¿Cómo tanta tontera?
ANIMAL POLITICO
Domingo 28 de Julio de 2002
Por Francisco Javier Díaz
No voy a analizar el rechazo de la Ley de la Cultura en la Cámara de Diputados por dos razones: una, porque ya es noticia pasada; y dos, porque no resiste mayor análisis. Fue simplemente una tontera mayúscula de parte de algunos diputados oficialistas. Lo que importa es saber si ello tendrá alguna consecuencia política, al margen del obvio retraso de la ley.
Es bueno detenerse a analizar lo que nos indican las encuestas de esta semana: La gente apoya mayoritariamente al gobierno, pero crece el porcentaje que no está conforme con la Concertación. ¿Qué pasa allí? ¿Porqué la sensación de que la Concertación no sintoniza con la gente? ¿Porqué si lo que la gente quiere es más protección social, mejor salud, mejor educación pública, más seguridad pero con policías que respeten los derechos de sus hijos, quiere que no abusen con ella en sus trabajos, que no le esquilmen las Isapres, que no le cobren intereses usureros las grandes tiendas, que la protejan en sus contratos, que no se segreguen las ciudades, que no se discrimine, que se proteja a la mujer, que se reconozcan las minorías, que haya ley de divorcio, y la Concertación le ofrece precisamente eso, o al menos, la oportunidad de acceder razonablemente pronto a eso? Pero la gente no le cree y no entiende que basta leer los escritos de la UDI o Libertad y Desarrollo para darse cuenta que la Derecha no hará nada que perjudique los intereses de la minoría conservadora que es la más pudiente.
Hay evidentemente una falencia comunicativa de parte de la Concertación, la cual explico básicamente por dos factores: primero, porque los partidos y los líderes de la Concertación no han hecho todo lo posible para resituarse en su rol como agentes de cambio y pusilánimemente se han dejado colocar en el peor de los bandos imaginables: el bando de los políticos. Y segundo, porque se han hecho muchas tonteras.
En Chile siempre ha existido desconfianza hacia los políticos. Quienes se vanaglorian del avanzado y maduro sistema de partidos que existe en Chile, olvidan que la gente siempre ha tenido una actitud de recelo y desdén hacia los políticos. Incluso los políticos no confían en los políticos. Es sabido que Frei Ruiz-Tagle no confiaba a ciegas en sus partidos. Pinochet derechamente no creía en los políticos. Allende recelaba de su propio Partido Socialista, mientras que Alessandri es el principal causante de la debacle de la Derecha en los sesenta. Ni hablar de Ibáñez del Campo, quien ganó precisamente prometiendo barrer a los políticos.
En este contexto, los concertacionistas han tenido la poco brillante idea de tolerar que sean identificados exclusivamente con el club de los políticos. De promover la participación y la democracia en los ochenta, han pasado a promover las prácticas políticas más aburridas y rechazadas por la población. Sus discursos son vacíos, largos e ininteligibles. Los líderes de los partidos son vistos como sujetos anticuados y faltos de carisma.
Pero además se han hecho muchas tonteras. Por alguna razón extraña, el espíritu de tres chiflados ha aflorado en promedio una vez cada mes y medio, justamente el tiempo que necesita una persona normal para olvidar un episodio político de menor a mediana relevancia política. O sea, los políticos que tienden a pensar no hay que preocuparse, la gente no recordará esta chambonada en unas cuantas semanas, tienden a olvidar que la repetición constante y uniforme de una práctica, por minoritaria que ésta sea, acarrea precisamente el efecto contrario: la generalización y construcción de ésta en sentido común.
Destacan, entre otros, las indemnizaciones, las explicaciones sobre las indemnizaciones, la negociación parlamentaria, la mala inscripción de los candidatos DC, la ley que salvó a los candidatos DC, los errores de Conadi, las pifias en Indap, los bonos en Correos de Chile, las cartas de Girardi, los autogoles de Avila, y la tontera de los que no fueron a votar la Ley de la Cultura. En fin, todos hechos no muy relevantes como para que la gente los recuerde uno a uno, pero muchos como para que la gente los olvide en su conjunto.
Lo dijo el cientista político norteamericano Mark Klugmann, ex asesor de José Piñera, en 1993: La única fuerza capaz de derrotar a la Concertación es el creciente resentimiento en contra de la clase política . . . el club de los políticos tiene que ser re-definido como el club de la Concertación.
Ahí el problema de los partidos y políticos de la Concertación. La verdadera tercera fuerza electoral que existe en Chile, que es el grupo de gente que recela de los políticos, crece y crece con cada uno de estos errores. Y si ahora uno le suma parte importante del mundo del arte y la cultura, peor todavía, la Concertación termina fortaleciendo a su propio enemigo. ¿Cómo tanta tontera?
FJD, Julio 2002
Domingo 28 de Julio de 2002
Por Francisco Javier Díaz
No voy a analizar el rechazo de la Ley de la Cultura en la Cámara de Diputados por dos razones: una, porque ya es noticia pasada; y dos, porque no resiste mayor análisis. Fue simplemente una tontera mayúscula de parte de algunos diputados oficialistas. Lo que importa es saber si ello tendrá alguna consecuencia política, al margen del obvio retraso de la ley.
Es bueno detenerse a analizar lo que nos indican las encuestas de esta semana: La gente apoya mayoritariamente al gobierno, pero crece el porcentaje que no está conforme con la Concertación. ¿Qué pasa allí? ¿Porqué la sensación de que la Concertación no sintoniza con la gente? ¿Porqué si lo que la gente quiere es más protección social, mejor salud, mejor educación pública, más seguridad pero con policías que respeten los derechos de sus hijos, quiere que no abusen con ella en sus trabajos, que no le esquilmen las Isapres, que no le cobren intereses usureros las grandes tiendas, que la protejan en sus contratos, que no se segreguen las ciudades, que no se discrimine, que se proteja a la mujer, que se reconozcan las minorías, que haya ley de divorcio, y la Concertación le ofrece precisamente eso, o al menos, la oportunidad de acceder razonablemente pronto a eso? Pero la gente no le cree y no entiende que basta leer los escritos de la UDI o Libertad y Desarrollo para darse cuenta que la Derecha no hará nada que perjudique los intereses de la minoría conservadora que es la más pudiente.
Hay evidentemente una falencia comunicativa de parte de la Concertación, la cual explico básicamente por dos factores: primero, porque los partidos y los líderes de la Concertación no han hecho todo lo posible para resituarse en su rol como agentes de cambio y pusilánimemente se han dejado colocar en el peor de los bandos imaginables: el bando de los políticos. Y segundo, porque se han hecho muchas tonteras.
En Chile siempre ha existido desconfianza hacia los políticos. Quienes se vanaglorian del avanzado y maduro sistema de partidos que existe en Chile, olvidan que la gente siempre ha tenido una actitud de recelo y desdén hacia los políticos. Incluso los políticos no confían en los políticos. Es sabido que Frei Ruiz-Tagle no confiaba a ciegas en sus partidos. Pinochet derechamente no creía en los políticos. Allende recelaba de su propio Partido Socialista, mientras que Alessandri es el principal causante de la debacle de la Derecha en los sesenta. Ni hablar de Ibáñez del Campo, quien ganó precisamente prometiendo barrer a los políticos.
En este contexto, los concertacionistas han tenido la poco brillante idea de tolerar que sean identificados exclusivamente con el club de los políticos. De promover la participación y la democracia en los ochenta, han pasado a promover las prácticas políticas más aburridas y rechazadas por la población. Sus discursos son vacíos, largos e ininteligibles. Los líderes de los partidos son vistos como sujetos anticuados y faltos de carisma.
Pero además se han hecho muchas tonteras. Por alguna razón extraña, el espíritu de tres chiflados ha aflorado en promedio una vez cada mes y medio, justamente el tiempo que necesita una persona normal para olvidar un episodio político de menor a mediana relevancia política. O sea, los políticos que tienden a pensar no hay que preocuparse, la gente no recordará esta chambonada en unas cuantas semanas, tienden a olvidar que la repetición constante y uniforme de una práctica, por minoritaria que ésta sea, acarrea precisamente el efecto contrario: la generalización y construcción de ésta en sentido común.
Destacan, entre otros, las indemnizaciones, las explicaciones sobre las indemnizaciones, la negociación parlamentaria, la mala inscripción de los candidatos DC, la ley que salvó a los candidatos DC, los errores de Conadi, las pifias en Indap, los bonos en Correos de Chile, las cartas de Girardi, los autogoles de Avila, y la tontera de los que no fueron a votar la Ley de la Cultura. En fin, todos hechos no muy relevantes como para que la gente los recuerde uno a uno, pero muchos como para que la gente los olvide en su conjunto.
Lo dijo el cientista político norteamericano Mark Klugmann, ex asesor de José Piñera, en 1993: La única fuerza capaz de derrotar a la Concertación es el creciente resentimiento en contra de la clase política . . . el club de los políticos tiene que ser re-definido como el club de la Concertación.
Ahí el problema de los partidos y políticos de la Concertación. La verdadera tercera fuerza electoral que existe en Chile, que es el grupo de gente que recela de los políticos, crece y crece con cada uno de estos errores. Y si ahora uno le suma parte importante del mundo del arte y la cultura, peor todavía, la Concertación termina fortaleciendo a su propio enemigo. ¿Cómo tanta tontera?
FJD, Julio 2002
0 comentarios