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Francisco Javier Díaz

Socialistas

ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 18 de Agosto de 2002

Francisco Javier Díaz

El Partido Socialista de Chile culmina hoy domingo su Conferencia Nacional de Organización, a la cual asisten más de mil delegados que han discutido, durante tres días, el futuro del partido. Al margen de las resoluciones que emanen de la Conferencia, lo importante será lo que haga el Partido de ahora en adelante, para hacerse cargo de la extraña sensación de estancamiento y esperanza que recorre a mucha gente de izquierda en estos tiempos.

Es un hecho que el PS se ha estancado. Desde hace tiempo que su porcentaje electoral se mantiene plano como el horizonte, pegado en el 10%. Su liderazgo no se ha renovado y su militancia envejece año a año. En la Conferencia de este fin de semana se apreciaba un buen número de próceres de la época del FRAP, mucho ex rebelde de los ’60 que ahora rondan los sesenta, muchos más luchadores por la democracia de los ’80, y alguno que otro joven, generalmente hijo de algún prócer, de los ’90. Son tantos los recuerdos que porta cada militante, que cada vez que llegaba uno al edificio Diego Portales, el resto se alegraba de verlo y exclamaban, casi como en el comercial: “¡¡¡El Zanahooria !!!”

Pero que no se me mal entienda: mucha de esta gente es gente buena, sacrificada, valerosa e idealista. Gente que ha arriesgado su pellejo en muchas ocasiones de la historia de Chile. Y que, indefectiblemente, ha estado siempre del lado de los más débiles. Esa es la gran fortaleza del PS y que pocos otros partidos pueden demostrar.

Pero esta gente espera que, tal como a ellos en su momento los encantó algún líder o programa serio y sincero, el Partido encante nuevamente al pueblo, que espera con ansias ver una fuerza de izquierda política responsable y moderna. Esos son los conceptos, a mi juicio, que pueden servir para el relanzamiento del PS: seriedad y responsabilidad; sinceridad y modernidad.

El PS ha demostrado en los gobiernos de la Concertación ser un partido serio y responsable. De hecho, ha colocado a algunos de sus cuadros más notables a cargo de las más complejas tareas de la transición y de la construcción de un gobierno progresista. En el parlamento, en los ministerios, en la economía, en los municipios, y ahora en la Moneda, el PS ha dado evidencia de que se la puede. El PS puede demostrar, con sus obras, que está capacitado para el más serio y responsable de los gobiernos.

Pero al PS le falta sinceridad. No porque mienta, si no que porque le falta asumirse en lo que es su actuar y dejar atrás una vieja retórica del siglo pasado, que poco lo ayuda para despegar. El PS necesita dotarse de un discurso moderno, que exprese precisamente lo que es y que cumpla con dos requisitos centrales: uno, que pueda ser entendido perfectamente por el votante, y dos, que no pueda ser tergiversado por sus adversarios.

El PS debe asumir la modernidad y sincerar su discurso en torno a ella. Los partidos que no cambian cuando el mundo cambia, dejan de ser útiles al mundo que pretenden cambiar. Si el PS no asume este desafío, arriesga permanecer como monumento más que como movimiento.

En el fondo, el PS debe concluir su proceso de renovación. Lo comenzó en los ’80, cuando comenzó a revalorar la democracia en toda su magnitud. Lo continuó en los ’90, cuando entendió que si no se gobierna responsablemente y con seriedad, nada de lo que se haga sirve. Ahora debe cerrar el círculo y declararse tal cual es; debe sincerarse ante el pueblo. Ello implica abandonar todo atisbo de discurso totalizador y omnicomprensivo, aún presente en su declaración de principios, así como dejar atrás cualquier atadura con clase o ideología determinada. Aunque duela a los nostálgicos.

Muchos otros partidos socialistas exitosos del mundo han vivido similar proceso. Lo vivió el PSD alemán en 1959, a través del famoso programa de Bad Godesberg. Los españoles del PSOE lo hicieron a finales de la dictadura de Franco, en 1975, liderados por Felipe González. Los laboristas tardaron hasta 1995, cuando Tony Blair remeció las viejas estructuras del socialismo británico.

La idea es entender que las metas finales o utopías globales ya no están en su horizonte inmediato. La política moderna es la contingencia y la lucha que se da en ella por lograr mayores espacios de libertad para todos y por reducir la evidente desigualdad existente con medidas concretas y duraderas. El desafío del PS es fijar su gramática ética y valórica para enfrentar la contingencia moderna. Tiene la gente, tiene el nombre, tiene la historia. Es de esperar que los nuevos líderes sepan enfrentar este desafío.

FJD/

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