Nine - Eleven
ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 8 de Septiembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Estaba hablando con mi sobrina, que tiene 15 años, acerca del menjunje que han armado los parlamentarios a propósito de los feriados que existen en Chile. Porque es un menjunje por donde se le mire: Primero, porque tenemos muchos feriados ridículos, que nadie se ha atrevido a eliminar. ¿Porqué tengo yo que celebrar el 15 de Agosto? ¿Porqué celebrar San Pedro y San Pablo y no San Francisco? Segundo, es un menjunje porque los genios del Parlamento, cuando trataron de arreglar este panizo, no se les ocurrió nada más lindo que trasladar los feriados infundados a los días lunes, de manera de hacerlos más infundados aún. Así por ejemplo, el pasado 27 de Mayo no se trabajó porque se trasladó a ese lunes el feriado que correspondía al día jueves anterior mientras que la Iglesia lo celebró el domingo entremedio. (Sí sé, yo también exijo una explicación). Tercero, porque se les ocurre a última hora tratar de establecer el 20 de Septiembre como feriado, en circunstancias que desde el tiempo de don Mateo de Toro y Zambrano que se sabía que el 20 de este año 2002 caería día viernes y quedaría ensanguchado.
Por último, dentro de toda esta maraña y días laborales perdidos, al Parlamento se le ocurrió derogar el 11 de Septiembre como día feriado y establecer el primer lunes del mes como Día de la Unidad Nacional. Al cabo de un par de años de tan poco decoroso fin de semana largo, el Parlamento, para acabar con la fiesta, derogó la ley derogatoria del 11 como feriado, por lo que en rigor, volvió a regir la ley original y se restableció como día sin trabajo.
Allí entonces preguntó mi sobrina: ¿Y porqué tendría que ser feriado el 11 de Septiembre? ¿Por los atentados a las Torres Gemelas? Antes de reprocharle su escasa conciencia de clase, me di cuenta de una cosa muy obvia: mi sobrina, que votará en las elecciones presidenciales del 2005, nació en 1987. Vale decir, para ella el 11 de Septiembre del 73 es tan lejano como es para Lagos la disputa entre Barros Borgoño y Alessandri Palma, para la Alvear la matanza del Seguro Obrero o para mi la derogación de la Ley Maldita. O sea, sucesos importantes todos, pero lamentablemente no muy relevantes a la hora de pensar futuro.
De esta manera, el tristemente célebre Once, para los jóvenes de hoy no es más que una triste fecha en los libros de historia y que ahora controlará la PAT o el SIES. Bien o mal, eso es, y por tanto equivoca quien pretenda sacar votos en torno a él. El Once hoy es simplemente Nine Eleven, como le dicen los gringos al atentado a las Torres y como prontamente le diremos todos nosotros. No es más el quiebre de la democracia en Chile ni el fin de un iluso proyecto revolucionario.
En lo personal, me di cuenta de lo poco que importa ahora el Once cuando, por diversos motivos, me perdí varios Onces seguidos en Chile. El Once de 1998 lo pasé en Buenos Aires, en plena discusión de la ley de flexibilización laboral de Menem. Allí, la oligarquía intelectual de la UCR denunciaba los perniciosos efectos de la reforma para los trabajadores, mientras éstos, cooptados por el menemismo, marchaban por las calles a favor del proyecto. Del Once chileno ni se hablaba. El de 1999 lo pasé en Londres, donde yo estudiaba. La colonia organizó una peña con mucho vino tinto, empanadas y Pinochet preso a unas cuantas cuadras, mientras la prensa británica discutía acerca de la extraterritorialidad de la ley penal y la inmunidad de los ex Jefes de Estado. Recuerdo cuando un Lord preguntó ¿Eleven of what? El Once del 2000 lo pasé muerto de susto en un barrio palestino de Jerusalén, mientras Sharon hacía un pic-nic en la explanada de las mezquitas. Ni siquiera yo me acordé que ese día era Once.
Entonces, aún cuando la izquierda nostálgica me reprochará el poco respeto a los caídos, lo concreto es que, por ejemplo, ningún candidato en Estados Unidos gana votos en el 2002 hablando de los muertos en la Guerra de Vietnam. Así que no nos vengan con cuentos, desde hace tiempo que esto se veía venir así. Del momento en que se unieron en la Concertación quienes estaban en contra y a favor de la UP, el Once perdió algo de su razón diferenciadora. Por otro lado, tampoco hoy no existe nadie que esté de acuerdo en que los horrores del Once fueron necesarios. Y los pocos que lo están, no tratan de sacar votos con ello. Ya no hay más que discutir; los detalles de la historia los agregarán los historiadores. Para la gran mayoría de Chile, el Once acabó con un gobierno democrático, instauró una dictadura que costó la vida a miles de chilenos, se abrió la economía, años más tarde el país volvió la democracia, y san se acabó. Hoy se vota por la derecha o por la Concertación, y el Once da lo mismo. Y mientras tanto, Informe Especial, Contacto y Aquí en Vivo nos recuerdan Nine Eleven y no el Golpe.
Ahora lo que importa es entender qué es lo que pasa en Chile y el mundo después de Nine Eleven. Qué pasa en la cultura, en la economía, en las distintas civilizaciones. ¿Somos tan distintos como plantea Huntington?
Por eso las dos preguntas de mi sobrina de 15 años. Una acerca de Nine Eleven; la otra: Oiga tío, ¿Y usted va a tener que trabajar el viernes 20?
FJD/
La Nación, Domingo 8 de Septiembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Estaba hablando con mi sobrina, que tiene 15 años, acerca del menjunje que han armado los parlamentarios a propósito de los feriados que existen en Chile. Porque es un menjunje por donde se le mire: Primero, porque tenemos muchos feriados ridículos, que nadie se ha atrevido a eliminar. ¿Porqué tengo yo que celebrar el 15 de Agosto? ¿Porqué celebrar San Pedro y San Pablo y no San Francisco? Segundo, es un menjunje porque los genios del Parlamento, cuando trataron de arreglar este panizo, no se les ocurrió nada más lindo que trasladar los feriados infundados a los días lunes, de manera de hacerlos más infundados aún. Así por ejemplo, el pasado 27 de Mayo no se trabajó porque se trasladó a ese lunes el feriado que correspondía al día jueves anterior mientras que la Iglesia lo celebró el domingo entremedio. (Sí sé, yo también exijo una explicación). Tercero, porque se les ocurre a última hora tratar de establecer el 20 de Septiembre como feriado, en circunstancias que desde el tiempo de don Mateo de Toro y Zambrano que se sabía que el 20 de este año 2002 caería día viernes y quedaría ensanguchado.
Por último, dentro de toda esta maraña y días laborales perdidos, al Parlamento se le ocurrió derogar el 11 de Septiembre como día feriado y establecer el primer lunes del mes como Día de la Unidad Nacional. Al cabo de un par de años de tan poco decoroso fin de semana largo, el Parlamento, para acabar con la fiesta, derogó la ley derogatoria del 11 como feriado, por lo que en rigor, volvió a regir la ley original y se restableció como día sin trabajo.
Allí entonces preguntó mi sobrina: ¿Y porqué tendría que ser feriado el 11 de Septiembre? ¿Por los atentados a las Torres Gemelas? Antes de reprocharle su escasa conciencia de clase, me di cuenta de una cosa muy obvia: mi sobrina, que votará en las elecciones presidenciales del 2005, nació en 1987. Vale decir, para ella el 11 de Septiembre del 73 es tan lejano como es para Lagos la disputa entre Barros Borgoño y Alessandri Palma, para la Alvear la matanza del Seguro Obrero o para mi la derogación de la Ley Maldita. O sea, sucesos importantes todos, pero lamentablemente no muy relevantes a la hora de pensar futuro.
De esta manera, el tristemente célebre Once, para los jóvenes de hoy no es más que una triste fecha en los libros de historia y que ahora controlará la PAT o el SIES. Bien o mal, eso es, y por tanto equivoca quien pretenda sacar votos en torno a él. El Once hoy es simplemente Nine Eleven, como le dicen los gringos al atentado a las Torres y como prontamente le diremos todos nosotros. No es más el quiebre de la democracia en Chile ni el fin de un iluso proyecto revolucionario.
En lo personal, me di cuenta de lo poco que importa ahora el Once cuando, por diversos motivos, me perdí varios Onces seguidos en Chile. El Once de 1998 lo pasé en Buenos Aires, en plena discusión de la ley de flexibilización laboral de Menem. Allí, la oligarquía intelectual de la UCR denunciaba los perniciosos efectos de la reforma para los trabajadores, mientras éstos, cooptados por el menemismo, marchaban por las calles a favor del proyecto. Del Once chileno ni se hablaba. El de 1999 lo pasé en Londres, donde yo estudiaba. La colonia organizó una peña con mucho vino tinto, empanadas y Pinochet preso a unas cuantas cuadras, mientras la prensa británica discutía acerca de la extraterritorialidad de la ley penal y la inmunidad de los ex Jefes de Estado. Recuerdo cuando un Lord preguntó ¿Eleven of what? El Once del 2000 lo pasé muerto de susto en un barrio palestino de Jerusalén, mientras Sharon hacía un pic-nic en la explanada de las mezquitas. Ni siquiera yo me acordé que ese día era Once.
Entonces, aún cuando la izquierda nostálgica me reprochará el poco respeto a los caídos, lo concreto es que, por ejemplo, ningún candidato en Estados Unidos gana votos en el 2002 hablando de los muertos en la Guerra de Vietnam. Así que no nos vengan con cuentos, desde hace tiempo que esto se veía venir así. Del momento en que se unieron en la Concertación quienes estaban en contra y a favor de la UP, el Once perdió algo de su razón diferenciadora. Por otro lado, tampoco hoy no existe nadie que esté de acuerdo en que los horrores del Once fueron necesarios. Y los pocos que lo están, no tratan de sacar votos con ello. Ya no hay más que discutir; los detalles de la historia los agregarán los historiadores. Para la gran mayoría de Chile, el Once acabó con un gobierno democrático, instauró una dictadura que costó la vida a miles de chilenos, se abrió la economía, años más tarde el país volvió la democracia, y san se acabó. Hoy se vota por la derecha o por la Concertación, y el Once da lo mismo. Y mientras tanto, Informe Especial, Contacto y Aquí en Vivo nos recuerdan Nine Eleven y no el Golpe.
Ahora lo que importa es entender qué es lo que pasa en Chile y el mundo después de Nine Eleven. Qué pasa en la cultura, en la economía, en las distintas civilizaciones. ¿Somos tan distintos como plantea Huntington?
Por eso las dos preguntas de mi sobrina de 15 años. Una acerca de Nine Eleven; la otra: Oiga tío, ¿Y usted va a tener que trabajar el viernes 20?
FJD/
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