relanzar un nuevo tipo de liderazgo.

Una genialidad similar fue lo que hizo Ricardo Lagos con el socialismo en Chile. Si bien el nacimiento del PPD está ligado al plebiscito de 1988 como estructura instrumental, es un hecho que tras ello el partido se posicionó como una fuerza de izquierda nueva, distinta, moderna. Ahí la definición clave de Lagos y su gente. Reformar el socialismo chileno tomaría años --como de hecho lo ha tomado—así que mejor irse por la vía del PPD. Un nuevo caso para Dick Morris, con una variante en su cometido: si su partido lo está jodiendo, organice uno parecido.

Luego del desasimiento de Lagos del PPD y su elevación a figura emblemática para todo el socialismo chileno, el PPD entró de lleno al gobierno y al parlamento. Pero ahí estuvo su principal problema: no captó nunca que sin historia, sin base y con votos prestados, sería difícil sobrevivir más allá de la administración del estado.

Así, la gran debilidad del PPD es que éste se explica sólo por el gobierno. Su legitimidad y visibilidad se explica por y para la Concertación en la administración. Si hiciéramos el ejercicio mental de perder la elección, todos los partidos sobreviven sin mayores problemas, como de hecho lo han hecho, en condiciones heroicas muchas veces, salvo el PPD. A excepción de sus figuras nacionales, algunos parlamentarios y aquellos que se han privatizado, el PPD como partido vería temblar su actual posición.

El PPD cometió dos grandes errores, que explican porqué dos escándalos menores a ojos de cualquier observador imparcial, como son el caso “cartas” y el caso “coimas”, logran desestabilizarlo tanto. Porque reconozcámoslo aunque sea al pasar: han habido cosas mucho peores en la política chilena.

El primer gran error del PPD fue sentirse y proyectar la imagen de inmaculado, cuando todos sabemos que la política es fría y descarnada. Era risible ver a algunos de sus dirigentes, que tienen años de circo, presentándose como blancas palomas. Es duro admitirlo, pero las vírgenes no existen en política. Al priorizar un perfil público fiscalizador antes que propositivo, primero con Schaulsohn y luego Girardi, Leal, Ávila et.al., el PPD no entendió que el juego de la denuncia en política es un juego de suma negativa, donde todos pierden, unos más que otros, claro, pero a la larga todos pierden.

Así, temo que la excelente campaña de “te defiende”, en vez de ser interpretada como el león que te defiende de los excesos del neoliberalismo, de la depredación del medioambiente o de las causas de nuestra inseguridad, fue más bien entendida por algunos como el león que ataca a los políticos desde una vereda distinta a la de la UDI.

El segundo gran error del PPD fue creerse el cuento de su éxito electoral y girar a cuenta de él. Hay que ser claros: la primera fuerza política en Chile no es la UDI, es el laguismo, o socialdemocracia, o centroizquierda, o como quiera que se le llame. El PPD subió su representación parlamentaria de manera meramente circunstancial. Así como el PPD no es la primera mayoría, ni Jofré es un mago o los candidatos no eran ni tan cototos, el PPD tampoco es el futuro exclusivo. Toda la centroizquierda es el futuro; un progresismo moderno, eficiente, sensible y cercano a la gente. Socialistas, radicales, demócratacristianos, independientes, gente de la calle, de la cultura, académicos, artistas, mujeres, muchas mujeres, jóvenes, estudiantes, obreros y cesantes. Todos son ese futuro.

No se trata de hacer leña del árbol caído, porque no sólo hay poca leña, sino que porque el árbol tampoco estaba tan crecido. Puede sonar contradictorio decirlo, pero siento que el PPD ha perdido la virginidad que nunca tuvo.

FJD/
13/08/2004 00:50 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Piquito, Piquito

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 8 de Diciembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Un amigo me dijo una vez que yo jamás podría entrar al círculo de intelectuales del país. “Estás demasiado contaminado con miles de horas de televisión”, fue su categórico diagnóstico. Y creo que tiene algo de razón. Viví mi infancia frente al televisor. Colegio, tareas, pichanga, tele. Mi día se repartía entre el Matinal de Teleonce, Festival de la Una, Tardes de Cine, Marco, Heidi y 60 Minutos. Pero viendo la Teletón la semana pasada, ahora pienso que al revés: Uno no puede entender cabalmente al votante chileno sin todas esas horas de televisión. Existe una suerte de código secreto entre nosotros los tevitos compulsivos, que nos permite saber qué es lo que la gente quiere y espera de sus figuras. Televisión, comunicación y política. De eso se trata el poder de hoy.

Un solo ejemplo: hasta hace apenas un par de años, decir “piquito” en Chile no significaba nada. A lo más algún niño chico podía pensar que “piquito” era sinónimo de “tulita”, pero nada más. Pues bien, tuvo que venir una estrella de televisión, como la Bolocco, y casarse con Menem frente a las cámaras de la televisión argentina, que éste matrimonio fuera transmitido en directo para todo Chile, y que los locutores argentinos nos sorprendieran hablando del “piquito” que se dieron Carlos y Cecilia, para que en Chile, por arte de magia, comenzáramos a hablar de “piquito” para referirnos a un breve beso en los labios. “La televisión penetra” decía Pepe Tapia, con mucha razón.

La Teletón politizó el neologismo “piquito”, con el desafío entre Lavín y Marín. Lavín accedió, Marín se negó. ¿Quién estuvo en lo correcto? ¿Quién ganó más votos esa noche? Para responder tan trascendente pregunta, un breve análisis del poder y la comunicación.

Muchos de nuestros políticos no entienden que “salir en la tele” no es lo mismo que utilizar la tele. Los hay de dos tipos: Unos que hablan y hablan ante las cámaras como si lo estuvieran haciendo en una plaza de pueblo ante una multitud enfervorizada. Lenguaje alambicado, cero prestancia, mala presencia, cero cercanía. Un simple discurso televisado. Un breve ejemplo: “¿Señor político, usted está a favor de la Teletón?” Respuesta: “Mire, hay que distinguir, porque si bien es cierto, no es menos cierto que, empero ello y no obstante lo anterior, el bien superior de la patria así lo exige y demanda”. ¿Qué dijo? Sepa Moya. Entonces viene el editor de prensa, saca una cuña a su antojo y arma el mensaje que se le ocurre.

Hay otros que confunden ir a la televisión con ponerse gil. Está bien, la TV es un fenómeno de masas, por lo que hay que cuidar la retórica para no pasar por latero. Pero cosa distinta es ir a jugar al un dos tres momia, bailar tieso como palo, hablar de la paz del mundo o dárselas de comentarista de fútbol. ¿Se ha visto algo más patético que Avila jugando al mudito con Piñera en Viva el Lunes? ¿O algo más falso que la buena onda del famoso Axé Político en la Teletón? Mi sabia abuela, que hoy está de cumpleaños, siempre dice: “Sabe mijito, no me gustan los políticos que hacen leseras”.

Al respecto, siempre se coloca el ejemplo de Franklin Delano Roosvelt en Estados Unidos. En esa época, década del 30, el país pasaba por duros momentos. Una tremenda crisis económica había azotado al mundo, mientras que se escuchaban voces de conflicto y fanatismo desde Europa. El ciudadano medio, aquel que decide las elecciones, quería confianza y cercanía. Hasta ese entonces, los políticos daban sus discursos en la radio tal y como si estuvieran en un mitin partidario. Cero empatía con el medio de comunicación. ¿Qué hizo FDR? Comenzó a dar sus célebres discursos nocturnos, donde se dirigía a los ciudadanos del país de manera directa, literalmente entrando a sus casas a la hora de cena. Tenía una voz estereofónica que sabía utilizar muy bien y explicaba de manera sencilla y amena, pero con voz de autoridad, los problemas del país. Éxito total.

En eso hay que sacarle el sombrero a Lavín. El tipo sabe utilizar la televisión y no simplemente aparecer en ella. Su imagen inaugurando la playa del Mapocho, que permítanme decir que la encuentro una buena idea, queda grabada en la gente. ¿Soluciona los reales problemas sociales con la playa? No. ¿Se atenúa la desigualdad existente? No. ¿Hace feliz a mucha gente pobre? Sí. Buena idea entonces. Apuesto que los nostálgicos de izquierda estarán picados porque no se les ocurrió a ellos primero. Seguro le habrían puesto “Playas Ciudadanas”.

Joaquín estuvo bien en la Teletón en prestarse a dar un “piquito” a la Gladys. A su vez, Gladys estuvo bien en negarse frente a las cámaras, firme, tajante, desde sus principios, pero simpática. “Que se ponga a la cola”, dijo coqueta. Ambos entendieron que el fuego de la TV se apaga con más TV. No con declaraciones públicas, ni sedes partidarias, ni voceros oficiales, ni comunicados de prensa. Se apaga con cara de frente, simpatía, seriedad, sonrisa, cercanía y respeto. Así es la política; así es la televisión.

FJD
13/08/2004 00:49 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Un Piñera no hace verano”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Siempre me ha llamado la atención Renovación Nacional. Es un partido extraño, de diferentes personalidades, donde sus dirigentes altos son muy distintos a sus dirigentes medios y a su base. Después de mucho pensar, creo que llegué a una conclusión respecto del divorcio interno de este partido: los dirigentes de RN son muy liberales para ser pinochetistas, mientras que la base es muy pinochetista para ser liberal.

El único otro partido que tiene estas conductas esquizoides es el PS, donde sus dirigentes son evidentemente más centristas que la base que canta con puño, corazón y cerebro en alto y se autodeclara marxista cada vez que puede. Porque en el PPD, Girardi es tan verde como el último militante ecologista que se encadena a un barco caza-ballenas; en el PC, la Gladys es tan hiper comunista como el último compañero del núcleo “José Stalin” de Huechuraba; en la DC, Zaldívar es tan intrínsecamente decé como la última vieja de la parroquia de barrio que marchó con la Patria Joven; mientras que en la UDI Longueira es tan derechista como el más furibundo dirigente y sapo poblacional de la época de Pinochet.

En cambio, en RN no es así el cuento. Piñera, así como en su tiempo Allamand, se declara demócrata, quiere eliminar a los senadores designados, aparentemente desea modificar el sistema binominal, si fuera Presidente de Chile le gustaría poder llamar a retiro a los Comandantes en Jefe, baila, canta, se para de cabeza, en fin, hace de todo para ser “politically correct”, pero su base no lo sigue. Y cuando hablo de base no me refiero exclusivamente al militante de una comuna, sino también a los diputados, senadores, alcaldes y concejales. O sea, casi todo el resto del partido.

Alguien inventó en Chile que los partidos no se acaban. Seguramente al ver que todavía revolotean por ahí algunos viejujos que se juntan a tomar en nombre del Partido Liberal, la USOPO o el PADENA, como que ha quedado establecido que los partidos no se terminan. Pero una cosa es subsistir como un monumento y otra cosa que un partido sea un movimiento. De lo que se trata es de esto último: que el partido exista en la política, mueva gente y genere movimiento en las decisiones de la autoridad.

Existen numerosos casos de partidos que han muerto, así como numerosos casos de partidos que han estado a punto de morir. En Italia, tras el derrumbe del bloque soviético y el fin de la amenaza comunista, la Democracia Cristiana perdió razón de ser. Comenzaron las investigaciones de corrupción, el famoso proceso “mano limpia”, y en cuestión de un par de años se desplomó el otrora fuerte y poderoso partido que gobernó durante casi toda la pos guerra. Con Suárez y la Unión de Centro Democrático de España pasó algo similar: este partido de centroderecha se jactaba de tener las llaves de la transición, hasta que llegó un hábil Aznar y les cerró la puerta por fuera.

De esta manera, hoy no se entiende bien para qué existe Renovación Nacional, mientras que los esfuerzos de Piñera por aclararlo, o los terminan los militares (sea a través de un espionaje telefónico o a través del Almirante Arancibia) o los terminan su propio partido. Hay que entender algo: los mandos medios y bases de Renovación Nacional son gente de derecha. Cuando Allamand formó el partido en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional y a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, alcaldes, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, en fin.

Por eso que venga Piñera a hacernos creer que ahora sí que sí la derecha dejará de lado su interés político inmediato por reformar las disposiciones poco decorosas democráticamente de nuestra Constitución, en especial el sistema binominal, da como para decir: “¡¡andáaa!!

La UDI no cederá, pues es negocio redondo para ellos. Y los candidatos a alcalde, diputados y senadores de RN jamás dejarán que su partido los prive de posar en la foto de campaña con la gallina de los votitos de oro, que es Lavín. ¿O alguien cree que, por ejemplo, Lily Pérez está más interesada en tener una Constitución decente que en ser senadora?

Por eso, Renovación Nacional poco a poco seguirá su proceso de “UDIzación” acelerada. Y los pololeos con la DC no pasarán de ser fugaces amoríos de primavera. Así, las ganas y entusiasmo de nuestro estimado Sebastián, que hay que reconocer que salió más porfiado que Allamand, jamás harán verano, porque él no es de allá, sino que de este lado.

FJD/
13/08/2004 00:48 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Pato Navia

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 10 de Noviembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Hace una semana, en el programa “La Entrevista del Domingo”, Mauricio Bustamante preguntó al entrevistado, Adolfo Zaldívar, si coincidía con lo señalado por el cientista político Patricio Navia en su columna de La Tercera, en cuanto que el problema de la corrupción tiene su origen en la triple impunidad que se había vivido en Chile respecto de este tipo de situaciones: Aylwin perdonó los hechos de la era de Pinochet, Frei los de la era Aylwin y Lagos los de la era Frei. Adolfo Zaldívar se echó hacia atrás, levantó las cejas, y antes de comenzar a responder con un muy demócratacristiano “si bien es cierto, no es menos cierto”, estoy seguro que debe haber pensado “¿Y qué tengo que responderle yo a ese tal Navia?”

En medio de los escándalos de corrupción y del “Caso Coimas”, he decidido darme un respiro y hablar de lo que realmente importa: El análisis político en Chile. Porque es cierto, todo se ha dicho a estas alturas acerca de los pillines de la Concertación que se quedaron con alguna propina; poco se ha dicho acerca de los pillines del régimen militar que se quedaron con algo más que una propina; a la vez que nada se ha dicho acerca de los pillazos de la derecha que a cambio de una defensa irrestricta de los intereses de los más poderosos en el Parlamento, reciben millonarias donaciones para sus campañas. Tan simple es el cuento que no vale la pena hablar de ello, si no más bien hablar de porqué este análisis simplemente no se hace.

Ahí está la gracia de Pato Navia y la razón de su éxito. Porque, por distintas razones, nuestros “intelectuales públicos”, como los llaman los gringos, dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Ahí está la gracia de Navia: Se trata de un analista que dice en simple lo complejo. Que explica en palabras sencillas e inteligibles, utilizando evidencia clara e irredargüible, los hechos o procesos de poder que vive la sociedad chilena. No habla francés, no usa chaqueta de tweed con parches en los codos ni fuma pipa. Simplemente analiza el poder.

Como señalábamos, por distintas razones, los intelectuales públicos dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Y eso ocurre a escala mundial. Hace décadas, uno podía leer a Samuel Huntington, Henry Kissinger o Zbygniew Brzezinsky para saber de la sociedad y el poder, y los seguía en diarios y revistas. Hoy no. Quienes hablan de nuestras sociedades hoy en día son los Joseph Stiglitz, los Paul Krugmann o los Amartya Sen, todos economistas. Se meten en nuestra política, hablan de nuestras instituciones, explican nuestros valores y muchas veces critican hasta nuestras costumbres.

En Chile ocurre algo similar. Leemos a Sebastián Edwards, Andrés Velasco, Eduardo Engel o René Cortázar, cuando antes, como por ejemplo durante la dictadura, eran nuestros políticos-académicos quienes nos ilustraban acerca del poder.

Creo que la culpa la tienen los mismos analistas, que no han sabido situarse en la sociedad con análisis originales, interesantes y, aunque cueste, de buen consumo. Se pueden distinguir básicamente tres tipos distintos. Un primer grupo que se ha dedicado a traducir y resumir The Economist cada semana, para luego repetirlo en la radio o en la tele. Un segundo grupo que se ha centrado en voluminosos análisis comparados de los cuales no se apartan ni cuando van a “Morandé con Compañía”. Y un tercer grupo absolutamente sociologizado, que se dedica a explicar el pasado en el lenguaje más alambicado posible. Pero del poder actual, real y en juego, poco o nada.

Además, Pato Navia tiene la gracia de ser el primer político globalizado en Chile. Dick Morris, otro gran analista de poder, señala que una de las claves del éxito político está en saber utilizar las nuevas herramientas de comunicación. Así como Roosevelt golpeó con la radio o Kennedy con su imagen de televisión, quien primero golpee con Internet tendrá parte de la carrera ganada. En Chile y en muchas otras partes del mundo, el uso de Internet en política se limita a colocar en una aburrida página web, todo tipo de autopublicidad, la misma que se reparte después en trípticos. Recién ahora en Estados Unidos se está utilizando la red para captar donaciones de campaña, lo que ciertamente revolucionará el sistema político en los próximos años.

En cambio en Chile, el primero en comenzar a hacer política a través de Internet fue Pato Navia, con una red de 800 adherentes a los cuales envía comentarios propios y de terceros una vez al día. En términos de discusión de ideas y rompimiento de estancos entre la clase política y la sociedad civil, Pato Navia y su lista de suscriptores (el “Referente”), son la juventud política más activa e influyente de Chile.

El lector me puede estar reprochando a estas alturas haber perdido toda una columna dominical en hablar de mis amigos. Eso tiene dos respuestas. Una primera respuesta agresiva y visceral, que indica que la columna es mía y escribo lo que quiero, sobre todo en tiempos de asqueo político generalizado. Pero hay una segunda respuesta más profunda que indica que si no analizamos rigurosamente el poder, como lo intenta hacer Navia, seguiremos comulgando con ruedas de carreta. Así, la derecha en Chile, con el pretexto de perseguir a un par de pinganillas que se quedaron con algo de raspado de la olla del Estado, podrá seguir defendiendo impunemente a los poderosos sin que nuestros grandes analistas se den cuenta.

FJD/
13/08/2004 00:47 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Oro no es, Plata no es

ANIMAL POLITICO
Diario La Nacion, Domingo 19 de Enero de 2003


Por Francisco Javier Diaz


Siempre recuerdo una adivinanza muy basica que me hacia mi abuelo cuando chico. Decia: “oro no es, plata no es, que es?”. Me tomo anos descubrir que el juego de palabras escondia que en verdad se trataba del platano (platano ES). Y creo que me costo tanto adivinar el truco por culpa de mi raciocinio excesivamente logico para la tierna edad de siete anos. En el fondo, mi razon de pequenito me indicaba que es imposible saber algo simplemente diciendo lo que ese algo no es. Asi, siempre que mi abuelo empezaba “a ver Panchito, oro no es, plata no es” yo me amurraba y le respondia “claro, y dulce de membrillo tampoco es”.


Ya de grande aprendi la diferencia entre distintas definiciones. Por ejemplo, uno puede irse por la clasica definicion de genero proximo y cualidades especificas. O tambien puede intentar una definicion genetica y acudir a los origenes del objeto definido y como este se construyo en el tiempo. Pero lo que es casi siempre inoficioso son las definiciones negativas, es decir, aquellas que intentan definir el objeto recurriendo a lo que el objeto no es.


Sin embargo, a veces en politica es util saber que es lo que las cosas no son. Como la politica es voluble, cambiante y dificil de aprehender, no obstante los esfuerzos de los cientistas politicos, a veces es util al menos descartar lo que el objeto no es.


No se a que va a llegar el caso coimas y el caso GATE. Tampoco se bien si hay crisis o no. Pero si se que muchas de las cosas que se han dicho al respecto por la prensa o por algunos analistas simplemente no son. Veamos dos de ellas.


Primero, que se ha desmoronado la estrategia del “blindaje” de Lagos, planeada por Ottone y el segundo piso. Habrase visto mayor estupidez que esta? Podria alguno de los analistas o periodistas que repiten esto como loros explicar, de manera medianamente clara, que significa “blindar” a Lagos? Ponerle armadura de fierro? Sacarlo del pais, pasarlo por enfermo, amordazarlo para que no hable? En politica, las unicas estrategias de blindaje que funcionan son aquellas que se hacen en contexto de prensa no libre. Claro, en la URSS pre-glasnot blindaban a Stalin o Brezhnev a cada rato de todo lo que pudiera pasar. O tambien uno puede imaginar un blindaje a nivel de medio en particular, cuando por ejemplo, una cadena, radio o televisora es de propiedad de algun connotado empresario y por tanto, en ese medio se blinda a tal personaje.


Pero hablar de que a Lagos se le blindo, cuando Lagos habla por la tele, radio y diario todos los dias, varias veces al dia, es sencillamente una estupidez. Lagos es quizas el presidente que mas interactua con los medios que hayamos tenido. Es mas, incluso se le podria criticar aquello, porque evidentemente la alta exposicion genera algun riesgo comunicacional. Pero que venga Ottone a blindarlo es tan tonto como pensar que a Jesucristo tambien lo blindaron de las malas andanzas de Judas. En democracia, a la gente honesta no se le blinda de las acusaciones de corrupcion.


Segundo, que Lagos descuido los partidos y se preocupo solo de su imagen personal. Otra tontera mas. Alguien podria explicar como se “cuidan” los partidos desde la Presidencia de la Republica? Se les pasa plata? Evidentemente no. Se les hace caso en todo? Afortunadamente no. Se respetan sus jerarquias internas y se interlocuta con las estructuras formales? A lo mejor por ahi hay algo que se puede mejorar. Pero lo concreto es que no se le puede echar la culpa a Lagos por la inoperancia de los partidos. Es mas, si no fuera porque Lagos goza de un 48% de popularidad, esto habria sido un desbande descomunal y la Concertacion simplemente ya no existiria.


Lo que paso con los partidos es que estos simplemente no han dado cuenta del desfase total que existe para con la ciudadania. Los partidos de la Concertacion no le hablan al Chile del siglo XXI. Le hablan a sus militantes, los cuales son del siglo XX --y de mediados de este. A veces veo a Lagos como un general moderno, con carisma, inteligente, que encabeza una operacion de alta complejidad, con un alto mando serio y tecnificado, pero donde sus lugartenientes, los que debieran tener mando de tropa, o sea, los politicos de los partidos, simplemente no saben tratar a los nuevos reclutas. Como ese lugarteniente de la pelicula “Peloton”, peinadito, educado en la Academia de Guerra de Westpoint por ex heroes de la Guerra de Corea, tratando de lidiar con una tropa de latinos, negros y pobres que poco entendian porque estaban peleando y se dedicaban en vez a fumar marihuana y a contar los dias para volver a casa.


La politica hay que entenderla en su base y no simplemente aventurar teorias de conventilleos. Eso son relaciones humanas, envidias, ambiciones, pero no poder. Lo central es ver como la ciudadania ve al Gobierno, que mal que mal, se financia con sus impuestos, a sus dirigentes, a los partidos y al poder. El resto simplemente no es.

FJD
13/08/2004 00:46 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Nine - Eleven”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 8 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Estaba hablando con mi sobrina, que tiene 15 años, acerca del menjunje que han armado los parlamentarios a propósito de los feriados que existen en Chile. Porque es un menjunje por donde se le mire: Primero, porque tenemos muchos feriados ridículos, que nadie se ha atrevido a eliminar. ¿Porqué tengo yo que celebrar el 15 de Agosto? ¿Porqué celebrar San Pedro y San Pablo y no San Francisco? Segundo, es un menjunje porque los genios del Parlamento, cuando trataron de arreglar este panizo, no se les ocurrió nada más lindo que trasladar los feriados infundados a los días lunes, de manera de hacerlos más infundados aún. Así por ejemplo, el pasado 27 de Mayo no se trabajó porque se trasladó a ese lunes el feriado que correspondía al día jueves anterior mientras que la Iglesia lo celebró el domingo entremedio. (Sí sé, yo también exijo una explicación). Tercero, porque se les ocurre a última hora tratar de establecer el 20 de Septiembre como feriado, en circunstancias que desde el tiempo de don Mateo de Toro y Zambrano que se sabía que el 20 de este año 2002 caería día viernes y quedaría ensanguchado.

Por último, dentro de toda esta maraña y días laborales perdidos, al Parlamento se le ocurrió derogar el 11 de Septiembre como día feriado y establecer el primer lunes del mes como “Día de la Unidad Nacional”. Al cabo de un par de años de tan poco decoroso fin de semana largo, el Parlamento, para acabar con la fiesta, derogó la ley derogatoria del 11 como feriado, por lo que en rigor, volvió a regir la ley original y se restableció como día sin trabajo.

Allí entonces preguntó mi sobrina: “¿Y porqué tendría que ser feriado el 11 de Septiembre? ¿Por los atentados a las Torres Gemelas?” Antes de reprocharle su escasa conciencia de clase, me di cuenta de una cosa muy obvia: mi sobrina, que votará en las elecciones presidenciales del 2005, nació en 1987. Vale decir, para ella el 11 de Septiembre del ’73 es tan lejano como es para Lagos la disputa entre Barros Borgoño y Alessandri Palma, para la Alvear la matanza del Seguro Obrero o para mi la derogación de la Ley Maldita. O sea, sucesos importantes todos, pero lamentablemente no muy relevantes a la hora de pensar futuro.

De esta manera, el tristemente célebre “Once”, para los jóvenes de hoy no es más que una triste fecha en los libros de historia y que ahora controlará la PAT o el SIES. Bien o mal, eso es, y por tanto equivoca quien pretenda sacar votos en torno a él. El Once hoy es simplemente “Nine Eleven”, como le dicen los gringos al atentado a las Torres y como prontamente le diremos todos nosotros. No es más el quiebre de la democracia en Chile ni el fin de un iluso proyecto revolucionario.

En lo personal, me di cuenta de lo poco que importa ahora el Once cuando, por diversos motivos, me perdí varios Onces seguidos en Chile. El Once de 1998 lo pasé en Buenos Aires, en plena discusión de la ley de flexibilización laboral de Menem. Allí, la oligarquía intelectual de la UCR denunciaba los perniciosos efectos de la reforma para los trabajadores, mientras éstos, cooptados por el menemismo, marchaban por las calles a favor del proyecto. Del Once chileno ni se hablaba. El de 1999 lo pasé en Londres, donde yo estudiaba. La colonia organizó una peña con mucho vino tinto, empanadas y Pinochet preso a unas cuantas cuadras, mientras la prensa británica discutía acerca de la extraterritorialidad de la ley penal y la inmunidad de los ex Jefes de Estado. Recuerdo cuando un Lord preguntó “¿Eleven of what?” El Once del 2000 lo pasé muerto de susto en un barrio palestino de Jerusalén, mientras Sharon hacía un pic-nic en la explanada de las mezquitas. Ni siquiera yo me acordé que ese día era Once.

Entonces, aún cuando la izquierda nostálgica me reprochará el poco respeto a los caídos, lo concreto es que, por ejemplo, ningún candidato en Estados Unidos gana votos en el 2002 hablando de los muertos en la Guerra de Vietnam. Así que no nos vengan con cuentos, desde hace tiempo que esto se veía venir así. Del momento en que se unieron en la Concertación quienes estaban en contra y a favor de la UP, el Once perdió algo de su razón diferenciadora. Por otro lado, tampoco hoy no existe nadie que esté de acuerdo en que los horrores del Once fueron necesarios. Y los pocos que lo están, no tratan de sacar votos con ello. Ya no hay más que discutir; los detalles de la historia los agregarán los historiadores. Para la gran mayoría de Chile, el Once acabó con un gobierno democrático, instauró una dictadura que costó la vida a miles de chilenos, se abrió la economía, años más tarde el país volvió la democracia, y san se acabó. Hoy se vota por la derecha o por la Concertación, y el Once da lo mismo. Y mientras tanto, “Informe Especial”, “Contacto” y “Aquí en Vivo” nos recuerdan “Nine Eleven” y no el Golpe.

Ahora lo que importa es entender qué es lo que pasa en Chile y el mundo después de “Nine Eleven”. Qué pasa en la cultura, en la economía, en las distintas civilizaciones. ¿Somos tan distintos como plantea Huntington?

Por eso las dos preguntas de mi sobrina de 15 años. Una acerca de “Nine Eleven”; la otra: “Oiga tío, ¿Y usted va a tener que trabajar el viernes 20?”

FJD/
13/08/2004 00:45 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

12/08/2004

Alcalde Por Un Día

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 9 de Febrero de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Tengo un profesor que siempre dice: “Se puede decir de una persona que detiene su automóvil a las tres de la mañana en una luz roja, cuando no hay un alma en la calle, que esa persona cree en el rol de las instituciones”. Y tiene toda la razón. Las instituciones importan, y sus reglas pueden ayudar a hacer la política un poco mejor.

Esta semana ha estado de moda el financiamiento de las campañas electorales, lo que en sí, es un tema institucional. Pero como ya está casi todo dicho sobre estos casos, y lo que no lo dirán los jueces, he pensado compartir otra reflexión institucional, que se refiere a las elecciones municipales.

En Chile nunca se ha entendido la relevancia del poder municipal, a mi juicio, debido a un mal diseño institucional. En efecto, el alcalde es quien está más cerca de la ciudadania, casi en contacto diario. El y su personal, o sea, concejales, profesionales, directores de obras, arquitectos, abogados, asistentes sociales, profesores, médicos de consultorios, jueces de policía local, entre muchos otros, son los que implementan en definitiva los programas nacionales. Ellos son la única cara del Estado que ven muchas personas. Así, una mala administración puede generar lo que en teoría política se denomina un "hoyo en la democracia". O sea, poco puede importar las grandes políticas que desee implementar el gobierno central. Si no cuenta con el concurso de los alcaldes y el staff municipal, sus planes pueden fracasar rotundamente y la ciudadanía percibirlos como un engaño más. El mal diseño institucional pasa por una paradoja: Se le ha dado una excesiva importancia partidista a una elección que no es tal, a la vez que se ha subestimado su poder real.

Ya en marzo estaremos hablando de las negociaciones municipales del 2004. Y estoy seguro que confirmaremos una vez más la teoría que indica que en Chile los alcaldes buenos, que los hay, salen de pura chiripa. A casi ningún partido le interesa elegir buenos alcaldes, si no que están más preocupados de las implicancias políticas que puede generar la elección propiamente tal, sea porque se elige a determinada persona clave, sea porque los números agregados soportan alguna aventura partidaria futura a nivel nacional. Pero de gestión municipal propiamente tal, poco o nada. Lo que no estaría tan mal tampoco, no hay que ser inocentón. El problema es que la pequeña ganancia partidista (si es que se puede hablar de ganancia,por ejemplo, el ganar un concejal), se ha transformado en el único leit motiv que orienta dicha elección.

Por eso la necesidad de un buen diseño. Soy partidario de la modesta reforma que consiste en diferir las elecciones municipales en el tiempo. Vale decir, que Arica elija su alcalde y concejo, por ejemplo, en Julio de 2003, mientras que Punta Arenas lo haga en Diciembre de 2004. Así le quitaríamos la exclusiva connotación política nacional que tiene hoy la elección municipal, y se le agregaría el incentivo de hacer una buena gestión, sea por la genuina intención de ayudar a la comunidad (los buenos), sea para seguir escalando posiciones políticas (los menos buenos). Pero lo importante es que el premio pasaría por hacerlo bien y no como hoy, donde lo importante es saber cuántos votos allega el candidato al partido, y el premio se da a nivel nacional y no local.

Ya me imagino la pelería que va a quedar a partir de Marzo. La DC exigirá llevar, al menos, la mitad de los alcaldes del país, y de éstos, algo más de la mitad de los alcaldes con verdaderas posibilidades de ganar; aparte de la mayoría de los alcaldes de las comunas más grandes, y algo más de la mitad de todos los concejales. El PS y el PPD se opondrán, argumentando que no hay razones para abandonar el clásico miti mota, más el cliché que indica que “sólo el que tiene mantiene”, donde, de paso, las comunas grandes quedan libres para disputar. Además, olvidarse de los equipos de trabajo y todo eso. Los concejales se elegirán por cuoteo partidario. Nada de competencia real ni medición a nivel comunal. Ese anacronismo colaboracionista no correrá en tiempos de guerra.

La derecha ni hablar. Muchos de los niñitos que eligieron en las elecciones del 2000 y que no hicieron nada relevante aparte de echar gente y llevar más niñitos a trabajar con ellos, irán a la reelección. Y pese a que las platas no cuadren y las obras no se vean por ninguna parte, Lavín designará, cual mexicano, vía "dedazo", a su sucesor en Santiago. Piñera no sé qué hará, si la UDI no se come con zapatos a RN en esta vuelta será simplemente porque no tiene hambre. Pero RN tiene algunos nombres buenos que postular y así ganar por imagen, más que por números, otro respirador artificial.

Así será la negociación municipal. Por eso creo en un nuevo diseño institucional. Diferir las elecciones le haría bien a los partidos, que tendrían un excelente campo para ensayar, foguear y construir de verdad. De esta manera, la cosa seria tan simple como que cada coalición se pusiera de acuerdo en llevar al mejor candidato a alcalde posible, y que cada partido reclutare buenos concejales, para ganar y para trabajar.

FJD
12/08/2004 00:30 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“La Marcha de Joaquín”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 4 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Pablo Longueira ha lanzado recientemente una cruzada política que sólo existe en su imaginación y en la de sus publicistas. Ha hecho un llamado, quien sabe a quién, a emprender la “Marcha de la Patria Justa”, en clara e intencional alusión a la “Marcha de la Patria Joven” de Frei Montalva del año 1964. Adolfo Zaldívar no se demoró en replicar a Longueira y le recordó quién es el dueño de esa marca registrada. Por mientras, los votantes de unos y otros poco entienden y menos recuerdan. Lo que ninguno de estos políticos se da cuenta es que ni la UDI ni la DC, ni ningún otro partido en rigor, está dando en el clavo de la preferencia ciudadana.

En la política actual, lo que importa al vulgo son las personas y las obras que éstas personas realizan (y comunican). Algunos haremos la relación “obras-ideología”, pero somos los menos. En general, en sociedades relativamente modernas, de desarrollo económico medio y democracia razonablemente asentada, los ciudadanos son mucho más sensatos y centristas que lo que muchos líderes políticos piensan. En estas sociedades, la gente se divide básicamente entre quienes creen que el gobierno de turno lo hace decentemente bien y quienes creen que el gobierno lo hace relativamente mal. Los primeros tienden a votar por el candidato de gobierno, mientras que los segundos lo hacen por la oposición, siempre y cuando ésta se ofrezca como una alternativa relativamente ordenada y sensata. Nada ahuyenta más votos que las epopeyas o los saltos al vacío. Si no pregúntenle a Arturo Frei o a Tomás Hirsch. Nada como la certidumbre y la confianza para atraer votantes.

Por eso el éxito de Joaquín Lavín. Porque me van a perdonar, pero un tipo que proviene de una minoría conservadora y pasado dictatorial, y que logra revertir ello a punta de simpatía y credibilidad, es un político exitoso por donde se le mire. Lo mismo con el Gobierno. Porque cualquier comparatista serio debe admitir que este es un buen gobierno, aunque a Longueira o a la izquierda epopéyica le cueste reconocerlo.

De esta manera, sin que medie una hecatombe económica y Chile caiga al remolino latinoamericano, el gobierno puede aspirar seriamente a ganar la elección. Pero si sus índices de confianza bajan, la gente votará por la oposición, siempre y cuando dicha oposición a su vez también genere confianza, cosa que Lavín ha hecho hasta ahora. Si no es así, la gente simplemente se abstendrá y ganará el que menos reticencia genere.

Por eso digo que el Gobierno ganará las elecciones por lo que haga, mientras que Lavín perderá las elecciones por lo que no haga. Y la “Marcha” que pretenda inventar Longueira o que trate de rescatar Zaldívar, poco importará. Joaquín camina sobre la base de su cercanía con el votante medio. A su vez, la Concertación deberá escoger al candidato que haga suyo los logros del gobierno, que esté arriba en las encuestas y que genere confianza para seguir avanzando. Los malabares políticos poco importan.

¿Quién ganará? No se puede decir ahora, pero es claro que el tema central estará en la credibilidad. La Concertación ganará las elecciones si hace lo que prometió y lo comunica creíblemente. Si al final de su gobierno mejora la economía y la gente puede decir “medio ni que chaparrón que pasamos, menos mal que teníamos este presidente”; si al final de su gobierno hay algo que se parezca al AUGE; si la reforma educacional y la reforma judicial se implementan razonablemente en todo Chile; si la delincuencia no se ha disparado; y si se siguen construyendo carreteras, entre otras cosas, la gente buscará a quien con cercanía y confianza transmita eso, y votarán por ella.

Lavín, a la inversa, no perderá por los ataques políticos ni por Chicago ni por su pasado Pinochet. Lavín perderá si su credibilidad es puesta en duda gravemente. Y obras son amores. Lavín no perderá si hace algo decente en Santiago y no puras mugres como ha hecho hasta ahora. Perderá por lo que no haga y su juego de piernas de poco le servirá para escabullir las críticas. Lavín es presa de su propio populismo.

Un poco el símil de Bonvallet. Este tipo crece cuando lo ataca Dragicevic o Milton Millas. Pero dio vergüenza ajena cuando vino la Daniella Campos y le dijo un simple “lo que dice Eduardo no es cierto”. Así es Lavín. El único rayón de pintura que ha tenido en años ha sido el de Martita Larraechea en la sesión del Concejo Municipal por el tema de la venta de los derechos de aguas. “Alcalde, lo que usted dice no fue así”. Ocho palabras para dejar a Lavín como un burro.

FJD, 2002
12/08/2004 00:30 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Manos Arriba, Manos al Fuego

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 1 de Diciembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“¡Manos Arriba!”, dijo el Juez Aránguiz a la clase política. “Manos al Fuego”, respondieron los socialistas. Y creo que estuvieron bien. No porque esté de moda y sea rentable políticamente acusar a cualquiera, uno va a andar renegando de su propia gente honesta.

Desde el tiempo de los romanos que ha sido una buena táctica acusar de corruptela al enemigo, por dos razones centrales: Una, porque efectivamente siempre ha existido corrupción en diversos niveles y ella genera una repulsa natural en las personas, siempre ansiosas, por tanto, de encontrar un culpable. Y dos, porque en temporada de caza es siempre muy difícil que los acusados demuestren su inocencia.

Así, los distintos partidos o gobiernos acusados de corrupción tienen básicamente dos opciones para enfrentar el tema. La primera opción consiste, en términos generales, en negar y ocultar el hecho hasta que más no se pueda, para luego negar tres veces y antes que cante el gallo, al ex compinche caído en desgracia. Corre aquí la ética del resultado: el corrupto me es útil pues obtengo algún tipo de beneficio de su corrupción. Plata, votos, influencia o lo que sea, pero el tipo es útil. Sin embargo, cuando se traspasa la curva de la utilidad, los rendimientos se hacen marginales y se deben compensar con los costos políticos de la transparencia y la sed del público de encontrar una víctima, entonces lo rentable pasa a ser echar al pobre diablo para afuera. Lógica total, resultado garantizado.

La segunda opción consiste en, primero, hacer un esfuerzo por transparentar los hechos, para luego analizar en profundidad su dimensión ética y la participación real de los involucrados. Si de dicho análisis el partido o gobierno se da cuenta que la acusación es infundada o injusta, la ética de la convicción indica que no se debe abandonar al involucrado. Podrá ser rentable políticamente, podrá caer simpático, podrá ganar unos cuantos votos, pero no es ético desde este punto de vista.

En el caso de Chile en estos últimos meses, lo fácil era crucificar a los diputados acusados. Lo hicieron todos. A la voz de “manos arriba”, la UDI se deshizo del diputado Escobar, la DC de Pareto y Jiménez, los radicales del diputado Lagos, el PPD de Rebolledo. Y ojo, que hasta el propio diputado Aníbal Pérez, cuyo desafuero no fue otorgado por la Corte de Apelaciones, debe haber sentido, antes del fallo de la Corte, cómo sus camaradas se cambiaban de vereda para no saludarlo en la calle.

Pero lo difícil era hacer lo que hizo el PS con Juan Pablo Letelier. Sin rodeos ni ambages: manos al fuego. “Lo conocemos, lo queremos, sabemos que es honesto y por tanto, no lo dejamos caer.”

Creo que el gesto puede ser incomprendido (al igual que esta columna). Algunos dirán que es la misma clase política de siempre que se auto protege. Otros dirán que no hay nada más rentable electoralmente que los partidos que hacen escarnio público de los acusados. Puede ser. Pero a la larga, creo, el hecho de no condenar anticipadamente gente honesta es más importante para un partido. Éstos son comunidades de gente que comparte proyectos colectivos y que no desean, por tanto, jugar a la ruleta rusa entre sus mismos compañeros. Y creo que el supuesto daño en imagen inmediato se puede revertir a punta de confianza y honestidad. Mal que mal, no hay mejor negocio en la política y en la vida que ser honesto; si los pillos supieran qué tan buen negocio resulta ser honesto, se harían honestos de puro pillos que son.

Por tanto, creo que el PS ha estado bien en esta pasada y es de esperar que lo continúe estando. Lo central pasa por una justa proporción de las cosas, por un justo análisis de las situaciones. Y por no dejarse llevar por la alharaca generalizada. Es cierto, los errores del PS pasan por otro lado. Pasan por el lado de la sintonía fina con la ciudadanía. Por el lenguaje y retórica alambicada y anticuada. Por la esquizofrenia de un discurso y simbología de izquierda añeja en boca y cuerpo de tipos sensatos, buenos profesionales y excelentes gobernantes. Por entender que lo que la gente quiere es un PS de izquierda moderna, abierta y tolerante, con una propuesta de futuro, al lado de los trabajadores e impulsando el desarrollo del país.

En épocas de duda hacia todas las instituciones, y donde la clase política asombra cada día con más y más chambonadas, el PS puso una nota de cordura y honestidad. Que sigan así, evaluando las cosas en su justa medida, defendiendo honestos, pero condenando corruptos. A estos últimos sí, y esta vez, caiga quien caiga.

FJD/
12/08/2004 00:29 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Longueira de Verdad

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 25 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

Qué nos quiere decir Longueira y la UDI con la última propuesta acerca de derechos humanos de ese partido? A la luz de las reacciones, se trató de un error, o de un frío cálculo? Eso es lo bonito de la política. Por más que algunos se esmeren en analizarla bajo prismas supuestamente racionales, y construyen diversos paradigmas y modelos de análisis e interpretación, sea a través de un rebuscado léxico sociológico, sea a través de cándidos modelos matemáticos, lo cierto es que ninguna de estas escuelas logra explicar, ni menos anticipar, los conejos que salen del sombrero. Así, los analistas se limitan a admirar al mago primero, para tratar de entender el truco después.

Se siente, se siente, Longueira presidente? No. Longueira es mucho más inteligente que lo que todos, y sobre todo Sebastián Pinera, creen. Longueira no será candidato presidencial el 2005. Tiene a Lavín encaramado en las encuestas, a boca de canon, dispuesto a hacer lo que él quiera. La única posibilidad que tiene el astuto y enojón Longueira para ser presidente, es que Lavín sea presidente primero. Que un inocuo Lavín rebaraje de tal manera el naipe, que votar por Longueira contra Pinera después se haga lo más natural del mundo. Pero mientras ello no ocurra, Longueira sólo será el astuto ex colaborador de la dictadura, amo y senor de la derecha, que no puede ser presidente de puro enojón que es.

Qué fue lo de la propuesta acerca de detenidos desaparecidos? Algunos piensan que el conejo que Longueira sacó esta vez del sombrero fue un error. Que en medio del ambiente comunicacional y político donde el gobierno está en clara desventaja por las acusaciones de corrupción, Longueira sacó al tapete el único tema donde la Concertación tiene una clara e incuestionable superioridad ética e histórica. Y puso en agenda un tema donde es difícil que la derecha diga algo coherente sin empezar por reconocer que no hizo nada ante los crímenes más horrorosos que un gobierno puede cometer. Que el “cheque por perdón” es una propuesta inaceptable. Como le decía el Quico al Chavo del Ocho: “Chavo, calladito te defiendes mejor”.

Otros piensan que fue un cálculo acertado. Que al margen de cómo termine el asunto, la prensa ya habla del grupo de familiares de las víctimas que está del lado de la UDI. Que ésta podrá, lentamente, comenzar a hablar acerca del “problema que nos aqueja como sociedad”. Que así se olvidan los mecanismos de compensación que la Concertación estableció para las familias de las víctimas, a los cuales en su momento se oponía el propio Longueira. Que se revuelve tanto el ambiente, que no faltará quienes caigan inocentemente en su juego, como Fulvio Rossi, y descalifiquen a las familias de las víctimas, o a las propias víctimas. Como decía el Chapulín Colorado: “No contaban con mi astucia”.

Yo creo que se trató de un error calculado. Longueira es consciente de todo lo aquí dicho, pero sabe que poco a poco debe correr la valla de la moral política. Porque ese es el tema de fondo: la gran cantidad de chilenos que no se convence de la moral política de la derecha, ni siquiera del inofensivo Lavín. El padrón electoral todavía está compuesto por gente que recuerda las barbaridades de la época de Pinochet. Longueira entiende que hay que volver a barajar el naipe. Ese es el cálculo. Pero el error fue el tiempo y la forma. Se equivocó Longueira al lanzar el tema en este tiempo, en medio de la expectativa por el discurso el 21 de Mayo, la anunciada detención de Letelier, y los escándalos de corrupción. En otras palabras, no se baraja el naipe en la mesa de la ruleta, menos cuando ésta está todavía girando. Por otro lado, el error en la forma fue evidente, en todo sentido. No sólo por la indecorosa propuesta de comprar perdón y silencio, también por la desfachatez de querer cambiarse de lado sin siquiera pedir perdón. Es patético ver a Longueira, Orpis o Melero pretendiendo demostrar que los ricos también lloran. “La izquierda utiliza políticamente a los detenidos desaparecidos” dijo Melero. Lo cierto es que el gobierno para el cual él trabajaba y apoyaba fue el primero en utilizar a estas personas, de manera que a través de la tortura, muerte y desaparición de ellas pudiera infundir terror en la población y perpetuar su gobierno. Eso sí que es utilización política.

Pero Longueira es de respetar, porque se atreve a sacar conejos de su sombero. Es un político de tomo y lomo. Si hay algo peor que los políticos que reniegan de la política, son los imbéciles que se lo creen. Longueira entiende que el pollo arvejado se hace con pollo. Astuto, calculador, dialogante y peleador. Estratégico e inteligente. Longueira es un poco como Allamand, menos arriesgado, pero que juega a la política como se debe jugar. A veces se equivoca, a veces nos asombra. Muchas veces desnuda nuestras inconsistencias, algunas veces insulta nuestra inteligencia. Pero es un político de verdad, y eso se agradece.

FJD
12/08/2004 00:29 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“La Mitocondria de Longueira”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Es curioso lo que pasa en la relación de Longueira con Lavín. Porque sin el tesón, empuje, liderazgo, astucia, vehemencia y convicción de Pablo, Joaquín no pasa de ser un alcalde simpaticón, de regular para malo. Pero por otro lado, sin el pinochetismo, soberbia, agresividad y clasismo de Longueira, Lavín ya estaría fijo para Presidente de Chile. Duro dilema entonces para el alcalde; Lavín debe estar reflexionando qué hacer: “si me lo dejan, me mata; si me lo quitan, me muero”.

Sin Longueira y lo que ésta ha hecho con la UDI, la simpatía de Lavín no alcanzaría para esconder su paupérrima gestión en Santiago ni la regular alcaldía en Las Condes. Es cierto, Lavín y su grupo chico con De la Maza, Délano y Silva son unos genios a la hora de inventar leseras que pegan en la gallada y venden imagen en los medios. Siempre he admirado esa capacidad para sublimar su vergüenza o esconder la risa a la hora de implementar ridiculeces como los botones de pánico, los carritos para transportar gente o los famosos escarabajos. Sin embargo, todo ello no se habría plasmado en un liderazgo político nacional de base sólida y duradera, si no fuera por Longueira y la UDI.

La derecha le debe mucho a Longueira. Por primera vez, un líder derechista ha logrado acabar con la vieja impronta organizacional conservadora de cuadros elitistas, caudillescos y de apellidos vinosos, para, manteniendo esa impronta desde la sombra, formar un partido realmente moderno. Como dice la literatura comparada en estas materias, Longueira ha logrado formar una estructura “electoral profesional”, eficiente, tecnificada, de discurso “catch-all” y base popular. Se deshace de los díscolos, envía al ostracismo a los porfiados, doma a los independientes, da las señales al empresariado. Nadie le desobedece. Y si alguien muestra alguna disidencia, le corta la llave de los recursos, pues es él quien maneja las platas.

Longueira ha logrado algo que ni Alessandri Palma, ni Ibáñez, ni Alessandri Rodríguez, ni Pinochet, ni Jarpa, ni Fra Fra, ni Pedro Ibáñez o Allamand, ni Novoa ni Jaime Guzmán, pudieron lograr: institucionalizar a la derecha. Darle un marco, colocarle una cancha donde jugar. A sangre y fuego, es cierto, pero la derecha existe en la UDI y nadie duda que ésta es, hoy en día, mucho más que un sentimiento, una clase y unos cuantos morlacos.

Pero Longueira es muy pesado. En la mitocondria de sus células se encuentra el gen del conflicto y la odiosidad. Por eso Longueira no fue figura durante la transición: no por falta de edad o ganas, sino que por falta de criterio y habilidad para pensar en el bien del país antes que en el de su partido. Si fuera por él, Pinochet hubiera gobernado hasta 1997... ¡¡¡1997!!! ¿Puede haber aberración política más abyecta que esa? Si fuera por Longueira, la Constitución de 1980 no se habría reformado en 1989. Para él, los detenidos desaparecidos eran un puro invento, los exiliados bien exiliados estaban y el Informe Rettig no sirvió de nada.

Pero lo peor es que él no hace nada por cambiarlo y sigue burlándose de nuestra inteligencia y nuestra memoria. Y la Concertación, especialmente dirigentes partidarios y parlamentarios, caen y caen en su juego. Ahora se les ocurrió montarle una sesión especial en la Cámara para taparle la boca ... ¡¡pero si de eso se trata, que hable y hable y desnude su arrogancia!! Entonces, Longueira acusa censura y persecución. El mismo que, como nos recordó el diputado Saffirio en el hemiciclo esta semana, delataba a sus compañeros de universidad en los años ’80.

Lavín podría ser Presidente de Chile en estos momentos si no fuera por la soberbia de Longueira. Si se hubiesen atrevido a colocar a Andrés Allamand como jefe de campaña para la segunda vuelta presidencial en 1999, probablemente otro gallo habría cantado. Afortunadamente para el país no fue así. Lavín no habría sabido manejar las riendas del país en época de crisis internacional, tal y como se le fue en collera ser alcalde de verdad. No habría habido Unión Europea, seguro de cesantía, ley de evasión, ni estaríamos cerca del TLC. Los ricos serían más ricos, los pobres más pobres, la educación más mala, Longueira más pesado y los sueños de una sociedad más igualitaria estarían más olvidados.

Por eso es que Longueira se equivocó. Sus palabras en Miami dejaron ver al verdadero Longueira, el mismo que se comió a Allamand, a Piñera y que ahora se comerá a Lavín. Las mitocondria de Longueira tiene marcado su derechismo furibundo y eso no cambiará. Él lo sabe, por eso no se atrevió a competirle a Guido Girardi en Cerro Navia y prefirió refugiarse en Conchalí, Renca y Huechuraba. Está escrito en sus células: Longueira no cambiará.

FJD/
12/08/2004 00:28 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Compañero Presidente

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 6 de Abril de 2003

Por Francisco Javier Díaz

“Primero se pusieron lesos los PPD, lo que a mi no me importó, porque yo no soy PPD. Después se pusieron lesos los de la DC, lo que tampoco me importó, porque yo no soy DC. Ahora resulta que se ponen lesos los socialistas, y eso sí que es grave, porque yo soy socialista” (Anónimo).

“Leso es el que hace leseras”, decía sabiamente Sally Field como la mamá de Forrest Gump, caracterizado por Tom Hanks. Lo de Juan Enrique Vega fue una lesera y no hay vuelta que darle. Los embajadores no tienen facultad para discernir si una decisión de Estado es correcta o no, o si se ajusta a sus principios y valores personales. Si discrepa, utilizará toda su inteligencia para convencer internamente a las autoridades acerca de su posición. Si no logra persuadirlos, debe acatar. Si no lo quiere hacer, se va. Punto. El embajador es un representante en el sentido más jurídico de su acepción. Nada de representación sociológica del tipo Miss Chile, “el país se siente reflejado en mi, yo soy un espejo de mi país”. El embajador es un mero mandatario, noble mandatario que actúa en nombre de su país, pero mandatario al fin y al cabo, que está para hacer lo que el mandante le dice.

La justificación del PS acerca del episodio no se entendió, creo, básicamente porque partía de un hecho injustificable. Es cierto, el PS tiene toda una trayectoria en materia de derechos humanos, que a estas alturas es uno de los pocos activos que le va quedando y que, si es inteligente y no se autolimita a la situación histórica de la ya lejana dictadura, si no que le da una connotación moderna, le servirá por un buen tiempo para seguir atrayendo jóvenes idealistas a sus filas. Pero no por ello el PS va a confundir las cosas y tratar de justificar leseras.

Es probable que la anormalidad política que vivió el país durante tanto tiempo haya hecho que los roles se confundan. Porque por ejemplo, ¿Andrés Allamand, era de oposición o de gobierno en tiempos de Pinochet? Yo creo que ni él lo tiene claro. Para una mejor comprensión, categoricemos las posibilidades que tienen los partidos en las democracias multipartidistas.

Primero, uno puede ser partido de oposición. Parece fácil, pero tampoco es tanto. Recuérdese los primeros años de la transición, cuando el carácter de la oposición de la UDI, dura en intransigente, chocaba con la “democracia de los acuerdos” de Renovación Nacional. Sea como sea, el cuento final es que la oposición es el grupo que no está en el gobierno y que presenta cada vez que puede sus críticas a la administración de turno y propone su alternativa programática.

Segundo, uno puede ser partido de gobierno. En los sistemas multipartidistas, donde gobiernan coaliciones, existe la posibilidad de que un partido esté en el gobierno, pero que la coalición sea presidida por otro partido, quien asume la primera magistratura. La relación de estos partidos con la administración es compleja. Porque por un lado, es su gobierno, hicieron campaña por él; son sus ministros, es su gente. Pero por otro, tanto críticas como alabanzas se las lleva mayoritariamente el partido del Presidente. Aquí es donde muchos jugaron con fuego durante el gobierno de Frei. Porque si bien uno puede discrepar del gobierno y puede de hecho hacerlo público, la línea que separa ello de una conducta opositora es tenue. Los diputados del polo progresista que ganaron popularidad fácil durante el gobierno de Frei terminaron sentando un mal precedente en términos de apoyo presidencial. Si la DC hoy exige voz en cuello e impunemente lo que se le da la gana al Presidente, desde la presidencia del Banco Central hasta tener más embajadas (de paso me pregunto, ¿para qué diablos quiere más embajadas la DC?), se debe, en parte, a la conducta errática de algunos PPD y PS durante la administración anterior.

Tercero, uno puede ser el partido del Presidente. Y ahí sí que no hay cómo equivocarse. Se está en todas, buenas, regulares y malas. Se asiente, se obedece, se confía en el criterio del mejor de los suyos que ejerce como Presidente. Pero sobre todo, se entiende. Se entiende que el arte de gobernar implica tomar una serie de decisiones dolorosas, impopulares, o que no satisfacen enteramente los principios iniciales. Esto en política es así, el resto es poesía, academia o marihuana, según le plazca al lector. La situación de la guerra en Irak, por ejemplo, mostró a un Lagos que hizo lo que nadie mas habría hecho, que era presentar una alternativa distinta a Estados Unidos en las condiciones en que nos encontramos. Y que yo sepa, los únicos que lo han defendido valientemente ante la gente que lo pifea son Los Prisioneros, no los socialistas.

Pero resulta que con leseras como la del embajador, los socialistas han hecho que ésto se olvide. Y que la prensa conservadora tenga la desfachatez de señalar que se ha vivido un “nuevo traspié” en la diplomacia del gobierno, la cual la historia reconocerá como la más exitosa de todos los tiempos. Y que Piñera aparezca como el salvador de la patria al viajar a Washington a “hacer un intenso lobby por el TLC”. En fin, se ha manchado lo poco bueno de este gobierno.

Uno espera del partido del Presidente dos cosas: En público, lealtad absoluta. En privado, entre camaradas, fuerte y despiadada crítica constructiva. Pero no al revés: Obsecuencia privada para ir a pedirle un cargo, y crítica pública para ganar una fácil simpatía. Hay que recordar que en 1998, cuando Pinochet cayó preso en Londres, entre Estado y partido, los socialistas eligieron el Estado. Y que yo recuerde, ni Juan Enrique ni nadie renunció a nada.

Vienen días durísimos para Lagos, donde algunos cuestionarán hasta su permanencia. Para enfrentarlos necesita de un partido atento, consecuente, que le diga las cosas por su nombre y las trate de arreglar en conjunto; que asuma errores ante la ciudadanía, pero sobre todo, que no sea leso, que juegue de manera inteligente. No es mucho pedir. ¿O no compañero?

FJD
12/08/2004 00:27 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Internacionalismo Pop”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 25 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Viendo las imágenes de la visita del Presidente de Perú a nuestro país, no puedo dejar de recordar una de las acciones políticas más patéticas que he visto en mi vida: la visita de Joaquín Lavín a Alberto Fujimori en 1999. En medio de la campaña electoral, las encuestas indicaban que Joaquín sufría algún menoscabo en su figura de posible estadista frente a Lagos. Los focus groups mostraban a un Lavín extremadamente simpático, creíble y popular, pero débil en imagen presidencial; la gente simplemente no se imaginaba a Lavín de Presidente. En un arranque sin precedentes, Joaquín decidió visitar al ex Presidente de Perú en medio de la corruptela generalizada del régimen de Vladimiro Montesinos, y señaló a la prensa: “Quiero ser como él”.

¿Qué habría dicho la prensa norteamericana si un candidato hubiese visitado a Somoza meses antes de su caída en 1979? ¿Cómo se regocijaría la prensa europea si un candidato español, francés o alemán hubiese visitado a Ceaucescu en 1989? La verdad es que tamaña idiotez política, deshonrosamente olvidada por la prensa nacional, tiene como única explicación el “Internacionalismo Pop” que existe en la derecha chilena. Una mezcla de vocación aislacionista, discurso populachero y prepotencia patronal.

Tengo que ser honesto y reconocer que el término “Internacionalismo Pop” lo tomé del gran columnista del New York Times, Paul Krugman. En su libro de 1996, este autor critica a quienes han reemplazado la seria discusión teórica sobre el comercio y las relaciones económicas internacionales, por discursos vendedores al público pero de escaso rigor analítico.

Algo así pasa con el tema internacional en la derecha chilena. No el discurso económico, al que se refiere Krugman, si no que el político. No obstante la derecha cuenta con una masa crítica de alto nivel, compuesta básicamente por abogados y economistas de prestigio, con buena educación en el extranjero, a la hora de llevar esa reflexión a la práctica política, cae en el más asombroso rasquerío. ¿Cómo olvidar las escenas de los diputados de la UDI abandonando el Congreso Pleno cuando vino el gran Helmut Kohl a Chile, tapándolo de insultos, garabatos, levantando el dedo del medio y con más de un folklórico “Pato Yáñez” como gesticulación obscena?

Algo de vocación de aislacionismo hay detrás de todo esto. La vieja oligarquía chilena tenía un discurso nacionalista de tercera categoría que tendía a menospreciar la cooperación internacional y abogar por medidas proteccionistas (para proteger sus propias empresas, dicho sea de paso). Ni hablar del aislamiento de la era Pinochet, cuando nos colocaban en la misma fila de Uganda, Sudáfrica o Corea del Norte.

En cambio, es un hecho que la DC y la izquierda han asumido el contexto político internacional con mayor rigurosidad. Las redes de algunos personeros son de consideración y han sido de gran utilidad para el país. Dicen, por ejemplo, que Gabriel Valdés entra saludando al Departamento de Estado y al Vaticano, y que si uno quiere saber de su hijo, basta preguntarle al portero de las Naciones Unidas: “¿habrá llegado Juanga?”. El Gute trata de “camarada” a medio Europa, mientras que Cardoso trata al Ministro Muñoz como “Heraldinho”. El Canciller de México, Jorge Castañeda, habla de su “cuate” Insulza, mientras que Camilo Escalona jugaba al dominó con Gerhard Schroeder en los años ‘70. Mientras que en la derecha, el único que poseía algún contacto internacional era Andrés Allamand, pero su mejor amigo, Andrés Pastrana, terminó pesando menos que él mismo.

También hay un discurso populachero involucrado. Si Ricardo Lagos está hoy pensando en qué mensaje enviar a George Soros, en su calidad de presidente de la “Open Society”, para la conmemoración del aniversario de la muerte de Karl Popper, Joaquín Lavín está más preocupado de asistir a los funerales del “Negro” Said. O sea, la derecha entiende que lo internacional no da mucho rédito electoral, lo que, dicho sea de paso, es muy cierto. Pero extrema las cosas al no darle ninguna importancia al tema y asumirlo con un criterio exclusivamente marketero. Dicho en otras palabras: a Lavín le importa un bledo qué es mejor para Argentina. Simplemente quiere que Menem gane para que la Bolocco sea la Primera Dama y lo ayude en su campaña.

Finalmente, hay algo también de prepotencia patronal. En Chile se está mejor cuando se es rico y poderoso, qué duda cabe. Para qué moverse. Para qué salir. Para qué dejar entrar. En su casa roncan, afuera son uno más.

Sí es importante entender que, en la política moderna, lo internacional no da mucho voto si es que ello no tiene una consecuencia palpable en lo interno. Pero no por eso se tienen que hacer ridiculeces como ha hecho la derecha. A este paso, cuando Lavín le entregue las llaves de la ciudad de Santiago al Presidente Toledo, va a tener que aclararle que cambió la cerradura de las llaves que le entregó a Vladimiro Montesinos.

FJD/
12/08/2004 00:27 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Instituciones de Palo”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 6 de Octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“Las instituciones funcionan” ha dicho el Presidente Lagos cada vez que puede. En general, mucho se ha discutido y criticado el concepto. Unos dicen que es conformismo; otro dicen que es falso.

Los primeros, generalmente la izquierda, tienen algo de razón: no puede ser presentado como un gran logro que las instituciones funcionen; éstas simplemente tienen que funcionar. Pero lo que ellos olvidan es que estamos en un país donde las instituciones no funcionaron durante 17 años de dictadura e incluso hasta varios años de vuelta la democracia. Entonces, algo de gracia tiene el cuento, pues en el fondo, nos hace volver a ser un país maduro y civilizado.

Los segundos, los que dicen que ello es falso, y que son generalmente la derecha, no tienen mayor argumento salvo obtener un rédito político o electoral. Acusan que las instituciones no funcionan, dejando implícito que el Gobierno las amaña para su lado. “El Gobierno es cara de palo”, dijo la senadora Matthei a raíz de que el Presidente no citó al Consejo de Seguridad Nacional por el caso del General Ríos. “No hay que politizar las Fuerzas Armadas” dijo el senador Arancibia. Con qué cara éstos dicen eso, se pregunta uno.

Lo que estos próceres no dicen es que para ellos las instituciones políticas son los mecanismos que los favorecen, y olvidan que una institución es mucho más. Las instituciones políticas son normas y conductas generalmente aceptadas y legitimadas por los ciudadanos. El resto no lo es; son simplemente instituciones de palo.

Los principales exponentes de la teoría institucional de la Ciencia Política, desde Maurice Hauriou a Samuel Huntington, son claros en señalar que las instituciones políticas no son cualquier cosa. Así como no basta una ley, un edificio y un presupuesto para formar una institución real, pues debe haber una idea de bien común detrás de ella, tampoco basta una regla para formar una institución política. Veamos un ejemplo: la DINA tenía una ley que la regulaba, varios edificios donde funcionaba y un presupuesto que se ejecutaba. Pero a nadie se le ocurriría pensar que la DINA pueda ser catalogada como una institución, pues no sólo le importaba un carajo el bien común, sino que en muchos casos estaba más preocupada de infligir el mal individual.

Lo mismo ocurre con las instituciones políticas. Estas deben obedecer a un sentimiento mínimo de legitimidad general en la ciudadanía. Deben ser respetadas como un espacio de acción colectiva y deben, por tanto, ser sentidas por los ciudadanos como reglas de relativa permanencia. Por ejemplo, las elecciones son una institución. A ninguno de nosotros se nos ocurriría llegar al poder de otra forma que no fuera mediante el voto democrático. Lo sentimos así y pensamos que así será por mucho tiempo. En cambio, no sé si alguien recuerda el mecanismo corporativista semi-fascista que inventaron los diseñadores institucionales del régimen militar para escoger a los alcaldes y consejeros comunales. Era un intrincado e ilegítimo procedimiento que nadie recuerda, precisamente, pues jamás se constituyó en institución.

Entonces, da rabia que venga el senador Arancibia a decir que no se puede otorgar al Presidente la facultad de remover a los Comandantes en Jefe pues ello podría politizar las FFAA, cuando él mismo negociaba su candidatura al Senado representando a un partido político siendo almirante. Esa regla, la inamovilidad, no es una institución.

Lo mismo con Evelyn Matthei. Recordaba del libro de Cristián Bofill acerca del “Piñeragate”, cómo la actual senadora le exigía a Andrés Allamand que hiciera algo para que los tribunales no investigaran el espionaje telefónico a Sebastián Piñera. “¿Cómo a la Cutufa le echaron tierra?”, preguntaba conmovedoramente a sus correligionarios, mientras le mentía descaradamente al país por casi dos meses. La senadora Matthei ahora dice que el COSENA es una institución que puede resolver el entuerto del General Ríos. Las pinzas. El COSENA no es más que un invento del ilegítimo constituyente de 1980 para mantener cierta tutela militar incluso en democracia (afortunadamente cada vez menor).

Para mi, no todo lo que está en la Constitución es una institución. Sólo un rostro de madera defiende las instituciones de palo.

FJD/
12/08/2004 00:26 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Solo en la Gran Ciudad

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Abril de 2003

Francisco Javier Díaz

No conozco chileno de mi edad que no haya jugado alguna vez a “Mi Gran Ciudad”, también conocido como ¨Monopolio”, el clásico juego de tablero donde uno tira los dados y va avanzando por las calles de Santiago comprando propiedades, construyendo edificios y cobrando rentas. La escena clásica: Vacaciones de verano en el litoral central, la casa llena de hermanos, primos y amigos. Después de llegar de la playa y antes de las onces-comida, una partida del juego. Pero tampoco conozco a nadie que no haya tenido un primo o amigo más grande que se aprovechara de la inocencia de los más chicos y siempre dijera antes de empezar: “Yo soy el Banco”. Así, en el litoral central aprendí una de mis primeras lecciones de política y de política monetaria. Siempre desconfiar de los que cortan las huinchas por ser Banco.

Las reacciones a la designación de Vittorio Corbo en el Banco Central dan para hacer una serie de análisis respecto de la política chilena. Pero creo que lo medular de todo es la certidumbre que generó en los mercados y la incertidumbre que generó en la clase política. Porque temo que a estas alturas Lagos tiene un rol absolutamente central y casi exclusivo en la política chilena. Todo se explica por lo que él hace o no hace. No dialoga con nadie, no por sordera, si no que porque no hay nadie con quien dialogar. Poco importan los ministros, menos los candidatos, nada los partidos, el parlamento casi no existe; Lavín no es interlocutor serio, Longueira sólo responde. Allende negociaba con Aylwin, Altamirano con Allende. Aylwin hablaba con Jarpa y Allamand para la reforma tributaria de 1990, mientras Foxley se entendía con Piñera. Frei era flanqueado por Figueroa o Insulza, quienes conversaban fluidamente con Espina o Novoa, mientras el propio Lagos existía como referente alternativo a la presidencia. Ahora no hay nadie. Lagos es la política chilena. Y tristemente para él, es el único a quien se quiere atacar y algunos, hasta derrocar. Lagos ha asumido por sí solo un rol distribucional, que con la designación de Corbo ha rememorado una clásica trilogía de preguntas: la política se trata de responder el dar qué, cuándo y a quién.

La izquierda no ha captado qué significa todo esto. Todavía cree que con la política monetaria se pueden hacer milagros. Desconfío de quienes quieren ser Banco. Discuten acalorados: ¿Lagos ya no es de izquierda porque nombró a Corbo? ¿O nombró a Corbo porque ya no es de izquierda? Como la izquierda populista del PC, Avila o Naranjo no tiene claro el rol del Banco Central, ni menos las ideas del Presidente por el cual votaron, ni mucho menos lo que piensa Corbo, entonces reduce todo a una cuestión de los de allá y los de acá. Pero de la descentralización como instrumento de profundización democrática, derechos humanos en un sentido amplio y moderno, férrea protección de los trabajadores sin afectar los niveles de empleo, de una política efectiva para una familia cambiante, de la modernización del Estado, o de una educación de calidad para la inserción en el mundo globalizado, por ejemplo, poco o nada interesante. Más fácil es seguir viviendo en el mundo de los malos y los buenos. Mientras tanto, Navarro apoya al gobierno cubano que apresa a quienes piensan distinto.

La Democracia Cristiana sigue con su juego de Dr. Jekill y Mr. Hyde. Designan a Corbo, y los Doctores Jekill Foxley y Boeninger lo aprueban en aras del bien del país. Entienden que con la confianza no se juega. Pero de inmediato aparece Mister Hyde. Ahora fue Lorenzini, otras veces ha sido Mora. ¿De qué lado estará Zaldívar? La DC hace apuestas peligrosas, donde no se ve la ganancia. Exige públicamente la Subdere, el Presidente se enoja y no se las da. Exige por los diarios el cupo de consejero del Banco Central, el Presidente se impacienta, y no se los da. Ahora resulta que piden más embajadas, sin captar que ellos mismos han causado que Lagos sea quien define qué, cuándo y a quién. Ante la ciudadanía, dos conclusiones: Una, que la eficacia partidaria deja mucho que desear, pues basta que la DC pida algo para que no se lo den. Dos, y más grave que lo anterior, la ciudadanía tiende a sospechar. La gente, al igual que yo, desconfía de los que quieren ser Banco.

El dilema de Lagos es que no puede ser aplaudido. En esta vuelta, lo aplaudió la derecha y el empresariado, pero igual se lo comieron los medios. Si no nombraba a Corbo, debilidad ante la izquierda. Cuando lo nombró, debilidad ante la derecha. Lagos siempre débil, es el juego de la prensa. Como no pueden tener a un socialista con 50% de aprobación en las encuestas, porque es peligroso para los bolsillos de quienes pagan el avisaje, hay que atacarlo como sea. Pero Lagos sabe que la gente no lee los extensos reportajes de los domingos en los diarios, ni las columnas, si no que escucha la Bío Bío o ve las noticias de las 9, y por tanto se la juega por ese segmento. Ahí se ganan las encuestas. Y salió con una buena frase. “Necesitaba al mejor y puse al mejor”. La gente no cree en la estupidez de la “selección chilena” y la sonrisa de Lavín. Más creíble es un tipo mezcla entre apatronado y seguro de sí mismo, que al igual que un padre de novia de clase media, contrata al mejor banquetero para la fiesta. Sonó al muy chileno “que no se note pobreza”.

La derecha en su juego, sin gran estridencia. Tampoco se pueden alegrar mucho, ellos tienen claro que la gente desconfía de los que quieren ser Banco. Hasta Pinochet cuoteó el Central en su momento y fue criticado por los de su sector que no entendían el juego del instituto emisor. Y ojo, que las payasadas de una gestión populista que tendrá que cumplir con la promesa del cambio no serán financiadas desde el Central. Ni Corbo ni nadie sensato, se prestará para eso.

A la larga, el tema de fondo es la sensatez. En un mundo globalizado, la confianza en que los países cuidarán su moneda y no emitirán más de la cuenta, es clave y a la larga genera más beneficios que amarras. Si la correlación entre elecciones y gasto fiscal existe, y es demostradamente perniciosa, la combinación populismo-emisión sin control es muchísimo peor. Esa es la cuestión de fondo. Un Banco con reglas que requiera de los más capaces. Una clase política valiente, seria y sensata que dialogue y plantee sinceramente sus opciones. Todo un sistema que no permita que el Presidente termine triste, tirando los dados solo.


FJD
12/08/2004 00:25 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

10/08/2004

Señor Censo, ¿Quién soy yo?

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Marzo de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Esta columna es la más mala que he escrito en meses. Pero a última hora el editor notó que se repetía el tema que yo tenía preparado y, como donde manda editor no manda columnero, tuve que cambiar. “Escribe de cualquier cosa, por último de ti mismo” fue la instrucción. El problema es que ni siquiera de ello estoy seguro. ¿Cómo saber quién soy yo?

Diría que Animal Político es, antes que nada, un claro fruto de su época. Es parte de la poco gloriosa y jamás recordada generación de fines de los ochenta y comienzos de los noventa, la que no alcanzó a estar en las primeras filas de la lucha contra la dictadura. Lo curioso es que nadie nunca habló de esta generación y de repente, así como así, aparece reflejada en el censo nacional.

El censo de 1982 Animal Político lo vivió como niño aun ingenuo. “21 de abril será ese día: El día en que seremos más” cantaba el jingle que inventaron los milicos para esa campaña. Pero en rigor, lo que allí se medía eran las promesas hechas por Pinochet antes del plebiscito de 1980, esa de una citroneta, casa y lavadora por cada cuatro chilenos. El censo no mostró esto, ni tampoco midió el dolor de un país por la muerte, el exilio o la tortura. Al final, nada espectacular, salvo que los índices de escolaridad y salud mantuvieron la curva ascendente que mostraban desde los años cuarenta, cuando se decidió atacar estos problemas en serio y sin estridencias.

Al año siguiente, un comercial del régimen por la tele me asombró. Entrevistaban a un poblador quien contaba acerca de la casa que le había regalado la dictadura. Piso, ventanas, material sólido, “hasta alcantarillado tenemos”, terminaba diciendo el pobre tipo. Nunca había pensado siquiera que eso pudiera ser fuente de orgullo para alguien.

El censo de 1992 vino cuando Animal Político estaba en la universidad de la alegría. Democracia recién instalada, políticos con período de gracia. El censo no alcanzó a recoger en su magnitud el empobrecimiento de la clase media producto de la recesión de mediados de los ochenta, y de hecho, tímidamente, mostró que Chile comenzaba a cambiar.

El del 2002 fue nuestro censo. Por primera vez me entrevistaron como jefe de hogar. Computadores, televisores, internet, e-mail, cable, teléfono celular, CD, DVD, auto, departamento, microondas. Diez a doce años de escolaridad completa. Ya no es un logro ni salir de cuarto medio ni tener alcantarillado. Quien quiera votos, que los busque en otro lado.

Y como todas las cosas en la vida, el censo puede ser interpretado políticamente. Mi impresión es que en esta vuelta el gobierno lleva las de ganar, pero también las de perder.

El gobierno le gana a la derecha, eso es innegable. En esta década se creció más que nunca en la historia del país y la mejoría en todo ámbito es incontestable. A nivel comparado, el caso chileno se estudia como un ejemplo de democracia y éxito económico y social para un país en vías de desarrollo. Los chilenos estamos mucho mejor ahora que antes. Esto es así y punto. Nada importa lo que hayan dicho los voceros que definió la derecha para desvirtuar la comunicación gubernamental, Patricio Melero, de la UDI, y Renato Sepúlveda de Renovación Nacional. Curioso lo de estos nombres, dicho sea de paso, pues denotan la estrategia que siguió a este respecto la oposición. En la UDI, Melero es el eterno “backbencher”, de quien se dice es la única oposición a la mesa de Longueira. Pero en la UDI, cuando hay que hablar en serio, habla Novoa o Chadwick. Si hay que fijar la estrategia, escuchen a Longueira. De leyes, habla Alvarez. De muñequeo, Coloma. Cuando hay que hacerse el lindo, Bombal. Cuando hay que defender a Pinochet, Moreira. La mugre la desparrama Victor Pérez y para estupideces varias, senador Arancibia. En Renovación Nacional si no habla Piñera, no importa. O sea, la derecha hablo porque tenia que hablar.

Pero el gobierno también lleva las de perder y de hecho está perdiendo. No porque la gente no recuerde su obra, mal que mal, para eso están los gobiernos y los chilenos se merecían gobiernos decentes desde hace años. El gobierno y sus partidos están perdiendo porque simplemente no saben entender a quiénes están gobernando. Esta es otra gente. Informada, educada, la mayoría sin necesidades básicas, si no que con exigencias cada vez más complejas. Toda una generación que muy agradecida estará de la Concertación, pero que sabe también que trabajó duro para obtener los bienes que midió el censo.

Una generación de escépticos y exigentes. Que lo que probablemente más le molesta de los casos de corrupción, por ejemplo, es que gente inteligente sea capaz de colocar en puestos de importancia a tanto inepto. Sabe que siempre habrá pilluelos en todos lados y que durante el gobierno de Pinochet se robó muchísimo más y no se pudo investigar.

Una generación de escépticos que le interesa la política, pero que no le gustan que los políticos insulten su inteligencia haciendo tonteras. Iconoclasta, que no cree en ídolos. Que no tiene rollos con la eficiencia, ni con la plata, ni con el ocio. Que no le vienen con leseras, ni discurso fácil, ni sonrisas, ni regalitos. Que se ríe de Lavín jugando paletas en su playa y que respeta, pero no le cree, a la Gladys empapada bajo un guanaco, como siempre. Y que reconoce la inteligencia de Lagos, pero que le dan ganas de remecerlo y decirle que se atreva a gobernar.

Y ojo con todo esto, porque si creen que somos una manga de desadaptados, más abajo viene otra generación mucho peor, la de los “reality show”. Cabros que se emocionan de verdad por los avatares de unos tarados que concursan en estos programas y que en su vida sólo han visto tele a color. A esa generación sí que no entiende nadie, ni Lavín ni la Concertación.

Entonces señor Censo, dígame por favor, ¿quién soy yo?

FJD
10/08/2004 16:08 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

New Kids en el Poder

ANIMAL POLITICO
Diario La Nacion, Domingo 2 de Febrero de 2003

Por Francisco Javier Diaz

En octubre de 1987 aprendi una de las mejores lecciones politicas de mi vida. Jugaba Chile contra Yugoslavia en el Estadio Nacional, en el primer partido del Mundial Juvenil de Futbol. En Chile, todos estabamos expectantes de lo que pudiera hacer la estrella del equipo, Lukas Tudor. Mirko Jozic, entrenador de Yugoslavia, le siguio la cuerda a la ingenua prensa chilena y anuncio marcacion personal para Tudor. Pero comenzo el partido y a poco andar todo el estadio se dio cuenta de que Lukas estaba solo, huerfano y desmarcado, arriba, botado, sin recibir pase alguno. Jozic habia establecido una marcacion para el verdadero motor del equipo chileno, el 10, Camilo Pino. “Tate”, le comente a mi hermano chico, “Lukas podra salir en TV Grama o en Martes 13, pero en Camilo Pino es donde esta el poder”.

De eso se trata la politica moderna, de identificar el poder. Donde esta, que forma tiene, quienes lo ejercen. Parece facil, pero no lo es. El poder es difuso, desmembrado y esta en muchas partes a la vez. Desde esta perspectiva, creo que es bueno detenerse a pensar donde estuvo el poder, presente y futuro, la semana pasada.

Comunicar y saber. Ahí estuvo el poder. No estuvo en La Moneda, ni en Suecia, ni en Cauquenes ni en Caleu. En comunicar, ahí estuvo el poder presente. Estuvo en el hospital de la Catolica, cuando los estrategas de Lavin estimaron –inexplicablemente- que publicar que a Joaco lo habian operado del traste podia ser objeto de burla y decidieron ocultar el hecho. Comunicar (o no comunicar) lo que se quiere es poder.

En saber, ahí estuvo el poder futuro. Y estuvo alto, en Valle Nevado, donde se juntaron los new kids de la Corporacion Expansiva y algunos no tan kids del CEP. Es bueno analizar en detalle a Expansiva, porque, me imagino, ellos intentaran en algun momento acumular, ejercer y mantener poder. Pero dicen querer hacerlo desde la vereda del saber.

La verdad sea dicha, no se porque no me invitan a Expansiva. Escribo bonito, no pongo los codos arriba de la mesa, jamas habria cometido la roteria de preguntar como se llega a Valle Nevado, encuentro inteligente y estupenda a la Consuelo Saavedra, soy relativamente liberal y hablo ingles. Que mas se necesita? Por ahí hay una clave: para entrar en un circulo de poder de gestacion no democratica, como es Expansiva, se necesita, obvio, la confianza de los detentores de aquel poder. Y yo no conozco a ningun dirigente de Expansiva ni, lo que es peor, ellos me conocen a mi ni al 98% de los chilenos que no ha estado nunca en Snow Valley.

De cuando en cuando en la politica chilena se generan este tipo de movimientos o agrupaciones de intelectuales que creen salir de la caverna platonica hacia la luz del mundo y vuelven a la realidad a iluminar al resto de los mortales con su saber. Los radicales de antano eran asi. Los masones elegian cuidadosa y arbitrariamente a quienes serian sus reclutas en la batalla contra el poder terrateniente y clerical. La Falange en sus inicios fue similar. Pasaron largos anos como un grupusculo de jovenes universitarios autogenerado y autoconvocado, iluminados por un lider como Frei Montalva, haciendose promesas de gobernar todos juntos treinta anos cuando se tomaran el poder, distante hasta ese entonces. Y cuando llegaron a la cima, toda una oleada de nuevos y jovenes tecnocratas invadio nuestra burocracia.

El MAPU fue lo mismo anterior, pero multiplicado por diez. Jovenes catolicos, pintosos, universitarios; chiquillas de las Ursulinas o las Monjas Francesas, comunidades cristianas. Una vanguardia organizada y tecnificada que conduciria a Chile por la senda del socialismo y que desconfiaba de la capacidad organica y profesional de la izquierda tradicional. Ni hablar del PPD, que es como el corolario politico de dicha avanzada. Cuando llegan los ex MAPU del exilio, doloroso como todo ostracismo, pero con prestigiosos cartones bajo sus brazos y mejores contactos en el exterior, en vez de reforzar la vieja y querida izquierda socialista, deciden no pelear e irse por el camino facil. “Nada de perder el tiempo reformando partidos anticuados, creemos uno nuevo (el PPD). Consigamos votos prestados, tomemonos el Estado y administremos el poder”.

En Expansiva hay saber y hay poder. Lo que dice o hace es o sera importante en Chile. Se le escucha, se le hace caso o se le critica. Pero existe. El problema de Expansiva es, a mi juicio, que no ha sincerado su vocacion. O se dedican a analizar la realidad desde Valle Nevado, Boston u otra burbuja para siempre, o se dedican a transformarla, como decia el viejo Marx. Deben entender que gente con buena formacion y buenas ideas, equipos, mistica y capacidad de hacer cosas interesantes, no sobra en el progresismo chileno. Que no se puede eludir el liderazgo cuando hay gente que espera algo mas de uno. Que la politica no es solo saber, ni comunicar, si no que tambien es hacer y luchar. Y que para la lucha politica, “agon” como decian los griegos, todavia no se inventa nada mejor que un partido politico con historia, votos propios y gente real. Por algo lideres como Felipe Gonzalez, Kohl o Blair apostaron a cambiar la realidad desde espacios de lucha tradicional, pero efectiva, y no solo desde el saber. En politica no sirve de nada decir “yo les dije”; la gracia esta en decir “yo al menos lo intente”.

A lo mejor los new kids de Expansiva ya han pensado esto muchas veces y esta columna no tiene mucho asunto. Mal que mal, no he estado en sus reuniones y probablemente nunca voy a estar. Y tambien hay que reconocer que estan recien empezando con lo suyo y que, por tanto, no hay que apurar al ganado flaco aun. Pero al menos hay que partir por reconocer donde esta el poder, quien lo tiene, si lo quiere o no lo quiere y para que. Si Expansiva nos responde estas preguntas, bien por el progresismo, bien por el saber.

FJD
10/08/2004 16:08 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Despartidizar, Repolitizar

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 20 de Abril de 2003

Francisco Javier Díaz

Tengo un amigo mexicano tan porfiado, que cada vez que llega a un lugar pregunta: ¿De qué se habla, para oponerme? En eso se la han llevado la DC y el PPD. En Diciembre, Zaldívar dijo, en breve, que la Concertación se terminó. En Abril, Girardi dijo, en breve, que la Concertación ya no existe. Comprensión de lectura, Primero Medio: Ambas descripciones se encuentran muy cerca de la noción “caput, ya no más”. Pero resulta que los que antes lo afirmaron ahora critican, y los que ahora lo afirman antes criticaron. No se entiende. Porque uno puede pensar que la Concertación se acabó, o que no se acabó, pero no ambas cosas a la vez. Yo creo, como mi amigo mexicano, que no se trata de lo uno ni lo otro, si no todo lo contrario.

Porque si la Concertación se acabó, ¿de dónde son las decenas de personajes que actúan como ministros o altos funcionarios, la mayor parte del día coordinándose con pares y subalternos de distintos partidos y haciendo que el gobierno, dentro de todo, funcione decentemente? ¿De dónde son los centenares de concejales y alcaldes que prontamente irán a elecciones en lista conjunta, porque el sistema electoral así los obliga y porque a estas alturas no saben ir de otra manera? ¿Los miles de funcionarios públicos? ¿Las decenas de miles de militantes? ¿Los centenares de miles que votaron en las primarias de 1999? ¿Los millones que en las recientes encuestas siguen apoyando a Lagos?

No es por ponerse oficialista, al contrario, la crítica va precisamente en contra de los partidos de la coalición oficial, quienes en aras de sus intereses personales o grupales olvidan la opinión de, si no la mayoría, parte importante del país. Porque dejémonos de cuentos: en los sistemas de partidos del mundo moderno uno o es relativamente conservador o es relativamente progresista. Entonces, que dos partidos vengan a discutir si la coalición de clase media y centroizquierda se acabó o no, y que más encima aboguen por una y otra posición indistintamente, en cuestión de meses, da como para pensar que esta gente no está en las mejores manos.

La diferencia de opiniones pasa por algo que me ha marcado políticamente desde hace años y que a algunos analistas y políticos les cuesta entender: Creo honestamente que en Chile tenemos mucha pelea partidista (mala) y poca discusión política (buena). Lavín, Avila y hasta Lily Pérez se han dado cuenta de esto perfectamente y han jugado sus cartas sobre esa base. Los intereses partidistas generalmente no están en sintonía con los intereses de la gente. Pero, y aquí el gran pero, los intereses políticos sí pueden ser interés de la mayoría. De lo que se trata entonces es de despartidizar la sociedad chilena. Que no todo esté centrado en los intereses, muchas veces oblicuos, de los partidos políticos. Pero luego de ello, se trata de politizar nuevamente la sociedad.

Pero que no se malentienda. Soy un animal político y creo que todo quien dice que la política no sirve de nada o está mintiendo para ganar votos o simplemente no entiende un carajo de la vida. Además, los partidos políticos a su vez son insustituibles en un régimen democrático, e incluso en los otros. Pero que no nos pasen gato por liebre. Una cosa son intereses políticos y otra cosa son los intereses particulares del partido y de los líderes de dicho partido. Lagos está solo, es cierto. Es de los pocos que habla de política.

Despartidizar y repolitizar la sociedad chilena haría que la política fuera más sincera. Todos estaríamos en contra de los políticos corruptos y no sólo Lavín, Avila y Pérez. Pero a la vez, la demagogia tendría menos cabida, pues al politizarse el debate en términos reales, poco margen cabría para la mentira y los voladores de luces. ¿Está usted con la Isapres? Para ese lado. ¿Reforma a la salud? Para este otro. ¿Individuo, sociedad, o viceversa? ¿Ciudadano o consumidor? ¿Contamina paga, o mejor no contamine? O como decía Ominami hace un par de meses, ¿le gustaría un Chile donde las “nanas” son parte del paisaje?

En definitiva, en vez de preguntar si usted el domingo en la mañana va a misa o va al Tavelli, si prefiere al Kike Morandé o a Francisco Reyes, si en verano va a Pucón con la UDI o a Cachagua con la Concertación, si Ballero o Pope, si Dockers o Johnsonn, si la Cato o la Chile, haríamos la pregunta del millón:¿Es usted de Derecha o Izquierda?

FJD
10/08/2004 16:06 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Temporada de Conejos”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 3 de Noviembre 2002

Por Francisco Javier Díaz

El Pato Lucas colocaba un cartel que decía “Temporada de Conejos”, y el cazador Elmer apuntaba con su rifle a Bugs Bunny. Él conejo no se quedaba atrás, sacaba un cartel que decía “Temporada de Patos”, y el rifle se dirigía entonces hacia el Pato Lucas. Y así se lo llevaban un buen rato, temporada de conejos, temporada de patos, con el cazador apuntando a lado y lado, hasta que aparecía un cartel que decía “Temporada de Elmer”.

“¿Temporada de Elmer?” se preguntaba el cazador, cuando aparecían decenas de rifles de quién sabe dónde, y disparaban sobre él, dejándolo cubierto de hollín, entero negro y echando humito. Siempre pensé que le pasaba por gil.

Pato Tombolini abrió la temporada de patos. La imagen de Tombolini bronceado, dolido y enojado, en una conferencia de prensa a la antigua, llena de gente, en un salón vetusto en una vetusta sede, es una imagen que no se olvidará fácilmente. Su dedo índice en ristre, acusador, amenazador; sus comentarios, palabras y voluntad de caer con mantel al suelo, denotaba inequívocamente su intención de abrir la temporada. Después de afirmar su inocencia, señaló: “No se olviden que yo sólo era el Subsecretario”. Sólo le faltó un “je, je, je.”. Sí señores: Temporada de patos.

Pero mi impresión es que la temporada de conejos estaba abierta desde hace mucho tiempo ya. Porque desde hace años que la idea es que mientras más caca, más cámara. Al menos esa ha sido la premisa de alguna prensa y algunos parlamentarios. Nada importa la verdad, el rigor, o la justicia. Poco valen los proyectos de ley, el trabajo distrital, los escritos o las ideas. La caca vende, el resto sólo adorna.

El indispensable rol fiscalizador de la prensa y de la Cámara se ha ido desnaturalizando con el tiempo. De parte de la prensa, por desidia de los reporteros, por comodidad de los editores, por intereses y presiones de los directores, por conveniencia política de los dueños. Todos ellos han configurado un cuadro de extrema insensatez y escaso rigor analítico. Salvo honrosas excepciones, la prensa simplemente se banca lo que le den. No chequea ni contrachequea la información, no revisa sus fuentes, no investiga. Se presta dócilmente para vendettas de todo tipo y de paso, le hace el juego a la derecha. Era que no, si sus dueños son de derecha y pueden abusar de ese poder patronal que sólo en Chile existe y que nos agobia y asfixia con basura informativa.

El otro ente fiscalizador, los representantes del pueblo en la Cámara, tampoco ayuda mucho. Schaulsohn comenzó con esto hace años, denunciando la Cutufa y los pinocheques, lo que le dio cámara y figuración. Pero hay que reconocer que lo hacía en un estilo elegante, refinado y siempre acompañado de una idea interesante en alguna columna de opinión por allí. Luego salió Avila, el “Schaulsohn de los pobres” como se le llamó, y el asunto comenzó a degenerar. Ya cuando aparecieron los francotiradores de la oposición, poco bueno se podía esperar. ¿Qué idea de país se puede esperar de Lily Pérez? ¿A qué se dedica Víctor Pérez? ¿Qué mugre fue la que finalmente barrió la famosa escoba de Carlos Bombal, aparte de pegarle un escobazo en la cabeza a Andrés Allamand?

De esta manera, la temporada de conejos se abrió hace mucho en Chile. Prensa y prenseros se han dedicado a buscar conejos a cómo dé lugar. Sólo así se entiende lo de Jiménez y Pareto. La irresponsabilidad e inexactitud de sus denuncias venían desde hace mucho tiempo. Partieron hace muchos años, rifle en ristre, a su temporada de conejos, dispuestos a dispararle a lo que se fuera.

Pero hay que reconocerlo, eso de la fiscalización en terreno de estos diputados rayó en la estupidez. Pocas veces uno ha leído historia menos creíble y más tonta. Mire que ir a fiscalizar al dueño de una planta de revisión técnica escondido, fingiendo, con mentiras, actuando, con el subsecretario presente, para comprobar que el tipo paga coimas … si de lo que se trata es de saber quién recibe las coimas, no quién las paga!!!!

Así, El Mercurio les anunció un día en portada que se abría la temporada de Elmer. “¿Temporada de Elmer?” alcanzaron a preguntarse Jiménez y cía.., cuando les llegó fuego cruzado de todos los partidos, incluyendo el propio.

Una lástima por Lagos, lástima por el gobierno, y lástima por todos nosotros, los contribuyentes. Pero lástima también por algunos de los tipos honestos que han debido salir del gobierno en estos días, sin arte ni parte. Cuando se sale en temporada de patos o conejos, uno puede demostrar que es caballo o gato, pero de nada sirve, salió dentro de la temporada. El juicio de la desinformada opinión pública chilena es sumarísimo, injusto e inapelable.

Las temporadas de caza poco ayudan con la corrupción. Debemos estar todos atentos, en todo momento. Prensa, diputados, empresarios y funcionarios públicos, a detectar a quienes se aprovechan de su situación de poder. Para eso no se necesitan temporadas ni cazadores. Basta con el compromiso ético de la autoridad más la voluntad decidida de los gobernados. La rigurosidad de la prensa más la seriedad de los diputados. Amigos míos, con esto no se juega.

FJD/
10/08/2004 16:04 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“(Chori) Pan y Circo”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 22 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“Septieeembre, las fieeestas, la chicha y las empanás; dan dolor de cabeza y acidez estomacal”. No conozco a nadie que tenga entre 25 y 40 años que no recuerde esta melodía, que la tocaban en un comercial de Yasta, el antiácido con aspirina, a mediados de los años ’80. Se quedó grabada en la mente de miles y miles de chilenos que no se saben ninguna cueca, pero que gustan de celebrar el Dieciocho. Ahí la genialidad del creador de aquel estribillo, que supo captar cómo se entra en la memoria del chileno dieciochero común y corriente, tan lejano de la canción de protesta como del Club de Huasos Gil Letelier.

A la larga, el chileno recuerda lo simpático, olvida lo ceremonioso y mofa de lo absurdo. Por eso es que el político moderno debe tener sumo cuidado a la hora de celebrar su Dieciocho, pues debe saber combinar alegría con moderación; entusiasmo con autenticidad.

Pan y circo, decían en la antigua Roma. Verdaderamente es una difícil combinación. Estómago y cabeza. Tripa y cerebro. Hambre y risa. Las necesidades físiológicas y las necesidades del alma. Dura tarea para el político moderno saber capear con éxito las ocasiones de pan y circo, sobre todo ahora que con la televisión, cada situación de éstas puede derivar en ganancia o pérdida de votitos decisivos a la hora del veredicto ciudadano.

Bill Clinton es el gran político moderno de la post guerra fría y era realmente un maestro en estas lides. Si hubiese vivido en Chile, seguro que bailaba un pie de cueca bien zapateado en la fonda de la Gran Bertita, en horario “prime” del noticiero, para luego decir una frase tipo “me reencuentro con lo mejor de mi tierra, pero también con las necesidades de mi gente”. Idolo. Carlos Menem, en cambio, era puro circo y nada de pan. Al final, Fernando De la Rúa, quizás si el candidato más aburrido que se haya visto, ganó la elección de 1999 precisamente apelando al sentimiento de hastío de la gente hacia tanto circo insulso y corrupto; hacia los Ferraris, las modelos, las fiestas, los bailes, los trajes, el golf, la Bolocco y el locro.

La autenticidad es clave, pues de ella deriva el principal capital del político moderno: la credibilidad. Nada peor que lo forzado o lo artificial (cuando te pillan, claro está). Por eso imagino cómo se partirán la cabeza los políticos a la hora de programar su celebración de Fiestas Patrias. Porque en rigor, existen dos modelos de celebración, que para efectos de explicar brevemente en esta columna, llamaremos el “modelo Pellegrini” y el “modelo Pititore Cabrera”.

Pellegrini, como sabemos, es parco y serio, pero responsable y trabajador. Y cuando sale campeón, a lo más exclama “hurra, ganamos” y luego a seguir trabajando. Lagos optó por este modelo, pues sabe que cualquier otra alegría falsa le sentaría mal y lo haría verse incómodo. Así, Lagos va a la fonda, mira y aplaude. No baila cueca, porque seguro que es más tieso que un gomero. Pero comparte alegremente, con cara de papá en cumpleaños de cabro chico. Brinda con chicha, come anticuchos, no se le nota que le carga la empanada con tanta cebolla y discretamente se saca el aserrín que se le mete adentro del zapato. Cualquier otra cosa se vería poco auténtico y perdería credibilidad.

Otra variante de este modelo, pero con algunas gotas de picardía, es la Ministra Bachelet. Ella es seria, pero cariñosa. Es sencilla y creíble; demuestra autoridad, pero también bondad. Y se alegra sanamente, como se alegra mi madre para el Dieciocho. Pasa revista a las tropas, se sube arriba de un jeep, toma chicha en cacho. Saluda a los mapuches y se peina la chasquilla. En diez años más, estoy seguro que todos recordaremos la Parada de Michelle.

Pititore Cabrera era un jugador de fútbol de San Luis y Colo Colo, que cada vez que metía un gol se daba dos saltos mortales en el aire. Podía ser un partido de entrenamiento contra Deportes Chincolito Mayo, y Pititore igual volaba por los aires. Su alegría era evidentemente falsa. Lavín optó por este modelo de celebración. No sé bien porqué abandonó el modelo tradicional que había iniciado años atrás en Las Condes, en la patronal “Semana de la Chilenidad”. Este año se las trató de dar de canchero y no le resultó.

La verdad, no entiendo cómo sus asesores de imagen quisieron hacernos creer que con esa pinta de “nerd”, Lavín pudiera ser un trompo para el baile. El tipo no es para eso. Ni siquiera lograba seguir el paso del “Lobo Chilote”. Es evidente que Joaquín no es bueno para la fiesta, de donde, dicho sea de paso, arranca parte de su credibilidad de niño bueno y preocupado.

Giovanni Sartori, el cientista político fiorentino que enseñaba en Estados Unidos, nos decía en 1998 que la política moderna es imagen. Hoy por hoy, estamos en presencia de un “Homo Videns” más que un “Homo Sapiens”. La política moderna es construcción de grandes discursos y de grandes imágenes e identidades, en todo lugar y a toda hora. La idea es lograr que la gente las recuerde y atesore en su memoria, como septiembre, las fiestas, la chicha y las empanás.

FJD/
10/08/2004 16:04 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Chanchulink

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 16 de Marzo de 2003

Por Francisco Javier Díaz

Los chanchullos de Inverlink (en adelante “Chanchulink”) generaron una dinámica poco auspiciosa para un país cuyo principal activo es, precisamente, la solidez de su sistema financiero y la seriedad de sus instituciones, en una región donde ni lo uno ni lo otro abunda. Esta dinámica fue, a mi juicio, injustificada y exagerada, y estuvo compuesta de tres elementos: nerviosismo en el gobierno, paranoia en los partidos de la Concertación y oportunismo en la oposición.

El resultado más patente de esta dinámica perniciosa es lo que está ocurriendo con el Presidente del Banco Central. Porque la orfandad política que muestra Carlos Massad en estos momentos pone en duda la antes vanagloriada independencia de nuestro instituto emisor. Tanto, que uno llega a dudar si durante todos estos años la entidad fue realmente independiente o no. En otras palabras, ¿el Banco Central funcionaba porque era independiente, o era independiente porque funcionaba?

Pero vamos por parte. El gobierno se puso nervioso. Lagos se pasó del Código de Comercio al Código Civil y la explicación del jarrón no la entendió nadie, o lo que es peor aún, la malentendieron todos. Francisco Vidal brilló por su ausencia en su primera semana como vocero. Las razones del nerviosismo son entendibles: desde hace seis meses que no se habla en Chile de otra cosa que no sea corrupción. Además, es innegable que la relación de parentesco entre el Vicepresidente de CORFO con el Presidente de la República debe haber estado presente en la mente de todos en La Moneda al imaginarse cómo la prensa explotaría el hecho. Por otro lado, uno debe entender también la enorme presión histórica, en este caso a nivel mundial, que debe tener el Presidente en estos momentos a raíz de la guerra con Irak. Ya imagino a Lagos en el salón azul, ofuscado, papeles en el suelo, por un lado analizando las estrategias de Bush, Blair y Hussein, pero al mismo tiempo teniendo que entender las andanzas del tal Moya, Monasterio y Chanchulink.

Pero la gente eligió esta coalición, entre otras cosas, por su demostrada capacidad de gobierno, y a este presidente por su figura de estadista. Uno no espera todo perfecto, pero tampoco espera nerviosismo. Como en el fútbol, ésta era la hora de calmarla, ponerla al suelo, alzar la vista y tratar de salir jugando, como sí lo intento desde un comienzo el Ministro Eyzaguirre.

La paranoia de los partidos de la Concertación revela un cierto estado de ánimo que puede terminar por acabar con la alianza. Todos ven fantasmas en todas partes, todos impacientes, todos se culpan, los partidos cazan a sus propios militantes y lo que es peor, nadie hace nada por arreglar la situación. ¿Alguien puede explicar de qué manera ayuda, por ejemplo, la petición de renuncia al Ministro de Economía que hizo el Partido Socialista? En una crisis de tamaño medio, como ésta, lo sensato es que se sacrifique a la autoridad política más inmediata al hecho, en este caso Gonzalo Rivas, y que los partidos de gobierno lamenten la situación, pero apoyen la medida. Así se da una señal de credibilidad y responsabilidad política, pero a la vez, se corta la cadena de acusaciones antes que escale innecesariamente hacia más arriba.

Ni hablar de la DC. La verdad, ya nada sorprende en la paranoia de algunos por tratar de demostrar que ladrones son todos. Si lo de Pareto y Jiménez rayaba en la estupidez, lo de pedirle a Massad que renuncie raya en la insensatez más absoluta. Por primera vez un partido político ha hecho pública su intención de intervenir, como partido, sobre el Banco Central. Para la DC, según se entiende de sus declaraciones, la autonomía de los consejeros demócratacristianos es un mero tecnicismo: primero la Falange, después la economía. ¿Entenderán el efecto que puede tener esta visión? ¿Sabrán algo del Bundesbank? ¿Del Banco Central Europeo? ¿Pretenderán que quedemos a la deriva como Brasil o Argentina, donde los mercados no se estabilizan hasta que no se conoce el banco central de la administración de turno?

No estoy defendiendo a Massad ni me quiero meter en la vida y obra de la secretaria de Chanchulink. A lo mejor era aconsejable renunciar cuando se inició este episodio. Es efectivamente impresentable que, al igual que en CORFO, toda esta información se pasara de e-mail en e-mail como si fuera cadena de oración, y que la documentación no se guardara en un cajón con llave. En imperdonable que estas entidades no cuenten con códigos y procedimientos de reserva modernos y eficaces, como en cualquier entidad decente del mundo desarrollado. Pero lo que no se puede aceptar es que a raíz de este tipo de episodios un partido intente cobrar cuentas políticas y afecte la solidez de la institucionalidad económica.

El oportunismo de la oposición era de esperar y a la larga, es su negocio. Pero que venga un Senador de la República a pedir la renuncia del Presidente es, lejos, una de las imbecilidades más grandes que se ha escuchado en años y una irresponsabilidad mayúscula. Hay que entender que el actual contexto internacional hace que los países que descuidan su seriedad pueden pasar, en cuestión de días, de la estabilidad al infierno.

La conclusión es que este nuevo golpe al gobierno pudo haberse transformado en un golpe al país. De los golpes al gobierno estamos acostumbrados, la vida política es así. Como decía Maquiavelo, el príncipe debe estar preparado para cuando la gente ya no confíe en él. Pero los gopes al país que al menos sean por algo un poco más decoroso que Chanchulink.

FJD
10/08/2004 16:03 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Bikini Político”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 15 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

El discurso político moderno tiene que ser como un bikini: dos piezas lo suficientemente amplias como para cubrir todo lo importante, pero también lo suficientemente reducidas como para que sea atractivo mirarlo.

Así, un buen mensaje debe constar de no más de dos ideas centrales poderosas y creativas. Una de ellas, digamos que la parte de abajo del bikini, debe estar referida al diagnóstico de lo que existe o el estado de la situación coyuntural que convoca el discurso. De esta manera, por muy bonito que sea el bikini, si la modelo equivoca la talla, el bochorno puede llegar a ser mayúsculo, tanto por lo que sobre como por lo que falte.

Entonces, realmente no se entiende que existan partidos que insistan en construir discursos basados en análisis superficiales, poco científicos, o simplemente desenchufados de la realidad. A esos partidos, la celulitis, los rollos y la piel de naranja se les nota apenas comienzan a hablar.

La segunda idea fuerza, digamos que la parte de arriba del traje de baño, debe constar a su vez de dos buenos conceptos, igual que un buen bikini. Éstos deben ser armónicos y redondear la idea central que se plantea instalar. Y la idea central es precisamente una idea de futuro que se plantea a la sociedad. Uno de los conceptos, digamos que el de la izquierda, debe imaginar la utopía, lo imposible, la estrella polar. El otro concepto, el de la derecha, debe aterrizar aquel imaginario en una promesa actual, orientada, por cierto, en el más allá. Pero si ello no es así, el bikini pierde simetría en su parte superior, lo que demás está decirlo, pierde toda estética.

Veamos entonces qué nos traen los modelos políticos para la próxima temporada Primavera Verano.

El PPD se ve venir bien, con un buen modelo, atrevido, moderno, pero donde parece que la percha todavía no acompaña. El PPD logró la única genialidad de la Concertación en las parlamentarias pasadas, con el slogan “Te defiende como león”. En efecto, los datos indican que el votante moderno busca, cada vez más, obtener la mayor utilidad de su voto, sea aquella idealista o material. En otras palabras, le da lata seguir votando por un determinado político sólo por ser de determinado partido; la gente hoy exige algo más. Los más altruistas querrán que el tipo sea bueno para sus ideales, mientras que los más materialistas querrán que el tipo sea útil para sus intereses. Entonces, el PPD tomó esto, hizo un cóctel y prometió defendernos del neoliberalismo, pero también de la cuenta abusiva del agua o de la luz.

El problema del bikini PPD es que lo llevaron a un encuentro partidario a Olmué y trataron de rebajarlo de los costados y achicarle un poco las pechugas, sin que les resultara. O sea, de ser un modelo fino y moderno, casi queda como esos bikinis que se ponen las niñas de los cafés con piernas (según me han contado). Aprobaron ser el progresismo del siglo XXI y XXII, privatizar lo privatizable y romper epistemológicamente con la tradición de izquierda chilena, mientras que la modelo que se pone el bikini viene mucho más atrás todavía, dejándole sin agua la piscina.

El PS, después de su reciente Conferencia de Organización, estrena un modelo búlgaro de 1956. En su resolución final, el PS apoya al pueblo saharahui, Cuba, Hugo Chávez, la tasa Tobin, y la condonación de la deuda externa a los países africanos. Además, asume “como método de interpretación de la realidad el marxismo crítico, enriquecido y rectificado por el avance de la cultura, la ciencia y el devenir social”. Cuando hubo que crear un slogan para las parlamentarias y los estudios serios hablaban de una fuerte tendencia de rechazo hacia lo partidista, el PS vociferó: “Urgente, vota socialista”. Además, ¿cómo puede haber algo urgente cuando el 40% de aquellos en edad de votar no vota?

La DC viene con un modelo de lana, tejido crochet, tono pastel, escote subido y pierna hasta la rodilla. Para la parlamentaria intentaron un discurso catch-all, pero se les pasó la mano. El lema “Juntos por el Trabajo” era casi como decir “Unidos por el Amor a los Niños”. Ahí tomó las riendas Adolfo y ha intentado imprimirle un sello más tradicional al bikini. Pero mi impresión es que, como en el chiste de Don Otto, la DC sigue buscando las llaves del auto debajo del poste donde hay más luz y no realmente donde se le cayeron. Yo que ellos seguiría el ejemplo de la DC en Suiza para las elecciones del 2001: el centro político a nadie le importa, lo que importa es el centro ciudadano. ¿Y quién está ahí? Como decían los suizos: “Al Centro, el ser humano”.

La UDI repite la tanga que estrenó Lavín en la alcaldía de Las Condes y que ocupó para la presidencial de 1999. Pero ojo, no les vaya a pasar como los Axé Bahía, que no cambian de tenida o baile ni para el Dieciocho. El bikini “Viva el Cambio” no es eterno. La modelo ya tiene algo de guata y pone cara de aburrida, mientras que la Concertación tiene dos maniquíes que, si bien no despampanan, tienen mucho encanto. Además que entre tanta promesa incumplida de Lavín como alcalde de Santiago, el modelo pierde credibilidad.

¿Y Renovación Nacional? RN no importa: esta semana ha quedado claro que Piñera se baña pilucho.

FJD/
10/08/2004 16:02 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

09/08/2004

“No hay salud”

ANIMAL POLITICO
Domingo 21 de Julio de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Hace quince años se me ocurrió tirarme un piquero en una piscina de un metro diez de profundidad. Mala idea: me incrusté en el suelo y me volé uno de los dientes delanteros. Tuve que volver a mi casa en micro, sin mi paleta, con pinta de pulento y preso de un dolor espantoso. Un tío mío me dijo “no se preocupe sobrino, con plata todo se arregla”. Dicho y hecho. A las dos semanas yo ya lucía un impecable diente postizo que me acompaña hasta estos días. Y todo lo pagó no sé qué clínica gracias a un seguro privado que mis previsores padres habían contratado para los brutos de sus hijos.

Con mi diente aprendí una de las primeras moralejas políticas de mi vida. Con plata todo se arregla, incluso la salud de las personas. Por eso me da urticaria ver cómo desde ambos lados del espectro político y de la sociedad, se torpedea la única medida sensata que he escuchado para implementar un programa de salud decente para todos. Parece que hay algo que ni la izquierda ni la derecha entienden: uno, la salud hay que arreglarla y dos, para eso se necesita plata. No sacamos nada con vociferar la salud como un gran derecho, si no financiamos ese derecho y no lo implementamos eficientemente. Y huelga decir que no sacamos nada con dejar la salud entregada al mercado, porque para éste, la salud de los viejos, mujeres y enfermos, jamás será un negocio.

Yo no entiendo mucho de salud, aparte de la importancia de no estar enfermo. Pero algo sé de política y ello me indica que detrás del asunto AUGE se muestra, en todo su apogeo, a todos los actores de la política moderna: la vieja izquierda retórica, la derecha reduccionista de siempre y el nuevo progresismo pragmático. El drama es que por tontear entre los dos primeros, los contribuyentes de clase media y los más humildes finalmente podrían llegar a quedarse sin la plata para arreglar su salud. En este cuadro, la estrategia del Gobierno puede resultar vital para que se concrete tal iniciativa y no naufrague en las fauces de la demagogia electorera y/o corporativa.

Me gusta el símil que se hace del AUGE con las primeras leyes de educación primaria. A comienzos del siglo XX, los progresistas de aquella sociedad convencieron al resto acerca de la necesidad de financiar cierto nivel mínimo de educación para toda la población. Pero mientras algunos ricos se preguntaron para qué educar peones y rotos, otros pocos discurseros se quejaron de porqué no costear un mayor nivel educativo. Es cierto, partimos con sólo cuatro años de educación primaria obligatoria, a todas luces insuficiente, pero mucho mejor que nada. Con los años se aumentaría a seis, luego a ocho y ahora se propone que llegue a doce. El cuento es que Chile no sólo aprobó tal reforma, sino que más importante aún, la implementó. Esto, que pudiera parecer de perogrullo, no lo es tanto al analizar la historia de las conquistas sociales en Latinoamérica, donde la mayoría de las veces estas “conquistas” simplemente no se implementaron.

Lo del AUGE es similar. Los progresistas de la sociedad intentan convencer al resto acerca de la necesidad de que el Estado garantice a la población una canasta mínima de patologías diversas. Y para ello, requiere de los instrumentos financieros y administrativos que sean necesarios. Tan simple como la instrucción primaria. Algunos ricos alegan como sus pares de comienzos del siglo XX: el Estado no tiene porqué financiar esa canasta, el mercado finalmente terminará por hacerlo. Otros discurseros se quejan de lo exiguo de la garantía y abogan por coberturas mágicas e ilimitadas.

Desde el punto de vista estratégico, nada mejor que hacer evidente lo obvio. La separación de los siameses en 1992 fue la más memorable clase de progresismo que haya visto. A punta de carisma y cercanía, Artaza evidenció al país dos cosas fundamentales: uno, que los hospitales públicos, aquellos donde trabaja tanta gente abnegada y estudiosa, son capaces de realizar intervenciones de altísimo nivel, con eficiencia y profesionalismo. Y dos, que la única salvación de Marcelo Antonio y José Patricio era el Estado. Es más, tiempo después me enteré que Artaza ni siquiera les echó metapío a los siameses, que todo lo hizo un equipo de especialistas y cirujanos. Poco importa. La idea de la política moderna es precisamente esa: grandes proyectos, grandes equipos, y los más carismáticos para comunicarlo.

El financiamiento es otro tema estratégico y ahí no se pueden dar señales equívocas. El Gobierno partió con lo de los subsidios maternales, lo que sin ser mala idea, no se trabajó lo suficientemente bien desde el punto de vista de la opinión pública. Estaba “cantado” que el contra argumento vendría --en algunos casos cínicamente-- por el lado de proteger las madres de Chile, pero no se trabajó ese aspecto mediático. También se ha enredado la discusión por el tema de los impuestos. Y lo que es peor, los políticos de la Concertación no han tenido una postura unívoca, apareciendo voces disonantes ávidas de voto fácil.

El cuento es que no se saca nada con discursear para la galería si al final del día no se sabe cómo financiar lo que se propone. No se saca nada con declarar y declarar derechos y más derechos, si éstos no se pueden implementar eficazmente, o si terminan favoreciendo a pequeñas minorías de intereses corporativos. De lo que se trata es de reducir la evidente desigualdad existente con la mayor eficiencia posible. Y para ello, en salud, el AUGE es lo más sensato que se ha visto hasta ahora.

FJD, Julio 2002
09/08/2004 21:21 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

Asesinos y Ladrones

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 27 de Abril de 2003

Francisco Javier Diaz

Que un gobierno acuse a la prensa públicamente y en reiteradas ocasiones de poca rigurosidad y parcialidad, se puede deber a dos razones: Una, que el gobierno se siente acorralado políticamente y no ve otra manera de salir del paso. Dos, que la prensa efectivamente actúe con poca rigurosidad y parcialidad. Creo que ambas situaciones se dan en estos momentos en Chile, pero sobre todo la segunda. Cualquier gobernante, de cualquier parte del mundo, se regocijaría con un nivel de aprobación de 50%. Esto no es ciencia política, es cosa de leer las noticias. Pero en Chile, la prensa dramatiza y titula “Gobierno baja adhesión”, sin mencionar que la baja fue de tres puntos. En fin, pudo haber sido peor. Así parecen ser las reglas del juego en Chile: una prensa ignorante, afortunadamente cada vez más inquisitiva y no vergozosamente obsecuente con la autoridad como antes, pero aún sesgada y parcial. Ahora sólo resta esperar que la aprobación a Lagos baje al 49,9%, para que titulen “la mayoría de Chile rechaza al gobierno”.

¿A qué se debe este arranque de oficialismo? A que sencillamente Animal Político perdió su tradicional compostura analítica esta semana a raíz de las acusaciones en contra de Michelle Bachelet. Lo que han hecho no tiene nombre y recuerda los peores momentos de soplonaje de la dictadura. No sé quién fue, ni menos quién lo planeó. Ni idea tampoco de quién puede estar tan perdido como para encapucharse en el Chile del 2003. Ni Marulanda en Colombia se encapucha. Pero lo que sí es evidente es el provecho político que la derecha puede sacar de esto. ¿Será que acaso, como decía Allende, que la derecha quiere recobrar con mano ajena, esta vez la prensa, sus privilegios y granjerías?

Esta dinámica puede llevar precisamente a que se escriban este tipo de columnas. A que los de un lado griten “¡ladrones, váyanse a Capuchinos!” y los otros se vean obligados a responder “¡asesinos, vayanse a Punta Peuco!”. Y que nos transformemos en un país que no deja de mirar el pasado para sacar votos, pero que no hace nada concreto por saldar sus reales cuentas de verdad y justicia.

Debo confesar que hace un tiempo pensé en escribir una columna diciendo que al margen de que trabajó para la dictadura, Lavín puede ser considerado ahora un demócrata. ¿Porqué? Porque ni él ni su grupo de apoyo más cercano, creo, conciben acceder al poder de otra manera que no sea por la vía de los votos. Como le pasó a la izquierda en España, que se la llevaba pensando que los ex franquistas no eran demócratas, hasta que llegó un joven Aznar y sacó más votos. Pero ahora, al ver a Cardemil o Melero tratando de hundir con malas artes a una de las buenas cartas de la Concertación, me cuestiono nuevamente la vocación democrática de estos sectores. Y lo obligan a uno a recordar, por ejemplo, la cara de Cardemil cuando a las 12 de la noche del día del plebiscito de 1988 escondía los resultados frente a las cámaras. ¿Alguna vez ha explicado qué quería hacer? Me acuerdo también de las famosas camionetas municipales que recorrían las poblaciones a la hora del toque de queda, deteniendo gente y amedrentando a la población. Melero era alcalde de Pudahuel en esa época, designado por Pinochet. ¿Porqué no explica qué se sentirá no haber sido elegido?

Pero ahora tendremos que seguir tragando mugre. Uno a uno, la prensa irá derribando palitroques de la centroizquierda con todo tipo de acusaciones. El gobierno ya no se puede enorgullecer de haber hecho la más grande revolución en la infraestructura del país en toda su historia. Mejor que las autoridades no corten ni una cinta más. “Ladrones” gritarán cada vez que se inaugure algo. “Con qué cara, asesinos” pensarán los otros para su adentros. El palitroque de las relaciones internacionales se ha caído con un breve empujoncito. Nada importará que la red de tratados comerciales, inédita en la historia, nos ayude a salir del subdesarrollo. Las risibles explicaciones de la prensa y la derecha acerca de la postura de Chile en la guerra de Irak, y las tonteras personales de algunos de los propios, han hecho que se manche toda esta obra.

Ahora vienen los palitroques personales. No hay que extranarse, a Pinera ya lo bajaron dos veces a patada en el traste con estas mismas artes. Ya tienen un ministro, subsecretarios, altos funcionarios, ahora pueden ir incluso detrás del Presidente. Pero faltaban los candidatos. Primero Michelle, la presa más fácil. Qué mejor que una operación de inteligencia. ¿Quién vendrá después? Han tratado con Soledad Alvear, que se viste mal, que no sabe, que no habla inglés, en fin, pero no han podido ¿Qué irán a inventar ahora para derribarla? ¿Que malversa fondos para fines personales? ¿Que tiene un GATE en la casa?

Al final, quizás quién va a ser el único palitroque que termine de pie después de este juego. Sea quien sea, no me extrañaría a Lavín 55%, palitroque parado 30% y Avila 15%. Con un país beligerante, discutiendo tonteras, con gente honesta defendiéndose, pillos riendo, asesinos sueltos y ladrones en los directorios de las empresas privatizadas durante la época de Pinochet, o bien en una cárcel con piscina. Asesinos o ladrones, mala discusión.

FJD
09/08/2004 21:20 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

La Contienda es Desigual

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 18 de Mayo de 2003

Francisco Javier Díaz

Lo único que puedo decir acerca del discurso del 21 de mayo es que me parece el peor negocio que puede haber para un Presidente. Tan mal negocio puede ser, que yo no jugaría ese juego. Primero, porque nadie escucha el discurso entero. Segundo, porque los políticos oficialistas están obligados a asentir, mientras que la oposición está obligada a disentir. Tercero, porque si el Presidente habla mucho, se le critica por ser latero; si habla poco, se le critica por esconder los problemas. En resumen, el discurso del 21 de mayo es el típico dilema de la frazada corta: si uno se tapa la cabeza se le destapan los pies.

Pero el discurso existe, y es una verdadera institución dentro de la política chilena, así que hay que jugarlo, o buscar la manera de aparentar jugarlo, sin jugarlo de verdad. Porque seamos sinceros, ningún Presidente en su sano juicio esperaría el 21 de mayo para implementar alguna reforma de urgencia. De hecho, no creo que nadie se ilumine especialmente en mayo. El presupuesto del año ya se encuentra en vigencia, mientras que el del próximo año recién se elabora. La legislatura ordinaria no tiene razón de ser, lo único que hace es extremar nuestro presidencialismo y transformar a legisladores en tipos sin capacidad real de plasmar en leyes las ideas que plantean en campaña. O sea, el discurso es una exposición inútil, pero como decíamos, existe.

Lo primero es escribir un buen discurso. Parece una perogrullada, pero no lo es. La política está llena de discursos malos, largos o ininteligibles. Aparte que hay que saber situarse en el contexto histórico en que se da el discurso. Recuerdo el primer 21 de mayo de Aylwin en 1990, que duró más de tres horas. Ese fue el juego de piernas más extenso del cual yo tenga memoria en Chile. El presupuesto de ese año lo había aprobado Pinochet el año anterior, así que de anuncios concretos, poco o nada. Eduardo Frei y Pablo Halpern, por su parte, entendieron que el trámite del discurso había que despacharlo rapidito, así que privilegiaron discursos breves, ejecutivos, centrados en áreas de trabajo. Adoptaron una estrategia riesgosa, eso sí: esperaron el discurso del primer 21 de mayo, el de 1994, para anunciar el proyecto estrella de su gestión, la reforma educacional. Con eso, ellos mismos se autoimpusieron la valla de tener que sorprender con grandes anuncios en cada 21 de mayo, lo que todos sabemos que es imposible en cualquier país serio.

Escribir un buen discurso pasa por entender el momento que se vive, hablar de los problemas, y lanzar un par de iniciativas concretas para solucionarlos. Si el discurso de este año, por ejemplo, no habla de corrupción, quedará corto. Pero acto seguido tiene que meterse en cómo enfrentarla, en la modernización del Estado, en el financiamiento electoral, y si yo estuviera allí, hablaría incluso de reforma a la Constitución. Es el momento de plantear que las reglas del juego no eran tan perfectas como argumenta la derecha, y que a veces los países tienen oportunidades como ésta para revisarlas y modificarlas.

Segundo, hay que tener claro que nadie escucha el discurso entero, y que por tanto, uno tiene que moldear las frases que quiere que salgan en el noticiario de las 9. No cabe ningún tipo de ingenuidad al respecto. La política y la percepción ciudadana se construyen desde la tele, guste o no guste. Buenas frases, fácilmente recordables, dichas con el énfasis adecuado, hacen más que cualquier prosa. La estética, la gesticulación, los tonos de voz, son importantísimos. El manejo escénico, el control de emociones. Por ejemplo, si uno pidiera a la gente que identifique un momento memorable de los discursos de Frei Ruiz-Tagle, los pocos que recuerdan algo identificarían cuando en 1999 se ofuscó con unas señoras pinochetistas que gritaban desde la galería del Congreso, y pronunció el magistral “pucha la vieja pa’ gritona”, a micrófono abierto.

Por último, hay que tener claro que el discurso siempre será criticado. La prensa comenzará días antes a especular acerca de lo que viene o no viene, o lo que debe venir. Cuando venga o no venga, la prensa especulará por qué vino o no vino, en circunstancias que debía o no debía venir. Se inventarán las historias más cándidas, o las más inverosímiles acerca de supuestas intrigas palaciegas que determinaron el porqué de lo que se dijo o no se dijo. La oposición dirá que no se habló del país real. Si habla de trabajo, dirán que no abarcó el problema de la salud. Si habla de salud, dirán que no abarcó el problema del trabajo. Si habla de ambos, dirán que quien mucho abarca poco aprieta. Y así, como en la frazada corta.

Por eso que si yo estuviera en el segundo, tercer o cuarto piso, siempre recordaría que el 21 de mayo es día feriado, que la gente está en la playa, que la cuota de civismo televisivo de ese día el chileno ya la copó mirando en cama el desfile de las glorias navales. Lo que se espera es un par de anuncios interesantes que ahoguen las críticas que vendrán de todas formas, pero sobre todo, dos cosas: una, que el discurso no se escucha: se mira; dos, que el discurso lo pronuncia un sujeto legitimado y respetado, preocupado por el futuro de la nación. Instalado ese concepto, la contienda está ganada. Al abordaje muchachos.

FJD/
09/08/2004 15:43 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

“Oligarquía Patronal”

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 1 de Septiembre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

“Caballero, ¿me da La Nación?” “Sí, claro, son trescientos pesos”. “Perdone, pero quiero todos los ejemplares que tenga”. “Chanfle, serían sesenta mil pesos entonces, pero dígame, ¿para qué quiere tantas?”. “No sé na’ yo, el patrón me mandó”.

Como éste, debe haber habido varios diálogos similares en todo Santiago el domingo pasado, cuando La Nación Domingo se convirtió en súper ventas gracias a una operación relámpago de la mayor coordinación. Tanto, que ni siquiera yo alcancé a comprarla a mi quiosquero, lo que sentí como un atentado contra mi libertad de información (y de trabajo, porque no pude leer mi propia columna). ¿En qué anda un país que se permite este tipo de acciones? ¿Cómo tanta prepotencia? ¿Será verdad que en Chile simplemente hay un grupo de patrones a los cuales es mejor no tocar?

En nuestro país, tan vieja como la figura del patrón es la oligarquía patronal. Un grupo de dueños de empresas y fundos que se juntan, protegen y reproducen entre sí. Y ojo, que el término no es mío, lo tomé de un olvidado libro de Genaro Arriagada de 1970, “La Oligarquía Patronal en Chile”. Allí, el hoy “politically correct” Genaro, el mismo ex ministro, ex embajador y ex jefe de cuanta campaña haya existido en el país en los últimos 15 años, hablaba de la situación de poder de nuestra oligarquía. Señalaba que en nuestra sociedad el dirigente patronal adquiere un sitio dentro de la jerarquía política del Estado y en la jerarquía económica, lo que se exterioriza en espacios en diarios y revistas, presencia en foros y conferencias, invitación a actos oficiales y diplomáticos, y en un acceso privilegiado a los Ministros y al Presidente de la República. Agregaba que todo este contexto de sobrevaloración al patrón termina por dotar a los actos del dirigente patronal de una “aureola de desinterés y altruismo”.

Lo concreto es que la oligarquía patronal en el Chile del 2002 existe y actúa. Así como manda a comprar diarios por las calles cuando ve a uno de los suyos en portada, también se reúne periódicamente, se expresa, presiona, informa, desinforma, educa y mal enseña. Funda sus diarios, sus canales de televisión, sus asociaciones; organiza sus negocios, su previsión, su salud. Y cada vez que puede, corre más y más la valla por menos impuestos y mayor flexibilidad laboral.

Permítanme una observación acerca de la oligarquía patronal y una acerca de lo ocurrido con La Nación el domingo pasado. Primero, creo que, como todo vehículo que se precie de tal, la economía debe tener sistemas de motor y de freno. Motor, para irrumpir y crear; freno, para regular y meditar. El sector privado es precisamente ese motor. El cuento de que la historia del hombre es la historia de la explotación de unos sobre otros, de señores y esclavos, de patricios y plebeyos, de burgueses y proletariado, no me la compro mucho, ahora que está tan de moda el “marxismo crítico”. Por eso, creo que los patrones no son ni buenos ni malos, simplemente existen y cumplen su rol en esta economía. Son insustituibles en crear riqueza, arriesgar en nuevos negocios y participar de la dinámica de “destrucción creativa” de la economía de mercado, donde al final de cuentas, uno termina comprando mejor y más barato, sin subsidiar flojos o ineficientes.

Pero que no nos vengan con el cuento de que los patrones en Chile además son blancas palomas ni políticamente vírgenes. Tienen sus intereses, se organizan y los expresan a través de la derecha política. Ello es legítimo, pero no nos engañemos: sus intereses no coinciden siempre con los de la mayoría, que no son patrones, sino que empleados. Por eso la necesidad de un Estado fuerte y eficiente, que sepa conjugar los diversos intereses individuales en aras del interés general. Y que tampoco vengan a descargar culpas propias en el Estado. Según la encuesta del “Latinobarómetro”, el 48% de los chilenos cree que la economía no se ha reactivado por falta de iniciativa de los empresarios. Impresión del vulgo será, pero lo que vale es que la gente sí confía en la estabilidad que ofrece el gobierno, al revés de lo que pasa en el resto de Latinoamérica.

Lo segundo es que creo que tanto el Estado como la prensa deben quedarse “fuera de la casa y de la cama”, como señalaban los liberales europeos de comienzos del siglo XX. O parafraseando a Bill Clinton, “incluso los jefes tienen vida privada”. No me parece adecuado hablar de un patrón sobre aspectos relacionados exclusivamente con su vida familiar, pues se trata de aspectos que no tienen relación con su vida pública. Un par de años trabajando como abogado en Derecho de Familia sirven para constatar que sórdidas historias de pareja e hijos pueden cambiar de manera asombrosa dependiendo de quién la cuente.

Pero tampoco creo que sea estratégico hablar de los patrones por aspectos que estén fuera de su actividad patronal. Da lo mismo si el presidente de ENRON es un sátrapa o un ferviente y caritativo anglicano. Da lo mismo la familia de Nicolás Ibáñez si en las empresas de éste se realizan prácticas anti sindicales, se despide arbitrariamente o se discrimina por sexo o religión.

A los patrones se les juzga en cuanto patrones, y en este sentido, aún dejan mucho que desear.

FJD/
09/08/2004 15:41 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.

07/08/2004

“Yo fui a la Ceremonia del Adiós”

ANIMAL POLITICO
Publicado en La Nación, 14 de julio 2002

Por Francisco Javier Díaz

Algo especial me pasó cuando leí el célebre artículo de Antonio Cortés Terzi, “La Ceremonia del Adiós”, a comienzos del gobierno de Lagos. Hacía apenas unos meses que Lavín casi se convertía en Presidente de Chile y afloraba el “síndrome Caszely” por todos lados. En la Concertación cundía la desazón, el desánimo y la incredulidad. La Derecha se mostraba extasiada, recordando a cada momento que ellos eran la mitad de Chile. Pero algo no cuadraba. Despedirse del gobierno seis años antes de una elección presidencial sonaba como mucho, algo faltaba en el análisis del compañero Cortés. La gente efectivamente se despedía, el cuento era saber de qué.

Decidí que tenía que asistir a una Ceremonia del Adiós, pero a una de verdad. No quedaba otra solución, la patria me requería. Así que hace un par de semanas fui a Francia para estar de cuerpo presente en la debacle de la Izquierda en la segunda vuelta electoral. Juro que lo que voy a contar es la pura y santa verdad.

La Ceremonia del Adiós comienza un día domingo o feriado. Parece que la idea de la Ceremonia es hacer que ese día todo parezca lo más normal posible. Tanto, que los parques están llenos de gente leyendo, trotando o tomando sol. Los locales de votación poco se notan, mientras que los vocales de mesa son gente pagada, que no lleva pic-nic, pero sí la misma cara de lata.

La campaña electoral de la Ceremonia del Adiós es ostensiblemente desigual. En el caso de las elecciones en Francia, la Izquierda ya casi no hacía campaña, pues se había gastado todas las ideas y las platas en la primera vuelta presidencial. La Derecha, en cambio, tiró toda la carne al asador. Buen diseño, buen papel, rostros de políticos que parecen ejecutivos. El contenido poco importa. Raffarin, el candidato a Primer Ministro de la Derecha, es algo así como el Juan Antonio Coloma del neo-gaullismo francés. Bisnieto, nieto, hijo y sobrino de políticos, no ha hecho nada más que politiquear toda su vida y ahora campañea en contra de la clase política. “Quiero representar a la Francia de los de abajo”, dijo, mientras su campaña era financiada por duquesas y multinacionales.

La Ceremonia propiamente tal se celebra en alguna sede política donde los líderes del Adiós se reúnen a esperar los resultados. Por tanto, me dirigí a la sede del PS Francés, donde abundaba el vino, las ensaladas de fideos fríos y el fois de grass. Un refinado socialista francés me explicaba que éste es un paté muy caro, que se hace intoxicando el hígado de un pobre pato con sustancias especiales para que le dé un sabor distinto. No pude dejar de acordarme de las vacas transgénicas del McDonalds.

Llegados los líderes (en este caso Fabius, Strauss Kahn, Aubry), se espera la llegada del candidato. Hay que llenar una sala con gente para que actúe de extra ante las cámaras y reciba al tipo con aplausos. Además, hay que esperar el horario prime de las noticias. En eso arribó Francois Hollande, jefe del socialismo francés, ceremoniante principal en nuestro ejemplo. Aplausos, vítores, a la vez que miradas de recelo y complicidad entre los otros líderes. Es jodido esto del liderazgo en los partidos políticos, pensé, pues en el fondo, sólo perdiendo el primero el resto tiene opción de ocupar su lugar vacante.

Otro requisito indispensable de la Ceremonia es que todos queden con algún sentimiento de resignación por lo ocurrido y ánimo de pelear una futura interna. “Al menos salvamos los muebles” decían los próceres socialistas que salvaron sus propios escaños esa noche en Francia. “Ahora viene lo bueno”, murmuraba el grupo de modernizadores que quiere tomar el control del partido. “La respuesta está en la izquierda”, respondía el rumor de la vieja guardia, que sentía en la derrota de Martine Aubry, la impulsora de la discutida jornada laboral de 35 horas, una fuerte estocada. Curioso este mensaje, dicho sea de paso. La ley Aubry le decía a los jóvenes “si quieres trabajar más, no puedes”, y después se queja de que perdió.

Por último, para que la Ceremonia sea Ceremonia, tiene que haber un sound bite potente del parte del candidato perdedor. Eso era lo que yo estaba esperando, para tomar nota para una eventual Ceremonia en Chile. Me acordé de la frase de Felipe González en 1996. Cuando se esperaba que el PSOE perdiera por mucho, ocurrió lo impensado: le Derecha ganó por poco. “No ha habido derrota más dulce ni victoria más amarga”. Diez palabras que le bastaron a Felipe para aguarle la fiesta a Aznar por unos tres meses, hasta que éste empezó a gobernar bien. Hollande aventuró una buena también: “Seguiremos luchando”, dijo, “avec obstination, mais sans precipitation”. Me gustó. No sé bien por qué, a lo mejor por el juego de eses, zetas y ces, pero me imaginé a Frei Ruiz-Tagle diciéndolo en nuestra Ceremonia: “Con obztinazión, pero zin prezipitazión”.

Cuando me fui caminando me di cuenta que uno no se despide seis o cuatro años antes de un gobierno, a menos que en realidad se esté despidiendo de otra cosa. La Ceremonia de los socialistas franceses me mostró que ellos siguen en lo suyo, trabajando, discutiendo, luchando por el poder. Sin drama. A lo mejor eso es la Ceremonia del Adiós: el fin de los que creen que la política es aún una epopeya y que creen que su vocación rebelde se satisface por haber cambiado un fusil de palo por una buena planta profesional o una mejor comisión de servicio.

Pero el resto de los ciudadanos seguiremos votando por los buenos gobiernos, así que no hay nada de qué despedirse. Como contribuyentes, votaremos por quienes nos ofrezcan y demuestren que se puede aminorar la evidente desigualdad existente, con la mayor eficiencia posible. Así de simple. Para el chileno o el francés de la calle, aunque duela, la Ceremonia del Adiós no existe. Todavía hay mucho por hacer.
07/08/2004 00:29 Enlace permanente. Tema: Todas las columnas No hay comentarios. Comentar.


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