La Concertación es Tuya
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 17 de Noviembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
El gran Vladimir Illich Ulianov, Lenin, se preguntaba en 1902: ¿Qué hacer? Creo que esa es la misma pregunta que debe estar rondando en La Moneda y en los partidos de la Concertación estos días. Para ayudarlos un poco en su tarea, intentaré dar algunas luces al respecto, partiendo de una premisa arriesgada para un analista: la Concertación puede ganar en el 2005. Lean estos cinco puntos y háganme caso.
Primero, hay que tener en consideración algo fundamental: el caso coimas no se ha dado en un conjunto vacío. Se da un contexto de extrema fragilidad de instituciones que parecían incólumes y robustas, por sobre el bien y el mal. Se da cuando se sorprende a dos sacerdotes en conductas pedofílicas y homosexuales. Cuando hay militares que venden armas a narcotraficantes. Cuando en Aysén un grupo de bandoleros mata a una decena de cabros, mientras se realizan fuertes acusaciones de complicidades entre diversas autoridades y donde todos recordamos la extraña foto de un juez pilucho, drogado, acostado en una cama con sábanas de seda, acompañado de sospechosas damiselas. O sea, todo digno de la más sórdida trama gansteril.
Todo lo anterior en un contexto de prensa libre, aguda y sarcástica, como nunca antes se había visto. Interesada y parcial muchas veces, pero al menos abierta e irreverente con la autoridad --no así con algunos grupos económicos, pero en fin. Y con ciudadanos cada vez más exigentes y ávidos de información.
Parafraseando a Anthony Giddens, el gran sociólogo de la globalización y director de London School of Economics, es difícil pensar que hoy en día se den más prácticas corruptas que antes. Lo que pasa es que hoy en día éstas se conocen y valoran negativamente. Y no es un mero tema de que, por ejemplo, en dictadura no se supieran estas cosas, si no que también hay un fenómeno de ciudadanía menos dócil, más inquieta y más exigente con sus autoridades y sus impuestos. O parafraseando a ese otro gran filósofo, Yerko Puchento: ¿alguien cree que el padre Tato es el primer cura frescolín? Claro que no. Por tanto, yo enfatizaría la confianza en la gente honesta que compone las instituciones.
Segundo, el mundo ha cambiado. Durante los últimos trece años hemos vivido en una pax romana inusual, sin guerra fría, ni potencias, ni problemas. Un solo campeón que manda y que nos daba seguridad. En cosa de meses se derrumbó este castillo de naipes y los chilenos fueron testigos de los episodios más traumáticos que presenciarán en sus vidas. Cayeron las torres, se desplomó Argentina, bombardeos, saqueos, robos. Ayer o anteayer, ver a niñitos transandinos morir de hambre en Tucumán causa impacto en todo Chile. Bush irá a la guerra, su gente lo aplaude. En Latinoamérica, nadie respeta a sus gobernantes, salvo Lula o Lagos. Por tanto, yo enfatizaría la protección y la seguridad.
Tercero, está demostrado que los escándalos éticos no afectan a los honestos. La gente le cree a Lagos, sabe que es honesto y que está decidido a combatir la corrupción. La gente le creerá cuando él designe a su sucesor, también honesto. Los escándalos afectan más bien a esa clase política chata, sin ideas, hipócrita, que promete y que no cumple, de risa cínica y mucha palmadita en la espalda y beso en la mejilla, y que por lo general son hombres, de gobierno y de oposición. Por tanto, yo enfatizaría a alguien que simbolice un cambio real en la clase política.
Cuarto, si lo que está en cuestión son los políticos tradicionales, hombres y corruptos, la Concertación debiera apostar por un político no tradicional, mujer y honesta. Así de simple. Sólo una mujer se puede plantear como alternativa real al cambio falso que propone la UDI. Lavín frente a una mujer es un político más, chato, cínico, de sonrisa constante y palabra precisa, que promete y no cumple. Las mugres que ha hecho en el centro de Santiago hablarán mal de él a la hora de enfrentarse a una mujer responsable, seria, querida por la gente. Una madre que da protección cuando nadie más, ni los curas ni los milicos ni los políticos, dan protección. Que entiende a sus hijos, a sus maridos y a sus colegas de género.
Quinto, yo que Camilo, Guido y Adolfo, sin contar a Patricio que está tras las rejas, diría como la Teletón: Ricardo, la Concertación es tuya. Todo su apoyo para terminar un buen gobierno, que la gente valora por su decisión para enfrentar momentos difíciles. Quien se quiera desmarcar le irá mal.
Porque a la larga, la Concertación no es tanto más que un grupo de personas organizadas, sin mayor superioridad moral a estas alturas, pero con mucha mayor sensibilidad social real, que intenta implementar políticas públicas que acentúan el bien colectivo por sobre el ideologismo individual. Si a eso le ponen nombre de mujer, apuesto que ganan.
FJD/
Diario La Nación, Domingo 17 de Noviembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
El gran Vladimir Illich Ulianov, Lenin, se preguntaba en 1902: ¿Qué hacer? Creo que esa es la misma pregunta que debe estar rondando en La Moneda y en los partidos de la Concertación estos días. Para ayudarlos un poco en su tarea, intentaré dar algunas luces al respecto, partiendo de una premisa arriesgada para un analista: la Concertación puede ganar en el 2005. Lean estos cinco puntos y háganme caso.
Primero, hay que tener en consideración algo fundamental: el caso coimas no se ha dado en un conjunto vacío. Se da un contexto de extrema fragilidad de instituciones que parecían incólumes y robustas, por sobre el bien y el mal. Se da cuando se sorprende a dos sacerdotes en conductas pedofílicas y homosexuales. Cuando hay militares que venden armas a narcotraficantes. Cuando en Aysén un grupo de bandoleros mata a una decena de cabros, mientras se realizan fuertes acusaciones de complicidades entre diversas autoridades y donde todos recordamos la extraña foto de un juez pilucho, drogado, acostado en una cama con sábanas de seda, acompañado de sospechosas damiselas. O sea, todo digno de la más sórdida trama gansteril.
Todo lo anterior en un contexto de prensa libre, aguda y sarcástica, como nunca antes se había visto. Interesada y parcial muchas veces, pero al menos abierta e irreverente con la autoridad --no así con algunos grupos económicos, pero en fin. Y con ciudadanos cada vez más exigentes y ávidos de información.
Parafraseando a Anthony Giddens, el gran sociólogo de la globalización y director de London School of Economics, es difícil pensar que hoy en día se den más prácticas corruptas que antes. Lo que pasa es que hoy en día éstas se conocen y valoran negativamente. Y no es un mero tema de que, por ejemplo, en dictadura no se supieran estas cosas, si no que también hay un fenómeno de ciudadanía menos dócil, más inquieta y más exigente con sus autoridades y sus impuestos. O parafraseando a ese otro gran filósofo, Yerko Puchento: ¿alguien cree que el padre Tato es el primer cura frescolín? Claro que no. Por tanto, yo enfatizaría la confianza en la gente honesta que compone las instituciones.
Segundo, el mundo ha cambiado. Durante los últimos trece años hemos vivido en una pax romana inusual, sin guerra fría, ni potencias, ni problemas. Un solo campeón que manda y que nos daba seguridad. En cosa de meses se derrumbó este castillo de naipes y los chilenos fueron testigos de los episodios más traumáticos que presenciarán en sus vidas. Cayeron las torres, se desplomó Argentina, bombardeos, saqueos, robos. Ayer o anteayer, ver a niñitos transandinos morir de hambre en Tucumán causa impacto en todo Chile. Bush irá a la guerra, su gente lo aplaude. En Latinoamérica, nadie respeta a sus gobernantes, salvo Lula o Lagos. Por tanto, yo enfatizaría la protección y la seguridad.
Tercero, está demostrado que los escándalos éticos no afectan a los honestos. La gente le cree a Lagos, sabe que es honesto y que está decidido a combatir la corrupción. La gente le creerá cuando él designe a su sucesor, también honesto. Los escándalos afectan más bien a esa clase política chata, sin ideas, hipócrita, que promete y que no cumple, de risa cínica y mucha palmadita en la espalda y beso en la mejilla, y que por lo general son hombres, de gobierno y de oposición. Por tanto, yo enfatizaría a alguien que simbolice un cambio real en la clase política.
Cuarto, si lo que está en cuestión son los políticos tradicionales, hombres y corruptos, la Concertación debiera apostar por un político no tradicional, mujer y honesta. Así de simple. Sólo una mujer se puede plantear como alternativa real al cambio falso que propone la UDI. Lavín frente a una mujer es un político más, chato, cínico, de sonrisa constante y palabra precisa, que promete y no cumple. Las mugres que ha hecho en el centro de Santiago hablarán mal de él a la hora de enfrentarse a una mujer responsable, seria, querida por la gente. Una madre que da protección cuando nadie más, ni los curas ni los milicos ni los políticos, dan protección. Que entiende a sus hijos, a sus maridos y a sus colegas de género.
Quinto, yo que Camilo, Guido y Adolfo, sin contar a Patricio que está tras las rejas, diría como la Teletón: Ricardo, la Concertación es tuya. Todo su apoyo para terminar un buen gobierno, que la gente valora por su decisión para enfrentar momentos difíciles. Quien se quiera desmarcar le irá mal.
Porque a la larga, la Concertación no es tanto más que un grupo de personas organizadas, sin mayor superioridad moral a estas alturas, pero con mucha mayor sensibilidad social real, que intenta implementar políticas públicas que acentúan el bien colectivo por sobre el ideologismo individual. Si a eso le ponen nombre de mujer, apuesto que ganan.
FJD/
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