Blogia
Francisco Javier Díaz

“Yo fui a la Ceremonia del Adiós”

ANIMAL POLITICO
Publicado en La Nación, 14 de julio 2002

Por Francisco Javier Díaz

Algo especial me pasó cuando leí el célebre artículo de Antonio Cortés Terzi, “La Ceremonia del Adiós”, a comienzos del gobierno de Lagos. Hacía apenas unos meses que Lavín casi se convertía en Presidente de Chile y afloraba el “síndrome Caszely” por todos lados. En la Concertación cundía la desazón, el desánimo y la incredulidad. La Derecha se mostraba extasiada, recordando a cada momento que ellos eran la mitad de Chile. Pero algo no cuadraba. Despedirse del gobierno seis años antes de una elección presidencial sonaba como mucho, algo faltaba en el análisis del compañero Cortés. La gente efectivamente se despedía, el cuento era saber de qué.

Decidí que tenía que asistir a una Ceremonia del Adiós, pero a una de verdad. No quedaba otra solución, la patria me requería. Así que hace un par de semanas fui a Francia para estar de cuerpo presente en la debacle de la Izquierda en la segunda vuelta electoral. Juro que lo que voy a contar es la pura y santa verdad.

La Ceremonia del Adiós comienza un día domingo o feriado. Parece que la idea de la Ceremonia es hacer que ese día todo parezca lo más normal posible. Tanto, que los parques están llenos de gente leyendo, trotando o tomando sol. Los locales de votación poco se notan, mientras que los vocales de mesa son gente pagada, que no lleva pic-nic, pero sí la misma cara de lata.

La campaña electoral de la Ceremonia del Adiós es ostensiblemente desigual. En el caso de las elecciones en Francia, la Izquierda ya casi no hacía campaña, pues se había gastado todas las ideas y las platas en la primera vuelta presidencial. La Derecha, en cambio, tiró toda la carne al asador. Buen diseño, buen papel, rostros de políticos que parecen ejecutivos. El contenido poco importa. Raffarin, el candidato a Primer Ministro de la Derecha, es algo así como el Juan Antonio Coloma del neo-gaullismo francés. Bisnieto, nieto, hijo y sobrino de políticos, no ha hecho nada más que politiquear toda su vida y ahora campañea en contra de la clase política. “Quiero representar a la Francia de los de abajo”, dijo, mientras su campaña era financiada por duquesas y multinacionales.

La Ceremonia propiamente tal se celebra en alguna sede política donde los líderes del Adiós se reúnen a esperar los resultados. Por tanto, me dirigí a la sede del PS Francés, donde abundaba el vino, las ensaladas de fideos fríos y el fois de grass. Un refinado socialista francés me explicaba que éste es un paté muy caro, que se hace intoxicando el hígado de un pobre pato con sustancias especiales para que le dé un sabor distinto. No pude dejar de acordarme de las vacas transgénicas del McDonalds.

Llegados los líderes (en este caso Fabius, Strauss Kahn, Aubry), se espera la llegada del candidato. Hay que llenar una sala con gente para que actúe de extra ante las cámaras y reciba al tipo con aplausos. Además, hay que esperar el horario prime de las noticias. En eso arribó Francois Hollande, jefe del socialismo francés, ceremoniante principal en nuestro ejemplo. Aplausos, vítores, a la vez que miradas de recelo y complicidad entre los otros líderes. Es jodido esto del liderazgo en los partidos políticos, pensé, pues en el fondo, sólo perdiendo el primero el resto tiene opción de ocupar su lugar vacante.

Otro requisito indispensable de la Ceremonia es que todos queden con algún sentimiento de resignación por lo ocurrido y ánimo de pelear una futura interna. “Al menos salvamos los muebles” decían los próceres socialistas que salvaron sus propios escaños esa noche en Francia. “Ahora viene lo bueno”, murmuraba el grupo de modernizadores que quiere tomar el control del partido. “La respuesta está en la izquierda”, respondía el rumor de la vieja guardia, que sentía en la derrota de Martine Aubry, la impulsora de la discutida jornada laboral de 35 horas, una fuerte estocada. Curioso este mensaje, dicho sea de paso. La ley Aubry le decía a los jóvenes “si quieres trabajar más, no puedes”, y después se queja de que perdió.

Por último, para que la Ceremonia sea Ceremonia, tiene que haber un sound bite potente del parte del candidato perdedor. Eso era lo que yo estaba esperando, para tomar nota para una eventual Ceremonia en Chile. Me acordé de la frase de Felipe González en 1996. Cuando se esperaba que el PSOE perdiera por mucho, ocurrió lo impensado: le Derecha ganó por poco. “No ha habido derrota más dulce ni victoria más amarga”. Diez palabras que le bastaron a Felipe para aguarle la fiesta a Aznar por unos tres meses, hasta que éste empezó a gobernar bien. Hollande aventuró una buena también: “Seguiremos luchando”, dijo, “avec obstination, mais sans precipitation”. Me gustó. No sé bien por qué, a lo mejor por el juego de eses, zetas y ces, pero me imaginé a Frei Ruiz-Tagle diciéndolo en nuestra Ceremonia: “Con obztinazión, pero zin prezipitazión”.

Cuando me fui caminando me di cuenta que uno no se despide seis o cuatro años antes de un gobierno, a menos que en realidad se esté despidiendo de otra cosa. La Ceremonia de los socialistas franceses me mostró que ellos siguen en lo suyo, trabajando, discutiendo, luchando por el poder. Sin drama. A lo mejor eso es la Ceremonia del Adiós: el fin de los que creen que la política es aún una epopeya y que creen que su vocación rebelde se satisface por haber cambiado un fusil de palo por una buena planta profesional o una mejor comisión de servicio.

Pero el resto de los ciudadanos seguiremos votando por los buenos gobiernos, así que no hay nada de qué despedirse. Como contribuyentes, votaremos por quienes nos ofrezcan y demuestren que se puede aminorar la evidente desigualdad existente, con la mayor eficiencia posible. Así de simple. Para el chileno o el francés de la calle, aunque duela, la Ceremonia del Adiós no existe. Todavía hay mucho por hacer.

0 comentarios