Pato Navia
ANIMAL POLITICO
Diario La Nación, Domingo 10 de Noviembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Hace una semana, en el programa La Entrevista del Domingo, Mauricio Bustamante preguntó al entrevistado, Adolfo Zaldívar, si coincidía con lo señalado por el cientista político Patricio Navia en su columna de La Tercera, en cuanto que el problema de la corrupción tiene su origen en la triple impunidad que se había vivido en Chile respecto de este tipo de situaciones: Aylwin perdonó los hechos de la era de Pinochet, Frei los de la era Aylwin y Lagos los de la era Frei. Adolfo Zaldívar se echó hacia atrás, levantó las cejas, y antes de comenzar a responder con un muy demócratacristiano si bien es cierto, no es menos cierto, estoy seguro que debe haber pensado ¿Y qué tengo que responderle yo a ese tal Navia?
En medio de los escándalos de corrupción y del Caso Coimas, he decidido darme un respiro y hablar de lo que realmente importa: El análisis político en Chile. Porque es cierto, todo se ha dicho a estas alturas acerca de los pillines de la Concertación que se quedaron con alguna propina; poco se ha dicho acerca de los pillines del régimen militar que se quedaron con algo más que una propina; a la vez que nada se ha dicho acerca de los pillazos de la derecha que a cambio de una defensa irrestricta de los intereses de los más poderosos en el Parlamento, reciben millonarias donaciones para sus campañas. Tan simple es el cuento que no vale la pena hablar de ello, si no más bien hablar de porqué este análisis simplemente no se hace.
Ahí está la gracia de Pato Navia y la razón de su éxito. Porque, por distintas razones, nuestros intelectuales públicos, como los llaman los gringos, dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Ahí está la gracia de Navia: Se trata de un analista que dice en simple lo complejo. Que explica en palabras sencillas e inteligibles, utilizando evidencia clara e irredargüible, los hechos o procesos de poder que vive la sociedad chilena. No habla francés, no usa chaqueta de tweed con parches en los codos ni fuma pipa. Simplemente analiza el poder.
Como señalábamos, por distintas razones, los intelectuales públicos dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Y eso ocurre a escala mundial. Hace décadas, uno podía leer a Samuel Huntington, Henry Kissinger o Zbygniew Brzezinsky para saber de la sociedad y el poder, y los seguía en diarios y revistas. Hoy no. Quienes hablan de nuestras sociedades hoy en día son los Joseph Stiglitz, los Paul Krugmann o los Amartya Sen, todos economistas. Se meten en nuestra política, hablan de nuestras instituciones, explican nuestros valores y muchas veces critican hasta nuestras costumbres.
En Chile ocurre algo similar. Leemos a Sebastián Edwards, Andrés Velasco, Eduardo Engel o René Cortázar, cuando antes, como por ejemplo durante la dictadura, eran nuestros políticos-académicos quienes nos ilustraban acerca del poder.
Creo que la culpa la tienen los mismos analistas, que no han sabido situarse en la sociedad con análisis originales, interesantes y, aunque cueste, de buen consumo. Se pueden distinguir básicamente tres tipos distintos. Un primer grupo que se ha dedicado a traducir y resumir The Economist cada semana, para luego repetirlo en la radio o en la tele. Un segundo grupo que se ha centrado en voluminosos análisis comparados de los cuales no se apartan ni cuando van a Morandé con Compañía. Y un tercer grupo absolutamente sociologizado, que se dedica a explicar el pasado en el lenguaje más alambicado posible. Pero del poder actual, real y en juego, poco o nada.
Además, Pato Navia tiene la gracia de ser el primer político globalizado en Chile. Dick Morris, otro gran analista de poder, señala que una de las claves del éxito político está en saber utilizar las nuevas herramientas de comunicación. Así como Roosevelt golpeó con la radio o Kennedy con su imagen de televisión, quien primero golpee con Internet tendrá parte de la carrera ganada. En Chile y en muchas otras partes del mundo, el uso de Internet en política se limita a colocar en una aburrida página web, todo tipo de autopublicidad, la misma que se reparte después en trípticos. Recién ahora en Estados Unidos se está utilizando la red para captar donaciones de campaña, lo que ciertamente revolucionará el sistema político en los próximos años.
En cambio en Chile, el primero en comenzar a hacer política a través de Internet fue Pato Navia, con una red de 800 adherentes a los cuales envía comentarios propios y de terceros una vez al día. En términos de discusión de ideas y rompimiento de estancos entre la clase política y la sociedad civil, Pato Navia y su lista de suscriptores (el Referente), son la juventud política más activa e influyente de Chile.
El lector me puede estar reprochando a estas alturas haber perdido toda una columna dominical en hablar de mis amigos. Eso tiene dos respuestas. Una primera respuesta agresiva y visceral, que indica que la columna es mía y escribo lo que quiero, sobre todo en tiempos de asqueo político generalizado. Pero hay una segunda respuesta más profunda que indica que si no analizamos rigurosamente el poder, como lo intenta hacer Navia, seguiremos comulgando con ruedas de carreta. Así, la derecha en Chile, con el pretexto de perseguir a un par de pinganillas que se quedaron con algo de raspado de la olla del Estado, podrá seguir defendiendo impunemente a los poderosos sin que nuestros grandes analistas se den cuenta.
FJD/
Diario La Nación, Domingo 10 de Noviembre de 2002
Por Francisco Javier Díaz
Hace una semana, en el programa La Entrevista del Domingo, Mauricio Bustamante preguntó al entrevistado, Adolfo Zaldívar, si coincidía con lo señalado por el cientista político Patricio Navia en su columna de La Tercera, en cuanto que el problema de la corrupción tiene su origen en la triple impunidad que se había vivido en Chile respecto de este tipo de situaciones: Aylwin perdonó los hechos de la era de Pinochet, Frei los de la era Aylwin y Lagos los de la era Frei. Adolfo Zaldívar se echó hacia atrás, levantó las cejas, y antes de comenzar a responder con un muy demócratacristiano si bien es cierto, no es menos cierto, estoy seguro que debe haber pensado ¿Y qué tengo que responderle yo a ese tal Navia?
En medio de los escándalos de corrupción y del Caso Coimas, he decidido darme un respiro y hablar de lo que realmente importa: El análisis político en Chile. Porque es cierto, todo se ha dicho a estas alturas acerca de los pillines de la Concertación que se quedaron con alguna propina; poco se ha dicho acerca de los pillines del régimen militar que se quedaron con algo más que una propina; a la vez que nada se ha dicho acerca de los pillazos de la derecha que a cambio de una defensa irrestricta de los intereses de los más poderosos en el Parlamento, reciben millonarias donaciones para sus campañas. Tan simple es el cuento que no vale la pena hablar de ello, si no más bien hablar de porqué este análisis simplemente no se hace.
Ahí está la gracia de Pato Navia y la razón de su éxito. Porque, por distintas razones, nuestros intelectuales públicos, como los llaman los gringos, dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Ahí está la gracia de Navia: Se trata de un analista que dice en simple lo complejo. Que explica en palabras sencillas e inteligibles, utilizando evidencia clara e irredargüible, los hechos o procesos de poder que vive la sociedad chilena. No habla francés, no usa chaqueta de tweed con parches en los codos ni fuma pipa. Simplemente analiza el poder.
Como señalábamos, por distintas razones, los intelectuales públicos dejaron de compartir sus análisis acerca del poder. Y eso ocurre a escala mundial. Hace décadas, uno podía leer a Samuel Huntington, Henry Kissinger o Zbygniew Brzezinsky para saber de la sociedad y el poder, y los seguía en diarios y revistas. Hoy no. Quienes hablan de nuestras sociedades hoy en día son los Joseph Stiglitz, los Paul Krugmann o los Amartya Sen, todos economistas. Se meten en nuestra política, hablan de nuestras instituciones, explican nuestros valores y muchas veces critican hasta nuestras costumbres.
En Chile ocurre algo similar. Leemos a Sebastián Edwards, Andrés Velasco, Eduardo Engel o René Cortázar, cuando antes, como por ejemplo durante la dictadura, eran nuestros políticos-académicos quienes nos ilustraban acerca del poder.
Creo que la culpa la tienen los mismos analistas, que no han sabido situarse en la sociedad con análisis originales, interesantes y, aunque cueste, de buen consumo. Se pueden distinguir básicamente tres tipos distintos. Un primer grupo que se ha dedicado a traducir y resumir The Economist cada semana, para luego repetirlo en la radio o en la tele. Un segundo grupo que se ha centrado en voluminosos análisis comparados de los cuales no se apartan ni cuando van a Morandé con Compañía. Y un tercer grupo absolutamente sociologizado, que se dedica a explicar el pasado en el lenguaje más alambicado posible. Pero del poder actual, real y en juego, poco o nada.
Además, Pato Navia tiene la gracia de ser el primer político globalizado en Chile. Dick Morris, otro gran analista de poder, señala que una de las claves del éxito político está en saber utilizar las nuevas herramientas de comunicación. Así como Roosevelt golpeó con la radio o Kennedy con su imagen de televisión, quien primero golpee con Internet tendrá parte de la carrera ganada. En Chile y en muchas otras partes del mundo, el uso de Internet en política se limita a colocar en una aburrida página web, todo tipo de autopublicidad, la misma que se reparte después en trípticos. Recién ahora en Estados Unidos se está utilizando la red para captar donaciones de campaña, lo que ciertamente revolucionará el sistema político en los próximos años.
En cambio en Chile, el primero en comenzar a hacer política a través de Internet fue Pato Navia, con una red de 800 adherentes a los cuales envía comentarios propios y de terceros una vez al día. En términos de discusión de ideas y rompimiento de estancos entre la clase política y la sociedad civil, Pato Navia y su lista de suscriptores (el Referente), son la juventud política más activa e influyente de Chile.
El lector me puede estar reprochando a estas alturas haber perdido toda una columna dominical en hablar de mis amigos. Eso tiene dos respuestas. Una primera respuesta agresiva y visceral, que indica que la columna es mía y escribo lo que quiero, sobre todo en tiempos de asqueo político generalizado. Pero hay una segunda respuesta más profunda que indica que si no analizamos rigurosamente el poder, como lo intenta hacer Navia, seguiremos comulgando con ruedas de carreta. Así, la derecha en Chile, con el pretexto de perseguir a un par de pinganillas que se quedaron con algo de raspado de la olla del Estado, podrá seguir defendiendo impunemente a los poderosos sin que nuestros grandes analistas se den cuenta.
FJD/
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