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Francisco Javier Díaz

“Las Chicas Superpoderosas”

ANIMAL POLITICO
La Nación, 11 de Agosto de 2002

Por Francisco Javier Díaz.

Nicanor Parra tiene una máxima de la cual muchos se ríen, pero a la cual yo siempre he encontrado toda la razón: “La izquierda y la derecha unidas, jamás serán vencidas”. La frase es evidentemente obvia, pero de eso se trata la política moderna: apelar al sentido de lo obvio del votante medio. Por eso yo digo que con la izquierda y el centro unidos, Lavín será vencido.

Existen algunos partidos que han aplicado la estrategia de Nicanor de forma literal. En Suiza, por ejemplo, gobierna desde hace décadas una coalición de partidos que abarca todo el espectro político, desde la izquierda hasta la derecha. Le llaman la “fórmula mágica”, y era que no, quién le va a ganar a tamaño acuerdo electoral. En Chile hubo algo así con Gabriel González Videla. Se decía que su primer gabinete iba “de Manchester a Moscú”, debido a la curiosa participación de liberales y comunistas.

Sin embargo, hay que admitir que un acuerdo de tan amplia naturaleza es difícil de lograr y mucho más difícil de mantener. Por eso es mejor que uno de los polos haga acuerdo con el centro. Así, esta alianza será imbatible. El tema es que muchos creen que es indispensable buscar a una persona que por sí sola pueda representar a ambos sectores. Yo creo que pueden ser dos, sin dejar de ser una.

Para quienes creemos en la institucionalización del debate político, escoger un candidato es algo estratégico: se escoge al candidato con más probabilidades de ganar para que lleve a cabo el programa que el sector político a quien representa ha desarrollado. O si no lo ha desarrollado aún, que al menos implemente aquellas medidas que lo diferencian de alguna forma de la oposición. No hay que dramatizar en extremo la elección del candidato y por lo mismo, si hay dos buenos, no debiera ser problema, si es que se sabe manejar inteligentemente.

¿Qué nos dicen las recientes encuestas? Primero, que el gobierno de Lagos es considerado un buen gobierno. Y eso pesa. Todo el mundo, incluso el más derechista de los conservadores, admite que sin Lagos quizás qué habría pasado en el país en medio del zafarrancho latinoamericano que se vive en estos días. Segundo, las encuestas también nos dicen que Lavín va arriba en preferencia presidencial, con un 38% de mención que puede equivaler a un 50% en la votación final. Pero lo anterior no es tan malo, puesto que en el fondo, con inteligencia y credibilidad, la Concertación puede ganar las elecciones del 2004 y el 2005. Ello si logra unir a todos quienes vienen indicando que les revuelve el estómago votar por la derecha. El piso de la Concertación es muy alto, a la vez que el techo de Lavín es un poco bajo.

La Concertación tiene dos conceptos súper poderosos para enfrentar a Lavín: el centro y la izquierda. Pongámosle los nombres que indican las encuestas: Michelle y Soledad. Ambos conceptos pueden ganar a Lavín, pues combinan precisamente todo lo bueno de la Concertación, que es mucho, y descartan gran parte de lo malo, que no es poco. Soledad llega al centro político, pero también al centro real, al centro ciudadano. Da garantías de seriedad, de continuidad en todas las políticas públicas exitosas del gobierno que la gente premia en las encuestas, de reconocimiento internacional. Michelle, por su lado, llega a la izquierda, a los más humildes, a los jóvenes, a los idealistas, pero a su vez no genera desconfianza ni temor. Lavín al lado de ellas parece político tradicional (¡puaj!).

Además, las chicas superpoderosas de la Concertación también representan lo mucho que queda por avanzar en materias de igualdad. Ambas pueden dirigirse cara a cara a la dueña de casa y explicarle porqué ella está discriminada como mujer, porqué sus hijos serán discriminados si son pobres. Ellas también pueden hablar creíblemente acerca de la dura experiencia de tener un marido cesante. Y todos les creerán. “Ellas también son madres” dirán las mujeres, que serán quienes en definitiva dirimirán la elección.

Una organización política que no sabe identificar dónde está su real liderazgo ciudadano y que no sabe potenciarlos ni combinarlos en caso de haber más de uno, no merece ganar ninguna elección. Para hacer política “echándole pa’adelante” mejor juguemos Rugby, o si no pregúntenle a Andrés Allamand.

En cambio, es posible combinar estos dos liderazgos de manera inteligente y eficaz. Tony Blair hizo algo de eso en 1995, cuando se veía alto en las encuestas, pero débil en la vieja izquierda y los sindicatos. Blair pudo haber corrido solo por el centro, con fuga hacia la izquierda. Pero eso no le servía. En cambio, organizó (y ganó) una primaria al interior del Laborismo, la cual catapultó su liderazgo partidario a nivel nacional, al mismo tiempo que lo legitimó ante la vieja izquierda laborista.

No es una receta; la idea es simplemente resaltar el hecho de que se pueden conciliar inteligentemente posturas distintas, si se tiene conciencia que el triunfo del adversario común es mucho más grave que una pequeña y transitoria derrota en manos del socio de coalición. Que Lavín no compita contra una u otra: que compita contra la suma de las dos.

FJD/

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