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Francisco Javier Díaz

“¿Ridículo o Ridículos?”

ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 13 de Octubre de 2002

Por Francisco Javier Díaz

Todo el episodio del General Ríos ha suscitado una serie de análisis políticos, jurídicos y judiciales acerca de la Constitución, de las Fuerzas Armadas, de la transición, de la Mesa de Diálogo, de la obstrucción a la justicia, entre otros. Pero hay un análisis que falta: ¿Quién es el real responsable de todo? ¿El caballo o el empedrado? ¿Ríos o la Fach? ¿La persona o la institución? ¿Ridículo o ridículos?

El análisis no es menor; la derecha es tremendamente hábil en confundir a la opinión pública en este sentido. Cada vez que surge alguna grave acusación en contra de algún integrante de las FFAA, la derecha se atrinchera en la defensa de “las instituciones armadas”. E inicialmente asimila la acusación contra el uniformado de turno, como un ataque a la rama entera. “No hay que atacar a las fuerzas armadas, ellas son de todos los chilenos”, señalan los derechistas más conciliadores. “La Concertación juega peligrosamente con la paciencia de las ramas de la defensa”, señalan, en tono amenazador, los más nostálgicos de la época militar.

Pero la estrategia de la derecha no se agota allí, porque tampoco se puede tapar el sol con la mano. Estiran la confusión “persona – institución” sólo hasta cierto punto, y entonces allí dejan caer al involucrado. En otras palabras: comienzan defendiendo a la persona haciéndola un solo cuerpo con su institución. Así, cualquier ataque al acusado es un ataque a la respectiva rama, y por tanto, poco menos que un atentado en contra de las buenas relaciones cívico-militares. Sin embargo, cuando la evidencia se hace abrumadora, la derecha mutis por el foro, mira al techo, silba un rato, habla de los problemas concretos de la gente, y le endosa el cachito a las Fuerzas Armadas. Y son éstas las que tienen que colocar cara de circunstancia y explicar las andanzas de sus ex agentes.

Así lo ha hecho la derecha cada vez que descubren a algunos de sus ex amigos. Así se liberó de Corbalán, así se hizo el cucho con Manuel Contreras, así le pegó la desconocida a Espinoza, así Lavín se hacía el leso cuando Pinochet estaba en Londres, así lo hacen ahora con Campos o Ríos. Ya no son las instituciones, son las personas.

Que no se mal entienda: no tengo ningún propósito de defender en lo más mínimo a personas que han provocaron tanto daño a miles de chilenos y que merecen nuestro más absoluto desprecio político y moral. Pero que el desprecio que sentimos hacia la gente de la DINA o la CNI no nos haga olvidar que habían otros que sabían o debían saber lo que ocurría, que los amparaban institucionalmente, y que ahora tratan de aparecer como blancas palomas inocentes por la vida.

Soy de los que creen que el tema de las violaciones a los derechos humanos debe ser superado y que debemos mirar al futuro. Pero no a cualquier precio. Está bien, la paz social exige generosidad. Está bien, la construcción de un país más justo y equitativo exige concentrarnos en el futuro. Pero que no pretenda la derecha hacer olvidar la historia y más encima, hasta sacar rédito electoral de ella.

En Chile hubo una política sistemática de exterminio que contó con el patrocinio de muchas instituciones. Quien lo niegue, simplemente que trate de explicar de dónde salía la bencina de los helicópteros que lanzaban cuerpos al mar, de dónde salía la plata para comprar o pagar arriendos de sedes de tortura, o que explique porqué muchos de los acusados eran funcionarios públicos con todas las de la ley.

Pero las instituciones son más que eso. Las instituciones quedan para siempre y es nuestro deber cuidarlas y enmendarlas cuando se apartan de su cauce de bien común. El problema de la Fuerza Aérea se origina en determinadas personas, no en sí misma. La Fuerza Aérea es de todos. Yo la financio en parte con mis impuestos y no dejo de recordar que tiene sus raíces en la institución de Marmaduque. No conozco mocoso alguno que alguna vez en su vida no haya querido ser aviador, ni joven que no haya soñado con una chaqueta de cuero con chiporro al cuello, onda Top Gun.

Entonces, que no venga la derecha a intentar hacernos sentir culpables por atacar a una institución llena de gente honesta y buena, cuando fueron civiles y militares de derecha los que colaboraron a carcomer la moralidad de algunos seres despreciables de dicha institución. Y que no venga la derecha a mirar al techo cuando deja caer a los que ayer aplaudió. Ridículos son todos, el que hizo, el que supo y el que calló.

FJD

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