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ANIMAL POLITICO
La Nación Domingo, 15 de Febrero de 2004
Por Francisco Javier Díaz
Estoy seguro que si un publicista pudiera escoger el nombre de su candidato o candidata a la presidencia, no podría encontrar mejor nombre que Michelle. No sólo es un nombre precioso y difícil de olvidar, sino que además es tremendamente dúctil. Los más elegantes lo pronunciarán con un cuidado acento francés, con SH al medio y una L como en suspenso al final (voto por Mishellll), mientras que los más pirujas lo pronunciarán fuerte, golpeado, con artículo la antecediéndole, como lo hacen con las cientos de Micheles que uno ve en todos los barrios (voto por la Michel). Como con los grandes, Iván, Elías o Leonel, todo Chile unido en un solo gran nombre: Simplemente Michelle.
La figura de Michelle como presidenciable ya es un dato en la política chilena de hoy. No le recomendaría a ningún político ni analista que subestime las posibilidades de la Bachelet a la hora de hacer un análisis de correlación de fuerzas. Michelle no sólo muestra los mejores puntajes en las encuestas de evaluación personal, sino que sobrepasa en intención de voto el apoyo que tiene, por ejemplo, todo el conjunto de partidos del bloque progresista de la Concertación. Y cuando una figura comienza a tener mayor apoyo que los partidos que la sustentan, es hora de tomar nota y analizar en qué está.
Michelle tiene dos desafíos y una gran oportunidad. El primer desafío dice relación con su condición de mujer. No hay que autoenganarse en esto. El peor favor que le pueden hacer a Michelle quienes la apoyan es menospreciar el machismo de chilenas y chilenos, y hacer una campana voluntarista que trate de imponer una mujer al votante, más que tratar de convencerlo de que ellas lo pueden hacer igualmente bien, o mejor. Hay que tener siempre en mente que la elección del 2005 será una elección estrecha, donde el hecho de ser mujer puede ocasionar, lamentablemente, que se resten votos decisivos. Los partidarios de Michelle argumentan, voluntariosos, que hay encuestas que indican que el 80% de los chilenos estaría dispuesto a votar por una mujer. Pero olvidan que el restante 20% puede ser fatal para sus pretensiones. Calmao, ese 20% es pura gente de derecha que igual no votaría ni por la Alvear ni por la Bachelet, dirán animosos. Pero nadie ha visto el desglose de las cifras, ni el nivel de apoyo a una mujer correlacionado con la posición ideológica del encuestado. Lo único que sabemos, por ahora, es que uno de cada cinco chilenos dice que no vota por una mujer por el sólo hecho de ser mujer, sin importar si ella es de derecha o de la Concertación.
Así, la candidatura de una mujer no basta con presentarla y esperar a ver qué pasa, hay que trabajarla adecuadamente. Eso hay que hacerlo desde dos perspectivas, las que llamo lo tuyo y algo más. Reforzar la idea de que la mujer es plenamente capaz de gobernar una actividad tradicionalmente asociada con lo masculino (lo tuyo), e instalar la idea de que la cercanía, el carino, y la preocupación especial de una mujer es lo que se requiere en el Chile de hoy (algo más).
El segundo desafío de Michelle pasa por ella misma. Pasa por demostrar su capacidad de gobierno y lograr mayor autonomía política. Lo primero lo ha demostrado, aunque sus adversarios interesadamente lo nieguen. No sólo es inteligente y preparada, Michelle ha hecho mucho más por Chile que cualquiera. Su generosidad es notable, y demuestra una capacidad de entendimiento superior a la media. Algunos dicen que le falta experiencia política, olvidando que su valerosa militancia socialista durante el terror de la dictadura equivale a la experiencia de toda una vida como alcalde de Las Condes o Santiago. La autonomía política, en cambio, es un desafío pendiente, el cual se puede superar en el corto plazo a través de una buena coordinación con su partido. La autonomía política de Michelle y la consolidación de su liderazgo pasan por el apoyo y la fuerza de los socialistas. A mayor orden en su partido, mientras mejor y más capacitado el equipo de apoyo que el partido ofrezca a las elites y a la ciudadanía, mayores las posibilidades de Michelle.
La gran oportunidad dice relación con el futuro inmediato de la izquierda, y específicamente del Partido Socialista. Puede sonar duro, pero el PS no le habla al pueblo de sus problemas cotidianos desde las 40 medidas de Allende. En sencillo, con Michelle el PS vuelve a la mesa del comedor de los chilenos. Les recuerda lo mucho que se sufrió en dictadura, es cierto, mal que mal Michelle es Michelle, pero también les habla de trabajo, salud, educación, seguridad. El correlato de esta oportunidad es el desafío del PS de no sobregirarse. Michelle no es ni la puerta del PS hacia el centro político, ni tampoco es la salvación de la izquierda. Ese debate quedará para la dirigencia partidaria. Basta con que ella sea la voz socialista hacia la gente común y corriente.
Michelle Bachelet puede ser la próxima presidenta de Chile. Tiene el carisma, la inteligencia, un nombre precioso, y la marca de un gobierno exitoso. Tiene que trabajar adecuadamente el tema de género, y tiene que consolidar su autonomía a tavés de un liderazgo indiscutido en la izquierda. Pero sobre todo, tiene que ella y su partido darse cuenta que la voz hacia el chileno medio es lo que estará en juego en esta partida. Esa es la gran oportunidad que ella presenta. Ni Marx, ni Lenin, ni Fidel. Simplemente Michelle.
ANIMAL POLITICO
La Nación, Domingo 23 de Marzo de 2003
Por Francisco Javier Díaz
Vivo en Estados Unidos y mi editor me pidió una columna a propósito de la guerra con Irak. Tú eres nuestro corresponsal de guerra, me dijo. Y si bien no tendré el glamour de Amaro Gómez-Pablos ni me van a detener como a Santiago Pavlovic, técnicamente vivo en un país en guerra. Claro que no me apertreché de agua ni provisiones, ni menos compré tela adhesiva para poner en las ventanas. Porque la verdad es que para mi, como para la inmensa mayoría de este país, la guerra sólo se vive por televisión.
Así como en Chile existe la guerra de las teleseries, aquí existe la guerra de la guerra. No se cual es más absurda. Las cadenas hacen lo imposible por ganar en sintonía y de paso, darle una ayuda al gobierno. Parece ser que la mezcla entre estaciones conservadoras con el buen rating que entrega el patriotismo en pantalla, hace que la televisión norteamericana sea un ejemplo de manipulación informativa a través del sensacionalismo y el show.
El ambiente bélico se comenzó a vivir el pasado lunes, cuando Bush anunció un plazo de 48 horas para que Hussein abandonara el país. Terminado el discurso-amenaza de Bush, inteligentemente escrito y conmovedoramente actuado, las cadenas bombardearon con basura medial. Nos acaban de informar que subió la alerta de atentados terroristas, de amarillo a naranja anunciaban unos preocupados periodistas de la CNN. Oremos para que nuestos soldados sean guiados por Dios y consigan prontamente la paz rezaba una viejita del canal estatal en horario prime. Ya comenzado el ataque el día miércoles, Geraldo Rivera, el mismo que hace unos años animaba encendidos talk-shows con delincuentes, transexuales y parejas engañadas, ahora enviado especial de la cadena Fox en Jordania, teorizaba acerca de las condiciones de la guerra justa, como ésta, por supuesto. Y otro corresponsal de Fox en Kuwait enviaba su despacho con máscara de gas puesta. Hay alarma de gases venenosos explicaba a la extrañada audiencia.
Hay que decir lo que todos piensan: Esta guerra no tiene sentido y Bush es un pobre idiota manipulado por sectores neoconservadores. Punto. Ese es todo mi análisis del conflicto. Así que mejor veamos algunos efectos colaterales que me han interesado. Porque las guerras, aparte de matar cientos o miles de civiles inocentes, también generan efectos políticos impensados.
Comencemos con la desilusión de un líder, como Tony Blair. El primer ministro británico es, lejos, el político más talentoso de la última década. Pero el rol de aliado incondicional de Estados Unidos, el que no estuvo dispuesto a sacrificar en aras de una fácil popularida interna, le puede terminar por jugar una mala pasada. Ahora se juega el todo por el todo: No sólo el bombardeo aéreo no puede errar uno sólo de sus objetivos; no sólo tienen que sacar a Saddam en pocos días; no sólo tienen que entrar sus soldados a Bagdad vitoreados por la gente; si no que ahora debe él mismo preocuparse de reinstaurar un régimen creíble en Irak, hacerse cargo de las presiones de los países árabes vecinos y recomponer la dignidad de las Naciones Unidas. Si no lo logra, tiene una opinión pública y parte importante de su Partido Laborista esperándolo en casa. El mundo, y especialmente la relación de Estados Unidos con la Unión Europea, van a lamentar una eventual caída de Tony Blair, producto de su afán por defender la posición que él cree le cabe a Inglaterra en el nuevo orden, a precio de una total inconsecuencia con los valores por los cuales el pueblo británico lo llevó a la primera magistratura.
Las Naciones Unidas, es evidente, es el otro gran damnificado con esta guerra. Poco cabe agregar al respecto. En el clásico debate de la teoría internacional entre realistas e institucionalistas, parecen haber sacado ventaja los primeros. Los institucionalistas dirán que sin la ONU la guerra no sólo habría comenzado en octubre, sino que además nadie estaría hablando del costo político que ella puede significar. Puede ser cierto. Pero apenas en un par de años, la administración Bush ha rechazado instancias como el Tribunal Penal Internacional, el Protocolo de Kyoto para el Calentamiento Global, la Conferencia contra la Discriminación y la Conferencia Antimisiles. Parece claro entonces que entre poder y norma, al menos por ahora, prima el poder.
Chile ganó perdiendo. Ganó porque demostró soberanía e independencia. Pudo haber mostrado un mejor juego de piernas, a lo mejor, pero la postura fue digna. Aunque Chile perdió por otro par de razones. Una, porque existe la posibilidad de que Estados Unidos tome represalias contra este díscolo país que pensaba era aliado, y que no jugó su papel de monigote como España o Portugal. Y la represalia, todos sabemos qué es, puede doler. Dos, porque efectivamente hay sectores en el país que aún no entienden de qué se trata el mundo global y que para Chile, éste pasa por Estados Unidos, guste o no guste. En la negativa a apoyar la propuesta estadounidense, se notó mucho resabio anti-americano de la vieja izquierda y yanqui go home. Hay que entender que Estados Unidos es mucho más que George W. Bush. En la negativa también se apreció esa tirria anti-americana del populismo de derecha, nacionalista e insular. Con ninguno de estos enfoques nos va a ir bien en el mundo global.
A la larga, en poco ayuda esta guerra sin sentido. Si Estados Unidos hubiese negociado una nueva resolución, que diera un plazo breve pero prudente, a lo mejor otra sería la situación para los tres antes mencionados. Pero no fue así. Para Estados Unidos lo que estaba en juego era su posición hegemónica, que según algunos, es a fin de cuentas la única fuente de estabilidad internacional.
Desde el país del norte, frente a un televisor, Francisco Javier Díaz, su corresponsal.
FJD
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Diario La Nación, Domingo 2 de Marzo de 2003
Por Francisco Javier Díaz
No sé porqué la gente no me hace caso. Hace varios meses, tras el inicio del caso coimas, se comenzó a hablar acerca de la necesidad urgente de un cambio de gabinete. Que Lagos tiene que hacerlo ahora, que el gobierno está en crisis. Que salgan los malos y que lleguen los buenos. ¡Inmovilismo del gobierno! No hubo analista que no hablara de su gabinete ideal. Que la Alvear tiene que dejar Cancillería; que la Bachelet a la Moneda, que Fernández para la casa. Que metan a los liberales; que Allamand a Educación y Juan Claro a Trabajo. Que gobierne con la derecha, como González Videla, decían los agoreros después del acuerdo con Longueira. Que el Colorín tome juramento a los ministros DC en la sede de Alameda.
Aún más. Hace algunas semanas comenzó también un Insulzotropismo enfermante. La política chilena se definía, según algunos diarios y esta teoría, de acuerdo a lo que hiciera o dejara de hacer Lagos con Jose Miguel Insulza. Que le cae mal, que no lo soporta, que tiene vuelo propio. Pero que Lagos lo necesita. Que dilema.
En estas mismas páginas, en cambio, yo dije clarito en Noviembre que habría cambio de gabinete en Marzo. Los gabinetes no se cambian así como así no más. Hay que tener presente dos cosas: La primera es que el Presidente es, ante los ojos de la gente, un sabio y no se equivoca. ¿Cómo explica un filósofo rey un cambio total de gabinete? Eso es no entender a Lagos. Lo segundo que hay que entender es que no se podía hacer cambio de gabinete en medio de la temporada de caza. Porque es cierto: en medio de las coimas y GATE, quien saliera del gobierno lo haría por la puerta de atrás. La temporada de caza que abrió la ahora curiosamente incisiva prensa chilena (antes escandalosamente somnolienta, como la catalogó la revista The Economist), hacía que para cambiar ministro y subsecretario, hubiera que poner mucho cuidado.
Llegado Marzo había que ajustar piezas. Mitad de gobierno, buena época para relanzar metas. A mi juicio, se actuó acertadamente donde estaba el déficit: en el habla. Lo central era un gobierno que no se comunicaba bien. En La Moneda, ni Huepe ni Heraldo lograron empatía con el público ni con nadie. Ahí una falencia enorme. Urgente: cambio en la fanfarria, cambio de clarinete.
Vidal es hábil, simpático y bueno para la tele. Se lleva bien con Insulza, es amigo de Lagos, pero no lo quiere Zaldívar. Dos de tres; no está tan mal. Huenchumilla es una apuesta. Es inteligente y conoce el Parlamento, pero nada indica todavía cómo podría no naufragar ante las fauces de los senadores DC u otras jaurías. A menos que Zaldívar le haya dado una licencia 007, cosa que dudo: Esas se las guarda para él solo, o a lo más, de vez en cuando le pasa una escopeta a postones a Waldo Mora.
Pero no me preocupa tanto el equipo político, más me preocupa lo de Salud. Se equivocan los que creen que ahí esta todo perdido, todavia queda mucho por perder. Si el gobierno llega a fines del 2005 sin algo parecido al AUGE y sobre todo, que se llame AUGE, le va a ir mal. Y a Artaza no se le blindó, verbo tan de moda entre los analistas, como se debía. Las últimas semanas fueron patéticas; el pobre terminó respondiendo personalmente hasta por la mayonesa cortada del hospital de Chincolco y cosas de ese estilo. Hay que hacer algo en ese sentido. Cuando la prensa de derecha en Chile se ensaña con un pobre cristiano no hay como salvarlo. ¿No se dan cuenta que en Estados Unidos se cayó el Columbia y el Ministro de Defensa sigue en su puesto como si nada? Y mientras tanto, Isapres y Colegio Médico siguen defendiendo sus intereses.
Luis Bates es un tremendo jurista, pero no sé cómo es en política. Lo central es que logre comunicar y hacer pedagogía acerca de la reforma más revolucionaria de los gobiernos de la Concertación, pero de paso, creo, va a Justicia también para dar una señal contra la corrupción. El tipo tiene un áurea de transparencia fuera de duda.
Con Bitar se realza otra reforma menos revolucionaria, pero tremendamente importante, como es la reforma educacional. Ya se nos había olvidado a todos. Bitar es inteligente, tiene cuento propio, aglutina gente y todo el mundo le cree. No es para invitarlo a un cumpleaños a animar la fiesta, pero es serio y bueno. Mariana, con todo lo que uno la estima por haber tenido las agallas para oponerse a su Iglesia conservadora y presentar el proyecto de divorcio cuando era diputada mientras muchos otros todavía se hacen los giles, ya no comunicaba nada.
Delpiano se va a hacer lo que hacía Vidal a la Subdere. Nadie sabe bien de qué se trata, pero parece que es importante, porque todo el mundo alega. ¿Creera la DC que con la Subdere se arreglan todos sus problemas? Andrés Palma bien. Ojalá reviva MIDEPLAN, hable algo de pobreza y saque a ese ministerio del exclusivo tema mapuche. Cecilia Pérez a Sernam. Mira tú oye.
Cambia, cambia, que todo sigue igual decía Lampedusa en su novela, El Gatopardo, inmortalizada en el cine por el gran Luchino Visconti dirigiendo a Burt Lancaster, Alain Delon y Claudia Cardinale. Los italianos sí que saben de política. Lagos también la tiene clara. Un gobierno de centroizquierda moderna, sin estridencias. Un cambio que pedía la galeria, allí tienen unas papitas. De paso se arreglan serias deficiencias comunicativas y la mala labor legislativa. Ojala vengan pronto los cambios de jefe de servicios y las reformas de gestion que si se necesitan. Pero todos sabemos que eso no se arregla con un cambio de ministros. Háganme caso: en esta orquesta el director manda. Sigue el violinista del interior, sigue el coro, sólo hay cambio de clarinete.
FJD
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Diario La Nación, Domingo 9 de Marzo de 2003
Por Francisco Javier Díaz
Han pasado tres años desde aquel 11 de marzo de 2000, cuando Ricardo Lagos asumió como Presidente de Chile. El tercer presidente de la Concertación; el primer socialista desde Salvador Allende. Siempre se supo que no sería fácil.
Diez meses antes, Lagos pulverizó a Andrés Zaldívar en las primarias de la alianza de gobierno. Mañana será otro Chile dijo, y más de un millón de personas salieron en un frío y lluvioso día domingo de mayo a votar voluntariamente por su próximo presidente, junto a medio millón más que votó por Zaldívar. Sin embargo, un par de meses más tarde, Joaquín Lavín logró poner en jaque al presidente semi-electo. Pero Lagos supo responder y pudo terminar de escribir la crónica de su presidencia anunciada.
Creo que eso es lo que ha marcado este gobierno. Un gobierno que es atacado y un gobierno que contra ataca. Política adversarial, como en las democracias modernas. Estable, pero polémica. Segura, pero dinámica. Una prensa aún inmadura, pero crítica. Una ciudadanía escéptica, sin temor a cruzar antiguas fronteras y ansiosa de referentes de credibilidad. Se acaba la anormalidad política, donde la Concertación ganaba por su superioridad moral en los hechos que determinaron la derrota electoral de Pinochet en 1988. Los votos ahora se ganan.
Como en un partido de tenis, gobierno y oposición juegan un partido punto a punto. Partido a cinco sets, largo, a veces tedioso, pero donde cada punto cuenta. Lagos y Lavín captaron que solos no pueden el uno contra el otro, así que decidieron jugar dobles. Insulza y Longueira a la arcilla.
Nada de parsimoniosos líderes tipo Onofre Jarpa almorzando en el Club de la Unión o el Hotel City, intuyendo cómo obtener algunos pocos distritos que les permitan bloquear leyes que atenten contra sus intereses. La dupla Longueira-Lavín y su equipo de publicistas profesionales viven la política día a día y quieren ganar. A su vez, nada de Presidentes pasivos, que esperan en su oficina los acontecimientos del mes para luego tratar de muñequear. La dupla Lagos-Insulza y su gente se adelanta, ataca y responde. Dos duplas poderosas, cada jugador con sus caracteristicas. Aprovechando el intermedio del tercer set, hagamos un repaso de cómo ha sido el match.
Primer set: Inicio, indemnizaciones y alcaldes
Los gobiernos no siempre comienzan en su primer día. Por ejemplo, Aylwin fue elegido en octubre de 1988 y no en diciembre de 1989. A Frei Ruiz-Tagle lo eligió meses antes de la elección la derecha, pero no porque hayan votado por él. En agosto de 1993, la UDI estimó que la mejor manera de iniciar su camino al éxito era debilitando a Renovación Nacional. Para ello, decidieron no competir en las elecciones presidenciales, aportillar al presidenciable de RN y llevar un candidato de papel.
El gobierno de Lagos comienza a fines de 1999. Parte Lagos con su saque pero le quiebran servicio. Una mala campaña, totalmente alejada de la realidad. Uno-cero, cambio de lado. Lavín con su saque, puede ganar. Hasta que la noche del 16 de diciembre Lagos retoma el ritmo, hace su primer discurso como presidente y su primer cambio de gabinete. Saca a Genaro Arriagada y entra Soledad Alvear. Lavín paralogizado. La UDI no tiene las agallas de poner a Allamand de jefe de campaña y amarran las manos a Lavín. Quince, treinta, cuarenta, juego para Lagos. Uno a uno.
Lagos inicia su mandato formal como presidente sabiendo que tiene básicamente dos opciones. O da cuenta del empate politico que generó la elección, como exige la derecha, o gobierna como él cree se debe mandar. Como lo haría George W. Bush un año más tarde, cuando también ganó por una ínfima mayoría, Lagos opta por dar desde el inicio golpes de legitimidad, que se manifiestan con la elección del gabinete. Bush escogió viejos republicanos; Lagos puros concertacionistas. Nada de cogobierno: el gobierno soy yo. Luego subsecretarios, jefes de servicio y acciones claras. Parte como un avión. Se abren las puertas de La Moneda. Con un solo reto, se acaban las colas de los consultorios. Eficiencia, rapidez. Temporales, Lagos salta charcos. Apurando el tranco dicen los socialistas del año 40. Hasta del Chino Ríos en los Juegos Olímpicos habla el Presidente. Se colocan fácilmente arriba cuatro a uno. Vamos, José Miguel, este set es nuestro
Pero llegan las indemnizaciones y se desmorona la dupla de La Moneda. Longueira emerge como el gran líder que es. Eso no se hace dice Lavín categóricamente sonriente. Bien el enojo inicial del Presidente, pero mala la semántica. O devuelven la plata o se van. Grave error. Debió haber sido devuelven la plata y además se van. Seis a seis, a romper el empate.
El tie-break fueron las municipales. Se pensaba en una paliza, pero no lo fue. Lagos-Insulza mantienen su servicio hasta el final, pero el cansancio y el 60% de Lavín en Santiago finalmente hacen perder. Set 2000 para Pablo y Joaquín.
Segundo set: Michelle, Europa y Santiago
Set largo, de año y medio. Comienza el 2001 con los partidos políticos pensando en las parlamentarias de diciembre. Es un partido de mete y ponga. Lagos mete la ley de evasión tributaria, Longueira al saque con alta cesantía. Quince iguales. ¡Seguro de Desempleo! dispara Insulza. ¡Botón de Pánico! responde Lavín.
Hasta que comienzan los problemas en la derecha. A Piñera lo suben al Cerro Santa Lucía para lanzarlo pálido al vacío. Dos a uno electrizante para Lagos, quien se mantiene alto en las encuestas. Llegan las elecciones. Meses antes se hablaba del fenómeno Lavín, pero no pasa nada. No obstante la debacle DC y el empate en el Senado, la Concertación retiene la mayoría. Tres a dos y se acaba el año. Pero el set sigue.
Insulza es astuto y se va a la red. Ricardo, este set es nuestro. Saque para Lagos y hace cambio de gabinete. Surgen las Chicas Superpoderosas desde la galería. La popular Michelle a Defensa. Con las lluvias, Michelle se sube arriba de un tanque y, cual Perón, ayuda a los damnificados. Cuarenta-cero, juego de Michelle. Pero el gobierno suma y sigue. En mayo se logra acuerdo con la Unión Europea. Soledad le saca lustre y lo explica en los matinales todos los días. Juego fácil. Longueira no sabe qué hacer. Semanas antes había dicho que ese año no pasaría nada y ahí está, sin dar raqueta con bola.
Lavín trata de remontar con su golpe maestro: su capacidad de gestión como alcalde. Pero comienza a hacerse evidente la realidad. Su obra es paupérrima. No ha hecho ninguna cosa buena; la gente simplemente no cree sus tonteras. Martita se desquita con el tema de la venta de los derechos de agua. Cero-cuarenta y la Concertación aún remontando. Caras nuevas, militares en sus cuarteles, Pinochet no jode, las instituciones funcionan. Seis-dos y set fácil para Lagos.
Tercer set: El descalabro
En octubre de 2002 comienza el tercer set. Cambia el árbitro, asume un tal Aránguiz y éste anuncia cambio de pelotas. Nada de mi gestión contra la tuya. Ahora se juega con pelotas de fuego. Desde el Rancagua Sporting Club se lanzan unos pelotazos imparables para Lagos e Insulza. Las coimas son devastadoras. No tanto por su monto o importancia: cualquier entendido en tenis sabe que el caso no tiene relevancia. Pero ahora ya no quedan piernas, como en el caso de las indemnizaciones. Tombolini y su bronceado la embarran aún más. Las cosas incluso pueden empeorar: piden el desafuero de cinco diputados. Tres-cero para Lavín en cosa de minutos. Saca Lagos y mete el Caiga quien caiga, que en algo ayuda. Las manos al fuego por Juan Pablo pone la nota ética. En el intertanto, se aprueba el TLC con Estados Unidos. Uno a tres, al menos.
Diciembre y enero, caso coimas multiplicado por GATE. Colapso total. Los sobresueldos en sobre remecen al estadio. Un ex ministro preso. Cuatro diputados desaforados. Capuchinos se transforma en el resort del verano. Lavín y Longueira comienzan a paletear, cambian de mano, la tiran para arriba, le pegan de cabecita, y aún así ganan. Lavín se ríe solo e inaugura hasta una playa. El Chino Ríos mea a un turista en La Serena. Set breve e inapelable. Seis a uno fácil.
¿Quién ganará?
Receso del partido. Faltan los últimos dos sets que serán los decisivos. Cuando se perdían y perdían puntos en el tercer set, Insulza logró un punto impensado. Acuerdo para hacer reformas necesarias al Estado.
¿Qué pasará? Imposible saberlo. Lo claro es que nadie tiene el partido ganado. Lagos tiene a su haber una gama de golpes que le pueden funcionar. Los efectos de los tratados, reformas a la Constitución. La cesantía ha bajado. Dos jugadoras excepcionales de relevo. Un par de buenos nuevos ministros. Inauguración de nuevos caminos, túneles y puertos. Reforma procesal penal en todo Chile, AUGE implementado. Los mayores de 18 el 2005 van a haber estudiado en jornada completa, bien atendidos y almorzados. Más basura que la del tercer set no puede haber. Problema grave, pero superado.
Lavín también tiene sus golpes de oro. Su claque seguirá dándole a la corrupción. La cesantía, aunque baje, siempre implica cesantes de carne y hueso. La siempre llamativa seguridad ciudadana. Su olfato comunicacional sigue presente. Su partido político está más organizado que nunca. Irak puede afectar al gobierno más de la cuenta. Ni hablar de Brasil, Argentina o el resto del empedrado. Lavín sabe que ganando su servicio clasifica. Puede ser más paciente y menos arriesgado. No subirá a la red. Puro peloteo largo.
Con todo, lo central es que la Concertación ya no gana porque sí y que Lavín no tiene nada ganado. Aquí hay competencia para todos. La corrupción, indica la experiencia comparada, afecta a todos y a nadie por separado. La corrupción no genera crisis, simplemente exagera o aumenta los problemas heredados. Lo clave es el descrédito de la clase política. El que se salga de ella, tiene el partido asegurado.
La ciudadanía dará el triunfo a la dupla que mejor se mueva e instale el mejor candidato. Que cruce dos fronteras: la vieja, la de la dictadura, y la nueva, la de los pobres y de los desencantados. Al final, dos grandes propuestas relativamente sensatas, como en las democracias avanzadas. Una de centroderecha, de clase alta y conservadora, pero astuta, con mística y aire popular, mezcla de Larroulet con Kike Morandé. La otra es una propuesta de centroizquierda, de clase media y progresista. No es enteramente laica, pero es más atrevida. Inteligente, heredera de tres buenos gobiernos, pero aún carente de ganas e ideas para lograr algo más. La opción que cruce más fronteras se llevará el juego, set y match-ball. Esa será top ten.
FJD
ANIMAL POLITICO
La Nación, 11 de Agosto de 2002
Por Francisco Javier Díaz.
Nicanor Parra tiene una máxima de la cual muchos se ríen, pero a la cual yo siempre he encontrado toda la razón: La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas. La frase es evidentemente obvia, pero de eso se trata la política moderna: apelar al sentido de lo obvio del votante medio. Por eso yo digo que con la izquierda y el centro unidos, Lavín será vencido.
Existen algunos partidos que han aplicado la estrategia de Nicanor de forma literal. En Suiza, por ejemplo, gobierna desde hace décadas una coalición de partidos que abarca todo el espectro político, desde la izquierda hasta la derecha. Le llaman la fórmula mágica, y era que no, quién le va a ganar a tamaño acuerdo electoral. En Chile hubo algo así con Gabriel González Videla. Se decía que su primer gabinete iba de Manchester a Moscú, debido a la curiosa participación de liberales y comunistas.
Sin embargo, hay que admitir que un acuerdo de tan amplia naturaleza es difícil de lograr y mucho más difícil de mantener. Por eso es mejor que uno de los polos haga acuerdo con el centro. Así, esta alianza será imbatible. El tema es que muchos creen que es indispensable buscar a una persona que por sí sola pueda representar a ambos sectores. Yo creo que pueden ser dos, sin dejar de ser una.
Para quienes creemos en la institucionalización del debate político, escoger un candidato es algo estratégico: se escoge al candidato con más probabilidades de ganar para que lleve a cabo el programa que el sector político a quien representa ha desarrollado. O si no lo ha desarrollado aún, que al menos implemente aquellas medidas que lo diferencian de alguna forma de la oposición. No hay que dramatizar en extremo la elección del candidato y por lo mismo, si hay dos buenos, no debiera ser problema, si es que se sabe manejar inteligentemente.
¿Qué nos dicen las recientes encuestas? Primero, que el gobierno de Lagos es considerado un buen gobierno. Y eso pesa. Todo el mundo, incluso el más derechista de los conservadores, admite que sin Lagos quizás qué habría pasado en el país en medio del zafarrancho latinoamericano que se vive en estos días. Segundo, las encuestas también nos dicen que Lavín va arriba en preferencia presidencial, con un 38% de mención que puede equivaler a un 50% en la votación final. Pero lo anterior no es tan malo, puesto que en el fondo, con inteligencia y credibilidad, la Concertación puede ganar las elecciones del 2004 y el 2005. Ello si logra unir a todos quienes vienen indicando que les revuelve el estómago votar por la derecha. El piso de la Concertación es muy alto, a la vez que el techo de Lavín es un poco bajo.
La Concertación tiene dos conceptos súper poderosos para enfrentar a Lavín: el centro y la izquierda. Pongámosle los nombres que indican las encuestas: Michelle y Soledad. Ambos conceptos pueden ganar a Lavín, pues combinan precisamente todo lo bueno de la Concertación, que es mucho, y descartan gran parte de lo malo, que no es poco. Soledad llega al centro político, pero también al centro real, al centro ciudadano. Da garantías de seriedad, de continuidad en todas las políticas públicas exitosas del gobierno que la gente premia en las encuestas, de reconocimiento internacional. Michelle, por su lado, llega a la izquierda, a los más humildes, a los jóvenes, a los idealistas, pero a su vez no genera desconfianza ni temor. Lavín al lado de ellas parece político tradicional (¡puaj!).
Además, las chicas superpoderosas de la Concertación también representan lo mucho que queda por avanzar en materias de igualdad. Ambas pueden dirigirse cara a cara a la dueña de casa y explicarle porqué ella está discriminada como mujer, porqué sus hijos serán discriminados si son pobres. Ellas también pueden hablar creíblemente acerca de la dura experiencia de tener un marido cesante. Y todos les creerán. Ellas también son madres dirán las mujeres, que serán quienes en definitiva dirimirán la elección.
Una organización política que no sabe identificar dónde está su real liderazgo ciudadano y que no sabe potenciarlos ni combinarlos en caso de haber más de uno, no merece ganar ninguna elección. Para hacer política echándole paadelante mejor juguemos Rugby, o si no pregúntenle a Andrés Allamand.
En cambio, es posible combinar estos dos liderazgos de manera inteligente y eficaz. Tony Blair hizo algo de eso en 1995, cuando se veía alto en las encuestas, pero débil en la vieja izquierda y los sindicatos. Blair pudo haber corrido solo por el centro, con fuga hacia la izquierda. Pero eso no le servía. En cambio, organizó (y ganó) una primaria al interior del Laborismo, la cual catapultó su liderazgo partidario a nivel nacional, al mismo tiempo que lo legitimó ante la vieja izquierda laborista.
No es una receta; la idea es simplemente resaltar el hecho de que se pueden conciliar inteligentemente posturas distintas, si se tiene conciencia que el triunfo del adversario común es mucho más grave que una pequeña y transitoria derrota en manos del socio de coalición. Que Lavín no compita contra una u otra: que compita contra la suma de las dos.
FJD/