Un Piñera no hace verano
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 29 de Septiembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Siempre me ha llamado la atención Renovación Nacional. Es un partido extraño, de diferentes personalidades, donde sus dirigentes altos son muy distintos a sus dirigentes medios y a su base. Después de mucho pensar, creo que llegué a una conclusión respecto del divorcio interno de este partido: los dirigentes de RN son muy liberales para ser pinochetistas, mientras que la base es muy pinochetista para ser liberal.
El único otro partido que tiene estas conductas esquizoides es el PS, donde sus dirigentes son evidentemente más centristas que la base que canta con puño, corazón y cerebro en alto y se autodeclara marxista cada vez que puede. Porque en el PPD, Girardi es tan verde como el último militante ecologista que se encadena a un barco caza-ballenas; en el PC, la Gladys es tan hiper comunista como el último compañero del núcleo José Stalin de Huechuraba; en la DC, Zaldívar es tan intrínsecamente decé como la última vieja de la parroquia de barrio que marchó con la Patria Joven; mientras que en la UDI Longueira es tan derechista como el más furibundo dirigente y sapo poblacional de la época de Pinochet.
En cambio, en RN no es así el cuento. Piñera, así como en su tiempo Allamand, se declara demócrata, quiere eliminar a los senadores designados, aparentemente desea modificar el sistema binominal, si fuera Presidente de Chile le gustaría poder llamar a retiro a los Comandantes en Jefe, baila, canta, se para de cabeza, en fin, hace de todo para ser politically correct, pero su base no lo sigue. Y cuando hablo de base no me refiero exclusivamente al militante de una comuna, sino también a los diputados, senadores, alcaldes y concejales. O sea, casi todo el resto del partido.
Alguien inventó en Chile que los partidos no se acaban. Seguramente al ver que todavía revolotean por ahí algunos viejujos que se juntan a tomar en nombre del Partido Liberal, la USOPO o el PADENA, como que ha quedado establecido que los partidos no se terminan. Pero una cosa es subsistir como un monumento y otra cosa que un partido sea un movimiento. De lo que se trata es de esto último: que el partido exista en la política, mueva gente y genere movimiento en las decisiones de la autoridad.
Existen numerosos casos de partidos que han muerto, así como numerosos casos de partidos que han estado a punto de morir. En Italia, tras el derrumbe del bloque soviético y el fin de la amenaza comunista, la Democracia Cristiana perdió razón de ser. Comenzaron las investigaciones de corrupción, el famoso proceso mano limpia, y en cuestión de un par de años se desplomó el otrora fuerte y poderoso partido que gobernó durante casi toda la pos guerra. Con Suárez y la Unión de Centro Democrático de España pasó algo similar: este partido de centroderecha se jactaba de tener las llaves de la transición, hasta que llegó un hábil Aznar y les cerró la puerta por fuera.
De esta manera, hoy no se entiende bien para qué existe Renovación Nacional, mientras que los esfuerzos de Piñera por aclararlo, o los terminan los militares (sea a través de un espionaje telefónico o a través del Almirante Arancibia) o los terminan su propio partido. Hay que entender algo: los mandos medios y bases de Renovación Nacional son gente de derecha. Cuando Allamand formó el partido en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional y a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, alcaldes, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, en fin.
Por eso que venga Piñera a hacernos creer que ahora sí que sí la derecha dejará de lado su interés político inmediato por reformar las disposiciones poco decorosas democráticamente de nuestra Constitución, en especial el sistema binominal, da como para decir: ¡¡andáaa!!
La UDI no cederá, pues es negocio redondo para ellos. Y los candidatos a alcalde, diputados y senadores de RN jamás dejarán que su partido los prive de posar en la foto de campaña con la gallina de los votitos de oro, que es Lavín. ¿O alguien cree que, por ejemplo, Lily Pérez está más interesada en tener una Constitución decente que en ser senadora?
Por eso, Renovación Nacional poco a poco seguirá su proceso de UDIzación acelerada. Y los pololeos con la DC no pasarán de ser fugaces amoríos de primavera. Así, las ganas y entusiasmo de nuestro estimado Sebastián, que hay que reconocer que salió más porfiado que Allamand, jamás harán verano, porque él no es de allá, sino que de este lado.
FJD/
Diario La Nación, Domingo 29 de Septiembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Siempre me ha llamado la atención Renovación Nacional. Es un partido extraño, de diferentes personalidades, donde sus dirigentes altos son muy distintos a sus dirigentes medios y a su base. Después de mucho pensar, creo que llegué a una conclusión respecto del divorcio interno de este partido: los dirigentes de RN son muy liberales para ser pinochetistas, mientras que la base es muy pinochetista para ser liberal.
El único otro partido que tiene estas conductas esquizoides es el PS, donde sus dirigentes son evidentemente más centristas que la base que canta con puño, corazón y cerebro en alto y se autodeclara marxista cada vez que puede. Porque en el PPD, Girardi es tan verde como el último militante ecologista que se encadena a un barco caza-ballenas; en el PC, la Gladys es tan hiper comunista como el último compañero del núcleo José Stalin de Huechuraba; en la DC, Zaldívar es tan intrínsecamente decé como la última vieja de la parroquia de barrio que marchó con la Patria Joven; mientras que en la UDI Longueira es tan derechista como el más furibundo dirigente y sapo poblacional de la época de Pinochet.
En cambio, en RN no es así el cuento. Piñera, así como en su tiempo Allamand, se declara demócrata, quiere eliminar a los senadores designados, aparentemente desea modificar el sistema binominal, si fuera Presidente de Chile le gustaría poder llamar a retiro a los Comandantes en Jefe, baila, canta, se para de cabeza, en fin, hace de todo para ser politically correct, pero su base no lo sigue. Y cuando hablo de base no me refiero exclusivamente al militante de una comuna, sino también a los diputados, senadores, alcaldes y concejales. O sea, casi todo el resto del partido.
Alguien inventó en Chile que los partidos no se acaban. Seguramente al ver que todavía revolotean por ahí algunos viejujos que se juntan a tomar en nombre del Partido Liberal, la USOPO o el PADENA, como que ha quedado establecido que los partidos no se terminan. Pero una cosa es subsistir como un monumento y otra cosa que un partido sea un movimiento. De lo que se trata es de esto último: que el partido exista en la política, mueva gente y genere movimiento en las decisiones de la autoridad.
Existen numerosos casos de partidos que han muerto, así como numerosos casos de partidos que han estado a punto de morir. En Italia, tras el derrumbe del bloque soviético y el fin de la amenaza comunista, la Democracia Cristiana perdió razón de ser. Comenzaron las investigaciones de corrupción, el famoso proceso mano limpia, y en cuestión de un par de años se desplomó el otrora fuerte y poderoso partido que gobernó durante casi toda la pos guerra. Con Suárez y la Unión de Centro Democrático de España pasó algo similar: este partido de centroderecha se jactaba de tener las llaves de la transición, hasta que llegó un hábil Aznar y les cerró la puerta por fuera.
De esta manera, hoy no se entiende bien para qué existe Renovación Nacional, mientras que los esfuerzos de Piñera por aclararlo, o los terminan los militares (sea a través de un espionaje telefónico o a través del Almirante Arancibia) o los terminan su propio partido. Hay que entender algo: los mandos medios y bases de Renovación Nacional son gente de derecha. Cuando Allamand formó el partido en 1983, reclutó a sus viejos conocidos del Partido Nacional y a los amigotes de Sergio Onofre Jarpa. O sea, pinochetismo puro, alcaldes, funcionarios de gobiernos regionales, académicos de universidades intervenidas, asesores varios, Codecos, Cemas Chiles, en fin.
Por eso que venga Piñera a hacernos creer que ahora sí que sí la derecha dejará de lado su interés político inmediato por reformar las disposiciones poco decorosas democráticamente de nuestra Constitución, en especial el sistema binominal, da como para decir: ¡¡andáaa!!
La UDI no cederá, pues es negocio redondo para ellos. Y los candidatos a alcalde, diputados y senadores de RN jamás dejarán que su partido los prive de posar en la foto de campaña con la gallina de los votitos de oro, que es Lavín. ¿O alguien cree que, por ejemplo, Lily Pérez está más interesada en tener una Constitución decente que en ser senadora?
Por eso, Renovación Nacional poco a poco seguirá su proceso de UDIzación acelerada. Y los pololeos con la DC no pasarán de ser fugaces amoríos de primavera. Así, las ganas y entusiasmo de nuestro estimado Sebastián, que hay que reconocer que salió más porfiado que Allamand, jamás harán verano, porque él no es de allá, sino que de este lado.
FJD/
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